El metodismo desde sus inicios se ha visto totalmente identificado con la defensa de los Derechos Humanos (DDHH)*. Es aquí, en el plano social en donde hemos tenido desacuerdos entre diferenciar el “dar respuestas a nuestro entorno social” con “conformarnos al entorno social”. Esta línea es en ocasiones muy delgada y difusa, no es simplemente blanco o negro, tiene múltiples aristas, diferentes matices y mucha profundidad. El entorno está cambiando y las A.R no son ajenas a estos procesos incluida la nuestra.
En un estado laico como el nuestro, es necesario que esté regulada la participación de las diferentes expresiones religiosas que existen en el país. Es así que apegados a esta normatividad estamos legalmente constituidos como Asociación religiosa (A.R.) las cuales están reglamentadas y reguladas por “La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público”**. Esta ley nos otorga derechos, libertades y responsabilidades ante el estado mexicano (1).
Uno de los requisitos que se nos pidieron para poder ser constituidos como A.R fue el de presentar una declaración de principios de una manera clara (2). Esto tiene como resultado el conocimiento público tanto interno como externo, incluido el Estado de quiénes somos, qué creemos, cómo pensamos, del cómo estamos organizados y nuestra manera de gobierno.
Es en nuestra Disciplina (3) en donde están plasmados estos aspectos, nuestro quehacer teológico y social y la manera en que estamos organizados. Esta Disciplina no es estática en cuanto a contenido, pues todo metodista debe saber que se puede modificar, agregar o acotar según los tiempos y las necesidades propias de la A.R. Estas modificaciones se realizan cada cuatro años. Para llevar a cabo estas modificaciones se lleva un proceso muy elaborado y minucioso en el cual participan de manera activa sus miembros en plena comunión ya que la soberanía de la IMMAR recae en ellos (4).
Es ahí, en estos tomos, llamados Disciplina, en donde resumimos la vida de nuestra denominación.
Como en toda A.R, la afiliación y la permanencia a ésta es de manera totalmente voluntaria (5).
SOMOS UNA DENOMINACIÓN CON CONCIENCIA SOCIAL.
Esta conciencia la tenemos plasmada en nuestro CREDO SOCIAL* en el cual de manera amplia y pública hacemos declaraciones al respecto, enfatizando en los derechos de los menos favorecidos, derechos laborales, derecho al trato digno, a la salud, a la justicia, a la vida y a la familia, además del cuidado y preservación del medio ambiente; todo esto en base a los valores cristianos que como metodistas nos comprometemos a defender.
SOMOS UNA DENOMINACIÓN CONSCIENTE DE LOS CAMBIOS SOCIALES.
Inmersos en una sociedad globalizada que está en constante cambio, es ilógico pensar que no somos afectados o que somos indiferentes a éstos. Un ejemplo muy palpable es la cuestión migratoria, la cual nos hizo cambiar y ampliar ministerios.
Por eso es que cada cuatro años nos reunimos para hacer las modificaciones que creemos convenientes a nuestra Disciplina por medio de los mecanismos ya establecidos; esto trae como consecuencia el estar actualizados con nuestro entorno (6).
SOMOS UNA DENOMINACIÓN QUE ESCUCHA
Son innumerables los medios por los cuales un asociado o simpatizante puede ser escuchado y ejercer su libertad de expresión. Esta libertad puede ir desde simples ideas hasta quejas o propuestas formales según sea el caso, esto incluye propuestas de cambios. Tenemos diferentes ejercicios para esto, que van desde presentación de ideas o proyectos ante una junta de administradores, conferencia de iglesia, conferencia de cargo pastoral, conferencia de distrito, conferencia anual y conferencia general. En todas ellas se puede expresar cualquier inquietud, de cualquier índole, de manera individual, grupal, como organización oficial o como comisión. Todo esto ante personas en igualdad de condición y términos pues siempre al final estas expresiones son votadas dando como resultado la aceptación o el rechazo por la mayoría.
En temas de actualidad y/o de controversia se tienen constantemente pláticas, conferencias, paneles, exposiciones, talleres, etc. en donde pueden también ser vertidas las inquietudes existentes.
Además tenemos las diferentes comisiones y organizaciones que también son conductos para expresar la necesidad de cambio a nuestro creer o hacer.
SOMOS UNA DENOMINACIÓN DEMOCRÁTICA.
