Noé Mora Osuna
Introducción
La Revolución Mexicana representa un momento importante en la historia del país, pues permite explicar parte de la situación actual en México. Es uno de los procesos históricos que permitió nuevas ideas sobre aspectos como la sociedad, la educación, y la estructura institucional y organizacional para la reconstrucción de un país destruido. En este contexto, diversos grupos religiosos participaron en dicha reconstrucción a través de proyectos de índole social y educativa.
En este contexto, el metodismo adquiere relevancia, por los aportes que realiza para la sociedad. Es uno de los movimientos religiosos que destaca por el desarrollo de escuelas, hospitales, dispensarios y otras instituciones que beneficiaron a la sociedad de aquellos tiempos. Hablar de las escuelas metodistas durante el periodo de la Revolución Mexicana permite conocer más sobre el protestantismo en el país. También permite vislumbrar la manera en que los protestantes participaron en la modernización entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Si bien, la parte religiosa era importante, las instituciones educativas representaban espacios para la movilidad social y divulgación de nuevos modelos pedagógicos que comenzaban a aplicarse en Estados Unidos de América, con tintes liberales.
La presente investigación tiene como objetivo describir el papel de las escuelas metodistas durante la Revolución Mexicana. Para ello, se estudia el contexto nacional posterior al conflicto armado, el proyecto educativo metodista en México, y la manera en que dichas instituciones se adaptan a los cambios políticos y sociales de principios del siglo XX.
La Revolución Mexicana y el contexto nacional
De manera formal, la Revolución Mexicana inicia en el año de 1910. Surge como respuesta a temas de desigualdades sociales, económicas y políticas que existían durante la presidencia de Porfirio Díaz. Aunque el movimiento revolucionario suele ser analizado desde la guerra y la lucha, también generó discusiones que se relacionaban con la construcción de un nuevo proyecto nacional. La educación comienza a considerarse como una oportunidad para reorganizar el país y fortalecer una identidad que se encontraba desdibujada, después de años de violencia.
Posterior a la Revolución, en México se requería una reconstrucción del país. Garciadiego (2005) señala que dicha reconstrucción implica la necesidad de crear instituciones que fueran capaces de responder a las demandas sociales de la población. Así que la educación adquiere un protagonismo, ya que a través de la misma se combatiría el analfabetismo y una formación ciudadana, dos aspectos importantes para la consolidación de un nuevo modelo de nación.
Sin embargo, el sistema educativo enfrentaba dificultades durante los años revolucionarios. Cuestiones como la violencia, la crisis económica, la inestabilidad política y social, llevaron a que algunas instituciones educativas cerraran de manera temporal. Varias regiones quedaron afectadas por el conflicto armado. A pesar de ello, comenzaron a surgir esfuerzos aislados con el fin de ampliar la oferta educativa, así como modernizar la enseñanza a impartir.
La consolidación de la educación laica también modificó el panorama institucional del país. Es decir, aunque las Leyes de Reforma, desde el siglo XIX establecieron la separación entre Iglesia y Estado, el contexto revolucionario fortaleció que otros modelos educativos, alejados de la tradición de la Iglesia católica, tomaran fuerza. Asimismo, esta situación permitió que escuelas de origen protestante, que ya operaban en varias regiones del país, permanecieran.
Es en este contexto, las escuelas metodistas logran mantenerse activas. Esto, debido a que compartían ideales de modernización en sus proyectos educativos. La alfabetización y la formación cívica fueron elementos importantes para la reconstrucción de la vida social en el país. Así pues, las instituciones metodistas permanecieron, al encontrar un espacio dentro de un México que buscaba reorganizarse en lo político, social y cultural.
El metodismo y la educación protestante en México
El metodismo en México se hace presente durante la segunda mitad del siglo XIX (Iglesia Metodista de México A. R. [IMMAR], 2023). Llega en un contexto de cambios políticos y sociales que se relacionan con el triunfo del liberalismo. También, las Leyes de Reforma impulsadas por Benito Juárez, con la separación Iglesia y Estado, permitieron la entrada de diferentes denominaciones protestantes al país (Ramírez, 2026).
La educación fue unos de los principales instrumentos de expansión del movimiento metodista en México. A diferencia de otros movimientos religiosos centrados únicamente en la predicación de la palabra, la iglesia metodista, proveniente de Estados Unidos de América, visualizaba a la educación como una herramienta importante para el desarrollo del país. La educación encargada por instancias religiosas permitía combinar la evangelización, la enseñanza de lectura y escritura, y la formación de ciudadanos dentro de un proyecto modernizador.
El metodismo, como parte del protestantismo, introdujo modelos educativos relacionados con ideales de la modernidad occidental. Bastian (1993) refiere que muchas de las instituciones protestantes latinoamericanas promovieron nuevas formaciones de organización escolar y participación ciudadana. En el caso metodista, esto se reflejó en la incorporación de materias científicas, educación práctica, enseñanza cívica, enseñanza de oficios y formación ética dentro de los programas escolares (Ramírez, 2026).
De las instituciones más representativas del metodismo están el Instituto Madero y el Instituto Normal México. Estas escuelas adquieren relevancia debido a su organización académica y la implementación de métodos pedagógicos influenciados por los modelos estadounidenses. Las escuelas impulsaron una visión integral de la educación.
Cabe mencionar otro aspecto importante en el ámbito educativo: la educación femenina. En una época donde el acceso de las mujeres a la enseñanza era limitado, la iglesia metodista, a través de sus escuelas, promovió espacios educativos dirigidos a niñas y jóvenes (Ramírez, 2017). Esto último representó un cambio importante para el panorama educativo mexicano en tiempos de la revolución.
