<strong>Introducción y desarrollo del metodismo en Apizaco durante el Porfiriato, 1879-1903.</strong>

Introducción y desarrollo del metodismo en Apizaco durante el Porfiriato, 1879-1903.

Oswaldo Ramirez González

INTRODUCCIÓN.

El objetivo de este trabajo es mostrar de manera general dos factores que permitieron la llegada y desarrollo del metodismo en la ciudad de Apizaco, Tlaxcala a finales del siglo XIX. El análisis histórico parte en primer lugar del establecimiento del ferrocarril como agente detonador de desarrollo y posible crecimiento germen y crecimiento congregacional. En segundo lugar, el impacto del fanatismo religioso como un agente intimidatorio que, lejos de mermar el ánimo de los simpatizantes metodistas, detonó en un espíritu de trabajo y crecimiento tanto en Apizaco como en la región. Consecuentemente el presente trabajo es también un buen pretexto para reflexionar sobre la historia local  y su fundación a propósito del 143 aniversario de la iglesia “El Buen Pastor” de Apizaco, Tlaxcala (1879-2022). A continuación se describen los dos elementos señalados:

1. El ferrocarril. Elemento de dinamismo y área de oportunidad en la obra misionera.

Entre 1881 y 1903 se construyeron aproximadamente el 70% del trazado ferroviario comprendido durante todo el porfiriato. La traza y destino de estas vías fue con el objetivo de hacer parada en los principales centros de producción manufacturera, agrícola e industrial del país, todos con una dirección en común, la frontera norte.

Las compañías ferrocarrileras se interesaron en la formación de asociaciones protestantes entre sus trabajadores. Probablemente optaron por esto debido a la afinidad que tenían algunos contratistas, ya fuese por el idioma (ingleses o británicos), o por la religión (protestante). Según Jean-Pierre Bastian estos grupos religiosos tenían una ética laboral más responsable; esto fue visto como una ventaja por los grupos misioneros, quienes aprovecharon ello para establecer templos cercanos a las vías de ferrocarril en el centro y norte del país. Por este motivo la Iglesia Metodista Episcopal Norte (IME) y la Iglesia Metodista Episcopal Sur (IMES) consideraron al ferrocarril un elemento crucial en el traslado de pastores, laicos y profesores, así como la entrega de material de divulgación religiosa como biblias, nuevos testamentos, prensa, literatura cristiana y por supuesto de material escolar para las escuelas que establecieron en varias partes del país.

El desarrollo de vías férreas durante el porfiriato influyó en la movilidad poblacional de gran parte de los habitantes. Aunque también siguieron utilizando caminos rurales para comunicarse con las comunidades más alejadas, el ferrocarril significó un gran cambio y ventaja de la modernización y el progreso material de la época, no por nada era mencionado con frecuencia en periódicos; tanto en el Abogado Cristiano Ilustrado como en El Evangelista Mexicano se hace mención con frecuencia sobre la inauguración y avance de vías férreas tanto en México como en otros países. Este medio de transporte fue imprescindible durante el porfiriato; sin embargo no significó que el traslado en recuas de mula, caballo e incluso a pie no fuera una opción, pues con regularidad algunos puntos misioneros distaban de las estaciones de ferrocarril.  

Cabe señalar que el proyecto ferrocarrilero iniciado con Porfirio Díaz tuvo sus antecedentes desde finales de la gestión de Benito Juárez y fue con Sebastián Lerdo de Tejada con quien se establecería el primer ramal del ferrocarril en la ruta México-Veracruz. Precisamente fue por este medio que en 1873 llega a nuestro país el obispo Gilbert Haven en el viaje inaugural del Ferrocarril Mexicano a la capital de la República. Sin embargo, no sería sino hasta el año siguiente, concretamente en el mes de marzo de 1873, cuando arribaría William Butler, uno de los principales líderes misioneros y quien sería el artífice para el desarrollo y establecimiento de la obra metodista de la IME en el centro de México.

