Desde la Dirección de Archivo e Historia…

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EL PLAN DE CINCINNATI

Buscando entre los muchos tópicos o asuntos contenidos en nuestro Archivo Histórico, elegí como tema para comentarles este inicio del 2023, el llamado Plan de Cincinnati. Esto sucedió en aquella ciudad de los Estados Unidos -de ahí el nombre- el 30 junio y 1 de julio de 1914, y que afectaron para bien o para mal, dirían algunos, a todas las iglesias/misiones evangélicas/protestantes asentadas en México (aunque años después alcanzó a otros países latinoamericanos). ¿Pero de qué se trata? ¿En qué consiste? 

Para entender el porqué de este plan, debemos ubicarnos en el tiempo y espacio 40 años antes de esos acuerdos. Se trata de una serie de políticas y resoluciones tomadas por las diferentes iglesias estadounidenses que desde 1872 y otras desde 1873 habían iniciado trabajo misionero en nuestro país. Los cambios legales a través de la promulgación de las leyes de Reforma por Benito Juárez, la incursión de ideas liberales para quitar el monopolio de una iglesia que se decía “oficial”, todo ello dio la apertura en nuestro país a las diferentes denominaciones: Metodista, Presbiteriana, Bautista, Nazarenos, Amigos, entre otras más. Estas iglesias llegaron a nuestra patria tanto por el Golfo de México hacia la capital del país y ciudades ubicadas en el centro de la república -Puebla, Tlaxcala, Guanajuato, Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí- como desde nuestra frontera norte hacia Chihuahua, Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas.

Las diferentes iglesias utilizaban cantidades importantes de recursos tanto humanos como monetarios, provenientes de sus matrices en Estados Unidos, Reino Unido, entre otros, para arrancar del fanatismo católico-romano a nuestros conciudadanos y llevarlos al conocimiento y a la verdad del Cristo Salvador. Efectivamente, México se trataba de tierra fértil, pero se apreciaba duplicidad de esfuerzos y de recursos. 

ENTORNO NACIONAL

Pocos años antes del Plan de Cincinnati, nuestro país vivía una muy lamentable guerra civil, enfrentándose mexicanos contra mexicanos; y ya desde 1907 con los Mártires de Río Blanco y otros más levantamientos sociales creaban inestabilidad política y que ponía en riesgo tanto a nacionales como a los hombres y mujeres extranjeras. Por tal motivo, muchos de estos últimos retornaron a su nación. Para 1914, ya caído Porfirio Díaz, justo ese año, había sido asesinado Francisco I. Madero. México no terminaba de encontrar el camino de la paz hacia el desarrollo y orden social y político. Para el mes de abril del mismo año, los Estados Unidos invaden el puerto de Veracruz, ocasionando daños importantes a la ciudad y la muerte de civiles y militares mexicanos. Claro que todos los hechos se iban concatenando. Con la Revolución Mexicana los efectos de este conflicto fueron muy graves; entre los principales podemos mencionar:
1. La destrucción de Templos Protestantes;
2. Que la mayor parte, sino es que todos los misioneros protestantes en México; abandonaron el país después del inicio de la Revolución en 1910 y no regresaron hasta que el conflicto había terminado en 1917;
3. La consecuente limitación de recursos económicos; y
4. Se generó un debilitamiento en la estructura eclesial, ya que muchos pastores y miembros de las congregaciones se integraron al movimiento revolucionario.

ENTORNO INTERNACIONAL

Un ambiente de guerra flotaba en varias naciones, sobre todo europeas; y en julio de 1914 inició la primera gran guerra que afectó la economía de varios países. Indudablemente la guerra trastocó en muchas formas y los países cambiaron sus estrategias y lamentablemente muchos recursos fueron destinados a la compra de armas y al financiamiento del movimiento de hombres. De una u otra forma el Reino Unido y Estados que eran de los países que más recursos y misioneros ofrecían a los países evangelizados, estaban afectados. 