Votamos, y votamos mucho. Casi cualquier asunto dentro de nuestra denominación está sujeto a la aprobación por la vía del voto de sus agremiados. Esto sucede a todos niveles y en todo lugar, tanto en organizaciones oficiales, juntas, conferencias y en donde se presente o expone un proyecto, plan, idea o propuesta.
Estas votaciones -según su nivel- en ocasiones requerirán únicamente mayoría simple o de al menos las dos terceras partes de los votantes para avalar alguna decisión. Somos una denominación que decide sus cambios por medio del voto. Para esto contamos con reglas parlamentarias muy bien estructuradas sobre quién y cómo se vota.
Nada en nuestra Disciplina se ha incluido o retirado sin el voto de la mayoría que lo avale.
SOMOS UNA DENOMINACIÓN QUE DIALOGA.
Ningún artículo, párrafo o adecuación a esta Disciplina es agregado a título personal. Cada una de sus partes al ser incluida ha pasado por un largo proceso de análisis, discusión y votación. Esto significa que los diferentes proyectos de cambio han pasado por distintos niveles y filtros. En todos ellos ha habido agremiados que han ponderado los elementos para parar o dar marcha adelante a algún proyecto o propuesta. Ningún cambio llega de manera improvisada o al vapor, lleva tiempo efectuarlos. Toda la disciplina está sujeta a cambios siguiendo los lineamientos correspondientes con excepción de los Artículos de Religión (Art 28).
PENSAMIENTO PROGRESISTA*** DENTRO DE NUESTRA DENOMINACIÓN.
No se está ajeno a esta corriente, la cual también tiene y ha tenido expresión dentro de nuestras filas. Se ha tenido la oportunidad de expresar cualquier cantidad de ideas. En las tres últimas Conferencias Generales no se han llegado a presentar propuestas de esta índole, ya sea porque no han existido o porque no han pasado los diferentes filtros, y fueron desechadas por no ser aceptadas por la mayoría; en otras palabras, porque no expresaban el sentir de la IMMAR en algún asunto en particular. Esto definitivamente es determinado por el voto de la mayoría en las sesiones propias de cada evento.
Es por esta razón que no tenemos ninguna declaración o artículo en nuestra Disciplina que favorezca alguna corriente progresista.
Por otro lado, tanto organizaciones, comisiones e incluso conferencias enteras han promovido un pensamiento más conservador; artículos, anexos y declaratorias han sido beneficiados con el voto de la mayoría representativa, que culmina en el caso de enmiendas a la Legislación en la conferencia General; y en el caso de enmiendas a la Constitución, se han aceptado con por al menos las dos terceras partes del total de las conferencias de lo acordado por la Conferencia General (7).
Hace casi cinco años, en la XXIII Conferencia General, cuando se incluyó específicamente el artículo 339 (hoy artículo 440) sobre la sexualidad humana, de inmediato, pero de manera aislada se escucharon voces en contra de su contenido. En ese tiempo se podía pensar que un grupo pudiese traer a la mesa algún anteproyecto de ley para modificar o derogar este artículo, pero no fue así, sólo fueron argumentos aislados pero no representativos.
Hace casi un año, en la XXIV Conferencia General se incluyeron más elementos declaratorios y articulares que nuevamente levantaron algunas protestas. De igual manera, al incluirse algún artículo reforzando el pensamiento conservador en nuestro órgano oficial de difusión que es “El Evangelista Mexicano”, de cuando en cuando hay manifestaciones de inconformidad aludiendo a que se están violentando los DDHH de una parte de los agremiados o de la sociedad.
Se han pedido espacios de diálogo; pero hasta donde mi conocimiento llega, oficialmente no hemos sido como denominación o liderazgo invitados a ninguno por alguna parte representativa de nuestra organización. Contrario a esto, son muchos los espacios que han sido abiertos para declarar nuestras doctrinas y normas y este grupo o personas no han tenido impacto en alguno de ellos.
Tal vez la única excepción sea la Conferencia Anual de México (CAM), al declararse con una postura abierta, de respaldo y respeto por la opción del aborto en su XXXII Conferencia Anual en fecha posterior a la XXIV Conferencia General (8).
SOMOS UNA DENOMINACIÓN CON RAÍCES HISTÓRICAS.
