Identidad evangélica y rechazo litúrgico en el protestantismo mexicano

Identidad evangélica y rechazo litúrgico en el protestantismo mexicano

Por: David Isaac Zepeda Balderas

Asunto: El ensayo analiza cómo el protestantismo mexicano construyó históricamente una identidad religiosa diferenciada del catolicismo mediante el rechazo de elementos litúrgicos y simbólicos. Se lee la influencia del anticatolicismo mexicano, la condición minoritaria protestante y el impacto del avivamiento y evangelicalismo estadounidense en la formación de esta identidad y cómo este rechazo no tiene un fundamento doctrinal, sino social.

Introducción

En el protestantismo mexicano y sobre todo dentro del evangelicalismo contemporáneo hay una tendencia muy marcada que se encarga de rechazar prácticas, símbolos y lenguajes que se asocian comúnmente con la liturgia histórica cristiana. Cuando hacemos uso de vestiduras litúrgicas, velas, calendarios litúrgicos, cruces procesionales, responsos congregacionales y otras terminologías sacramentales, incluso con expresiones bíblicas como “eucaristía” o “comunión de los santos” vemos que se perciben como una concesión al catolicismo romano dentro muchos sectores evangélicos, llegando incluso a ser considerados como una desviación doctrinal. A pesar de esta perspectiva, es necesario ser claros en que estas prácticas no pertenecen exclusivamente al catolicismo, sino que forman parte del patrimonio histórico común del cristianismo y continúan vigentes y presentes en diversas tradiciones protestantes históricas alrededor del mundo.

A partir de esta situación es importante que nos planteemos una pregunta histórica muy importante: ¿Por qué hay numerosas comunidades protestantes y evangélicas en México que se desarrollaron con una identidad religiosa que se caracteriza por el rechazo de elementos litúrgicos que otras Iglesias protestantes alrededor del mundo, incluso homólogas, conservan y ejecutan con naturalidad? Y la verdad es que este problema no debe explicarse únicamente desde la doctrina, porque si nos apegamos a eso tradiciones como el luteranismo, el anglicanismo e incluso parte del metodismo son conservadoras de sus formas litúrgicas históricas y eso no ha significado que abandonen su identidad protestante.

En este ensayo se busca sostener que el rechazo de símbolos y prácticas litúrgicos que pertenecen a la tradición histórica cristiana dentro de las comunidades protestantes mexicanas contemporáneas no es una respuesta solamente de los principios doctrinales heredados de la Reforma Protestante, sino que responden también a un proceso histórico de diferenciación identitaria que ha sido influido grandemente por el anticatolicismo mexicano, los movimientos de avivamiento y el evangelicalismo estadounidense, pero también por la necesidad que han tenido estas comunidades de construir una identidad religiosa visiblemente distinta a lo que la hegemonía católica ha marcado.

En el ensayo analizaremos primero la relación entre el protestantismo histórico y la liturgia cristiana, seguiremos con el surgimiento del protestantismo en México, con un contexto social y culturalmente católico, para después dar un vistazo a la influencia del avivamiento y el evangelicalismo estadounidense y su influencia en el mexicano, finalizando con un desarrollo de cómo la identidad evangélica se consolidó a partir de una diferenciación simbólica del catolicismo.

El protestantismo histórico y la liturgia cristiana

Normalmente asumimos que el protestantismo nació como un movimiento que se oponía de manera contundente a las formas ceremoniales y simbólicas de la liturgia, pero esta idea se ha convertido en una forma muy simple de reducir la historia de la Reforma Protestante. Los reformadores del siglo XVI no eliminaron las formas litúrgicas, sino que las reformularon, junto con otros elementos del culto cristiano para ajustarlas al significado de las convicciones teológicas que se proclamaban.

