Raul Anthony Olmedo Neri
¿Por qué ellos?
Ya se ha mencionado que el estudio científico-social de los jóvenes cobró sentido desde los años ochenta del siglo pasado y que sus primeros enfoques priorizaron a las juventudes urbanas.10 Además del interés generado por el creciente protagonismo de las juventudes en el espacio público, las ciencias sociales abordaron este sector poblacional con el fin de indagar, comprender y explicar cómo las desigualdades estructurales y las instituciones afianzadas como la familia, la escuela y el mercado laboral, entre otras, se entrelazan para intervenir e incluso condicionar los medios y contextos de vida de la población joven,11 particularmente en lo que después se definirá como condición12 y experiencia juvenil, entendida como el conjunto heterogéneo y contingente de vivencias, subjetividades y tesituras socioculturales que contribuyen a la producción de un autoconocimiento sobre lo que es ser joven y la juventud. Este cúmulo de saberes intersubjetivos alimentan, moldean e intervienen en la forma en que el joven (se) explica el mundo y define su participación en él. De este modo, la experiencia juvenil se ve sometida a la condición juvenil y el contexto de su desarrollo.
En cuanto a la conceptualización de las juventudes y los jóvenes, existe un consenso sobre la complejidad que ello encierra pues la heterogeneidad de su manifestación empírica obliga siempre a (re)ajustar las definiciones para que adquieran un carácter situado y puedan ser operacionalizables; por lo anterior, el análisis interseccional y la jerarquización de categorías como etnia, sexo, territorio, clase social, entre otras, siempre se manifiestan –o no– a partir de las necesidades del objeto de estudio y los sujetos que forman parte de dicho análisis.
A grandes rasgos, la juventud se puede entender como una construcción social fluida y flexible, esto es, una producción mutable en el imaginario colectivo que alberga un conjunto de ideas, creencias, representaciones, comportamientos, rangos etarios, rasgos psicosomáticos y situaciones, favorables o no, que comprenden un periodo-momento de la vida social por el que toda persona transita –y se mantiene– de manera temporal. Al ser una construcción social delimitada temporal, espacial, etaria y culturalmente, la juventud tiene fronteras en permanente expansión o contracción producto de su entendimiento y manifestación sociohistórica. Sumado a lo anterior, en tanto momento de la vida, la juventud se constituye a través del entre-cruzamiento entre la madurez biológica y la madurez social, por lo que no sólo hay personas que se reconocen y son reconocidas como jóvenes, sino que existen otras que se diferencian de ellos. Entonces, la juventud es una categoría porosa e interdisciplinaria que opera en procesos permanentes de reconocimiento y diferencia intersubjetiva al interior y al exterior13 de las sociedades.
En cuanto a las y los jóvenes, es decir los que se adscriben y al mismo tiempo son adscritos a la juventud, presentan diversos contextos y posiciones en la sociedad, producto del régimen adultocéntrico en el que se desarrollan y las desigualdades sistémicas que atraviesan sus experiencias, condicionando su capacidad de agencia y posibilidades de interacción14 con/ en el mundo. Algunas de esas desigualdades sistémicas tienen mayor peso sobre las/los jóvenes que otras, por ejemplo, la heterogénea distribución de la infraestructura educativa que condiciona su acceso y ejercicio en tanto derecho inalienable, así como la desigualdad en torno a la cobertura y garantía de derechos como la salud o servicios tales como las TIC.15
Estas desigualdades se recrudecen o matizan en la juventud a partir diversas categorías como clase social o territorio; para los fines de este trabajo cobra relevancia la dimensión espacial, la cual tiene un peso relevante sobre la condición y la experiencia juveniles y que, paradójicamente, ha sido poco trabajada en México y América Latina.16 La invisibilidad analítica del territorio y la minimización de su peso en la vida y experiencias de las juventudes yace en el rasgo urbano que tuvo dicho campo desde su génesis. Esta situación se ha puesto en evidencia sobre todo desde finales del siglo XX y con la progresiva relevancia de las y los jóvenes que viven más allá de las urbes; por ello, poner atención en los jóvenes con un rasgo territorial rural o semiurbano amplía la frontera de las perspectivas juveniles dominantes, por un lado, y evidencia su relevancia en la formación de subjetividades juveniles17 con un fuerte carácter subalterno al interior de este heterogéneo y complejo sector poblacional.
Al respecto, es posible indicar que la priorización de los jóvenes citadinos como sujetos de estudio en las ciencias sociales ha contribuido (in)direc-tamente en la estandarización de las perspectivas y las categorías las cuales presentan serias limitaciones explicativas18 al abordar a jóvenes en contextos no urbanos.19 Esta erosión conceptual y epistemológica deriva de las asimetrías de poder que nacen de las desigualdades socioterritoriales emanadas de la dicotomía ruralidad/urbanidad.20 Si bien lo rural, particularmente la cultura, puede trascender parámetros espaciales y demográficos aquí definidos, lo cierto es que conforme se aleja de estos espacios, su preponderancia y constitución tiene a diluirse ante otras matrices socioculturales de índole urbana que ganan legitimidad por su sintonía con la ideología dominante.