Además del bagaje heredado, han pasado 150 años desde que el metodismo llegó a México. La sociedad ha cambiado: hace menos de cuarenta años era impensable que una denominación o Iglesia aceptara o promoviera el aborto, o matrimonios igualitarios o la hoy llamada ideología de género. Claro que siempre han existido, pero el Estado no las empezó a regular hasta hace algunos años; antes estas conductas eran de causa penal. En México no existe “El derecho al aborto”, existe, “La despenalización del aborto”, que es totalmente diferente (9). Nuestra denominación no está de acuerdo con ellas, pues creemos que atenta contra la vida y la familia (10) y es el sentir de la mayoría.
NUESTRAS CREENCIAS Y EL ESTADO MEXICANO.
El Estado Mexicano ha legislado en materia de DDHH y en concordancia con las Cortes Internacionales ha dado espacios jurídicos y de expresión al respecto. De esta manera la despenalización del aborto, la Ideología de genero, los matrimonios igualitarios y todo lo relacionado, hoy tienen un lugar en nuestra sociedad. Esto ha causado inquietud en muchos sectores de la sociedad mexicana, incluidas las Asociaciones Religiosas, ya que se piensa que atentan contra la vida y la familia. Nuestra denominación cree que al permitir la entrada a estas corrientes ideológicas se contradice la enseñanza que hemos recibido aquí mismo; aunado a esto se siguen manifestando diversos y numerosos organismos no gubernamentales ni religiosos que piensan de manera similar; nosotros igual lo hacemos ejerciendo nuestra libertad de creencias. En el plano médico y psicológico no hay consenso.
Es por eso que la mayoría pensamos desde nuestro entorno religioso que estas ideologías van en contra de lo que creemos y así lo manifestamos. De ninguna manera coartamos “El libre desarrollo de la personalidad” de nadie y tampoco queremos que nos sea coartado el nuestro. Es por eso que con base en los derechos y protección que nos da “La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público” manifestamos de manera pública nuestras creencias.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha publicado y ejemplificado su acción en el tomo 11 de Cuadernos de Jurisprudencia de la Nación, “La libertad religiosa en la jurisprudencia de la Suprema Corte”, por medio de la exposición de tres casos en los cuales esta corte tuvo que intervenir básicamente en mediación entre las supuestas controversias entre La Constitución Mexicana y La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, dándonos una idea de cuál es su actuar en materia de DDHH y las leyes (11).
No estamos contraviniendo ninguna ley normativa del Estado Mexicano al expresar y promover nuestras creencias religiosas.
POSTURA OFICIAL DE LA IMMAR.
Es por esto, después de todo lo expuesto, que podemos decir, manifestar y conocer cuál es la postura oficial de la IMMAR en asuntos teológicos y sociales, ya que ésta se encuentra de manera clara en nuestra Disciplina. Ha quedado ahí plasmada de una manera seria, analizada y sobre todo dando voz y expresión a la mayoría de sus agremiados; pensamientos e ideas que han trascendido en el tiempo que llevamos, engrosando nuestras declaraciones, estatutos y declaraciones los cuales hemos decidido de manera libre sostener. Esto como asociación religiosa nos da ante la sociedad una personalidad única.
La Disciplina no es la expresión de un obispo, pastor o laico: es el conjunto de las expresiones históricas y vivenciales de sus agremiados, que con mucho análisis y experiencia han dado como resultado la expresión de la vida y pensamiento de la iglesia, plasmadas en declaraciones, artículos y manuales. Es la expresión de la mayoría, no sólo de la actual, también la voluntad histórica de ciento cincuenta años de vida en México, la que da como resultado “La postura oficial de la IMMAR” en temas teológicos y sociales.
Siguiendo el ya conocido dicho “ En lo esencial unidad…”, lo esencial lo vamos dejando escrito en nuestra Disciplina. No hemos cambiado en eso, no engañamos a nadie ni escondemos nada. Es de esta manera que al hacer públicas nuestras creencias no vulneramos derecho alguno: al contrario, los ejercemos. Ya queda de cada persona el coincidir con estas o no coincidir. Todos son bienvenidos a nuestra asociación religiosa para recibir todas las ayudas pastorales y espirituales que necesiten con base en nuestras creencias religiosas. No proclamamos tener o poseer toda la verdad, pero para nosotros es verdad lo que creemos. Al igual que otras personas o asociaciones tienen creencias religiosas o sociales diferentes y las creen de todo corazón, las defienden y promueven, sienten con ella, se alegran o se entristecen, así lo mismo nosotros, damos y pedimos respeto, lo cual también es un derecho.
