EDITORIAL

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La Violencia del Corazón

En los días más recientes, los espacios noticiosos son ocupados por los vientos de Guerra que soplan en Europa. La invasión rusa a Ucrania es encabezado y tema de conversación permanente. Sin embargo, el impacto se vuelve superlativo cuando en él particpa una de las principales potencias económicas, militares y nucleares del orbe. Las especulaciones están al día.

Por otro lado, ¿en qué nos afecta a los que vivmos en otras latitudes? Más de lo que imaginamos. Los sistemas económicos tan globalizados en que vivimos hoy, nos hace interdependientes unos de otros. La posición geográfica de Ucrania y el acceso que históricamente ha dado al imperio ruso al Mar Mediterráneo, así como el acceso y distribución de combustibles como el gas natural por su territorio, hace de este país una joya muy preciada de la geopolítica mundial. Y en la guerra de los combustibles, todos salimos perdiendo.

Toda guerra tiene su origen fundamental en la incapacidad de acordar caminos comunes en la convivencia humana. Esos desacuerdos pueden tener múltiples orígenes, pero generalmente la semilla está en los individuos que, desde lo más profundo del ser, son incapaces de ser empáticos y compasivos con otras personas. En ello va integrada la soberbia de sentirse superior, con la misión de tener más o tener lo que el otro tiene. Es una falta de amor que, llevada a su máximo extremo, se manifiesta en un conflicto de grandes proporciones.

Generalmente, la falta de amor, tendrá como consecuencia la falta de respeto hacia otra persona. Esa falta de respeto, generará frustración y agresión. Esa es la tensión que, exarcebada por condiciones sociales, económicas y anímicas, puede llevar a la frustración social que explota con la más mínima e insiginificante causa. Desde una mala cara o un empujón de algún desconocido, desde una agresión en el tráfico cotidiano, hasta la “construcción” de colectivos sociales que nos lleva a la “rivalidad” entre grupos sociales y hasta intentos de homicios de turbas intoxicadas por enervantes como el alcohol, las drogas o el fútbol. Sólo falta el que lance la primera piedra en un ambiente crispado para provocar una verdadera tolvanera o batalla campal. Ejemplos en nuestro querido México sobran.

¿En qué nos afectan los conflictos de otros países? Independientemente de las consecuencias económicas que, seguramente existirán, nos hacen sensibles a nuestra propia necesidad de empatía y compasión. En nuestra tierra, en México, el día de hoy, parece haber mucha ira y frustración surgida en los últimos años cuando las personas se han visto obligadas a lidiar con circunstancias y cambios que nunca podrían haber imaginado. La ira y la frustración social se manifiesta de modos muy diversos.

¿Es malo sentirnos así? En realidad, los sentimientos son una expresión del corazón que Dios nos dio. Pero sólo son señales de que algo está sucediendo. No son un fin en sí mismo, son un medio que Él nos da para actuar. Hay una diferencia entre la ira justa y la ira malsana. La ira que experimentamos cuando vemos injusticia o que se trata mal a las personas es una ira justa y sabemos que Jesús expresó ira cuando vio a los cambistas en el templo. La ira justa puede llevar a las personas a tomar medidas para corregir los errores.  

Deberíamos sentirnos enojados cuando escuchamos sobre personas que son traficadas, personas que mueren de hambre en un mundo donde hay abundancia de alimentos, cristianos perseguidos por sus creencias, mujeres que son intimidadas, oprimidas y abusadas. Si esas cosas no nos hacen reaccionar, tal vez debamos pedirle a Dios un corazón compasivo por los que sufren y el deseo de hacer algo al respecto.

Debemos reconocer nuestros sentimientos y exprésarlos, pero no tenemos que decir todo lo que tenemos en mente. Debemos “ser prontos para escuchar, tardos para hablar y tardos para enojarnos” (Stg. 1:9). Debemos detenernos antes de actuar o reaccionar. Debemos darnos tiempo para pensar, orar y reflexionar antes de actuar o hablar.

Como Iglesia, debemos ser un medio para evitar que la ira se encone, que comience a mianifestarse en falta de amor, palabras hirientes, agresiones físicas, intentos de homicido, masacres y genocidios, etc. Es por eso que tenemos que lidiar con eso lo más rápido que podamos. Necesitamos ejercitar el autocontrol, fomentar “el fruto del Espíritu que es… el dominio propio” (Ga. 5:22). Honrar a Dios con nuestro propio cuerpo cuidadno de nuestro bienestar (1 Co. 6:20), encontrando formas de aliviar nuestro estrés de manera saludable llevando un estilo de vida saludable con ejercicio, buena alimentación y momentos para descansar y relajarse. Pero también, procuprando la paz espiritual, lidiando con los problemas de relación con otros no resueltos. 

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos”.

Ro. 12:18

“El amor… no se enoja fácilmente”.

1 Co. 13: 5

Es necesario lidiar con los rencores, la falta de perdón y la amargura que puedan estar alimentando ese estrés y nuestra frustración social. Es necesario caminar cerca con Dios acompañando a quienes sufren, a quienes soon vulnerados y a quienes son oprimidos. Acompañando, nunca aislándose. Aislarse es morir. Aislarse es irresponsable. Aislarse es renunciar a la oportunidad de participar en la construcción del Reino. Por eso es importante leer las palabras del metodismo mundial que publicamos hoy sobre la situación mundial.

En palabras del pastor David Watson:

“Una forma en que el cambio ya ha llegado a la iglesia es en su naturaleza global. Al pensar en este peculiar futuro metodista, debemos tener en cuenta que el metodismo es ahora un fenómeno global, no solo occidental. Este es un desarrollo positivo, pero complica bastante las cosas. El carácter del metodismo ya está siendo moldeado por personas de todo el mundo. Será crucial que participemos en conversaciones en curso sobre cómo las ideas metodistas centrales, como la santidad, el sacramentalismo y la responsabilidad, se traducen en diferentes culturas en todo el mundo”[1]. 

La experiencia tiene muchas visiones que pueden ser compartida, como en Kenia, Cuba, Vietnam, Indonesia o México. 

Querido/a lector/a, esperamos que en esta edición de El Evangelista Mexicano, encuentres reflexiones que te lleven a considerar tu particpación en los grandes conflictos mundiales, comenzando desde tu propio corazón 


NOTA

  1. Watson, David F. (2022). A Peculiar Methodism. Febrero 25, 2022, de Firebrand Sitio web: https://firebrandmag.com/articles/a-peculiar-methodism.