Esto en el ámbito político, aunque lo religioso no escapaba. Para ello, debemos remontarnos cuatro años atrás, al año 1910, cuando en Edimburgo, Escocia, la Conferencia Misionera Mundial reunió a representantes de la mayoría de las iglesias evangélicas para discutir acerca de la evangelización del mundo. Asistieron aproximadamente 1,200 delegados, representando una amplia variedad de Iglesias y Organizaciones Cristianas (excepto la Católica Romana); participando en la Conferencia alrededor de 160 Directivas de Agencias Misioneras, entre ellas cuarenta y seis Británicas, sesenta Estadounidenses, doce de Australia, Asia y África del Sur; y de  los 1215 delegados oficiales, 509 eran Británicos, 491 Norteamericanos, 169 de Europa continental, 27 de las colonias blancas de Sudáfrica y Australasia, 19 del mundo no occidental, 18 de ellos de Asia. No hubo ahí representante alguno de la importante presencia misionera norteamericana en América Latina, mucho menos un latinoamericano de nacimiento. Las Iglesias Protestantes Europeas, las más grandes y establecidas como Confesiones Oficiales, vetaron al Continente Latinoamericano como lugar para hacer obra misionera, pues argumentaban que estas tierras ya habían sido cristianizadas por la Iglesia Católica Romana, y que los esfuerzos propagadores debían enfocarse hacia África, Asia y Oceanía.

LAS IGLESIAS PROTESTANTES EN MÉXICO

Para el año 1914 las agencias misioneras de las iglesias evangélicas norteamericanas llevaban más de 40 años evangelizando en México. En la época del presidente Porfirio Díaz se dio una gran apertura hacia inversiones de capital norteamericanas y británicas en las áreas comerciales, industrial, expansión del ferrocarril, puertos, bancarias y la facilidad para que las iglesias evangélicas pudieran sembrar la semilla del cristianismo en esta tierra fértil llamada México; pero se apreciaba cierta duplicidad de esfuerzos en algunas zonas, sobre todo urbanas, y falta de presencia en lugares de menor población.

¿Pero qué acuerdos se tomaron?
Los objetivos conjuntos del Plan de Cincinnati eran:
1. Dividir el territorio mexicano entre las distintas Juntas Misioneras de las denominaciones pactantes, asignándoles de este modo diferentes áreas geográficas del país, y repartiendo así el territorio mexicano con el fin de lograr una evangelización eficaz, evitar fricciones, economizar dinero y evitar duplicación de esfuerzos. La Ciudad de México quedaría abierta a todas las agencias.
2. Consolidar las escuelas normales auspiciadas por las Juntas Misioneras de las denominaciones pactantes y establecer una escuela primaria en cada congregación.
3. Crear un Comité de Prensa y Publicaciones en donde hubiera sólo una Casa Editorial.
4. Contar con un solo Periódico Cristiano que involucrara a todas las denominaciones.
5. Tener sólo un Instituto Bíblico y Seminario Teológico Interdenominacional Unido en Coyoacán.
6. Una Universidad Interdenominacional para todo el país.
7. Sugerir que el nombre oficial de las iglesias protestantes fuera Iglesia Evangélica de México, con el agregado de la denominación entre paréntesis.

En 1917, las principales agencias misioneras protestantes estadounidenses de la mayoría denominaciones evangélicas que tenían trabajo en la República Mexicana, lo aprobaron y firmaron el Plan de Cincinnati, mismo que se implementó en 1919.

            La Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo en 1910
Plan de Cincinnati, Ohio.