Esta dicotomía no sólo se manifiesta en términos espaciales y productivos, sino que se expande a otros ámbitos como la economía, los servicios y las matrices socioculturales, por un lado, y desarrolla relaciones asimétricas en su interacción, por otro lado. Dicha situación pone en franca desventaja a los territorios rurales, sus visiones de mundo y sus estilos de vida, lo cual ha incentivado el reconocimiento de la ruralidad como un conjunto de espacios que abastecen a la ciudad, al mismo tiempo que albergan signos de rusticidad, en comparación a la ciudad moderna21 y en proceso de expansión. Esta desfavorable correlación de fuerzas deriva no sólo de la dialéctica territorial y social entre las ciudades y el campo, sino que mediante esta relación se replican otras desigualdades sistémicas que operan en escalas espaciales superiores. La más importante es la del centro-periferia, la cual condiciona la relación entre países desarrollados y aquellos otros en vías de desarrollo y que replica las distinciones de modernidad-progreso entre sus sociedades. Esa distinción simbólica y su lógica de funcionamiento se replica entre los territorios urbanos y rurales, siendo los primeros quienes se ostentan como modelos a seguir para aquellos espacios y sociedades que
no cumplen con esas condiciones.
Estas dicotomías urbanidad/ruralidad, centro/periferia y modernidad/ rusticidad intervienen sistemáticamente en la conceptualización y análisis de las y los jóvenes, por lo que no es posible entender bajo la misma dinámica a estos grupos sociales espacialmente diferenciados. Entonces, cuando se habla de jóvenes, el imaginario social dominante omite frecuentemente la dimensión territorial de corte urbano que le acompaña.
Por ello, hablar de jóvenes rurales hace posible reconocer no sólo la dimensión espacial que los caracteriza, sino que paralelamente dicho elemento territorial determina buena parte de su representación social, de sus límites y acciones en la vida cotidiana. A partir de lo anterior, no es lo mismo hablar de jóvenes (urbanos) y jóvenes rurales; de hecho, es posible afirmar que las/los jóvenes rurales se desarrollan bajo contextos adversos donde las desigualdades estructurales en su contra se profundizan a través de su entrecruzamiento22 y la acumulación/profundización de sus consecuencias sobre este grupo juvenil.
Ante estas particularidades es necesario plantear elementos para una definición sobre jóvenes rurales; al respecto, algunos autores reconocen dicho concepto es una categoría ordenadora de representaciones sociales alrededor de la fijación territorial que ellos encarnan y destacan.23 En este sentido, un elemento clave de este sector es su contingente relación con la tierra y las actividades socioproductivas que desarrollan en la ruralidad; además de ello, el contexto de su desarrollo es más adverso por la fijación rural que poseen, pues como se ha sostenido, este territorio no es protagonista de la actual producción de la sociedad urbana-global. Así, las/ los jóvenes rurales no sólo sufren las desigualdades propias de una sociedad adultocéntrica, sino que es un sector dentro de la juventud que padecen una exclusión y opresión multidimensional.24
Sumado a lo anterior, se encuentra una mezcla compleja en torno a categorías como raza, etnia, género y sexo que intervienen en su constitución epistemológica y que, además, están condicionadas a la dimensión espacial en la que se encuentran y las relaciones de poder y subalternidad que allí se crean, modifican o profundizan.25 Por lo anterior, y en un esfuerzo por ofrecer una definición, se puede entender a las/los jóvenes rurales como sujetos productores de sentido y al mismo tiempo sujetos producidos social y culturalmente en un territorio con múltiples adversidades materiales y con matrices socioculturales fijadas al territorio que ralentizan el cambio de valores, la visión de mundo y su posición subalterna. Estos obstáculos se fortalecen por las fuertes relaciones verticales de poder que, en conjunto moldean sus proyectos de vida, limitan su capacidad de agencia, reprimen sus aspiraciones y condicionan sus comportamientos individuales/colec-tivos, generando serias disparidades con sus pares urbanos en cuanto a la condición y la experiencia juveniles de su tiempo.
