Categoría: Metodismo

Primer Encuentro Teológico Wesleyano

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Por Salvador González

No hay nada más agradable que disfrutar entre amigos de un ambiente cordial, y los pastores, del Distrito 5 Timoteo tuvieron a bien el reunirse en el Primer Encuentro Teológico Wesleyano para dialogar acerca de la doctrina metodista. La cita tuvo lugar en las instalaciones de Manos Juntas México, A.C., el 13 y 14 de noviembre de 2015.

En esta ocasión, el expositor fue el Pbro. David Almanza Villalobos quien, con su sapiencia, supo comprender las diferentes opiniones para encaminarlas hacia los fundamentos que distingue a un metodista. Su valiosa aportación fue un aliciente para los pastores asistentes quienes, con sus opiniones, confirmaban que la Iglesia Metodista mantiene principios que le han ayudado a trascender hasta los tiempos contemporáneos.

El programa del Encuentro Teológico, coordinado por el Pbro. Marco Antonio González, se complementó con una charla dirigida por el Pbro. Bernabé Moran B., un devocional dirigido por el pastor César Araguz y la meditación por la Pbro. Mary Escobedo. También hubo un tiempo de oración dirigido por la Pbro. Nidia Leal. Además, se organizaron dos dinámicas, dirigidas por los pastores Erick Puente y Salvador González, con la finalidad de aportar ideas que contribuyan a afirmar el ministerio pastoral en el Distrito 5 Timoteo. No se puede dejar de mencionar que las iglesias locales, La Santísima Trinidad, el Sembrador, Fuente de Agua Viva, Roca Eterna, Jesucristo es el Señor y Centro de Adoración y Servicio ofrecieron los alimentos que, dicho sea de paso, estaban de “rechupete”. Antes de finalizar la reunión, el superintendente del Distrito 5 Timoteo, Pbro. David Medrano y la Pbro. Bertha Briones dirigieron el Sacramento de la Cena del Señor.

Sonrisas, saludos y abrazos fue el detalle final. A una voz, los pastores exclamaron: ¡Que chulo Distrito!

He aquí algunos comentarios:

«Abrir espacios para el diálogo sobre nuestra experiencia con Dios y escuchar las experiencias de otros es apenas un balbuceo. Pero que bendición y oportunidad tan grande para crecer como líderes pastorales. Gracias a Dios por la bendición del encuentro. ─ Pbro. Marco Antonio González Cortez

“Estuvo muy edificante, gracias a Dios que no fue necesario sentarme en el fuego para dar mi charla.” ─ Pbro. Bernabé Moran Barrios

Con este ejercicio, veo lo hermosa que es la libertad que ofrece la iglesia metodista a todos los que decidimos aceptar la cobertura que da. Aunque la teología que tenemos no es perfecta, nos mantiene unidos” ─ Pbro. Juan Francisco Pruneda Martínez

“Definir el gozo que sentí al ser parte de este cuerpo ministerial, y estar en este primer encuentro teológico es decir: ¡Gracias Dios!” ─ Pbro. María de Jesús Escobedo Martínez

“fue de aprendizaje en cuanto a la postura del significado del apostolado; de gran bendición” ─ Pbro. José P. Zavala Serrato

“Si me faltaba poco para convencerme de la doctrina metodista, he quedado persuadido con la participación del pastor David Almanza” ─ Pastor J César Araguz García

“Fue de gran bendición para nuestra vida ya que compartimos nuestros puntos de vista y también aprendimos mucho de todos y que a pesar de ser diferentes nos une el mismo sentir y el mismo Espíritu, y que estoy maravillada con la diversidad de dones y ministerios de cada uno de los asistentes, es como un prisma que irradia la gama de colores hacia todas direcciones para gloria y honra de nuestro Señor Jesucristo” ─ Pastora Irma Laura Moreno Andrade

“Una vez más Dios habló a mi vida a través del Encuentro Teológico. Dios bendiga al pastor David Almanza y le siga usando el Espíritu Santo”. ─ Pastor Juan José Maldonado

El Evangelista Mexicano, 1893

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Oración por las autoridades de la IMMAR

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Semana de Oración por las Autoridades de la IMMAR, efectuada los días 10 al 15 de agosto con gran bendición (ver póster al final).

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Pronunciamiento de la Congregación La Santísima Trinidad de Chihuahua, Chih.

El Capítulo 23 del Evangelio de San Mateo, es una porción de La Palabra que casi nunca –por no decir nunca-, es tocada dentro de las reflexiones de la Iglesia. Son palabras de Jesús que fueron dichas en un momento y en un lugar determinado: y ese momento es el “ahora” y el lugar determinado es el “aquí”.

Nos parecieran palabras de juicio y de indignación, contrarias al mensaje de misericordia que es su gran obra. Pero esto no es así. Jesucristo nunca podría contradecirse; y por tanto el amor, la salvación y el perdón que ofreció en tantos momentos de su vida entre nosotros, lo reitera ahora en este pasaje que estruja y nos mueve más que a señalar, a realizar una autocrítica: abrir los ojos, pedir perdón y enmendar el camino.

Jesucristo no habla aquí de Su Iglesia, que es su propio Cuerpo, sino de aquella institución a la que humanizamos con todos los intrincados intereses que ello conlleva. Nos habla del grave peligro que afrontamos cuando “decimos y no hacemos”; cuando se usa el Nombre de Dios como vano pretexto para atar a las espaldas de otros lo que no se quiere mover ni con un dedo; cuando se cae en la hipocresía de colar el agua para no tragar un mosquito… y se termina engullendo un camello.

Hoy oramos por toda autoridad de la Iglesia Metodista, por el Gabinete Conferencial: el obispo, los superintendentes, los representantes laicos, por todo su cuerpo ministerial y las organizaciones oficiales, por los miembros del Tribunal Eclesiástico Conferencial de la CANCEN, por los laicos que con esfuerzo forman sus pilares.

Pedimos al Espíritu Santo redarguya los caminos de la Iglesia, que es de Cristo, y que por tanto no debe obedecer a otros intereses que no sean los de la justicia, la verdad y el establecimiento del Reino. Pedimos porque haya reverencia y verdadero temor al invocar al Espíritu Santo. Pedimos porque lo supuestamente “institucional” no se sobreponga al interés espiritual. Pedimos al Espíritu Santo para que dé luz, fuerza, determinación, valentía y decisión a la autoridad en la toma de decisiones, y para que éstas sean acordes a los principios de honestidad y probidad.

Pedimos fervientemente que la excusa para el “no hacer”, sea sustituida por el “deber ser”. Oramos porque seamos una Iglesia que respete y defienda los postulados de nuestro Credo Social y de nuestra Disciplina, para hacerlos letra viva y nunca letra muerta. Que responda libremente y no por miedo.

Oramos al Espíritu Santo para que todos nos esforcemos: los que tienen autoridad a ejercerla para el bien; los llamados a impartir justicia a realizarlo con denuedo y en favor de la verdad moral; los llamados a recibirla, defendiendo y procurando el bienestar de la Iglesia.

Pedimos al Espíritu Santo que bendiga el ministerio de todos: pastores y laicos. Que nos reafirme en la verdad inobjetable de que hemos recibido una vocación al servicio; y que reconduzca el sendero y la intención de cualquiera que haya perdido de vista el fin para el que fue llamado. Que la Iglesia busque la verdadera reconciliación y restauración de sus hijos confrontando con verdad los corazones, para que sea en realidad contrito y humillado delante del Trono de Dios…

Que se derrame dentro de Su Iglesia, para que ella no le tema a la búsqueda de la verdadera santidad: aquella que no trastoca la verdad, sino que a partir de ella acerca, convierte y se hace amor.

¡Santo Espíritu desciende, y has de nosotros tu habitación!

Atentamente,
Junta de Administradores y Congregación de la IMMAR La Santísima Trinidad, Chihuahua, Chih.

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Pronunciamiento ante la cumbre Iberoamericana de Jefes de estado

Los días 18 al 20 de noviembre de 2014, en las instalaciones del Seminario Dr. Gonzalo Báez Camargo, se llevó a cabo una reunión internacional convocada por la Junta de Ministerios Globales de la Iglesia Metodista Unida (de los Estados Unidos) para tratar el tema de los migrantes; con la participación de hermanos de los siguientes países: El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras.

Dentro de esta reunión se acordó como punto tres lo siguiente: Emitir un documento a los gobiernos de América Latina y el Caribe mientras se reúnen en la XXIV Cumbre Iberoamericana de  Jefes de Estado y Gobiernos, que se llevará  a cabo el 8 y 9 de diciembre de 2014, en la Ciudad de Veracruz, aquí en México.

El documento es el siguiente:

Pronunciamiento ante la Cumbre Iberoamericana

Carta a un clérigo

 Nota del director: En un número anterior uno de nuestros lectores preguntó de dónde sacó el Obispo Juan Pluma Morales la referencia que hizo en su artículo Médico de Cuerpo y Almas, sobre la Carta a Un Clérigo, de Juan Wesley. En obsequio al interés de nuestro lector, publicamos ahora esa carta, que puede ser hallada en: “Las Obras de Juan Wesley”, Tomo V, pág. 211-216.

Carta a un Clérigo

Tullamore, 4 de mayo de 1748

Reverendo Señor:

Rev. Juan Wesley
Rev. Juan Wesley

No tengo actualmente tiempo disponible ni el deseo de entrar en una controversia formal; pero me permitirá que le haga unas breves alusiones al tema de nuestra conversación de anoche.

I.

  1.  Dado que la vida y la salud son cosas de tan grande importancia, es incuestionable y fundamental que los médicos deberán contar con todas las ventajas del aprendizaje y del estudio que sea posible.
  2. Asimismo, antes de comenzar el ejercicio de su profesión han de ser examinados por profesores competentes.
  3. Luego de aprobar los exámenes, las personas autorizadas para hacerlo deben otorgarles el derecho a ejercer su profesión.
  4. Mientras preservan la vida de los demás, deben disponer de los recursos suficientes para sostener las suyas propias.
  5. Pensemos ahora en un caballero educado en la universidad de Dublin, con todas las ventajas que ello significa y que, habiendo superado todas las pruebas corrientes, ha sido autorizado a ejercer su profesión.
  6. Supongamos que este médico se instala por unos años en un lugar determinado, pero que no logra curar; y que después de aplicar sus conocimientos a unas quinientas personas, se comprueba que no ha curado ni siquiera una, sino que, contrariamente, muchos de sus pacientes han muerto bajo su atención y que los demás están igual que antes de su llegada.
  7. ¿Condenaría usted a alguien que, teniendo algún conocimiento de medicina, como también una tierna compasión hacia los enfermos y moribundos existentes a su alrededor, trata de curar sin percibir salario ni recompensa alguna a muchos de los que el doctor no pudo sanar?
  8. Por lo menos no los sanó (que para el caso es igual) aunque sólo fuere porque él no fue a ellos, ni ellos a él.
  9. ¿Condenaría usted a quien ha curado enfermos que el médico titulado no pudo sanar, sólo porque carece de estudios completos o de una educación universitaria? ¿Qué entonces? Sana a los que el educado y preparado no puede curar.
  10. ¿Argumentaría usted que el hecho de no ser médico debidamente autorizado le quita todo derecho a ejercer? No puedo coincidir con su opinión. Creo que es médico aquél que cura (medicus est qui medetur) y que toda persona tiene derecho a salvar la vida de un moribundo. Pero, si usted sólo quiere decir que no está autorizado a cobrar honorarios, no discuto, pues no cobra nada.
  11. No, y me temo que, por otra parte, si usamos el idioma con propiedad, podemos coincidir en la afirmación de que no es médico quien no cura (medicus non est qui non medetur).
  12. Es cierto que al poseer su título de doctor en medicina se le reconoce autoridad; pero, ¿autoridad para qué? Pues para curar a todos los enfermos que lo consulten. Pero (dejando de lado aquéllos que no lo hagan, cuyas vidas usted tampoco querría sacrificar inútilmente) que no cura a los que lo consultan; quien estaba enfermo sigue igual o de lo contrario ya ha partido para no verle más. Por lo tanto, su autoridad no vale nada porque no sirve para el fin que le fue concedida.
  13. Y ciertamente no tiene autoridad para quitarles la vida, impidiendo a otro que les salve.
  14. Tanto si intenta como se desea impedir al otro, como si le condena o le tiene aversión, queda claro para toda persona pensante que para él es más importante su salario que la vida de sus pacientes.