Quisiéramos que todos pensáramos igual, pero la realidad es la diversidad. Palabras como deconstrucción, inclusión y visibilidad, aunque las entendemos, tienen un significado diferente para nosotros.
Atte. Dr. Carlos Alejandro Muro Flores
Metodista en plena comunión por casi 40 años, casado, con dos hijas, de profesión cirujano Dentista con estudios en ortodoncia y ortopedia maxilofacial. He desempeñado y desempeño actualmente diversos cargos y comisiones tanto a nivel local, distrital, conferencial y nacional.
Referencias.
*Disciplina IMMAR 2022-2026 sección CREDO SOCIAL tomo 1.
**Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. Cámara de Diputados
*** Con este nombre me refiero únicamente a corrientes ideológicas que están a favor del aborto, del matrimonio igualitario e ideología de género y es tomado así sólo para este escrito.
1. Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público Art. 2.
2. Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público Art. 6.
3. Disciplina IMMAR 2022-2026 Tomos I y II.
4. Disciplina IMMAR 2022-2026 Art. 3 y 96 Tomo I.
5. Disciplina IMMAR 2022-2026 Sección Primera; los miembros de la Iglesia; Tomo I.
6. Disciplina IMMAR 2022-2026 Capítulo X; Conferencia General; Tomo I.
7. Disciplina IMMAR 2022-2026 Art 275.
8. Crónica del XXXII Periodo de sesiones de la Conferencia Anual de México (CAM) publicada en El Evangelista Mexicano el 15 de julio del 2022.
9. El aborto en México después de la sentencia de la SCJN, edición electrónica.
10. Disciplina IMMAR 2022-2026. Sección VIII Respuestas de la IMMAR a los retos contemporáneos, declaraciones 1 y 2.
11. SCJN; Derechos Humanos; Cuadernos de Jurisprudencia núm. 11.
Carlos Alejandro Muro
Actualmente tiene cargos Nacionales, Conferenciales y Distritales en la CANCEN.
Es parte activa de la Iglesia Príncipe de Paz en la ciudad de Chihuahua
Excelente
Mi estimado pastor lo felicito por su artículo, contiene mucha realidad y sabiduría. En mi caso, mis experiencias de igual…
Muy acertada la observación del artículo, definitivamente se le ha maniatado a la Iglesia por parte de leyes de gobierno…
Este desarrollo es un galimatías pues no responde a su propuesta: Resolver si Israel es el pueblo de Dios. En…
muy buen tema! 🤍

El pasado 19 de marzo, el Hno. Héctor J. Villanueva-Maynez nos hizo llegar por correo electrónico un comentario a esta publicación. Pedimos una disculpa por no haberlo publicado en ese momento, y lo incluimos en esta sección:
«Comentarios al texto “La IMMAR como Asociación Religiosa”.
Bajo un título tan vago, he intentado comprender las afirmaciones del texto autoría de
Carlos Alejandro Muro Flores. Después de un largo proemio en el que esboza algunas
consideraciones del ámbito jurídico desde la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto
Público así como del marco disciplinario de la iglesia, el autor despliega una serie de
sentencias que a su parecer, entonan el proceder de la institución religiosa.
Lo primero que llama la atención, es el carácter condescendiente y romántico de éstas.
Pareciera que por el mero hecho de describirlas, tuvieran un efecto tan prodigioso y
potente que no advierten contradicciones y menos aún, argumentos en contrario; de tal
forma que el autor las suscribe en medio de un aire cercano a la vivencia de la perfección
y hasta a la sacralidad. Ya entrado en ese perfil, lo mejor hubiera sido que titulara su
colaboración con un encabezado parecido a “Los seis “somos” de la IMMAR”.
Evidentemente no se atrevió a tanto, aunque con sus apreciaciones tan categóricas
pretenda fincar la acción de la iglesia sin asomo de intereses, fallas y omisiones, algo por
demás alejado de la realidad; y esa es, precisamente, lo que me impulsa a responderle
con esta reflexión.