Si bien es cierto que la inserción del metodismo en Apizaco tuvo como uno de los elementos fundamentales la ruta ferroviaria y el establecimiento de una estación de paso, esto no significó un desarrollo de la noche a la mañana. Apizaco era un punto intermedio que unía la capital del país con la sierra poblana y parte del sureste y el puerto de Veracruz; por ello la empresa ferroviaria optó por establecer en ese lugar uno de los talleres del Ferrocarril Mexicano, empresa que poseía la concesión de aquella ruta. Prácticamente en todos los puntos que recorría esa línea férrea contaba con talleres para refacción y mantenimiento: Ciudad de México, Orizaba, Pachuca y Veracruz.

En este sentido la posibilidad de abrir un punto misionero en este lugar tuvo como referente no sólo al ferrocarril, sino a los simpatizantes del evangelio que eran residentes del mismo. Butler escribe en una de sus cartas que su amigo Pablo González, que era jefe del taller de máquinas, se encontraba viviendo allí, y además de otros habitantes eran simpatizantes del protestantismo, por lo tanto cabría la posibilidad de instalar un punto misionero en dicho lugar. Sirva decirse que fue precisamente en la casa del señor González donde se emprendió la construcción del templo (capilla sencilla entre 1879 y 1880). 

No obstante, lo anterior no habría sido posible sin la gestión del señor Isaac Cervantes, simpatizante metodista quien además gozaba de una buena relación de amistad con el entonces gobernador de Tlaxcala, Miguel Lira y Ortega. Consecuentemente el templo metodista “El Buen Pastor” se convirtió en la primera iglesia no católica en constituirse en dicha entidad.

Ahora bien, la introducción del metodismo en Apizaco fue un proyecto eventual, pues paralelamente al interés que la empresa ferroviaria de Ferrocarril Mexicano tenía puestos sus mayores esfuerzos en Puebla o Veracruz, Apizaco fue beneficiado gradualmente de este flujo; la ciudad de Puebla y Orizaba eran enclaves comerciales e industriales importantes; Apizaco en cambio, al ser una estación de paso, fue desestimada para un potencial desarrollo socioeconómico significativo. Estos factores, según Ruíz, generaron un retraso en la atención misionera a la localidad tlaxcalteca; mientras que Puebla y Orizaba fueron considerados como puntos prioritarios de predicación en 1873 y 1873 respectivamente, Apizaco tuvo que esperar hasta 1877 para el primer contacto y un par de años más para la construcción de su primera capilla.

No obstante, este aplazamiento circunstancial de planes dentro de la agenda misionera no significó un decaimiento entre los simpatizantes, pues a partir de 1879 el trabajo de predicación de la obra metodista fue aumentando de manera gradual. Para 1886 la escuela de niños a cargo del Rvdo. Bernal ya contaba con 45 niños aproximadamente. Por su parte el área escolar de las niñas -el cual estaba a cargo de la señorita Orcillez- tenía 58 alumnas. Apenas un mes antes se reportaba la compra de nuevos asientos y aparatos convenientes para un mejor aprovechamiento de los infantes. En El Abogado Cristiano Ilustrado se señala que los amigos [simpatizantes] de la causa hicieron un magnífico estandarte valuado en $35 [pesos] para la “Escuela Juárez” [escuela de primeras letras para los infantes], que se estrenó el 16 de septiembre en las fiestas patrias que se celebraron en el auditorio de la escuela y cuyo aforo fue de 300 personas.

Lo anterior no sólo demuestra la importancia de la cobertura del transporte ferroviario, probablemente para el traslado de materiales escolares, sino el compromiso social de la congregación,  mismo que se vio reflejado en el impacto y desarrollo de los planteles educativos en su localidad. 

Cabe señalar que la iglesia de Apizaco sirvió como punto referente para establecer redes misioneras aledañas. Inicialmente perteneció al antiguo Distrito Oriente [IME] junto con las congregaciones de Tetela, Xochiapulco, Orizaba, Córdoba, Puebla y Panotla. Esta misma pertenencia le generó lazos estrechos con congregaciones vecinas con las cuales establecieron actividades en común.

