EDITORIAL

EDITORIAL

El Reino de Poder

La Iglesia Metodista de México se encuentra hoy en un hito de su trabajo cuadrienal. El periodo 2018-2022 casi llega a su conclusión y ya comienzan la renovación de liderazgos y la definición de lineamientos de trabajo bajo la visión hacia 2026, después de un largo receso que ha obligado a la iglesia a aprender otras formas de trabajo y de hacer pastoral, con el distanciamiento social obligado por la pandemia mundial que azotó al mundo en los años recientes. Nuestras organizaciones nacionales, como la Legión Blanca de Servicio Cristiano, la Fraternidad de Hombres Metodistas, la Sociedad Misionera Femenil y la Liga Metodista de Jóvenes e Intermedios, realizan sus respectivas asambleas cuadrienales para definir rumbos en su trabajo y ministerio.

La propia Iglesia se prepara con entusiasmo para la celebración de su XXIV Conferencia General el próximo mes de mayo, así como la celebración en junio y julio de las Conferencias Anuales que elegirán, eventualmente, a los nuevos obispas u obispos que servirán al frente de sus respectivas congregaciones y áreas geográficas.

Es de llamar la atención, durante la celebración del Congreso Nacional de la Juventud Metodista, la ampliación de la edad que esta organización aprobó, para incorporar a jóvenes de hasta 29 años de edad, inclusive. Pareciese un cambio menor, sólo de forma, pero que tiene un mensaje subyacente digno de analizar. Además de un signo de identidad y el deseo de llegar a más personas, la juventud metodista está preocupada por su pastoral hacia aquellos jóvenes adultos que acaso no encuentran un sentido de su quehacer cotidiano dentro de la construcción del Reino del Señor. Quizás una llamada de atención a la propia Iglesia para entender que la atención a las nuevas generaciones no sólo es un mandato del propio Jesús, sino un acto de supervivencia que reclama mayor tiempo y atención en los proyectos eclesiásticos hacia la juventud y la niñez.

En esta edición, estimado/a lector/a, te ofrecemos diversas reflexiones sobre las oportunidades de construcción del Reino en nuestras comunidades. Destacamos el análisis sobre la crisis de la religión que nos obsequia nuestro hermano Silvano Mares, quien nos invita a cuestionarnos sobre la crisis de la religión y del ministerio pastoral, a propósito de los retos que presenta la llamada nueva civilización de la posmodernidad y la secularización. 

En estos días, estamos celebrando la Semana Santa, en la que recordamos la redención de Cristo mediante la cruz, pero sobre todo, mediante ese acto supremo de amor y misericordia que significó el entregar Su vida por aquellos que habían sido vulnerados y segregados del Reino. Sin duda, una muestra de Su poder al vencer al poder temporal y a la misma muerte. Es finalmente, una recuperación del valor humano ante Dios y un llamado a la construcción de un Reino poderoso y perdurable basado en el amor, la justicia y la misericordia.

También ofrecemos en esta edición, reflexiones sobre la necesidad de construir y fortalecer una pastoral específica para la población que habita en las grandes ciudades y sus barrios donde reside la pobreza y la violencia. A decir de nuestros articulistas, esta debería de ser una de las prioridades evangelizadoras de la misión de la iglesia actual, entendiendo que la urbanización es un fenómeno que se ha acentuado en nuestro México en el último medio siglo y que seguirá creciendo hasta llegar a que el 70% de la población mundial vivirá en ciudades para el año 2050, según datos del Banco Mundial[1]. La Iglesia no debería ser indiferente ante ello. En meses recientes, hemos visto como se magnifica en la violencia urbana. Nos atrevemos a señalar que seguirá multiplicándose conforme se acreciente la urbanización y la frustración social. Ciudades industriosas, populosas,  económicamente crecientes y con “desarrollo”, pero en la que habitan familias desintegradas y con problemas de violencia intrafamiliar, adicciones en edades tempranas, segregación y agresiones contra la mujer y contra la niñez. En los micromundos cotidianos casi no se notan, pero se vuelven escandalosos cuando ya asoman las “puntas del iceberg” en asesinatos, crimen organizado y turbas que se agreden y se asesinan entre sí.

Y es que, aunque Cristo minimizó al poder temporal, siempre le reconoció un papel preponderante. Cuando se dirige a vivir en el desierto durante cuarenta días, las tentaciones del diablo curiosamente están relacionadas con el poder. Primera, “di a esta piedra que se convierta en pan”. Segunda, “…Todo este poder y su gloria te daré, pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy; si, pues, te postras delante de mí, todo será tuyo…” Tercera, “Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: A sus ángeles ha mandado sobre ti que te guarden y te tomen en las manos para que no tropiece tu pie contra las piedras”. Jesús rechazó las tentaciones que le ofrecían poder o las que lo provocaban para que lo demostrara.

Pero Cristo no sólo despreció al poder temporal, también lo ridiculizó. Entró a Jerusalén como lo habría podido hacer el hombre más humilde del pueblo y no un gran líder que ya lo era. No en un espectacular corcel o en una carroza lujosa y adornada. Un hombre fuerte y musculoso, subido en un burrito, del que casi le arrastraban los pies. El propósito era obvio, burlarse, de todos los símbolos superfluos del poder temporal. Sin duda, su objetivo era desplazar el centro de atención de los valores de los seres humanos, entre otros, la ambición política. Pero lo único que redime al poder es su ejercicio con la máxima humildad y guiado por el propio Espíritu.

Atención pastoral a la juventud y niñez, con énfasis especial para las nuevas generaciones, urbanización, secularización de la religión, posmodernidad y otros retos como migración, pobreza y desigualdad económica, ya han sido planteados para el pueblo metodista por el propio Concilio Mundial Metodista, como grandes retos de este siglo. No escuchar este llamado sería ignorante, desobediente y aún cobarde. La Iglesia Metodista de México debe estar a la altura de los retos, no como una opción, sino como un mandato en obediencia pero sobre todo en amor. Para ello, es muy importante el trabajo para el mejoramiento del ministerio pastoral y de los otros ministerios en la vida y misión de la propia Iglesia. Es, pues, un reto monumental para la nueva realidad de la iglesia. Nuestra Conferencia General tiene la palabra, no basada en el poder o la ambición, sino en la construcción del Reino.

Porque podemos y hoy es el día, tenemos el poder y el deber: el mismísimo poder del Reino. Avivemos el fuego del don de Dios que está en nosotros. Con la confianza de que el Reino “no consiste en palabras, sino en poder”, ya que Él mismo nos nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder. Y de amor, y de dominio propio también (1 Co. 4:20, 2 Ti. 1:7).


NOTA

  1. Banco Mundial. (2022). Desarrollo Urbano, Panorama General. Abril 14, 2022, de Banco Mundial Sitio web: https://www.bancomundial.org/es/topic/urbandevelopment/overview#1