Años atrás cuando el tele evangelista Jimmy Swaggart cometió pecado de índole sexual, se le preguntó a Billy Graham su opinión al respecto -ya eran muchas las voces condenatorias que habían sido escuchadas-, a lo que él respondió: ¨Si no tenemos cuidado, a cualquiera nos puede pasar¨.
Como congregaciones de fe no estamos exentos a que alguno de nuestros pastores, pastoras o laicos en liderazgo cometan pecados de este tipo, que al hacerse públicos dañen el testimonio cristiano de manera irremediable; y más importante aún, sean tropiezo en el crecimiento y vida de las personas que conformamos estas comunidades.
Como suele suceder en estos casos, los daños emocionales, espirituales, psicológicos, físicos y aun materiales no pueden ser medibles, no sabemos en ocasiones hasta dónde llegan. Hoy en día, a diario podemos ver documentales vergonzosos en las pantallas, los cuales no podemos ni debemos minimizar en cuanto a la realidad y veracidad de los hechos, así como la afectación que se tiene sobre el espectador, sea profesante o no.
Se presentan afectaciones: personales, familiares, congregacionales, denominacionales y en la esfera pública.
Y es aquí en donde se debe seguir un trabajo equilibrado para no caer en el encubrimiento, priorizando la reputación de la persona como si nada hubiera ocurrido, y el buscar la verdadera restauración y restitución en medio de una situación de por sí muy complicada en ambos sentidos.
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