El Amor y la Familia en una Sociedad Selfista

El Amor y la Familia en una Sociedad Selfista

Pablo Martínez Vila

DISCERNIENDO LOS ÍDOLOS CONTEMPORÁNEOS

Introducción

La familia es como un espejo que refleja a la vez lo que ocurre fuera y lo que hay dentro de nosotros. Por ello, un análisis de la familia, para ser completo, nos obliga a hacernos tres preguntas:

  1. ¿Qué ocurre en nuestra sociedad?
  2. ¿Cómo influye esto en nuestra familia la micro-sociedad?
  3. ¿Qué pasa dentro de nosotros?

Vamos a desarrollar el tema, por tanto, desglosándolo en tres capas o círculos concéntri- cos, desde la más externa -la sociedad- a la más íntima y personal, el corazón. Este análisis de fuera adentro nos llevará a la conclusión de que el meollo del problema de la familia no está en nuestra sociedad sino en nuestra suciedad, el corazón humano.

Método: La meta de esta consulta es la reflexión y, en lo posible, la acción. Con este fin, y atendiendo al entorno V.U.C.A., vamos a señalar una amenaza (peligro) y una propuesta (oportunidad) en cada uno de los cuatro puntos

I. “EL RIO QUE NOS LLEVA”: LA FORMA DE SER DEL SIGLO XXI

Si queremos ofrecer respuestas relevantes a nuestra sociedad, ser sal y luz, necesitamos conocer bien “la forma de ser de este siglo”1 Así como Jesús “entró en casa de Zaqueo2 , también nosotros hemos de “entrar en la historia” de nuestra sociedad, conocer su relato, para encontrar puntos de conexión. Este paso es indispensable si queremos dar un testimonio que vaya más allá de la defensa de unos argumentos o de una posición ética. ¿Dónde estamos? ¿Cómo es el momento histórico en Europa?

1a. LOS FUNDAMENTALISMOS LAICOS: el auge de un nuevo TOTALITARISMO

Estamos viviendo los primeros pasos de una nueva época, bien resumida en el acróstico V.U.C.A. Pero es conveniente añadir una palabra más, la “U” de “uniformizante.” La uniformización (resultado de la globalización) nos aboca a un peligro grave como creyentes. Estamos en medio de una confrontación, un auténtico “choque de trenes”. Los pilares éticos que han sostenido la civilización occidental durante casi veinte siglos están hoy en fase de derribo en nombre de un supuesto pluralismo progresista. La combinación de la globalización y un laicismo beligerante (el matrimonio de moda hoy), está gestando el nacimiento de un pensamiento único, una nueva ética, fuera de la cual la libertad de creencia y sobre todo, la libertad de vivencia de esta creencia, queda gravemente amenazada. El pensamiento único y uniformizante quiere ser exclusivo y excluyente. Los lobbies que empezaron siendo grupos de presión hace 30 o 40 años van camino de ser grupos de opresión. Estamos viviendo y sufriendo una auténtica intolerancia a la discrepancia, a tal punto que hoy en día la discrepancia en ciertos asuntos éticos se penaliza como delito.

El primer peligro que afrontamos es un totalitarismo ideológico. De no cambiar las cosas, vamos camino de una dictadura laica, algo así como un despotismo ideológico, una tiranía de las ideas. De hecho, ya estamos sufriendo las primeras consecuencias los creyentes en España, en Europa, y aún en Latinoamérica3.

