Conferencia Anual de México
Cocotitlán, Estado de México. – Hay encuentros que se recuerdan por lo que ocurrió en ellos, y hay otros que permanecen por lo que nos hicieron sentir. El pasado 29 de agosto, Cocotitlán fue escenario de uno de esos días: una jornada dedicada a celebrar a las personas adultas mayores, pero que terminó siendo, sobre todo, una celebración de la vida, de la fe compartida y de la memoria de una Iglesia Metodista que reconoce con gratitud a quienes han ayudado a construir su historia.
Desde las primeras horas de la mañana llegaron los primeros participantes de sus ciudades y poblados de origen a lo largo y ancho de la Conferencia Anual de México. Los saludos, los abrazos y los reencuentros fueron llenando de vida el lugar, al tiempo que el comité de bienvenida de la Iglesia Metodista “El Mesías” de Cocotitlán adornaba las cabezas de las hermanas con una hermosa corona de flores. Rostros conocidos volvieron a verse y otros se descubrieron por primera vez, unidos por una celebración para reconocer el valor de quienes han recorrido buena parte del camino y cuyo testimonio continúa siendo una riqueza para las nuevas generaciones.
La jornada emprendió con las inscripciones y, poco después, los asistentes se trasladaron al Salón Municipal de Cocotitlán, que estaba aderezado con motivos llenos de color, adornado por los anfitriones de una manera única y digna de resaltar. El recinto se encuentra ubicado a no más de 20 metros del templo, iniciando así el programa que elaboraron las hermanas Esther Tavera Palacios y Diana Noemí Zaragoza Reyes, responsables del Proyecto de Adultos Mayores en la CAM, junto con el que suscribe.
La bienvenida fue pronunciada y los primeros momentos de alabanza envolvieron el lugar. El Grupo de Alabanza Renovados fue el encargado de conducir este primer espacio, que estuvo marcado por piezas contemporáneas tales como “Salmo 150” y “Gracias”. Las voces y los instrumentos crearon desde el inicio un ambiente de alegría y celebración, invitando a todos a participar activamente y a expresar su gratitud a Dios.
Uno de los momentos más significativos de la mañana fue la participación del Grupo de la Tercera Edad Nahal de Cocotitlán, interpretando el himno No. 83 del Himnario Metodista “Pronto la noche viene”. Con su presencia y sus dones, sus integrantes recordaron que cumplir años no significa dejar de participar; además, nos regalaron un mensaje poderoso a través de la música.
Después de una pausa activa dirigida por la hermana Mariel Anaya Jiménez en la que los asistentes pudieron realizar dinámicas y ejercicios adecuados para adultos mayores, la música volvió a ocupar un lugar central. El Grupo de Guitarras de Gante condujo los segundos momentos de alabanza, esta vez con una selección de coritos clásicos tales como “Estamos juntos otra vez” y “Salmo 47”. El sonido de las guitarras y las voces congregacionales evocó nuevamente recuerdos de otras épocas y permitió que muchos de los presentes cantaran melodías que forman parte de la memoria colectiva de la Iglesia.
En medio de la música y la convivencia, hubo también momentos para detenerse y escuchar. La participación del Obispo Edgar Gutiérrez Torres permitió llevar la celebración a un espacio de reflexión espiritual. Sus palabras reivindicaron que la edad no disminuye el propósito de una vida y que la experiencia acumulada a través de los años puede convertirse en testimonio y guía para quienes vienen detrás.
El sentido de la jornada había quedado expresado desde el propio programa: “Un día para honrar, compartir y agradecer la fidelidad de Dios”. Y eso fue precisamente lo que ocurrió.
Llegó entonces el tiempo de volver a cantar, esta vez los himnos congregacionales dirigidos por la hermana Mirna Olivera y el piano del hermano Daniel Galindo: “Grande gozo hay en mi alma hoy” y “Él vino a mi corazón”. Al terminar los himnos, la hermana Hilda Castillo Cabrera, profesora jubilada muy querida en la comunidad de Cocotitlán, compartió con los asistentes una breve reseña del templo, contenedor de 78 años de historia como un lugar donde se dan las buenas nuevas de salvación.
