María Paloma Riva Ordinales
El libro Martín Lutero: un destino, escrito por el historiador francés Lucien Febvre, nos remonta a un viaje al pasado en donde podemos observar que el escritor desea presentarnos a este Lutero “el reformador protestante”, como un ser humano tan común y corriente como cualquier hombre de carne y hueso en nuestra actualidad,
Podemos ver que el autor nos conduce a ese encuentro con la realidad de Lutero, ese hombre que como muchos fue odiado y respetado, denigrado y defendido con la misma pasión que en su época y que en los siglos posteriores. Martín Lutero (1483-1546) es un personaje singular. Su fuerte personalidad ha provocado múltiples interpretaciones contradictorias: algunas veces aparece como el ángel que trae la justicia a la tierra y en otras es considerado la representación del mal.
Él impuso una nueva manera de pensar; una forma dura de sentir y practicar la religión y, a la vez, una expresión única de la rebeldía. Al descubrir a este monje agustino en su plenitud, Lucien Febvre lo sitúa en su tiempo, ante los problemas sociales, políticos y religiosos en que le tocó vivir y actuar. Febvre no desea hacer de Lutero un revolucionario; al contrario, quiere -y logra- poner frente a nuestros ojos a un Martín Lutero de carne y hueso.
Lucien sitúa a Lutero en medio de los profundos problemas sociales, políticos y religiosos del siglo XVI, mostrando cómo el entorno influyó en sus decisiones y en el nacimiento de la Reforma. Lucien evita en este libro convertir a Lutero en un héroe revolucionario infalible o en un villano fanático. Su objetivo es llevarnos a observar detenidamente la vida guiada por convicciones profundas y contradicciones humanas. Esta obra analiza cómo el monje agustino impulsó una forma distinta de entender y practicar la religión cristiana, marcando un quiebre en la autoridad tradicional de la Iglesia católica. Se examina la ruptura de Lutero no sólo como un acto teológico, sino como una manifestación de rebeldía personal y colectiva que transformó la cultura de Occidente.
La influencia de Martín Lutero en la vida de Juan Wesley fue decisiva, ya que marca un punto de cambio en su conversión espiritual y el nacimiento del movimiento metodista. Tanto Lutero como Wesley encuentran la respuesta a su búsqueda en las Escrituras y su confirmación en la experiencia personal.
Aquí nos encontramos con ambos hombres Lutero y Wesley, dos personalidades de tiempos y lugares diferentes, con roles diferentes en la historia de la Iglesia Cristiana; pero ambos son, a su modo y en su tiempo, y a través de su influencia, exponentes de la teología de la gracia. Lutero buscaba, por todos los caminos, la paz con Dios, obsesionado por la condición pecadora del ser humano; Wesley buscaba, por todos los métodos de la espiritualidad heredada, la santidad de vida, interior y exterior. Ambos encontraron la respuesta y la fuente de su pensamiento y acción en la teología de la gracia. Curiosamente, ambos líderes comienzan su búsqueda espiritual en una Universidad: Lutero en Wittenberg y Wesley en Oxford.
Wesley valoró en gran manera el rescate que hizo Lutero de la salvación como un don gratuito de Dios, que va en contra del mérito por las obras. Tiempo después Wesley se aparta de algunos conceptos luteranos como el de la voluntad esclava del hombre tras la caída; debido a su postura arminiana, él defendía la cooperación humana en la gracia. Otro punto que hay que notar es que mientras Lutero se enfocaba de forma radical en la justificación legal de Dios, Wesley insistió en la santificación perfeccionista y el crecimiento activo en la santidad de vida al experimentar el nuevo nacimiento.
Conforme pasa el tiempo Juan Wesley se aleja de Lutero y Calvino, debido al énfasis sobre la soberanía de Dios que se encontraba en contra de la voluntad humana. Calvino habla del “hombre corrupto totalmente… siempre salvo, siempre perdido”; Lutero, a su vez, se refiere al “siervo arbitrio” (voluntad atada, esclavizada). Según él, “tras la caída el hombre no puede querer nada de lo bueno”; estas formas de pensar con el tiempo dan origen a las doctrinas de la “predestinación” (calvinismo) y la del “quietismo” (la perfección humana se logra mediante la pasividad total del alma) en el caso de los moravos luteranos.
En tiempos actuales donde el falso dios mercado todo pretende comprar y vender, es clave rescatar esa identidad centrada en la Gracia de Dios. Afirmamos la justificación por la gracia para la experiencia personal y comunitaria de la fe y para las otras dimensiones de la vida. Así la gracia de Dios actúa contra condena, fruto del pecado humano, sea ésta religiosa, política, económica, social o ecológica:
“Bien hicieron quienes nos precedieron en la fe en protestar contra todo esto, razón por la cual les llamaron «protestantes». Protestaron públicamente contra todos los errores de la Iglesia de Roma, pero particularmente contra estos tres: anular el valor de la fe cristiana al sostener que el ser humano puede ganar el cielo mediante sus obras; sustituir el amor a Dios por la idolatría, y el amor al prójimo por la persecución.” (p.275)
Es verdaderamente importante retomar la esencia wesleyana que tenemos recorriendo nuestras venas. No es una mera intención frustrada: es una convicción real que nuestro fundador experimentó a través del fuego purificador del Espíritu Santo de Dios. Que la doctrina sobre la santidad social que nos ha dejado, pueda ser una realidad constante en nuestra vida, practicándola en todo momento y bajo cualquier circunstancia que nos toque vivir; la justificación por la sola fe es un legado hermoso de esperanza y confianza que Lutero nos ha dejado para que en esos momentos en que puede el alma desfallecer, retome con la ayuda de Dios el camino que el Padre ha reservado para cada uno de sus hijos.
Es increíble observar lo que en la actualidad tenemos -la libertad de elegir sobre un mundo de denominaciones con diferentes doctrinas en cuanto a la religión y conocimiento de Dios- y que esta “libertad”, ha costado la vida y sufrimiento de muchos hermanos, que muchas veces no valoramos.
Hay que hacer conciencia de lo que realmente significa ser el legado de alguien como Juan Wesley, a quien le costó renunciar a los placeres temporales de este mundo, por una vida de lucha, esfuerzo y persecución, que encontró por no conformarse, al momento en que Dios le llamó y le usó de esa forma maravillosa, a través de ese encuentro personal con Jesucristo, movido por el poder y el fuego del Espíritu Santo, que inundó su corazón. Recordar es mantener viva esa persona y esforzarse por vivir como él vivió; es la forma más valiosa de apreciar nuestro pasado y aferrarnos, con la ayuda de Dios, a vivir esa Santidad Social que nuestro antecesor vivió.
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
Febvre, L. P. V. (1956). Martin Lutero: Un destino (Primera Edición en Español). Fondo de Cultura Economica. https://iglesiametodista.org.ar/wesley-y-los-puntos-en-comun-con-la-reforma-protestante/ https://peopleneedjesus.net/2017/10/31/what-wesley-thought-of-luther