II- Ahora, para aplicar esto:

  1.  Dado que la vida eterna y la santidad, o sea la salud del alma, son cosas de tan grande importancia, es sumamente conveniente que los ministros, siendo por cierto los médicos del alma, gocen de todas las ventajas del saber y de la erudición.
  2. Por la misma razón, deben someterse a los exámenes más rigurosos, realizados por profesores realmente competentes, antes de entrar en el ejercicio público de su profesión, que es la de salvar almas de la muerte.
  3. Una vez que han superado las pruebas, deben ser habilitados para ejercer por quienes tienen el poder de conceder esa autoridad. Al respecto, creo que desde la era apostólica, los obispos han estado autorizados para hacer esto.
  4. Y aquéllos cuyas almas ellos salven, deben, entretanto, proveerles lo necesario para su subsistencia.
  5. Pero, pensemos también en un caballero educado en la ya mencionada universidad de Dublin, con todas las ventajas que ello implica, que luego de superar los exámenes correspondientes es autorizado para salvar almas.
  6. Supongamos, además, que este ministro se instala por unos años en una localidad cualquiera, pero que en ese lapso no salva alma alguna ni tampoco a ningún pecador de sus ofensas. Es decir, que luego de predicar por varios años a unas quinientas o seiscientas personas, no puede demostrar que ha convertido a alguien de sus errores, mientras que muchos han muerto en sus pecados y los restantes permanecen tal como eran antes que él llegara.
  7. ¿Condenaría usted a quien, disponiendo de algún conocimiento del evangelio de Cristo, sintiendo compasión por las almas moribundas, y sin percibir recompensa temporal alguna, salva a muchas que el ministro no ha podido librar de sus pecados?
  8. Por lo menos no las libró, y probablemente no lo hubiera hecho, pues él no iba a ellas, ni ellas le buscaban.
  9. ¿Condenaría usted a dicho predicador por no tener mayores conocimientos o una educación universitaria? ¿Y qué si salva a esos pecadores de sus ofensas, cosa que el estudioso y erudito no pudo hacer? Un campesino fue llevado ante el Colegio de Médicos de París, donde un sabio lo acosó, diciéndole: «Entiendo que usted pretende recetar a personas que padecen fiebre intermitente, pero ¿sabe usted en qué consiste esa enfermedad?» La respuesta del campesino fue la siguiente: «Sí señor, una fiebre intermitente es una enfermedad que yo puedo curar y usted no».
  10. Usted podría: «al no ser él un ministro, carece de autoridad para salvar almas.» Pido perdón por disentir con usted en esto. Creo que es verdadero ministro evangélico, diákonos, siervo de Cristo y de su iglesia, quien oútos diakoneî, quien contribuye a salvar almas de la muerte y al rescate de pecadores de sus culpas, como también creo que cada cristiano tiene autoridad para salvar un alma que se muere, si es que puede hacerlo. Pero si usted sólo se refiere a que carece de autoridad para aceptar diezmos, estoy de acuerdo, puesto que no los recibe, sino que, así como ha recibido de gracia, da de gracia.
  11. Ampliemos el tema un poco más. Respecto tanto del alma como del cuerpo, se puede sostener que no es médico quien no cura. Por ello me inclino a creer que las personas razonables tenderán a pensar que quien no salva almas, tampoco es ministro de Cristo.
  12. Usted podrá decir: «Ah, pero es ordenado y por consiguiente tiene autoridad.» A esa afirmación yo le respondo: ¿Autoridad para hacer qué? ¿Para salvar todas las almas que pidan su cuidado? Ciertamente; pero (dejando de lado aquéllos que no lo hagan, que usted tampoco desearía que se perdieran), de hecho no salva a los que están bajo su cuidado. En consecuencia, ¿a qué fin sirve su autoridad? El que era un bebedor, sigue siéndolo. Lo mismo es verdad del que no guarda el domingo, o del ladrón, o del blasfemador común. Esto es lo mejor del caso, porque muchos han muerto en su iniquidad, y el Señor demandará su sangre de mano del atalaya.
  13. Ciertamente no tiene autoridad para asesinar almas, ya sea por abandono, o por su doctrina deficiente, si no falsa, o por impedir a otros arrebatarles del incendio y llevarles a la vida eterna.
  14. Si intenta o desea obstaculizarlo, si condena o está disgustado por ello con quien sí sana, buena razón existe para temer que considera su propio provecho más que la salvación de las almas.
 Soy, Reverendo Señor, 
su afectuoso hermano. 
J.W. 
 

III Congreso de Doctrina Metodista en la CANCEN

III Congreso Doctrinal de la CANCEN