Mujeres Cristianas Libres de Violencia

Mujeres Cristianas Libres de Violencia

Prob. Málenny Cruz

La violencia de género es una realidad latente que se ha gestado desde siglos atrás, pero que no se ha quedado ahí, continúa fuertemente afectando a mujeres de todo el mundo, en todos los espacios imaginables, incluyendo nuestra iglesia. Las agresiones física, sexuales y sicológicas realizadas son sustentadas mediante discursos que en distintos espacios se minimizan y terminan por lo normalizarlo, además de fomentarlo. 

México es un país con una estadística de 11 mujeres muertas al día por concepto de feminicidio (muerte causada por el hecho de ser mujer) y cientos de violaciones, desapariciones y reportes de violencia intrafamiliar. En este contexto, en el cual nos desenvolvemos e intentamos abrir brecha, resulta necesario intentar construir un -reino nuevo-, pedir a Dios porque se -haga su voluntad en la tierra como en el cielo- llamar a las violencias por su nombre y visibilizarse para erradicarlas desde nuestros diferentes espacios.

A raíz de la reciente conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer del 25 de noviembre, hago una breve reflexión de cómo el discurso teológico fundamentalista ha tenido como resultado la conformación y réplicas de opresiones y violencias bajo, incluso, la prohibición del uso de sus derechos humanos fundamentales. 

La interpretación Bíblica ha sido dinámica a través de la historia, sin embargo, muchas propuestas han sido rechazadas con la finalidad de no caer en herejía o blasfemia. Los padres de la Iglesia fundaron una teología que hasta nuestros días sigue siendo un pilar fundamental de nuestra fe, pero que las exigencias de las realidades en que vivimos nos instan a mirar en esas teologías una perspectiva más liberadora, una que dignifique la vida de todo ser, y en especial de los más vulnerables, como las mujeres. 

Muchos textos bíblicos bajo una interpretación intransigente y en varias ocasiones inamovible, ponen de manifiesto varios sustentos que, bajo la premisa de que es Dios quien los ordena; oprimen, denigran, dañan y violentan. Textos que, aislados del contexto, son usados para legitimar el daño.

La interpretación fundamentalista de los textos bíblicos, conduce a la reproducción de patrones perversos de comportamiento que a su vez infunden bases “cristianas” totalmente contrarias a las enseñadas por Jesús que, partiendo de las actitudes mismas de este personaje central, muchos de estos paradigmas teológicos pudieran desecharse. Sin embargo, al asumir a la escritura como inalterable, sin entender los procesos redaccionales y todos los elementos que la constituyen, se constituyen en un arma de opresión. 

Textos como “sujétate a tu marido” (Ef. 5:22), “la mujer calle en la congregación” (1 Co. 14:34), “La mujer virtuosa es la que cuida del hogar, los hijos y el marido” (Prov. 31), entre muchos otros, denotan una connotación opresiva y violenta entre sus líneas sobre todo cuando se intenta generalizar y de alguna manera absolutizar la puesta en práctica de estos estableciéndose como una norma divina y no como el precepto cultural que es. 

Es nuestra tarea cristiana replantearnos el uso de textos como recetas morales lejanas de su contexto aplicables a toda circunstancia, pero sobretodo, darnos la oportunidad de mirar a la escritura con unos ojos más liberadores, más justos y llenos del amor de Dios por una iglesia libre de violencia contra las mujeres. 

“La Biblia no se puede reescribir. Lo que se puede hacer es releerla a la luz de una realidad más inclusiva y a tono con el espíritu del texto, en el cual el amor y la gracia de Dios están por encima de los valores culturales patriarcales”. 

Elsa Tamez