Una vez identificadas las particularidades de las/los jóvenes rurales y después de una primera definición, es posible observar que este grupo social es objeto de una relación de dominación y una de opresión. La dominación entendida como como una relación asimétrica de poder de orden estructural donde la desfavorable correlación de fuerzas no se da por los elementos que constituyen a los sujetos, sino a la posición que ocupan –sea temporal o permanente– dentro de la propia sociedad. La relación de dominación tiende a cambiar en el largo plazo y sólo a través de dislocaciones que cuestionan y erosionan su estructura e ideología dominantes. De esta manera, la dominación se ejerce desde la sociedad adultocéntrica que disciplina a los jóvenes para heredar y reproducir las estructuras sociales (agrarias o no) de la ruralidad; esta relación es más evidente en el campo porque las estructuras del saber-poder son verticales y poco flexibles, lo cual coloca a los jóvenes rurales en una posición de desventaja ante los adultos y las personas de la tercera edad que poseen un saber-poder fundado en la experiencia.26 Por su parte, la opresión, entendida como aquella relación asimétrica de poder de orden contextual donde la supremacía de un sujeto sobre otro emana de la presencia, suma y acumulación de desigualdades sistémicas (edad, raza, etnia, género, orientación sexual, espacio geográfico, nivel educativo, entre otros) más allá de la clase social o la posición que ocupa el sujeto en la sociedad, se configura no sólo por su dimensión etaria y la vulnerabilidad que con ello deviene, sino también por el anclaje territorial que se expresa en su modo de ver y participar en el mundo.27 Dicho de otra manera, al ser residentes y potenciales herederos del campo las/los jóvenes rurales adquieren un papel subalterno en una sociedad que privilegia las aspiraciones urbanas y sus estilos de vida juveniles.28 La opresión, en comparación a la dominación, no se despliega de manera uniforme, por lo que adquiere matices dependiendo del contexto histórico e (in)material que le da soporte y legitimidad a la subordinación que fundamenta.
(Continuará…)
NOTAS:
10. Soloaga, Diagnósticos.
11 José A. Pérez, “Las transformaciones en las edades sociales. Escuela y mercados de trabajo”, en Los jóvenes en México, coord.Rossana Reguillo (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2010).
12. José M. Valenzuela, “Nume-ralia sobre la condición juvenil contemporánea”, en El sistema es antinosotros. Culturas, movimientos y resistencias juveniles, coord. José M. Valenzuela (Tijuana: Gedisa-Colegio de la Frontera Norte-Universidad Autónoma Metropolitana, 2015)
13. Rossana Reguillo, “La condición juvenil en el México contemporáneo” en Los jóvenes en México, coord. Rossana Reguillo (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2010).
14. Gonzalo A. Saraví, Juventudes frag-mentadas. Socialización, clase y cultura en la construcción de la desigualdad (Ciudad de México: Consejo Latinoamericano de Ciencias sociales-Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2018).
15. Raul Olmedo, “Brechas digitales y territorio: los entornos tecnológico-digitales en las viviendas mexicanas”, Ra Ximhai 18 (2022), https://doi.org/10.35197/ rx.18.04.2022.05.ro.
16. Claudia Jurado e Isaías Toba-sura, “Dilema de la juventud en territorios rurales de Colombia:
¿campo o ciudad?”, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud 10, 1 (2012), https:// www.redalyc.org/articulo. oa?id=77323982002 (consultado el 20 de junio de 2024).
17. Lourdes C. Pacheco Ladrón de Guevara, “Los últimos guardianes. Jóvenes rurales e indígenas” en Los jóvenes enMéxico, coord. Rossana Reguillo (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2010).
18. Soloaga, Diagnósticos.
19. Pacheco Ladrón de Guevara, “Los últimos guardianes”.
20. Bolívar Echeverría, Modelos elementales de la oposición campo-ciudad (Ciudad de México: Itaca, 2013).
21. Echeverría, “Modelos elementales…”
22. John Durston, “Estrategias de vida en los jóvenes rurales en América Latina”, en Juventud rural, modernidad y democracia
en América Latina, coord. CEPAL (Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina y el Caribe-Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia-Organismo Internacional de Juventud, 1996).
23. Sérgio Sauer, Luis Felipe Perdigao de Castro y Ralph de Medeiros Albuquerque,
“Terra e juventudes na América Latina: entre lutas, violencias y conflictos” Eutopía. Revista de Desarrollo Económico Territorial 19 (2021), https://doi.org/10.17141/ eutopia.19.2021.4988 (consultado el 20 de junio de 2024).
24. Pacheco Ladrón de Guevara, “Los últimos guardianes.”
25. Durston, “Estrategias de vida…”
26. Raul Olmedo y Hubert Carton de Grammont, “Frag-mentación social en zonas rurales: los megaproyectos energéticos en el estado de Yucatán”, Estudios Sociales. Revista de Alimentación Contemporánea y Desarrollo regional 32 (2022), https://doi.org/10.24836/ es.v32i59.1221.
27. Maximino Matus y Rodrigo Ramírez, Acceso y uso de lasTIC en áreas rurales, periurbanas y urbano-marginales de México: una perspectiva antropológica (Ciudad de México: Centro de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación, 2012).
28. Martine Dirven, “Algunas reflexiones sobre los jóvenes y los tipos de territorios rurales”, Eutopía. Revista de Desarrollo Económico Territorial, 19 (2021).
Sobre el autor:
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México,
México, raul.olmedo@polticas.unam.mx
https://orcid.org/0000-0001-5318-0170
Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México