Es interesante observar como el problema de la Iglesia en el siglo XX fue un secularismo poderoso y envolvente que actuaba por el poder de la seducción. El problema al que nos enfrentamos en el siglo XXI es un laicismo beligerante y uniformizante que actúa por el poder de la coacción. Si en el siglo XX podíamos hablar de la iglesia seducida, hoy la iglesia va camino de ser abducida (violentada, secuestrada). El gran teólogo americano Carl F. Henri tuvo una visión profética en este asunto cuando en 1988 escribió “El crepúsculo de una gran civilización: La deriva hacia el neo-paganismo”.4

1b. Una lucha en TRES FRENTES: ideológico, moral, ESPIRITUAL

Como iglesia necesitamos comprender bien la naturaleza del conflicto. Además de las raíces históricas, sociales y culturales de esta nueva ética, hemos de reconocer la naturaleza espiritual de esta lucha. Es una batalla en tres dimensiones (“3 D”) tres frentes ya descritos por Pablo en 2 Corintios 10:4-5:

  • Frente Ideológico: refutando argumentos
  • Frente Moral: refutando toda altivez, superioridad, endiosamiento, soberbia
  • Frente Espiritual: destruyendo fortalezas

Es muy importante no perder de vista esta triple dimensión. No estamos sólo ante una batalla de ideas donde gana el que tiene los mejores argumentos. Las ideas, los argumentos y los datos son necesarios, pero no son suficientes porque estamos ante un asunto que va más allá de lo racional para entrar en lo relacional, no debemos aportar sólo buenas razones sino también buenas relaciones. La prioridad no es una victoria argumental, “ganar la mente”, sino una atracción integral, “llegar al corazón”. Por ello, la solidez de la razón5 debe ir acompañada de la calidez de la relación. No gana el que tiene los mejores argumentos, sino el que ofrece una narrativa, un relato de vida más atrayente, una historia mejor, en expresión del psiquiatra inglés Glynn Harrison6.

Este es el testimonio que más convence, la mejor respuesta que podemos ofrecer: una santidad atractiva. Hay dos tipos de santidad, una “santidad excéntrica” que nos hace parecer como “bichos raros”, y una “santidad atractiva” que seduce porque refleja la vida abundante en Cristo. No es suficiente con ser creyentes, hemos de ser también ser creíbles, coherentes.

Es indudable que el príncipe de este mundo y del presente siglo malo7 está detrás de esta lucha. Y lo hace con la misma estrategia de siempre, “llamar a lo bueno malo y a lo malo, bueno”8, es decir que lo anormal sea normalizado y lo que es normal se vuelva anormal. Manipulación y engaño son sus métodos, división y destrucción sus efectos. Este es el “paisaje” moral contemporáneo, el marco ético, la corriente de esta sociedad, “el río que nos lleva”.

A la luz de ESTA SITUACIÓN, la primera propuesta es:

Estar vigilantes, velar por nuestra libertad de creencia y sobre todo de expresar y vivir esta creencia. Ahora es el momento, todavía estamos a tiempo de salvaguardar nuestra libertad de conciencia y de vivencia de esta creencia.

II. LOS BAALES MODERNOS: DIOSES LAICOS EN UNA SOCIEDAD PAGANA

Esta nueva ética cumple todos los criterios de una nueva religión, laica, pero religión al fin y al cabo. Es una fe con sus ídolos, sus banderas, su paraíso e incluso sus mártires. Promete una vida más libre, más feliz, más justa, más auténtica y más moderna. Este es su paraíso, mientras que sus ídolos quedan sintetizados en el triángulo del ego representado en el si- guiente esquema:

Este triángulo refleja los baales ante los que se arrodilla el hombre contemporáneo, sus tres grandes ídolos: el individualismo, el hedonismo y el utilitarismo. Y observamos cómo en el centro están mis derechos. Todo gira alrededor del “yo”.

1. Individualismo: mi derecho a ser yo mismo. Es la filosofía de los “autos”: autonomía9 sin límites, yo decido, nadie me ha de decir cómo he de vivir, autosuficiencia y autorrealización a cualquier precio. El YO por encima de todo, de ahí el título de esta ponencia, una sociedad selfista, Este primer ídolo esconde una enorme dosis de narcisismo y vanidad, ya reflejada por el apóstol Pablo cuando describe a los hombres en los últimos tiempos como “amadores de sí mismos”10.

2. Hedonismo: mi derecho a ser feliz. El hedonismo tiene dos vertientes; por un lado la búsqueda del placer, el “sentirse bien”; por otro lado, la baja tolerancia al sufrimiento y al esfuerzo, en especial en la convivencia.

