<strong>Evangelizar sin discipular: misión incumplida</strong>

Evangelizar sin discipular: misión incumplida

Wesley entendió que la predicación no conduce por sí sola a una espiritualidad madura, si interpretamos la Gran Comisión como una visión simplificada del Evangelio sin tomar en cuenta el discipulado.

Jorge Alberto Ochoa Longi (adaptación)

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3).

Teología, ¿para qué?

Muchas personas de buena voluntad cuestionan el por qué se dice que es necesaria la teología, o peor aún, el por qué es necesario tener una teología con adjetivos, en nuestro caso como metodistas el por qué tener una teología wesleyana o, mejor dicho, arminiano-wesleyana.

Existen numeroso congregantes que consideran que hablar de la teología es un verdadero estorbo a la fe; otros, que es completamente inecesario. Otro grupo piensa que, al hacerlo, se le resta el honor y gloria a Dios al darle el crédito de un sistema teológico a una creatura, a un ser humano. Por supuesto que, por otro lado, existe un sector importante para el que no tiene la menor trascendencia y le da igual escuchar si algún concepto u otro es de la teología calvinista, católica romana, ortodoxa griega, luterana, anabautista, arminiana, wesleyana, etcétera. Muchas personas tienen la idea de que por el hecho de que algunos conceptos se prediquen en alguna iglesia evangélica o protestante son completamente adecuados y tienen armonía con cualquier otra iglesia evangélica o protestante y que son intercambiables, de ahí que numerosos de nuestros congregantes, al mismo tiempo, por ejemplo, crean en la expiación universal (que no es lo mismo que la salvación universal) que en la doble predestinación. Por supuesto que también existe un grupo de creyentes, que quizá no numeroso, que para él sí tiene alguna importancia la teología y se da cuenta que tiene algún tipo de repercusión para su vida, la vida de su iglesia, su comunidad y toda la creación.

La afirmación de un buen número de nuestros congregantes –muchos de buena voluntad- es la de decir: yo no sigo ninguna teología, yo creo únicamente lo que dice la Biblia. No se debe predicar un sistema teológico, lo que hay que hacer es predicar simple y llanamente la Biblia. Esta es la afirmación que palabras más o menos uno se encuentra como reacción ante la formación educativa cristiana metodista o al término de algunas predicaciones.

Por supuesto que somos defensores del ecumenismo bien entendido, la gran mayoría de las tradiciones doctrinales de la cristiandad tienen elementos muy necesarios para compartir con el resto de ellas, elementos que en alguna forma completan o complementan sistemas teológicos. Además, en muchas de las doctrinas coincidimos, sin embargo, lamentablemente en lugar de buscar la unidad en el trabajo gana el celo denominacional de pastores y congregantes que no alcanzan a vislumbrar que en un sentido espiritual, la Iglesia Universal es una. Pero, por otro lado, de alguna manera es adecuado, en aras de defender un ecumenismo, elaborar un eclecticismo o sincretismo religioso, sus estragos los notamos en el deficiente crecimiento de la vida cristiana.

Ilustrando esto les compartimos que en nuestra pastoral nos hemos encontrado algunos congregantes que postulan una especie de quietismo afirmando que si las cosas suceden de determinada forma es porque necesariamente Dios así lo quiere. Por ejemplo, en la reciente invasión que Estados Unidos e Inglaterra hicieron a Irak, algunos miembros metodistas, aliumentados con un fundamentallismo ajeno y esta visión quietista se encogieron de hombros para exclamar: no hay que orar por la paz, si la invasión se dio es porque así Dios lo quiere. Seguido por algunos de estos argumentos: “como en Estados Unidos mucha gente es evangélica Dios está con ellos”. Otros más, aseveran que Estados Unidos vendría siendo algo así como el ejecutor de la justicia divina y que, por ello, no nos debemos oponer a ello. Ante ello, nos preguntamos ¿qué ocurrió para que congregantes, supuestamente metodistas, lleguen a tales conclusiones? Tenemos muchas teorías –que en este momento no compartiremos-, sin embargo, es muy evidente que no existe una congruencia teológica debido al eclecticismo teológico, a la falta de definiciones basadas en las Sagradas Escrituras, la falta de identidad teológica y a una interpretación inadecuada de la Biblia.

Citaremos otro ejemplo, un problema práctico que se desprende de todo ello es lo que definimos como el propósito de la evangelización la cual –estaremos de acuerdo- nunca estará completa sin el discipulado. El problema de fondo es el suponer que el desarrollo cristiano finaliza con la justificación, es decir, cuando Dios nos ha perdonado, o con la regeneración o nuevo nacimiento que ocurre en la profesión de fe de aquel que confía en Cristo Jesús como su Señor y Salvador. Si tuviéramos una concepción estática de la fe –como muchos grupos calvinistas y fundamentalistas sostienen- el camino de la santificación sería un mero accesorio mientras el cristiano va a su encuentro con su Señor. Pero si entendemos que “sin santidad nadie verá al Señor” la concepción cambia. Wesley apropiadamente reflexionaba ¿de qué somos salvos? La respuesta correcta a la luz de la Biblia no sólo debiera decir: del infierno, sino del pecado mismo, por ello, la santificación promueve la restauración de la imagen moral de Dios en el cristianismo. Por ello, es que para nuestra teología arminiano-wesleyana basada, por supuesto en las Sagradas Escrituras, la salvación es dinámica y no estática.