Los “somos…” de Carlos A. Muro se desglosan en las siguientes afirmaciones: “Somos”
una Iglesia “con conciencia social”, “consciente de los cambios sociales”, “abierta a
escuchar”, “democrática”, “dialogante” y “con raíces históricas”. De todas ellas, la última
es la única a la que pudiera aplicársele semejante contundencia, pero al resto, la razón, la
imparcialidad y sobre todo la humildad, son tres columnas que se lo impiden. En todo
caso, más le hubiera valido al autor matizarlas mínimamente con un “aspiramos a ser…”,
pues el hecho de que así se formulen en los textos disciplinarios, lamentablemente ni los
hacen realidad ni mucho menos, los garantizan. Estamos muy distantes de ello.
Lo extraño es que el autor lo sabe bien puesto que es un activo participante en diferentes
cargos eclesiásticos en todos los niveles y también porque de primera mano, conoce de
datos contundentes que ponen en entredicho sus propias afirmaciones; incluso se olvida
de voltear hacia la contraparte de obligaciones a las que estamos suscritos como
Asociación Religiosa. Permítaseme no entrar en detalles en esta ocasión, aunque de
suyo lamento tener que hacer la labor de recordatorio, esbozando por ahora sólo en
gruesas pinceladas, nada más que algunos ejemplos.
De entrada, me refiero a su afirmación de una iglesia “democrática”. Esgrimir que
“votamos y votamos mucho” para concedernos este calificativo, es rebasar los linderos del
equívoco. El que “casi todo” sea sujeto a un ejercicio sufragante, le da si acaso, sólo un
elemento para su impulso. El hermano Muro Flores conoce muy bien con cuánta
frecuencia la maquinaria de votación se usa como herramienta para acallar voces o
desviar razonamientos, pues junto con quien esto escribe hemos tratado el tema durante
varios años y con múltiples ejemplos, aceptando que el principal rechazo a ese ambiente
“democrático” que ahora asume en su sentencia, lo constituye la latente proclividad a
nulificar los principios éticos y religiosos más fundamentales y los disciplinarios de
transparencia, certeza e imparcialidad. No se forma parte de una institución “democrática”
nada más porque así se autocalifique y desde luego, no quisiera tener que recordarle a
Carlos Alejandro Muro Flores las veces en que “nuestra democrática” estructura eclesial
ha estado dispuesta a violentar de alfa a omega su propia Disciplina con tal de cobijar
intereses cofrades… aunque queden en evidencia sin miramiento alguno. No; no existe
democracia por el mero hecho de votar y esa es la primera gran falacia en la que se
incurre.
Por eso mismo, tampoco somos una iglesia “dialogante y que escucha”, al menos con la
tajancia que pretende magnificar el autor. Hay ejemplos claros donde desde la estructura
de poder se silencian voces y cierran los espacios de participación que pudieran dar
cauce al diálogo y al análisis de diferentes argumentos. Es más: abierta y expresamente
así lo han pedido algunos funcionarios eclesiásticos y de un año a la fecha, en varias
ocasiones se ha intentado domiciliar las diferentes expresiones que conforman el
metodismo mexicano, cercando a su órgano oficial. También ha sucedido en diferentes
asambleas por temas diversos (como el de la transparencia en el ejercicio financiero, por
ejemplo); y si el hermano Carlos Muro tiene necesidad de que juntos refresquemos la
memoria, estoy a sus órdenes.
Sólo basta mencionar como ejemplo, que tres miembros en plena comunión hemos
solicitado por escrito y con todas las formalidades del caso, la publicación de un inserto en
“El Evangelista Mexicano” y que la dirección de ese órgano oficial responda públicamente
algunas preguntas concretas sobre un tema de interés general, siendo el silencio y la
displicencia la respuesta hasta el momento de escribir estas líneas. Así que si a algunos
les dan foro y espacio para emitir sus reflexiones por coincidir con las líneas y
pretensiones de un grupo que controla a modo lo que se publica en el órgano oficial de la
IMMAR, no significa –para nada-, que eso sea condición de diálogo y de escucha. Muy
por el contrario: solamente reafirma que estamos muy lejos de ello y el autor, sin querer,
lo describe cuando pomposamente dice que “…al incluirse algún artículo reforzando el
pensamiento conservador en nuestro órgano oficial de difusión que es “El Evangelista
Mexicano”, de cuando en cuando hay manifestaciones de inconformidad aludiendo que se
están violentando los DDHH de una parte de los agremiados o de la sociedad”… pero
callando deliberadamente que esas “manifestaciones” se suprimen, eliminando de tajo la
publicación y con ello, las ideas transgresoras al gusto endémico de algunos.