El hedonismo en la vida familiar sigue lo que podríamos llamar la “ley del mínimo esfuerzo partido por dos”. Cuando se trata de solucionar tensiones es mucho más fácil decir “ya no me hace feliz, me separo”, que “vamos a intentar arreglarlo”. Esto es hedonismo en estado puro. El sentimiento “felicidad” (totalmente subjetivo) es el criterio predominante para decidir y legitimar una separación. La falta de esfuerzo -voluntad- por arreglar los problemas en la relación es una de las causas más frecuentes de crisis familiar. Es una falla, una grieta que viene del hedonismo, pero que se alimenta del utilitarismo, el tercer gran ídolo.

3. Utilitarismo: mi derecho a “tirar” lo usado. Muchas relaciones hoy son de usar y tirar. Siguen la máxima de: “Mientras lo necesito, lo uso, si no lo necesito, lo tiro”. Una joven abandonada por su marido y con un hijo pequeño me decía: “Me siento como un kleenex: deséchese después de usado”.

El utilitarismo se acerca a las relaciones personales diciendo: ”¿qué puedes darme, qué me aportas?”, en vez de “¿Qué necesitas, qué puedo darte?”. Por cierto, esta actitud explica la tendencia al ateísmo entre muchos jóvenes impregnados de una fortísima dosis de utilitarismo. Así, a la pregunta “¿crees en Dios?” responden “No, porque no lo necesito”. Qué triste filosofía de vida es “sólo quiero lo que necesito”.

Estos son los baales que adora la generación de nuestros días. Observemos cómo esta religión laica es exactamente el reverso del Evangelio. El amor ágape de Cristo no se basa en mis derechos, sino en tus necesidades, no consiste en obtener sino en compartir, no busca “subir” sino servir. Por ello los creyentes tenemos un triángulo mejor que mostrar a la sociedad, un triángulo que no gira alrededor del yo, sino del tú y el nosotros, no es egoísta sino altruista. Su eje es el amor descrito en el cántico de 1 Corintios 13 donde los valores de la ética cristiana alcanzan una cima que contrasta con la bajeza moral del triángulo egoísta.

Los tres ídolos de esta religión laica se resumen en una sola frase: “Yo primero”. El amor de Cristo, por el contrario, siempre dice “tú primero”.

A la luz de ESTE punto la segunda propuesta es:

Velar para que los valores de esta nueva religión, los baales modernos, no contagien ni moldeen a la familia y la iglesia. Trabajar en una labor de discernimiento y de filtro a fin de no coger la forma de ser de este siglo (Rom. 12: 2).

Después de este análisis cabe preguntarnos: ¿A dónde nos lleva esta “religión laica?, ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Cómo afectan a la familia y a las relaciones sociales en general?

III. RECOGIENDO LOS PEDAZOS: UNA CRISIS COLOSAL EN LAS RELACIONES

La familia es un espejo de esta nueva religión laica y sufre las consecuencias más que nin- guna otra esfera. Una destaca por encima de todas: el triángulo egoísta ha dinamitado el concepto de amor ágape arrastrando en su caída el eje vertebrador del matrimonio y de la familia. Lo que está en crisis hoy no es la familia tradicional sino el amor; no fallan los valores judeocristianos, falla el corazón humano. El individualismo, el hedonismo y el utilitarismo han sido las cargas de profundidad que han dinamitado el amor ágape en aras de un amor volátil, pasajero, una emoción frágil como una pluma, “insoportablemente leve”11.

Ello tiene efectos particularmente graves en la familia. Ya ahora empezamos a recoger los pedazos de un edificio que se agrieta por todos lados. El patrimonio ético de nuestra cultura occidental, basado eminentemente en valores cristianos, está siendo demolido a conciencia.