2. El fanatismo religioso como punto de cohesión y unidad de la congregación local.

Ahora bien, como se señaló al inicio de este texto, otro factor latente para el desarrollo, permanencia y resistencia del metodismo fue la confrontación y denuncia de fanáticos religiosos (católicos). Para 1887 varios lugares a lo largo del país sufrieron agresiones y asesinatos de misioneros y congregantes; Ahualulco, Atzala, Almoloya, Guerrero y desde luego Apizaco conformaron esta primera lista. No obstante a que este tipo de acontecimientos fue difícil, significó un elemento importante para reafirmar su fe y sobre todo para resistir y avanzar en el trabajo, desarrollo y coexistencia dentro de su comunidad.

Como lo señaló en su momento el pastor Lüders:

…, que las persecuciones, lejos de debilitar o extinguir la Iglesia evangélica en algún lugar, la confirman y engrandecen. En el primer culto que en Apizaco se celebró cinco días después de la muerte del hermano [Epigmenio] Monroy hubo una asistencia numerosa como no se vio en ninguna otra ocasión con excepción del culto de inauguración del templo…

En efecto, el asesinato de quien ha sido llamado por la historia metodista protomártir marcó un antes y un después en el desarrollo congregacional de Apizaco. El pastor Epigmenio Monroy, de origen hidalguense, inició en el ministerio en 1880 en Amecameca, Estado de México; posteriormente fue trasladado al circuito de Apizaco, donde encontró el cruento final de su vida cuando regresaba junto con dos congregantes de oficiar culto en el pueblo de Santa Anita Huiloac. En el transcurso del camino fue atacado por un grupo de fanáticos católicos, quienes dándolo por muerto arrojaron su cuerpo a orillas del camino. Sus acompañantes lograron repeler la agresión; sin embargo, cuando regresaron a rescatar al pastor, éste se encontraba gravemente herido. Pese a que la denuncia fue interpuesta por los congregantes a las autoridades de Apizaco, ello no fue suficiente para reponer la vida de este siervo de Dios, que murió un 8 de abril de 1881.

La memoria de Epigmenio Monroy, protomártir del metodismo mexicano, fue una constante que se evocó en discursos y notas de prensa metodista de aquella época, pues significaba que pese a las estipulaciones constitucionales de 1857, el fantasma de la intolerancia religiosa ejercida por miedo o un falso nacionalismo (al considerar a los protestantes extranjerizantes o pro yanquis) fue una problemática con la que tuvo que lidiar sobre todo en regiones serranas como la sierra de Puebla, Tlaxcala, Querétaro o la Huasteca.

Pese a que las denuncias se hicieron plausibles a lo largo de este período en algunos periódicos protestantes de la época -como El Abogado Cristiano Ilustrado, El Faro y El Evangelista Mexicano– sobre la violencia y hostigamiento que misioneros protestantes (no sólo metodistas) y algunas congregaciones sufrieron al interior de la República, fueron objeto de agresiones por profesar su fe. El estado de Tlaxcala no fue la excepción e incluso a principios del siglo XX todavía seguía siendo una de las problemáticas con las que lidiaron misioneros y congregantes. 

En una publicación de El Abogado Cristiano Ilustrado en 1903 titulada “Persecución a los evangélicos en el Estado de Tlaxcala” se refiere a la manera desigual y al abuso de autoridad con la que autoridades se comportan al profesar abiertamente su fe católica y en contraposición sin argumento alguno hostigan y hasta encarcelan a simpatizantes del evangelio:

Acabamos de recibir una carta de Texcalac, Apizaco, Tlaxcala, en la cual se nos dice que por haber denunciado nuestros correligionarios de ese pueblo una infracción a las leyes de Reforma consistente en haber sacado una procesión religiosa encabezada por el Juez, Agente del mismo pueblo, están sufriendo no pocas persecuciones por parte de los vecinos fanáticos de Texcalac, pues con los pretextos más fútiles han encarcelado a nuestros correligionarios y los han mandado hasta consignados a la autoridad e Apizaco acusándoles de supuestas faltas que ninguno de ellos ha cometido, faltas que en caso de que fueran ciertas, no ameritaban siquiera un solo día de detención, como es la de no haber ido a dar auxilio , por estar ausentes del pueblo, a un hombre a quien lastimó un tren del Ferrocarril Mexicano, en las cercanías del pueblo.

  La nota finaliza con un exhorto hacia la autoridad para que respete y haga cumplir la ley en igual condición:

Llamamos la atención del señor Jefe Político de Apizaco hombre enérgico e imparcial a los abusos que están cometiendo con los protestantes, los fanáticos de Texcalac. 

Es claro que pese a los agravios la comunidad metodista siempre se mostró respetuosa de la ley y que aun con los atropellos sufridos los exhortos y protestas eran hechas de la mejor manera por medio de la prensa, pues el malestar subyacía no en contra del gobierno ni el sistema político -léase El Porfiriato-, sino a las autoridades locales que abusaban de su poder. Desde luego que la ruptura con el sistema y los agravios más allá de las trasgresiones por profesar su fe fueron tomando diversos matices y al final de 1910 surgieron grupos y personajes disidentes metodistas en Tlaxcala y el país en general, que por medio de las armas o como confabuladores intelectuales formaron parte del movimiento revolucionario; pero eso ya es otra historia…

CONCLUSIONES.

La importancia de considerar el peso de factores geográficos y socioeconómicos es crucial para definir las dinámicas sociales de una localidad, entidad, ciudad. En este sentido el establecimiento del ferrocarril jugó una parte esencial en el florecimiento y permanencia del metodismo. A su vez lo dotó de una identidad y las condiciones políticas, sociales y culturales para que fuese precisamente ahí donde se estableciera el primer enclave metodista en toda la entidad tlaxcalteca. Ello con todo lo que le conllevó a su grey, incluso al hecho de afianzar su identidad religiosa, fe y trabajo a partir de los hechos de sangre y la muerte del pastor Epigmenio Monroy.

El Pbro. Monroy generó inspiración y un espíritu de sobrevivencia en medio de un ambiente social hostil, abusos físicos  y de autoridad; lo que lejos de disminuir la membresía generó mecanismos de protección y acción social,  mismos que tuvieron una protección parcial a través de los lazos sociopolíticos con personajes clave como el gobernador, a la vez de saber capitalizar el conocimiento y la carencia estableciendo centros de estudio (escuelas), que con el paso del tiempo tuvieron aceptación.


FUENTES

Bibliografía. 

BASTIAN, Jean-Pierre. Los disidentes. Sociedades protestantes y revoluciones en México, 1872-1911. México, Fondo de Cultura Económica, 1993.

GUAJARDO, Guillermo “Hecho en México: El eslabonamiento industrial. Hacia adentro de los ferrocarriles, 1890-1950”, en Ferrocarriles y vida económica en México (1850-1950). Kuntz y Riguzzi (Coord.). El Colegio Mexiquense. México, 1996, 236-236pp.

RIGUZZI, Paolo. “Inversión extranjera e interés nacional de los ferrocarriles mexicanos, 1880-1914”, en Carlos Marichal y otros, Las inversiones extranjeras en américa latina, 1850-1930. Nuevos debates y problemas en la historia económica comparada, México, El Colegio de México/ Fideicomiso Historia de las Américas/ Fondo de Cultura Económica, 1996, 164-165pp.

RUÍZ, Rubén. Hombres nuevos. Metodismo y modernización en México (1873-1930), México, Centro de Comunicación Cultural CUPSA, 1992.

SÁNCHEZ, Alán. 150 de la misión metodista. 150 Biografías breves. Publicaciones del Sesquicentenario, México, Casa Unida de Publicaciones, 2022.

Hemerografía.

Forcada, H. El Faro, 1ro de octubre de 1887, 150p.

Lüders G. El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de junio de 1881, 22p.

S/A. El Abogado Cristiano Ilustrado 5 de febrero de 1903, 48p.

S/A. El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de noviembre de 1886, 166p.

S.P.O. El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de diciembre de 1886, 180p.