Durante el primer año de la sociedades metodistas (1743) Wesley escribió: “determino, por la gracia de Dios, no comenzar la obra donde no pueda seguir la trayectoria”. Al darse cuenta de esta realidad, escribió lo siguiente: 

“Predicar sin reunir a aquellos que son despertados, y sin educarlos en los caminos de Dios, es solamente engendrar hijos para el asesino. ¡Cuánta predicación ha habido en estos 20 años por todo Pembrokeshire! Pero no sociedades regulares, ni disciplina ni orden o conexión; y la consecuencia es que 9 de cada 10 de los que una vez fueron despertados ahora se están durmiendo más rápido que nunca”.

Wesley entendió que la predicación, por lo regular, nunca conduce por sí misma a una espiritualidad madura. Por supuesto que la tarea de la evangelización es básica, sin embargo, muchas veces hemos interpretado el mandato de Cristo conocido como la Gran Comisión como única y exclusivamente presentar una visión simplificada del Evangelio –muy intimista, espiritualizante y determinista a nuestro parecer- sin tomar en cuenta el discipulado. Evangelizar sin discipular es como querer llenar un tanque para agua con una cubeta llena de perforaciones y así, una y otra vez, llenar las cubetas y, una y otra vez, derramar el agua. Aquí observamos, una vez más, como diferentes posturas teológicas determinan nuestra acción en la vida cotidiana.

Entonces vamos observando cómo la teología sí tiene implicaciones reales y prácticas, y no es meramente un ejercicio teórico o especulativo. Aclaramos que bíblicamente la justificación es por la fe en nuestro Señor Jesucristo y que Dios no nos presenta un cuestionario para que nosotros lo resolvamos y que, si lo aprobamos, entramos a Su reino y si no, seremos impedidos de entrar a él. Pero lo cierto es que nuestro crecimiento cristiano será importante madurar en nuestra fe y en nuestro discipulado.

Como hemos dicho, hay gente que afirma que no se debe hablar de teología si no de la Biblia. El problema se evidencia claramente cuando escuchamos que un innumerable número de grupos religiosos afirman tener la verdad. Muchos son confundidos porque, en verdad, estos grupos utilizan versículos bíblicos que, de forma superficial, parecieran darles la razón. Basten unos pocos ejemplos: algunos grupos a lo largo de la historia han afirmado que la segregación racial tiene base bíblica, otros más utilizan versículos bíblicos para justificar el machismo o la misoginia, otros más utilizan versículos bíblicos para justificar la poligamia, y más. Estos son ejemplos muy bizarros, sin embargo, nos muestran una limitación real para lo que estamos tratando.

Es cierto que las Sagradas Escrituras son la revelación principal de nuestra fe y doctrina, sin embargo, en varias creencias –tarde o temprano- tenemos que admitir que se trata de un asunto de interpretación de las Sagradas Escrituras, o como algunos dijeran, de hermenéutica. Y es aquí donde tenemos que reconocer que muchas de las posturas teológicas afirman basarse en las Sagradas Escrituras. Los Testigos de Jehová afirman que sólo 144 mil personas irán al cielo, los adventistas afirman que deben de guardarse algunos aspectos de la ley ceremonial de Moisés y todos aseveran basarse en la Biblia. Entonces, a esa altura, ya debería verse que el asunto de la interpretación o hermenéutica es realmente importante y no accesorios, o innecesario, o un estorbo.

Invitamos a todos nuestros lectores a profundizar en el estudio de las Sagradas Escrituras, en el ejercicio teológico, hermenéutico y filosófico, haciedo uso de otras herramientas importantes como la ciencias sociales y las bellas artes. Nuestra Iglesia Metodista requiere de teólogos/as, pastores/as y laicos/as que se comprometan con la visión de colaborar en la encarnación de la Palabra en nuestras culturas y contextos, enfatizando los signos de vida y luchando contra las escrituras de muerte. Por supuesto, siempre inspirados por el Espíritu Santo, inmersos en un constante diálogo con la comunidad, proclamando la Palabra, y todos juntos, como dijera el poeta, haciendo camino al andar.


Este documento forma parte del material “Gracia cara, Gracia barata” publicado en la memoria del Congreso ‘Un llamado al Corazón’, México, D.F. 2005. pp. 17-30. Grupo ‘Un llamado al corazón’.

El Pbro. Jorge Alberto Ocho Longi fue Superintendente del Distrito Centro de la Conferencia Anual de México. Este artículo se publicó originalmente en la edición especial de El Evangelista Mexicano de febrero de 2006.

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