Veamos algunas evidencias:

  1. El espíritu de Caín dentro de la familia: “¿Soy acaso guarda de mi hermano?”12 Proliferan la envidia, los celos y la violencia dentro de lo que ha sido el cobijo por excelencia del ser humano, el refugio seguro a lo largo de la historia. Las crecientes agresiones de hijos a padres, de esposos a esposas, el maltrato familiar en general, la agresividad pasiva (indiferencia hacia el otro) son el resultado de un deterioro profundo.
  2. La crisis de fidelidad: “Nada a largo plazo, todo tiene fecha de caducidad”. Lo normal es cambiar de pareja, la llamada “monogamia consecutiva”13. La separación y el divorcio son vistos como un signo de modernidad, madurez e incluso crecimiento personal, mientras que valores como la fidelidad y el compromiso son contemplados como algo anacrónico y obsoleto. ¿La consecuencia? Una colosal crisis de relaciones especialmente visible en la familia cuyo cemento aglutinador es la confianza, la lealtad y el compromiso.
  3. La soledad digitalizada: “Nadie me escucha, a nadie le importo”. Un pésimo uso de la tecnología digital incrementa el individualismo14 ya mencionado. Así la impersonal pantalla ha sustituido a la relación cara a cara, el mensaje de texto a la voz y al calor de una conversación personal. Nos hemos convertido en una sociedad de “sordos emocionales” donde todo el mundo habla, pero nadie escucha; vivimos hiper-conectados, pero más solos que nunca.

Todo ello conlleva una epidemia de relaciones rotas y de soledad, índices alarmantes de depresión y ansiedad, suicidios y homicidios ¿Qué está pasando? Me atrevo a apuntar que nuestra sociedad muestra síntomas alarmantes de un trastorno límite de personalidad comunitario: impulsividad, intolerancia a la frustración, incapacidad para mantener las re- laciones personales, agresividad, suicidios, distorsión de la realidad, en una palabra, inma- durez. Lo paradójico e irónico, por no decir trágico, es que esta situación es fruto de lo que se llama progreso, ideas de progreso y modelos de familia progresistas.

Por todo ello, la tercera propuesta es:

Promover y encarnar los valores del Reino que contrarresten el efecto disgregador de la nueva ética: reconciliación, perdón, integridad, paz, misericordia, compromiso. Éste es el patrimonio que somos llamados a encarnar y a legar a nuestras familias e iglesias.

IV. NUEVAS FORMAS DE FAMILIA

¿Novedad o vuelta al pasado?

En medio de este clima moral, la familia se ha convertido en algo así como un “menú a la carta”. Como en la época de los Jueces donde “cada uno hacía lo que bien le parecía”15, las familias a la carta son el fruto de la elección personal. Todo es válido, todo es posible, no hay un modelo único, cada uno escoge lo que quiere. Esta permisividad a ultranza es suavizada con el eufemismo “nuevas formas de familia”. ¿Nuevas?

  1. Nada nuevo bajo el sol: “nombres nuevos para realidades de siempre”. Esta permisividad ha existido siempre, no hay nada nuevo bajo el sol. De hecho, lo que llamamos neopaganismo es tan antiguo que deberíamos llamarlo paleopaganismo. Lo único realmente nuevo es que a algunas de estas formas de convivencia hoy se les da cobertura legal.

Un ejemplo de esta falsa modernidad lo vemos en el llamado “poliamor”. Estas relaciones de tres o más personas se nos presentan como el “non plus ultra” del progresismo; pero no hace falta ser un estudioso del tema para darse cuenta que son muy antiguas. La historia nos enseña que la vivencia comunitaria del amor es una utopía. El refrán popular es muy sabio al afirmar: “En el amor, uno es poco y tres son demasiados”. Las comunidades hippies de los años 60, con sus promesas de un mundo mejor bajo la bandera de “paz y amor”, terminaron dejando profundas cicatrices. Como psiquiatra puedo dar testimonio de las enormes tensiones surgidas en este tipo de relaciones y su alta factura emocional.