No puedo dejar de lamentar que el autor divague cuando afirma –hablando del
pensamiento etiquetado por él como “progresista”-, que “…se ha tenido la oportunidad de
expresar cualquier cantidad de ideas. En las tres últimas Conferencias Generales no se
han llegado a presentar propuestas de esta índole, ya sea porque no han existido o
porque no han pasado los diferentes filtros…” Debería decir que esas oportunidades se
han negado muchas veces de manera reiterada y que la palabra “filtro”, es un chocante
eufemismo para evitar señalar la cerrazón sistémica.
Y eso que el Anexo 2 de la Disciplina de la IMMAR incorpora dos elementos de hondura
en cuanto a la forma y el carácter del gobierno de la iglesia: el de que “todos los puestos
son de servicio y no de poder” y el reconocimiento expreso de nuestro problema interno
cuando afirma textualmente que “…en la iglesia la lucha de poder es una lucha
generalmente no abierta, subterránea y por dársele prioridad, es una enfermedad
cancerígena. (Sic.)” ¡Pues ni señalándolo en los textos fundamentales, se le brinda
atención!
Aseguro al autor, sin afán de nada más que el de ser explícito, que prácticamente cada
uno de los párrafos de su texto puede ser rebatido con pruebas y ejemplos, no con el fin
de animadversión, sino solamente para afincar que en nada contribuye su postura
romántica y sin asideras a la comprensión de la realidad de la iglesia y de las dinámicas
de la conciencia social y sus cambios. Sin embargo, al ser ésta una respuesta general
sólo bosquejo en trazos gruesos, lo que de suyo no implica el que si Carlos Muro lo
prefiere y se garantiza en igualdad de condiciones el espacio y el foro, pudiéramos
ahondar nuestros puntos de vista, donde con prístina claridad le puedo describir ejemplos
que rebaten su equívoca narrativa de tajancias.
Por otro lado, lo de la “denominación con conciencia social y consciente de los cambios
sociales”, queda muy en entredicho con solo analizar las estadísticas oficiales de la propia
iglesia. Si bien, hay ejemplos de acción comunitaria dignos de reforzar –como el del tema
migratorio al que el mismo autor refiere-, la institución metodista se sigue quedando fuera
de esa dimensión por más que su Credo Social lo incorpore. De ser cierto, la IMMAR no
habría pasado en las últimas décadas de ser una iglesia histórica con firme raigambre
social, a representar hoy el 0.02% de la población nacional: un declive pronunciado,
acelerado y hasta ahora incontenible pero que ni siquiera ha servido para que se
consoliden estrategias certeras, sólidas y contundentes para reforzar su ethos dentro del
marco de la dinámica social, a través de la pastoral.
(Y hablando de nuestro ethos como comunidad metodista, hay hechos que terminan por
desmentir dolorosamente al autor de los sacrosantos categóricos discursivos, puesto que
para un número considerable de asociados o simpatizantes, ya no se sabe ni lo que
“somos” cuando ni siquiera estamos dispuestos a volver hacia el interior de la conciencia
metodista. Otra vez y tristemente, ejemplos sobran y la cantidad de pastores y/o
comunidades que se oponen abierta o subrepticiamente y niegan el bautismo infantil -con
el contubernio silencioso de las autoridades responsables de velar por nuestra doctrina-,
es uno de ellos).
Finalmente, quiero hacer una referencia a lo que en muchas ocasiones he dialogado con
el hermano Muro: las raíces históricas del metodismo mexicano y su innegable
vinculación con la laicidad del Estado.
Menciona en su texto que la sociedad mexicana ha cambiado desde que el metodismo
llegó a México y que ahora el Estado ha intervenido para regular diversas áreas que
incluso, antes eran motivo de causal penal. Más allá de la evidente nostalgia del autor
sobre el particular, pudiéramos estar de acuerdo en la generalidad de su narración; pero
lo que no se quiere comprender, es que nuestras posturas religiosas específicas pueden
ser asumidas por aquellos que en ejercicio de su libertad las adoptan como compromiso
moral, pero sin ser exigibles como parte del entramado jurídico general, precisamente
porque no todos los ciudadanos somos creyentes y si lo somos, hay una amplia variante
de conciencia.
