Con respecto al desánimo

Con respecto al desánimo

Silhi Yaireth Chávez

Si me pidieran una sola palabra que fuese el mayor «adversario» del liderazgo en los pastores o laicos, sería el desánimo.

La RAE lo define como: «Desaliento, falta de ánimo». A veces la RAE no nos da definiciones largas. Por su parte, el Diccionario del Español de México (IDEM), expresa lo siguiente: «Pérdida de ánimo a causa de una situación adversa». ¿Cuáles son las situaciones adversas en la iglesia y ministerios? Poca responsabilidad de la congregación o líderes, falta de recursos económicos, una crisis personal, no sentirse suficientes o dignos, persecusión, problemas interpersonales en la congregación, etc.

Durante mi adolescencia serví en mi iglesia local como maestra de escuela dominical infantil. Muchas veces me vi tentada a abandonar el ministerio porque no daba el ancho o porque no habían los resultados que esperaba en mi grupo (que usualmente eran los parvulitos); fui testigo de muchos hermanos que sí desertaron del ministerio infantil por esa misma razón. Posteriormente, me volví parte del gabinete de jóvenes, y el visitante constante no eran nuevos jóvenes, sino aquél incómodo desánimo. Cuando fui parte del grupo de alabanza fue donde me di por vencida por ese incómodo huésped: un fin de semana antes de que iniciara la pandemia, escribí un emotivo mensaje al grupo de WhatsApp de alabanza y después oprimí el botón de «salir»… me había desanimado.

Me gustaría decir que al volverme seminarista esto cambió, pero me temo que no fue así. Incluso hubo un momento donde tan desanimada me sentía que se lo dije a mi mentor, el pastor Humberto Flores. Para mi sorpresa él me respondió: «El desánimo es un lujo que no nos podemos dar». Hasta hace poco comprendí un poco de esa respuesta, pero antes continuemos con la última área donde he experimentado este desánimo: el pastorado.

Ser una pastora o pastor neófito es algo maravilloso, porque tienes muchos sueños, energía y ganas de trabajar. Pero al mismo tiempo, es de lo más doloroso, frustrante, confrontador y en ocasiones es desalentador. Por mucho tiempo escuché que el primer año era uno decisivo, pues determinaría en gran medida la voluntad de seguir en el ministerio pastoral o no de la persona. Cuando superé el primer año me sentí un poco aliviada, pero muy frustrada: no había podido conseguir que la iglesia creciera, se fue un congregante a otra iglesia, y estaba en modo supervivencia. Así transcurrieron varios meses más, y poco antes de finalizar el segundo año de pastorado pensé: «¿así será siempre?».

Las cosas cambiaron radicalmente cuando un amigo pastor me recomendó tomarme no un descanso o vacaciones, sino de tener un tiempo especial de oración donde sólo agradeciera a Dios por todo lo que me había permitido vivir y conocer en mi cargo pastoral… Fue un tiempo precioso, de lágrimas, y muy transformador. Me di cuenta de que era muy bendecida no sólo por las personas de la iglesia, sino por la comida, las fiestas, la ciudad, y hasta por mis vecinos. Me di cuenta que podía tomar dos rumbos: el trabajar con desaliento y sufrir, o el de trabajar con agradecimiento y tener esperanza.

Un líder misional se caracteriza por el segundo. Si tuviera un texto bíblico sería el Salmo 126. El Pastor Humberto dice que es el Salmo del misionero: «Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; más volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas» (Salmo 126:6).

R.C. Sproul, en su corto libro «¿Puedo tener gozo en mi vida?», escribe sobre el gozo que los discípulos experimentaron al obedecer a Jesús e ir y predicar de dos en dos; lo podemos encontrar en Lucas 10:1-14. Hay dos partes de este texto sobre las que quiero que reflexionemos:

1. EL GOZO

Sproul dice que él se imagina a los discípulos saliendo a predicar con cierta medida de inquietud. Pero cuando regresaron lo hicieron con gozo. Me parece muy precioso este fragmento, pues creo que representa algo que podemos experimentar en nuestras vidas y ministerios: hacer lo que el Señor nos ha mandado a hacer nos trae gozo. Probablemente en otros capítulos he hablado o hablaré sobre las prioridades del líder misional, en las cuales siempre se encontrará: la enseñanza, la evangelización, el acompañamiento, la oración y el servicio al prójimo. Puede que en cada uno de nuestros ministerios estos varíen y uno tenga que enseñar más de lo que evangeliza, pero no por ello tiene que dejar de evangelizar; y quizá otro tiene que evangelizar más de lo que acompaña, pero no por ello tiene que dejar de acompañar. Como Iglesia Metodista reconocemos que todos tenemos dones y ministerios diferentes, pero también creemos que tenemos las capacidades necesarias por la Gracia de Dios para hacer lo que se requiera, aún cuando no sea nuestro fuerte; por ello solemos decir: «en cada metodista, un evangelista». ¿Esto es verdad? ¡Así tiene que ser! ¡Dios nos ha dado ese hermoso regalo! Y eso trae gozo a nuestro corazón, vida y ministerio.

Hagamos lo que Dios nos ha mandado a hacer, y veremos cómo Él nos da ese gozo. Muchas veces como cristianos tendemos a hacer lo que pareciera darnos «resultados» pero sólo observamos los resultados numéricos. Quisiera que recordemos cuando hablamos de los paradigmas de la misión. ¿Recuerda que en el inicio de la Edad Media, lo que le daba resultado a la iglesia institucionalizada era «conquistar» otros imperios e imponerles la fe cristiana imperial? Eso dio muchos resultados numéricos (y también mucho sincretismo como dolor), pero me pregunto si eso glorificó a Dios y dio gozo a los cristianos… Tal vez les dio poder, dinero y éxito, pero no estoy segura si les dio lo primordial: sus nombres escritos en el libro de la vida.

Antes de pasar con el segundo punto, quiero cerciorarme de explicar bien el punto de que hacer lo que Dios nos manda nos trae gozo como personas y como iglesia. Está bien hacer reuniones, institutos de mujeres, varones, jóvenes; está bien hacer los cultos con las más hermosas liturgias; está bien visitar a nuestros hermanos diezmeros; pero no nos olvidemos de llevar pan al necesitado, de predicar en las cárceles, de evangelizar casa por casa o en el bus, de apartar un tiempo todos los días para orar, de ser generosos con nuestros ingresos, de discipular con teoría y ejemplo a otros… De manera resumida, de poner en práctica los cuatro imperativos fundamentales que definen la misión integral:

i) Proclamar

j) Crecer

k) Satisfacer

l) Administrar

Puede que podamos mejorar nuestras estrategias para que tenga mayor alcance; o puede que debamos hacer algo sencillo, porque las finanzas no nos dan para algo esplendoroso; pero no dejemos de hacerlo. Dios siempre proveerá para esto, porque es Su obra,y nosotros sólo somos sus colaboradores. Pero cuando obedecemos, ya sea que tengamos muchos números o no, estaremos llenos de gozo porque hemos hecho lo que Dios nos mandó a hacer. 

No quiero que se confunda con un liderazgo conformista, donde no nos tomamos el tiempo de evaluar nuestras acciones y actividades, o donde no nos importa que no lleguen personas nuevas; me refiero a un liderazgo que hace todo lo que tiene que hacer con excelencia, y descansa en que Dios dará el crecimiento.

2. EL GOZO EN LA FUENTE ERRÓNEA PUEDE CONVERTIRSE EN ORGULLO O FRUSTRACIÓN

El texto de Lucas 10 continúa revelando el motivo del gozo de los setenta. En palabras de R.C. Sproul «¿Por qué estaban tan felices? Porque habían tenido éxito: Dios los había usado y habían visto la manifestación del poder de Cristo en su ministerio. Además, declararon que estaban felices porque los demonios se les sujetaban en el nombre de Jesús. Así que estaban llenos de júbilo a causa de dos cosas: el éxito y el poder». Todos quisiéramos tener éxito y poder; quisiéramos que nuestro grupo de escuela dominical fuera el mejor portado y con más textos memorizados; o que nuestro grupo de alabanza fuera el más popular y que siempre hiciera pasar al altar cuando ministran; o que nuestras congregaciones fueran de las más grandes, las que den más despensas, las que cumplan con sus planes de trabajo, las que no tengan problemas familiares, las más nombradas en la comunidad y que paguen bien.

Jesús no entró del todo en el gozo de los setenta. Les dió una revelación muy interesante sobre satanás (quien se regocijó en su hermosura olvidando la Gloria del Señor), y les exhorta a poner su gozo en el lugar adecuado: «sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10:18-20).

Sproul dice al respecto: «Nuestro Señor identificó el fundamento supremo del gozo cristiano. Nuestro gozo debe provenir de la seguridad de que tenemos redención en Cristo». Yo quisiera decir que ese es el fundamento del gozo de todo líder misional, y la cura contra el desánimo y la frustración.


FUENTE: https://www.facebook.com/silhiyaireth.chavezhernandez

Acerca de la autora: 

Silhi Yaireth Chávez, egresada en 2024 del Seminario Metodista Juan Wesley en Monterrey, N.L como Lic. en Teología. Actualmente pastorea en la Iglesia Metodista “Nueva Jerusalén” en Oaxaca, Oax. Sus pasatiempos favoritos son leer, escribir y correr.  Uno de sus mayores sueños es ver impulsadas las misiones en todas las iglesias de la IMMAR CASE. 

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