Hasta aquí hemos considerado qué ocurre en nuestra sociedad y cómo influye en la micro- sociedad que es la familia. Necesitamos entrar ahora en el último círculo y preguntarnos ¿Qué pasa dentro de nosotros mismos?

  1. El hombre viejo no puede hacer una familia nueva. Herbert Spencer, reconocido filósofo materialista y padre del darwinismo social, hizo poner en su lápida esta inscripción: “Infelicissimus”. Era el resumen de su vida.

No debe sorprendernos; ya hemos visto cómo la ideología que nutre las “nuevas” formas de familia y de sexualidad es un relato esencialmente egoísta y profundamente individualista. La cosmovisión materialista del ser humano nos aboca al vacío y la frustración, a una vida “infelicissima”. Ello es así porque ofrece el ‘yo’ como medio de salvación, en abierto contraste con el Evangelio cuya salvación está fuera de nosotros, en Dios mismo.

El relato que los cristianos tenemos es mucho más sólido porque su centro y fundamento no es el yo humano –frágil y engañoso – sino el Tú divino, no es un hombre, sino el Hombre por excelencia, Jesucristo. Por todo ello llegamos a la conclusión de que el problema de la familia no está en nuestra sociedad sino en nuestra suciedad, la oscuridad moral que anida en el corazón de todo ser humano.

CONCLUSIÓN

Defender, exponer y amar, claves de nuestra respuesta

Volviendo al texto inicial de 2 Corintios10:4-5, “las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios”. Ello determina por completo nuestra respuesta al reto que se nos plantea. No podemos dejarnos llevar por la reacción sino por la compasión; no debemos imponer, sino exponer, nuestras armas son las armas de la luz: el amor de Dios y la paciencia de Cristo16.

Muchas de las personas que adoran esta nueva ética-religión tienen una gran necesidad de afecto y de significado; tras una apariencia alegre subyace un vacío, una soledad profunda y una búsqueda sincera de relaciones de amor auténtico. Pero estas necesidades difícilmente pueden ser satisfechas por una ideología que se nutre de un individualismo radical y aspira a la plena autonomía del yo. Por ello, nuestra tarea prioritaria es explicar con paciencia, pasión y convicción la historia mejor del Evangelio, historia que se resume en las palabras de Jesús: “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”17

La cuarta propuesta es:

Proclamar con valentía, pasión y convicción que sólo en Jesucristo se puede hallar el paraíso: una vida más libre, más feliz, más justa y más auténtica.


NOTAS

  1. Ro.12:2
  2. Lc.19:1-10
  3. Algunas situaciones se asemejan y traen a nuestra memoria lo vivido por los evangélicos en España hace 60-70 años, en la época de mayor intolerancia religiosa.
  4. Twilight of a Great Civilization: The Drift Towards Neo-Paganism.
  5. 1 P.3:16
  6. Glynn Harrison, Una historia mejor, Editorial Andamio, Barcelona, 2018
  7. Gal.1:4, Jn.14:30
  8. Is.5:20
  9. En su etimología alude a “mi propia ley”
  10. 2 Tim.3:1-2
  11. Con esta expresión me permito parafrasear al escritor checo Milan Kundera en su libro La insoportable levedad del ser.
  12. Gn.4:9
  13. Frase del político español Alfonso Guerra
  14. Agravado por la pandemia con el distanciamiento social que conlleva como medida profiláctica
  15. Jue.21:25

REFERENCIA

Martínez-Vila, Pablo. (2020). El amor y la familia en una sociedad selfista. Diciembre 1, 2020, de Alianza Evangélica Española Sitio web: https://alianzaevangelica.es/wp-content/uploads/RESUMEN-FAMILIA-Y-LIDERAZGO-A4.pdf

Pablo Martínez Vila es Licenciado en Medicina y especialista en Psiquiatría, Presidente Honorario de los Grupos Bíblicos Universitarios, Vicepresidente de la Asociación Mundial de Médicos Cristianos (ICMDA). Escritor con obras traducidas a múltiples idiomas, conferenciante internacional y profesor de Teología Pastoral en diversas instituciones.