
Al César lo que es del César: el monopolio estatal del dinero
El Estado ha tenido desde sus inicios dos objetivos primordiales: cobrar impuestos y gastarlos en guerras y actos de agresión.
José Hutter
Uno de los versículos más conocidos de la Biblia es sin lugar a dudas Mateo 22:21. Hasta los funcionarios de Hacienda sabrían citarlo de memoria. La pregunta que llevaba a la famosa cita tenía trampa por las razones que se han expuesto ya muchísimas veces:
“¿Es lícito dar tributo a César, o no? Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.”
Se trata de uno de los pasajes bíblicos que se utilizan extensamente para justificar que la fe cristiana reconoce y apoya el derecho del Estado a exigir impuestos. Esto va en línea con lo que Pablo escribe en Romanos capítulo 13, se argumenta. Y parece a primera vista que Jesús también está legitimando el pago de impuestos como un derecho divino. Pero ¿realmente es así?






