RETIRO DE ESPOSAS DE PASTOR 2026: UN FESTÍN DE BENDICIONES

RETIRO DE ESPOSAS DE PASTOR 2026: UN FESTÍN DE BENDICIONES

“Bienvenida, que bueno que estás aquí, qué bien que regresaste, te extrañábamos, qué bien que nos toca compartir la habitación”: fueron algunas de las frases con que fui recibida después de haberme ausentado por un tiempo de estos retiros de esposas de pastor que se celebran en nuestra conferencia. Debo admitir que había pensado que nadie me había extrañado, así es que, GRACIAS.

Quiero dar gracias; primeramente a Dios, quien así lo hizo posible; y también debo decir gracias y reconocer que el corazón alegre de una entusiasta y jovial mujer hizo su parte y lo hizo con amor, con empatía y con sabiduría.

Hace poco más de 2 años que mi amado esposo y compañero de vida se fue al cielo. Quedarme sin él, me hizo sentir que no pertenecía a este bello grupo de mujeres valientes.

Ella aplicó el amor al extenderme la invitación, aplicó la empatía con su estilo único de hacer las cosas, aplicó la sabiduría al reconocer que la etapa de viudez, que yo vivo, es una posibilidad generalizada, y que todos seremos confrontados a vivirlo en algún momento de nuestra vida; por lo que también me invitó a compartir mi experiencia en esta sensible y dura etapa de la vida del ser humano.

La manera de vivir el duelo no se puede generalizar, por lo que me limitaré a compartir las estrategias en mi resiliencia. En este retiro invité a mis compañeras a vislumbrar mi duelo.

Antes de la muerte del cónyuge, la vida va en la dirección que como matrimonio establecimos. Tenemos una identidad mientras el compañero vive y después eso cambia, por lo que aprender a vivir sin el esposo no es un proceso sencillo.

Fue durante estos días de profundo dolor que el hermoso Salmo 23 resurgió con fuerza; ¨Nada me faltará¨, descubrí que ¨La viudez cambia nuestra vida, pero no cambia a Dios.¨

El esposo puede partir, la casa puede quedar en silencio, nuestra rutina puede desaparecer y nuestra identidad puede verse profundamente afectada si tu compañero de vida no está.

En el proceso, redescubrí el Salmo 23, ese tan conocido, tan repetido, pero tan poco vivido: Jehová es mi pastor, nada me faltará.

Este Salmo ha sido por siglos un lugar de consuelo en la adversidad, El salmista empieza su escrito diciendo ¨Jehová es mi pastor; nada me faltará”, en distintas versiones. Siempre dirá así; pero siendo sincera, a mÍ me falta mi esposo. Entonces, ¿a qué se refiere con “nada me faltará”? Me gustó el análisis que hace el rabino Harold Kushner; él propone; ¨El Señor es mi pastor, qué más necesito¨.

Entonces el salmo no dice precisamente que nunca me faltará algo, sino que Dios es capaz de llenarme, consolarme y proveer propósito a esos días que parecen una pesadilla, una tormenta que puede volverse un huracán. Las tormentas de la vida, como lo es la viudez, son oportunidades en las que tu fe puede hacerse sólida; pero si tu fe es frágil, es posible que esa etapa se alargue innecesariamente. No lo permitas, no lo consientas, permítele a Dios demostrarte cuán real es Él; su gran amor, su poder y su abundante consuelo son capaces de sostenernos, no importa qué tormenta estemos viviendo.

Aprendí que sus promesas son reales, son verdaderas; prometió no dejarme ni desampararme, prometió estar conmigo y yo decidí creerle a Él.

En este retiro no sólo recibí abrazos y afecto: recibí recetas saludables al paladar y al corazón, pues estuvo nutrida con conferencias magistrales que nos dieron herramientas básicas del ser humano, como lo son las necesidades fisiológicas, de seguridad, sociales, de estima.

El compartir de experiencias en el ministerio, el disfrutar de la naturaleza y la maravillosa creación de Dios en un lugar como lo es la cascada Cola de Caballo, trajeron a mi vida un remanso de alegría, entre risas por aquellas que se animaron a montar un caballo, o acortar la distancia del hotel a la cascada en una carreta, disfrutar de las bebidas de la región; pero sobre todo de las refrescantes carcajadas de todas durante ese tiempo de compañerismo y juegos, que nos llevaron a gozar con esas niñas que todas llevamos dentro y así viajar en nuestros corazones y recuerdos.

Hablando de viajes, también se debe hacer mención de las ocurrencias de todas durante el trayecto de Río Bravo y Reynosa, hasta ese bello lugar.

Como ya mencioné antes y en lo que a mí concierne, Dios tenía preparado un festín de bendiciones, como el que sucedió el sábado por la noche: estábamos en el comedor del hotel después de cenar y se soltó una fuerte tormenta que nos impedía regresar al salón donde estábamos siendo ministradas; y teniendo que desocupar el lugar -pues otro evento estaba por desarrollarse- se nos dio la instrucción de que las mujeres más jóvenes sostuvieran a una mujer mayor de edad y cuidarla de no resbalar o caer. Fue hermoso ver que todas se apresuraron a cuidar la una de la otra; y es que somos una familia, conformada por hermanas mayores de edad y otras más chicas, pero en Cristo, vimos a todas como mujeres maduras unidas y firmes en la fe.

El retiro terminó. Aún estábamos en el trayecto de vuelta a casa, y ya veníamos platicando y preguntando cuándo y dónde será el próximo, todas convencidas de querer volver a vivir la experiencia.

Dios nuestro Señor guardó nuestra salida y nuestra entrada, así como el retorno a casa. A Él sea la honra y gloria por siempre.

Hasta pronto, mis amadas…

Acerca de la autora

Lic. Sandra Vivián Palacios
Diplomada en consejería pastoral y familiar
Pastora sin cargo pastoral.
Actualmente me congrego en la iglesia metodista La Santísima Trinidad, en Río Bravo, Tam.

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