Uno de los principales reformadores, Martín Lutero, conservó muchas de las prácticas litúrgicas que se heredaron del rito latino, oficiado comúnmente en la tradición occidental. Es cierto que criticó muchos aspectos sacrificiales de la misa de su época y que rechazó algunas de las doctrinas que tenían que ver con el ejercicio sacramental del catolicismo romano, sin embargo, mantuvo el uso de vestiduras, música litúrgica lecturas estructuradas y el énfasis del sacramento de la eucaristía como central en el culto cristiano. Todo esto, considerando que el orden litúrgico funcionaba como un medio de enseñanza y edificación para la Iglesia.

Cuando vemos la parte del anglicanismo, observamos que aquí hubo una continuidad más evidente con la tradición litúrgica histórica. En esta Iglesia, se elaboró el Libro de Oración común, el cual conservó el calendario litúrgico, oraciones estructuradas y muchas instrucciones ceremoniales que se heredaron de la tradición medieval, pero que se reformularon con principios protestantes.

Junto con el anglicanismo, muchas Iglesias reformadas conservaron los credos históricos, las lecturas litúrgicas y las celebraciones sacramentales estructuradas, dentro de estas se encuentra incluso el metodismo, movimiento que influiría en América Latina, el cual nació en un contexto completamente anglicano. Juan Wesley nunca tuvo la intención de abandonar la tradición ni las estructuras litúrgicas de la Iglesia de Inglaterra, por eso, la liturgia metodista histórica incluía lecturas ordenadas, actos penitenciales, calendario cristiano y una celebración frecuente de la Eucaristía.

Según James White, la historia litúrgica del cristianismo nos muestra que la Reforma no hizo desaparecer las formas ceremoniales del culto, sino que las reinterpretó; por eso, la asociación de estos elementos con el catolicismo romano es un fenómeno posterior y no es consecuencia de la reforma.

La continuidad litúrgica se puede ver en muchas Iglesias Protestantes alrededor del mundo conservan colores, témporas e incluso vestiduras y procesionales sin que éstos se consideren fuera de la identidad protestante. Por eso es que el rechazo litúrgico en los sectores evangélicos requiere una explicación más amplia y debe ser analizado desde procesos históricos específicos que se relacionan con la construcción de la identidad eclesial.

El surgimiento del protestantismo mexicano en un contexto católico hegemónico

El protestantismo en nuestro país tuvo condiciones históricas de desarrollo muy distintas a las de Europa, pues, mientras que en muchos países europeos las Iglesias Protestantes se convirtieron en las Iglesias nacionales o mayoritarias, en México las Iglesias Protestantes surgen como pequeñas comunidades, minorías religiosas enclavadas en una sociedad profundamente católica.

Durante la colonia, el catolicismo no fue solamente una religión mayoritaria, sino que funcionó como un elemento de unión política, cultural y social de la Nueva España, la identidad como nación se formó en relación con los símbolos del catolicismo, incluso después de la independencia con el surgimiento y fortalecimiento de movimientos liberales, la Iglesia católica continuó siendo la religión predominante.

Es precisamente en ese contexto liberal donde se da la mayor llegada de misioneros protestantes, mayormente después de las Leyes de Reforma. Los gobiernos liberales vieron con simpatía la presencia protestante pues esta enfrentaba al poder político y social del catolicismo romano.

Jean Pierre Bastian sostiene que el protestantismo latinoamericano se vio vinculado con el proceso de modernización que vivió nuestro país, el cual incluyó pluralización religiosa; por eso, en muchas comunidades donde llegó el protestantismo, éste se recibió como expresión religiosa moderna que se oponía al arcaico catolicismo. Pero esto también causó que se generara una marginalidad, pues ahora las comunidades protestantes no sólo necesitaban afirmar su doctrina, sino que tenían que demostrar que no eran católicas. Es esta necesidad de diferenciación lo que llevó al rechazo de símbolos asociados con el catolicismo, que dominaba la escena religiosa.

A partir de esto es que las vestiduras, las velas y las celebraciones se entienden no como prácticas cristianas históricas, sino como expresiones del catolicismo romano, dando base a la diferenciación visual de la identidad protestante.

Lo que nos explica Hans-Jürgen Prien es que el protestantismo latinoamericano desarrolló una conciencia de minoría religiosa que se enfrentaba a estructuras culturales profundamente católicas; y esto fue precisamente lo que hizo que se favoreciera el surgimiento de mecanismos de diferenciación, más allá de lo doctrinal, en lo simbólico.

El anticatolicismo de finales del s. XIX y principios del s. XX influyó también en este deslinde, pues muchas Iglesias Protestantes se definían a sí mismas como alternativas religiosas modernas, frente a lo que consideraban superstición y ritualismo; y es por esa razón que muchos ritos y prácticas empezaron a ser evitados, no por ser incompatibles con el protestantismo, sino porque eran considerados marcadores de identidad católica en la sociedad mexicana.

Avivamiento y evangelicalismo estadounidense

Este desarrollo del protestantismo en México no se puede entender sólo por lo que sucedía en el país, sino que es necesario tener en cuenta los movimientos de avivamiento que se dieron dentro del evangelicalismo estadounidense, los cuales permearon hasta América Latina por las misiones y la conexionalidad con las Iglesias establecidas. Tanto es así que gran parte del protestantismo en México no venía de las formas litúrgicas de las Iglesias históricas , sino de movimientos de avivamiento estadounidense.

Respecto a la democratización religiosa, Nathan O. Hatch describe cómo el cristianismo posterior a los grandes despertares tendió hacia esta situación y comenzó a enfatizar la experiencia individual, la espontaneidad y la predicación emocional, así que las formas litúrgicas tradicionales comenzaron a ser incómodas para sectores evangélicos que rechazaban el formalismo religioso.

En medio de este contexto el catolicismo romano era presentado como una religión ceremonialista que contrastaba con la supuesta simplicidad bíblica del evangelicalismo, idea que se exportó a América Latina por medio de las redes misioneras; así que muchas de las denominaciones que crecieron en México durante el s. XX se vieron influenciadas por esta cultura evangélica estadounidense, cultura que también permeó en Iglesias históricas como los metodistas y presbiterianos, los cuales comenzaron a adoptar formas de culto más simples y menos litúrgicas.

Bebbington identifica cuatro características centrales del evangelicalismo moderno: conversión, biblicismo, activismo y centralidad de la cruz. Estas características hicieron que se consolidara la espiritualidad en la experiencia individual de la fe y en el evangelismo, haciendo que los elementos simbólicos y sacramentales perdieran importancia.

Con lo anterior, el protestantismo mexicano se influenció religiosamente de tendencias anti ritualistas, las cuales se intensificaron por el entorno dominado por el catolicismo.

La construcción de lo no católico

Con los antecedentes presentados, vemos cómo la identidad evangélica mexicana se consolidó mediante mecanismos de diferenciación del catolicismo romano; y en ese proceso los símbolos, términos y prácticas que son propios del cristianismo histórico fueron reinterpretados como elementos exclusivamente católicos, lo que llevó en muchas ocasiones a su erradicación. El protestantismo mexicano, así, tomó la liturgia como un elemento identitario; aquí las convicciones doctrinales se comenzaron a demostrar mediante el rechazo de vestiduras, velas, procesionales o lenguaje sacramental. Esto fue una forma de afirmar públicamente una identidad religiosa distinta.

En México la simplificación ritual y la espontaneidad se hizo mayor gracias al peso histórico del catolicismo, ya que muchos creyentes asociaban prácticas litúrgicas con aquello de lo que se querían diferenciar y gracias a eso términos y prácticas históricamente cristianos se abandonaron. Un gran ejemplo de esto es la palabra “Eucaristía” la cual fue sustituída en muchos sectores por expresiones como “Santa Cena” o “Cena del Señor”. De la misma forma la señal de la cruz se percibió como una práctica exclusivamente católica a pesar de que ha estado presente en tradiciones históricas protestantes; las vestiduras litúrgicas se reemplazaron por ropa formal ordinaria e incluso por estilos completamente informales.

El lugar del culto también se transformó, pues mientras las grandes tradiciones protestantes históricas conservaron e incentivaron arquitectura simbólica, muchas congregaciones evangélicas mexicanas adoptaron modelos funcionales que priorizaban una experiencia más cercana al auditorio que a un espacio religioso.

Carlos Martínez García dejó muy claro que el protestantismo mexicano desarrolló formas de diferenciación muy visibles para ayudar a fortalecer la cohesión de comunidades que frecuentemente son marginadas o incomprendidas. Sin embargo, el resultado fue una identificación que terminó entre “protestante” y “anti-litúrgico” incluso aunque esas condiciones en el contexto mexicano no se compartían de ninguna manera en la historia del protestantismo alrededor del mundo.

El caso de la Iglesia Metodista nos ayuda a ilustrar esta realidad, pues mientras muchas Iglesias Metodistas, estadounidenses, británicas y latinoamericanas conservaron cierta formalidad ceremonial, gran parte del metodismo mexicano adoptó formas de culto más parecidas al evangelicalismo popular, pareciendo incluso rechazar su riqueza histórica y queriendo mimetizarse entre las iglesias evangélicas más que resaltar su herencia litúrgica.

Así es que muchos elementos del patrimonio histórico cristiano se dejaron de percibir como expresiones conjuntas de la tradición cristiana y se entendieron como un asunto exclusivo e invento propio del catolicismo romano.

Cambios contemporáneos y recuperación litúrgica

En las últimas décadas se han visto cambios notorios en muchos sectores evangélicos de Latinoamérica. Creyentes, pastores y académicos han comenzado a redescubrir la tradición litúrgica histórica, lo que ha hecho que en distintos contextos evangélicos se vuelvan a observar elementos tan comunes como el Adviento y la Cuaresma, que haya de nuevo lecturas organizadas o que muchas Iglesias retomen credos históricos.

Esto ha sido impulsado por muchos factores, el acceso a una mayor y mejor educación teológica es uno de ellos. Esta educación ayuda a muchos protestantes a entender que muchas prácticas que consideran católicas también son parte de las tradiciones protestantes históricas.

También está la globalización; este fenómeno hace que muchas prácticas de las Iglesias alrededor del mundo sean vistas por los evangélicos mexicanos, lo que llevó a que muchos cristianos vieran que alrededor del mundo los metodistas, anglicanos o luteranos aún conservan prácticas litúrgicas históricas y teológicamente estructuradas. Junto con esto están los sectores que critican los modelos de culto excesivamente individualistas, o que suelen ser o parecer puro entretenimiento religioso, lo que ha llevado a un mayor interés por liturgias con un mayor sentido teológico que mero sentimentalismo, emociones exaltadas y elementos gráficos que promuevan un éxtasis momentáneo.

A pesar de esta apertura, aún hay muchos sectores evangélicos conservadores que ven esto con desconfianza debido a su anticatolicismo cultural.

Conclusión

Cuando hablamos de rechazo de prácticas litúrgicas que son parte del cristianismo histórico dentro de las comunidades protestantes mexicanas, no hablamos de una consecuencia doctrinal de la Reforma Protestante, sino que hablamos un proceso histórico complejo donde se construyó una identidad religiosa que se desarrolló dentro de un contexto dominado por la hegemonía católica y por la influencia del evangelicalismo estadounidense.

Es necesario dejar muy claro que la Reforma Protestante nunca quiso erradicar la liturgia en la forma como se llevaba a cabo. Como evidencia tenemos tradiciones como los luteranos y los anglicanos, incluso metodistas en América y Europa que aún conservan muchos elementos rituales y sacramentales. La diferencia es que el protestantismo mexicano empieza como una minoría enclavada en un contexto católico que necesita diferenciarse de la hegemonía católica y entonces los símbolos y prácticas se empiezan a reinterpretar. Se comienza a creer y enseñar que estas son exclusivas del catolicismo cuando se han generado incluso antes de los cismas o la misma Reforma.

La Iglesia Protestante en México tuvo una influencia grande por los movimientos de avivamiento y por las denominaciones evangélicas estadounidenses, quienes ya tenían tendencias que rechazaban el ritualismo y el ceremonialismo religioso, por eso es que la identidad evangélica mexicana no desarrolla completamente sus convicciones propias, sino que toma una postura de oposición al catolicismo, y para afirmar esta postura, convierte el rechazo litúrgico en una línea que no cruzará con tal de distinguir públicamente a las comunidades protestantes en medio de una sociedad católica.

A pesar de estos fenómenos del siglo XX, en la actualidad vemos que esta identidad religiosa no se mantiene en el mismo lugar, pues recientemente hay estudios sociológicos que nos dicen que algunos sectores jóvenes del cristianismo en occidente tienen un mayor interés por una espiritualidad más litúrgica e histórica, lo que hace frente a los modelos religiosos contemporáneos que se consideran extremadamente individualistas y centrados en el entretenimiento. Un gran sector de la juventud valora de nuevo elementos rituales y sacramentales como cosas importantes en su expresión de fe.

Hay estudios que observan un crecimiento de un interés juvenil a las tradiciones cristianas históricas y una de las de mayor crecimiento es el catolicismo romano, lo cual evidencia un cambio en la percepción religiosa de las generaciones zeta y alfa. La liturgia que fue rechazada por su ritualismo ahora es reconsiderada por los creyentes jóvenes por su profundidad, espiritualidad y conexión histórica. En el contexto mexicano podemos ver como, mientras el protestantismo del siglo XX buscó simplificar lo ceremonial y distanciarse del simbolismo por el catolicismo, ahora se redescubren y abrazan prácticas tradicionalmente llamadas católicas pues estas también pertenecen al cristianismo histórico.

Por eso es que es importante entender que la identidad evangélica hoy ha excluido muchos elementos de la liturgia que no provienen de diferencias doctrinales sino de procesos históricos, sociales y culturales que se desarrollaron principalmente en los siglos XIX y XX. Este rechazo litúrgico, más que consecuencia del protestantismo, es un resultado de la historia de una comunidad religiosa que quiso identificarse diferente en medio de una sociedad hegemónicamente católica.

Por último, vemos cómo las identidades religiosas responden a sus tiempos. En algún punto de la historia el protestantismo mexicano necesitó diferenciarse de lo que creyó católico, pero ahora las nuevas generaciones siguen reinterpretando y también seguirán descubriendo la riqueza histórica de la liturgia y la tradición cristiana en los contextos de las comunidades metodistas del día de hoy.


Bibliografía

Bastian, J.-P. (1994). Historia del protestantismo en América Latina. Casa Unida de Publicaciones.

Hatch, N. O. (1989). The Democratization of American Christianity. Yale University Press.

Martínez García, C. (2011). Protestantismo y cultura en México. Ediciones Cupsa.

White, J. F. (1990). Introduction to Christian Worship. Abingdon Press.

White, J. F. (2000). The Study of Liturgy. SPCK Publishing.

Pew Research Center. (2025). Decline of Christianity in the U.S. has slowed, may have leveled off. https://www.pewresearch.org/religion/2025/02/26/decline-of-christianity-in-the-us-has-slowed-may-have-leveled-off/

Felipe Gaytán Alcalá, & Luis Antonio Andrade Rosas
Gaytán Alcalá, F., & Andrade Rosas, L. A. (2024). Declive de la catolicidad en México. Análisis comparativo entre los censos de 2000, 2010 y 2020. Acta Sociológica, 92. https://doi.org/10.22201/fcpys.24484938e.2023.92.87742

Acerca del autor:

David Isaac Zepeda Balderas es seminarista de segundo año en el Seminario

Dr. Gonzalo Báez Camargo de la Iglesia Metodista de México, A.R. y Pastor en el Templo “La Santísima Trinidad” en el Pueblo de Santa María Tepepan, en Xochimilco, CDMX.

Antes de entrar al Seminario y recibir su Cargo Pastoral fue miembro de la Iglesia que se

reúne en el Templo “El Mesías” de Balderas 47. Actualmente es miembro de la Comisión

de Candidatura en el Distrito Centro de la CAM y se encuentra en su proceso de ingreso

como Probando de la Conferencia.

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