Entre el 30 de junio y el 1 de julio se celebró del Plan de Cincinnati cuando 60 representantes de 11 agencias misioneras protestantes diferentes se reunieron en esas mismas fechas en 1914, en Cincinnati, Ohio, con el fin de crear una estrategia unificada para la misión de la evangelización de México. Como lo dije antes, el acuerdo que se forjó en esta reunión vino del espíritu ecuménico de la Conferencia Misionera Mundial de 1910 (WMC) en Edimburgo, Escocia. El objetivo principal del acuerdo de cortesía era evitar la competencia entre agencias misioneras y racionalizar los recursos en el espíritu de colaboración. El Plan de Cincinnati, sin embargo, tuvo una objeción: los mexicanos no pudieron estar presentes y los acuerdos se hicieron sin consultar con el liderazgo mexicano de las iglesias misioneras. 

Representantes de las misiones de la Iglesia Presbiteriana Unida, Congregacionalistas, Discípulos de Cristo, Iglesia Metodista Episcopal en sus dos ramificaciones, Discípulos de Cristo, Episcopales, Amigos, Bautistas del Norte y la YMCA, entre otras denominaciones y organizaciones, estuvieron presentes en las reuniones. Como resultado de los acuerdos de cortesía, se establecieron nuevas instituciones ecuménicas y otros crearon fondos compartidos para la administración de los recursos. Por ejemplo, el Seminario Unión Evangélica se formó en la ciudad de México para entrenar pastores para congregacionalistas, discípulos de Cristo y metodistas. Además, se establecieron dos escuelas agrícolas sindicales, un hospital, una escuela de formación para las mujeres y una imprenta unida llamada «Casa Unida de Publicaciones».

Cuando las denominaciones consolidaron sus esfuerzos de evangelización a través de México, los presbiterianos recibieron la mayoría de los estados del sur: Campeche, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, sur de Veracruz y Yucatán. Cualquier iglesia metodista en estos estados era traspasada a la Iglesia Presbiteriana y, a cambio, las congregaciones presbiterianas en los estados del centro y del norte se convirtieron en metodistas. Hubo, sin embargo, algunas iglesias presbiterianas en los estados norteños de Nuevo León y Monterrey que se resistieron y permanecieron como presbiterianas.

EFECTOS POSTERIORES. Si bien el espíritu ecuménico de la colaboración del Plan de Cincinnati era noble, se ignoró la libre determinación de las iglesias mexicanas. En los años previos a la revolución, los Estados Unidos tuvo una gran influencia en el gobierno de Porfirio Díaz, hasta su derrocamiento en 1911. Este fue un período de crecimiento de las inversiones norteamericanas, por ejemplo, la construcción del ferrocarril; se establecieron bancos y se comenzó a adquirir los derechos minerales del subsuelo y la extracción de petróleo. Las inversiones de Estados Unidos se multiplicaron y se dice que las empresas estadounidenses poseían el 51% del comercio en México.

Durante la década de 1920, y aunque el funcionamiento institucional de la Iglesia Metodista Episcopal y de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur no fue el mejor, continuó abriendo nuevas misiones e iglesias; incluso hay consenso dentro del metodismo de que sufrió rudos golpes con la Constitución de 1917 y principalmente con el Plan de Cincinnati, implementado en 1919. La nueva Constitución les impidió mantener sus escuelas y hospitales, y dicho plan les hizo perder muchas iglesias y seminarios a favor de otras denominaciones.


Por tratarse de un Plan que involucró a varias denominaciones, las opiniones difieren mucho de las consecuencias, resaltando cada una de ellas de los perjuicios: que se cedieron más iglesias que las que se recibieron, lo mismo que los inmuebles, junto con sus escuelas y hospitales. Por lo que se refiere a la Iglesia Metodista, en los Estados Unidos se fusionaron la Iglesia Metodista Episcopal y la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, y el metodismo en México logró su autonomía en el año de 1930 al dar lugar a la Iglesia Metodista de México. Sobre este capítulo en la vida de nuestra amada Iglesia Metodista, bien se pudiera escribir mucho más. Por lo pronto me despido y nos leemos en 15 días con algún tópico del Archivo e Historia

Eliseo Ríos Flores


Para preparar este resumen se tomaron algunas notas del Rev. Gustavo Vásquez, director de Comunicaciones Hispano/Latinas de la IMU.