S.C.P. El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de diciembre de 1886, 181p.

Páginas web.

LÓPEZ, Pedro. “Templo metodista de Apizaco El Buen Pastor, reflejo de lucha y fe” en El Sol de Tlaxcala, domingo 17 de julio de 2022. Versión electrónica consultada: 24 de agosto de 2022 en https://www.elsoldetlaxcala.com.mx/local/templo-metodista-de-apizaco-el-buen-pastor-reflejo-de-lucha-y-fe-8604125.html 


1 Síntesis de la ponencia que presentó Oswaldo Ramirez González Presidente de la Sociedad de Estudios Históricos del Metodismo en México (SEHIMM) el pasado 25 de agosto en la iglesia “El Buen Pastor” de Apizaco, Tlaxcala con motivo del 143 Aniversario de su fundación.

2 El resto del tendido de vías, es decir el 30% fueron construidas  y algunas quedaron inconclusas después de 1910. Sólo una pequeña parte se inauguró durante el gobierno anterior de Sebastián Lerdo de Tejada. Paolo Riguzzi, “Inversión extranjera e interés nacional de los ferrocarriles mexicanos, 1880-1914”, en Carlos Marichal y otros, Las inversiones extranjeras en américa latina, 1850-1930. Nuevos debates y problemas en la historia económica comparada, México, El Colegio de México/ Fideicomiso Historia de las Américas/ Fondo de Cultura Económica, 1996, 164-165pp.

3 BASTIAN, Jean-Pierre. Los disidentes. Sociedades protestantes y revoluciones en México, 1872-1911. Fondo de Cultura Económica. México, 1993, 121-122pp.

4 En adelante para referirse a estos grupos misioneros se utilizan sus abreviaturas correspondientes, IME o IMES según sea el caso.

5 El Abogado Cristiano Ilustrado inició su publicación en 1877 en la Ciudad de México su redacción, impresión y distribución corrió a cargo de la IME; El Evangelista Mexicano se creó en 1879, circuló como órgano oficial de la IMES quien lo editó, redacto y distribuyo, sus ejemplares fueron impreso en EE.UU. Este periódico surgió para cubrir mayormente el centro de la República Mexicana, anteriormente este grupo misionero ya había fundado El Abogado Cristiano Fronterizo pero su distribución se limitó al área fronteriza entre México y Estados Unidos.

6 RUÍZ, Rubén. Hombres nuevos. Metodismo y modernización en México (1873-1930). Casa Unida de Publicaciones, CUPSA, México, 1992, 28p.

7 GUAJARDO, Guillermo “Hecho en México: El eslabonamiento industrial. Hacia adentro de los ferrocarriles, 1890-1950”, en Ferrocarriles y vida económica en México (1850-1950). Kuntz y Riguzzi (Coord.). El Colegio Mexiquense. México, 1996, 236-236pp. 

8 RUÍZ, Rubén. Hombres nuevos. Metodismo y modernización en México (1873-1930). Casa Unida de Publicaciones, CUPSA, México, 1992, 52p.

9 LÓPEZ, Pedro. “Templo metodista de Apizaco El Buen Pastor, reflejo de lucha y fe” en El Sol de Tlaxcala, domingo 17 de julio de 2022.

10 RUÍZ, Rubén. Hombres nuevos. Metodismo y modernización en México (1873-1930). Casa Unida de Publicaciones, CUPSA, México, 1992, 53p.

11 S.P.O  en El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de diciembre de 1886, 180p. , S/A en El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de noviembre de 1886, 166p.

12 S.C.P. El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de diciembre de 1886, 181p.

13 Forcada, H. El Faro, 1ro de octubre de 1887, 150p.

14 Lüders G., El Abogado Cristiano Ilustrado, 1ro de junio de 1881, 22p.

15 SÁNCHEZ, Alán. 150 de la misión metodista. 150 Biografías breves. Publicaciones del Sesquicentenario. Casa Unida de Publicaciones, México, 2022, 87p.

16S/A. El Abogado Cristiano Ilustrado 5 de febrero de 1903, 48p.