Las escuelas metodistas durante la Revolución Mexicana
La Revolución Mexicana representó un periodo de crisis para gran parte de las instituciones educativas del país. La violencia armada, las dificultades económicas y la inestabilidad política afectaron el funcionamiento de las escuelas en México. Las instituciones educativas no fueron ajenas a estas problemáticas; sin embargo, conservaron su importancia como espacios educativos en distintas regiones del país.
De acuerdo con Ruiz (1992), algunos aspectos permitieron que las escuelas metodistas lograran mantenerse activas y consideradas como relevantes durante la Revolución Mexicana. Por un lado, debido a que se establecieron en sectores donde la oferta educativa era limitada e inexistente. Y, por otro lado, que se buscaba consolidar una identidad educativa basada en la alfabetización y el desarrollo nacionalista, visión que coincidía de manera parcial con los ideales revolucionarios relacionados con la transformación social.
El metodismo también atravesó un proceso de adaptación ideológica entre el Porfiriato y la etapa posrevolucionaria. Ramírez (2016) señala que muchas instituciones metodistas habían compartido afinidades con ciertos ideales liberales relacionados con el orden, la modernización y el progreso educativo durante el gobierno de Porfirio Diaz. Sin embargo, después de la Revolución, el metodismo tuvo que reorganizar su presencia institucional dentro de un nuevo contexto político, caracterizado por discursos con una visión nacionalista y de cambios sociales.
Las escuelas metodistas encontraron legitimidad dentro del contexto revolucionario. Debido a que varios de los principios educativos coincidían de manera parcial con los ideales de reconstrucción nacional. Los valores eran considerados relevantes para la consolidación de una nueva sociedad mexicana después del conflicto armado. A través de la educación, las instituciones metodistas buscaban formar ciudadanos capaces de participar activamente en el desarrollo nacional. Se percibía a las escuelas como espacios asociados al progreso educativo necesario para el país.
Si bien las escuelas metodistas no participaron de manera directa en la lucha revolucionaria, sí contribuyeron a los procesos en la transformación nacional. La importancia histórica de estas instituciones radica en haber participado en el cambio cultural y educativo de México durante una etapa de gran inestabilidad política y social.
Conclusiones
A manera de conclusión, las escuelas metodistas desempeñaron un papel importante dentro del contexto educativo y social de la Revolución Mexicana. Más allá de su dimensión religiosa, las instituciones participaron en los procesos de alfabetización y modernización pedagógica, en un país que atravesaba una crisis derivada de la guerra civil.
El metodismo desarrolló un proyecto educativo integral. Es decir, agregaba en su proyecto aspectos de la enseñanza académica, de formación ciudadana y ética, influenciada por los ideales protestantes y liberales. Esto permitió que las escuelas metodistas adquirieran relevancia en diversos sectores, destacando en aquellos donde el acceso educativo seguía siendo limitado (Mendoza, 2017).
Asimismo, las escuelas metodistas representaron espacios de movilidad social y de oportunidades educativas. Ello se evidencia a partir de la atención en los diferentes sectores de la población, incluyendo a las mujeres y los grupos urbanos emergentes, dando así una participación significativa en los procesos de modernización cultural y educativa, desde la visión posrevolucionaria.
Y para finalizar, estudiar las escuelas metodistas durante la Revolución Mexicana permite comprender parte de lo que se vivía en ese periodo. La historia también puede ser analizada desde aspectos de la Iglesia, desde sus aportes sociales, educativos y culturales. El metodismo no sólo fue un movimiento religioso de evangelización en México, también contribuyó a la construcción de proyectos educativos y ciudadanos de uno de los periodos más importantes de la historia nacional.
Bibliografía
Bastian, J. (1993). Los disidentes. Sociedades protestantes y revolución en México, 1872-1911. Fondo de Cultura Económica.
Garciadiego, J. (2005). Historia mínima de la Revolución Mexicana. México: El Colegio de México.
Iglesia Metodista de México A. R. (2023). Libro de la Disciplina de la IMMAR 2022-2026. Iglesia Metodista de México A. R.
Mendoza, L. (2017). Política religiosa en Michoacán. Las diversidades evangélicas 1910 – 1932. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Ramírez, O. (2026). Apuntes de clase. Historia de la Iglesia II. Licenciatura en Teología. Seminario Dr. Gonzalo Báez Camargo de la IMMAR.
Ruiz, R. (1992). Hombres Nuevos. Metodismo y Modernización en México (1873-1930). México: Centro de Comunicación Cultural CUPSA, A.C.
Artículos electrónicos
Ramírez, O. (2016). Metodismo en México: su tránsito de la modernidad porfiriana a la post revolución, 1873-1954, Horizonte Histórico, 7(13), 41-51.
Ramírez, O. (2017). El papel de las instituciones educativas metodistas en México, 1877-1910. Vuelo libre. Revista de Historia, 5, 35-45.
Acerca del autor
Noé Mora Osuna es Predicador Local de Tiempo Completo en la Congregación “Fuente de Agua Viva”, en la ciudad de León, Guanajuato, perteneciente al Distrito Bajío de la Conferencia Anual Septentrional. También cursó el cuarto semestre de la Licenciatura
en Teología, en el Seminario Dr. Gonzalo Báez Camargo. También ha tenido el privilegio de
servir al Señor en diferentes Áreas y Comisiones dentro de la Iglesia Metodista de México A. R.