Los miembros de una iglesia somos eso: fieles asociados en ejercicio de la libertad de
cultos; pero como parte del fenómeno social ejercemos nuestro actuar desde el ámbito de
ciudadanos. Y tan ciudadanos somos los que pertenecemos a la denominación metodista,
como los judíos, los ortodoxos, budistas, musulmanes o ateos. ¿Es mucho aceptar que la
sociedad es plural en todos los sentidos y que la naturaleza del Estado es la de garantizar
una base común de convivencia aplicable para todos?
Nosotros, como parte del conjunto religioso no católico romano, somos ejemplo de esa
pluralidad de creencias. Y no estamos dispuestos a que se nos aplique la “voluntad
democrática de las mayorías” para obligarnos a creer, actuar y profesar lo que un
conjunto mayoritario al nuestro, cree, actúa y profesa. Esa es, la labor y la dimensión del
laicismo del Estado, que además, fue y sigue siendo el garante de que podamos profesar
nuestra fe y ejercer nuestra conciencia con la protección y límites que desde la propia ley
se nos aplica a todos. Por el laicismo del Estado, hace 150 años nuestros hermanos
fueron libres de predicar el Evangelio y una práctica cristiana distinta a la impuesta y
arraigada hasta entonces.
A partir de los hechos históricos derivados del laicismo, los metodistas, como ciudadanos,
somos libres de manifestar y ejercer nuestras particularidades religiosas personales y
transferirlas inclusive, en cualquiera de las diversas expresiones políticas.
Y por ello resulta inaudito que se pretenda desde el interior de la institución, impulsar
falacias argumentativas. El Estado no nos está obligando a que dentro de la IMMAR se
realice la bendición de un matrimonio igualitario, pero establece civilmente la celebración
de ese contrato a quienes quieran ejercerlo en igualdad de ciudadanía. Tampoco se nos
obliga a que desde nuestra Disciplina nos manifestemos a favor de la interrupción del
embarazo, pero sí regula causales de despenalización como las derivadas de la violencia
sexual, aplicables solamente a quienes están en capacidad de hecho y de derecho de
acogerse a ellas. Y en ambas tesituras, como parte de una iglesia somos libres de recibir
las interpretaciones bíblicas, doctrinales y dogmáticas para formar desde adentro criterios
propios e incluso para proclamarlos, sin que por ello se tenga que exigir al Estado que esa
dimensión se imponga o se niegue a otros, que por decisión personal, no las comparten.
Así pues, cualquier persona metodista puede, en su carácter de ciudadano, exponer sus
inquietudes ejerciendo filiaciones partidistas o sociales de manera absolutamente libre y
sin rendir cuentas a nadie: ese es su espacio personal, su privilegio y su voluntad; pero la
institución como Asociación Religiosa, debe constreñirse con objetividad tanto a su credo
como al entramado jurídico que le corresponde, y por tanto es su deber asegurar en todo
momento la apertura para el diálogo interior -reconociendo en ello que dentro de sus filas,
hay metodistas con convicciones políticas e ideológicas plurales-, además de cuidar que
la institución religiosa no forme parte del juego político ajeno, involucrándola en acciones
y manifestaciones de trasfondos oscuros, tal y como abusiva y dolosamente ocurrió con la
directora de El Evangelista Mexicano al autorizar la publicación de una convocatoria a una
protesta externa, que no contaba con el posicionamiento oficial ni con el consenso de la
Iglesia.
No se puede pretender imponer al resto nuestras convicciones religiosas. La antítesis a la
laicidad del Estado es la confesionalidad, como sucede en naciones de extremismo
religioso no cristiano donde incluso, portar públicamente una Biblia es motivo de coacción
penal. Y eso, sí que nos escandaliza.
Este es pues, otro tema dispuesto al análisis desde la comprensión de nuestra realidad
religiosa y del sentido de ciudadanía, en el que me pongo a la disposición del autor de “La
IMMAR como Asociación Religiosa”, si es que lo que se busca es intentar al menos, trazar
una vía honesta, objetiva y sólida como propuesta para encauzar los diálogos dentro de la
iglesia.
Héctor J. Villanueva
18 de marzo de 2023.,
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Excelente artículo, mas claro ni el agua.
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