Más tarde, el Hno. Raúl Negrete Vargas dirigió uno de los momentos más entrañables de la jornada: una oración por los pastores, con especial énfasis en aquellos que son adultos mayores. Las palabras elevadas se transformaron también en una expresión de gratitud por quienes, a lo largo de los años, han entregado su vida al servicio pastoral, acompañando comunidades, predicando la Palabra, consolando en los momentos difíciles y siendo testigos de la fidelidad de Dios en medio de su pueblo.
Pasado el momento de oración, los hermanos Azael Tavera Palacios y Alejandro López extendieron un saludo a los asistentes mencionando a cada una de las 22 congregaciones representadas en el evento: 17 congregaciones de la Iglesia Metodista, 3 de la ICIAR, 1 de la Iglesia Presbiteriana y 1 de la Iglesia Católica. Asimismo, se contó con la distinguida presencia del Obispo Edgar Gutiérrez Torres, la superintendente del distrito Valle de Anáhuac, Elizabeth Romero Ríos, y decenas de pastores en activo y jubilados, así como funcionarios de los ámbitos conferencial, distritales y locales, reuniendo un total de asistencia a esta celebración de 248 hermanos, superando por mucho las expectativas de presencia.
La hora de la fotografía oficial, a cargo de la hermana Ilse Yescas Galicia, tuvo un significado especial. Frente a la cámara quedaron reunidas varias generaciones de una Iglesia que quiso dejar constancia de aquel encuentro. La fotografía conservará una imagen; pero quienes participaron conservarán, en cambio, el recuerdo de las conversaciones, los cantos, los abrazos y las historias compartidas. Y una vez más, cantando, se culminó a una voz con el estribillo “Unidos”, un clásico que nos recuerda la fortaleza de la unidad en Cristo.
La celebración continuó fuera del espacio formal. La salida a la “41ª Feria del Elote” permitió que la convivencia se prolongara en un ambiente más relajado. Cocotitlán ofreció entonces otra de sus expresiones: la posibilidad de adentrarse en su cultura, admirar sus colores, sus sabores y disfrutar juntos de una tradición local.
Y como todo lo que inicia tiene un final, el festejo cerró con broche de oro con una comida típica de la región: pollo en salsa verde con flor de calabaza y habas, un platillo integrado con ingredientes producidos por campesinos de la localidad. El amor de quienes lo prepararon se hizo sentir en cada bocado. Como postre y celebración no podía faltar la partida del pastel, cuyo acto fue dirigido por los hermanos Elsa Galicia Amezcua y Esaú Gonzalo Vázquez Castillo, quienes invitaron a participar al Obispo Edgar Gutiérrez Torres, al Pastor Agustín Altamirano Ramos y a la Pastora Lucila Amaro.
En consonancia, agradecemos y reconocemos la colaboración y suma de los apoyos brindados: el pastel, apreciado y bien recibido obsequio del Presidente Municipal Artemio Florin Florin; y del Director de Comercio, Osvaldo Climaco Reynoso, facilitador y buen coordinador con los comerciantes locales del espacio para estacionamiento, quienes, a nombre del Gobierno Municipal, otorgaron estos presentes, añadiendo más dichas y disposiciones al evento.
La comida y la despedida clausuraron una prolongada pero satisfactoria jornada. Poco a poco llegaron los abrazos finales, las fotografías, los “nos vemos pronto” y el regreso a las distintas comunidades. El bullicio de la mañana disminuyó; sin embargo, quedaba la sensación de haber participado en algo que trascendía una simple celebración.
En una era en la que el futuro suele ocupar el centro de las conversaciones, Cocotitlán recordó que una Iglesia que mira hacia el futuro necesita también saber mirar hacia atrás. No para quedarse en el pasado, sino para reconocer de dónde viene, agradecer a quienes abrieron camino y aprender de quienes han acumulado, a lo largo de los años, una experiencia que ninguna estadística puede medir.
Cocotitlán se consolidó como el escenario de un encuentro sencillo, alegre y profundamente emblemático. Un día en el que la Iglesia Metodista en la Conferencia Anual de México se reunió para dignificar a sus adultos mayores y homenajear algo todavía más grande: el don de la vida, la fuerza de la comunidad y la fidelidad de Dios que acompaña cada etapa del camino.
Crónica elaborada por:
Mtro. Ulises Negrete Solís
Iglesia Metodista de México.
Conferencia Anual de México.
Fotografías:


