Categoría: Artículos de Reflexión

Nosotros, los de Entonces

NOSOTROS, LOS DE ENTONCES

Por Alan Sánchez Cruz
Domingo 7 de junio de 2020

Qué interesante es la actividad, a veces ociosa, pero nostálgica de mirar un álbum fotográfico. Nuestros padres o abuelos seguramente nos dejaron mirar alguna vez una de sus fotografías en blanco y negro. ¿A quién no le sucedió que, llevando a la novia, o al novio a casa, llegase el momento de desempolvar el álbum y ver aquellas fotos donde estamos llorando, o donde nuestra mamá nos acababa de bañar, o la foto cuando se nos cayó el diente?

Fue a finales del siglo XIX que la gente comenzó a tomarse fotografías con mayor frecuencia, y hasta 1903 que se desarrolló el procedimiento de impresión a medios tonos que facilitaría la publicación de fotografías en libros, revistas y periódicos. Antiguamente, la familia o el individuo se colocaba delante de la cámara con el cuidado de no hacer movimientos bruscos, porque la fotografía podía salir mal. Inclusive, alguno de nosotros conserva una foto borrosa, o donde tenemos los ojos rojos o cerrados. Hoy, la tecnología -en complicidad con la providencia divina- ha favorecido a quienes no somos tan agraciados: con alguna aplicación podemos ponerle “un poco más ahí”, quitarle “un poco más acá”, y editar la imagen a nuestro gusto.

Creo que el propósito principal de las fotografías fue desde sus inicios, y sigue siendo, conservar momentos. Sin duda, al regresar a ellas, hemos expresado: “¡Mira lo que estábamos haciendo!”, “¿te acuerdas…?”. Sería interesante leer la Biblia como un álbum de fotografías, donde, a través de las mismas, se cuenta la historia de un pueblo al que Dios favorece y acompaña. Las fotografías que salieron mal pudieran ser aquellas donde se cuenta que el pueblo se desvió, se fue tras otros dioses o “se movió” -en el momento del flash- y salieron borrosas. Al repasar su historia, aquel pueblo hubiese preferido que el Señor le dijese: “Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado. Yo voy a hacer algo nuevo, y verás que ahora mismo va a aparecer. Voy a abrir un camino en el desierto y ríos en la tierra estéril” (Isaías 43:18-19 DHH). En cambio, sería bueno mirar aquellas fotografías donde ese mismo pueblo está consciente de su humanidad, de sus pecados, pero tiene su seguridad en el Dios con quien ha hecho alianza. El salmista dice: “Él es el Señor, nuestro Dios; ¡él gobierna toda la tierra! Ni aunque pasen mil generaciones se olvidará de las promesas de su alianza…!” (Salmo 105:7-8 DHH).

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Ética Pastoral

Ética pastoral

A propósito de inminentes cambios pastorales e inicio del año conferencial 2020-2021, hacemos un llamado a la ética, ya que al denigrar a un obrero que nos antecede, menospreciamos al Ministerio del cual todo formamos parte.

David Tinoco Andrade (†) *

La Iglesia Metodista, merced a su característico de libertad y mente abierta produce un verdadero mosaico de corrientes, opiniones y modos de pensar.

Un tema que siempre es punto de innumerables interpretaciones es el de la Itinerancia. Prueba de ello fue la interesante mesa redonda que en las sesiones de la Conferencia Fronteriza se llevó a cabo, precisamente con el tema “La itinerancia metodista”.

La consideración en sí está llena de paradojas. El mismo pastor que dice que no está de acuerdo con la itinerancia porque lo cambian precisamente cuando él y su familia se están “ambientando” a la comunidad. Este mismo pastor se inquieta y pregunta al presbítero de distrito, a un secretario ejecutivo y, si es muy osado, aún al mismo obispo acerca de “si habrá muchos cambios”. Es el mismo que en sus predicaciones y en sus editoriales en el boletín de su iglesia comienza a amenazar (o aliviar) diciendo “ya viene la Conferencia Anual y sabemos que habrá muchos cambios…”.

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¡Enfermedad Contagiosa Ataca a los Cristianos!

¡Enfermedad contagiosa ataca a los cristianos!

¡Es peligrosa! ¡Contamina!

Abner Alaniz Rangel

Por supuesto, que de momento toda la atención mundial está centrada en el COVID-19. Sigo con atención los mensajes de nuestro primer mandatario en las mañaneras y me parecen adecuadas sus acciones y recomendaciones. En mi último diplomado sobre periodismo, tuve la oportunidad de escuchar la disertación del Lic. Joel Jiménez, Director del Instituto Autónomo de Investigación Teológica, que tomare como referencia.

Una de las grandes luchas que el cristiano tiene que enfrentar, indudablemente, es la lucha de la carne contra el espíritu. Pablo, el apóstol de los gentiles, resume esta lucha al decir: “Yo no me entiendo a mí mismo, porque quiero sinceramente hacer lo bueno, pero no puedo. Hago lo que no quiero hacer, lo que aborrezco. Sé bien que no estoy actuando correctamente y la conciencia me dice que las leyes que estoy quebrantando son buenas. Más de nada me sirve, porque no soy yo el que lo hace. Es el pecado que está dentro de mí, que es más fuerte que yo, el que me hace cometer perversidades”. (Romanos 7. 15, 16, 17, paráfrasis La Biblia al Día).

De gran trascendencia, será analizar la enseñanza de las Escrituras, porque invariablemente los malos pensamientos, son un obstáculo a la sana relación entre los seres humanos. Los malos pensamientos, nos condicionan para tener un concepto equivocado y una torpe relación, con aquellos que forman nuestro entorno familiar, laboral o eclesial.

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Evangelio de la Conspiración

‘Evangelio de la conspiración’ en tiempos de coronavirus

Sin dudas, las teorías de conspiración están en nuestros púlpitos. Los profetas del desastre harán su agosto.

Tomás Gómez Bueno

Las teorías de conspiración, hoy en boga por los estragos que está causando la pandemia del coronavirus, se están convirtiendo en unos de los insumos de mayor uso de parte de los predicadores extremos y sensacionalistas. La oferta de abundancia, poder, seguridad y bienestar sin límites que nos trajeron con su manida teología de la prosperidad, parece no tendrá mucha acogida en medio y después de la pandemia.

Estos profetas, al margen de la Biblia, tomarán la ofensiva, se desmontarán del carro de la abundancia y se montarán en el carro del desastre y el miedo. Los que antes se montaron en la abundancia creada en la sociedad del consumo, ignorando las injusticias, los mismos que crearon la teología de la prosperidad al servicio de la vanidad y el lujo, ahora nos traerán su versión del COVID-19, y por lo que se percibe, viene envasada en las especulaciones más fantasiosas de la llamada teoría de la conspiración.

Así como los predicadores de la prosperidad sustituyeron a Dios por el dinero y nos señalaban la ruta a la prosperidad, pero también nos cobraban el peaje; estos promotores de teorías de conspiración ponen el destino final de la humanidad en manos de grupos y personas superpoderosas que, según ellos, son los dueños y señores de los fines últimos y supremos de la vida y de la historia.

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Pandemia, Apocalipsis y Nuestra Misión Cristiana

La pandemia, el Apocalipsis y nuestra misión cristiana

Rebeca Stam

¡De un día para otro nos cambió la vida! Arrancó la pandemia del coronavirus y ya todo cambió. Tenemos que aislarnos, no socializar físicamente, mantener dos metros de distancia y, mejor todavía, quedarnos en casa. Algunos países o localidades han sido más cautelosos y estrictos que otros. Algunos gobernantes esperan que ignorándolo se acabe el problema. Las salidas a la calle están limitadas a lo más necesario: comida, medicina, trabajo, emergencias. Las escuelas se cerraron y los estudiantes continúan su aprendizaje a distancia. Las reuniones familiares, de amigos o grupos se realizan en línea. Los que pueden, trabajan desde sus casas. Otros se reinventan la circunstancia para sobrevivir. Muchos ya no tienen trabajo. O comida. Todo, absolutamente todo, ha cambiado. Hay que adaptarse.

Las noticias pueden infundir temor. Los números de casos y, tristemente también de las muertes, suben exponencialmente. Hay que disminuir ese crecimiento. Hay que desacelerarlo. Buscamos achatar la curva para que los servicios hospitalarios no colapsen. Nos piden lavarnos las manos una y otra vez, estornudar o toser según el protocolo, y no tocar nada, mucho menos tocarnos la cara. Solo quedándonos en casa se evita el contagio y la vil multiplicación exponencial. ¡Parece una película de ciencia ficción!

Ya en varias noticias se han descrito escenas reales como algo “apocalíptico”, porque claro, en las películas de ciencia ficción – e incluso en algunas películas o series que se autodenominan cristianas – se narran cosas terribles como si fueran sacadas del libro de Apocalipsis. Presentan al Apocalipsis como algo tenebroso, terrible, que da miedo. Pero ¡nada más lejos de la verdad! Y, probable y tristemente, los cristianos mismos hemos permitido, y hasta perpetuado, ese uso tan equivocado del concepto de “apocalíptico”.

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Sigilo Profético y Parloteo Apocalíptico

Sigilo profético y parloteo apocalíptico

Harold Segura

Por estos días de emergencia sanitaria y crisis económica, saltan a la palestra religiosa diferentes discursos bíblicos y teológicos que prometen explicar (a veces enmarañar) las razones del virus, los propósitos de Dios y otros misterios insondables. Los discursos apocalípticos (los que vaticinan peores males) superan con creces a los proféticos (los que denuncian los males y proponen cómo lidiar con ellos).

A propósito de ese contraste entre los acercamientos apocalípticos y lo proféticos, viene al caso mencionar que en la antigua literatura judía los textos apocalípticos se diferenciaban notoriamente de los proféticos (X. Pikaza). Los primeros afirmaban el fracaso de la historia y, por lo tanto, presagiaban las acciones justicieras de Dios para terminar con esa historia y hacer una nueva. Siendo que ya no se podía hacer nada, Dios debía intervenir para rehacer lo que el ser humano había arruinado. Desde esta óptica apocalíptica, Dios es el censor soberano y, el ser humano está a merced de agentes sobrehumanos (demonios o ángeles) que toman la decisión sobre el futuro de la humanidad.

Los textos proféticos, por su parte, no concebían la historia como “caso cerrado”, ni menos al ser humano como sujeto de fuerzas ajenas. Preferían criticar el actuar humano en la historia y animarlo a trabajar para construir una historia afín con los propósitos del Señor. En lugar de sentenciar ¡aquí ya no se puede hacer nada! Preferían anunciar ¡aquí todo está por hacerse! Denunciaban los males y estimulaban las acciones éticas a favor de la vida y el cambio. Jeremías lo hace a su manera:

“Así ha dicho el Señor: «Deténganse en los caminos y pregunten por los senderos de otros tiempos; miren bien cuál es el buen camino, y vayan por él. Así hallarán ustedes el descanso necesario. Pero ustedes dijeron: “No iremos por allí.” También les puse vigilantes que les advirtieran: “Presten atención al sonido de la trompeta.” Pero ustedes dijeron: “No vamos a prestar atención”.

Jeremías 6:16-17
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Espiritualidad en Tiempos de Contagio

Espiritualidad en tiempos de contagio

Juan Pablo Espinosa Arce

Tiempos de preocupación
Son tiempos de preocupación, de cuidado, de autocuidado y de cocuidado. La irrupción del virus COVID-19, llamado popularmente como el “coronavirus”, nos afecta a todos de alguna u otra manera. Es interesante la palabra “afectación”, la cual indica que algo nos impacta, nos importa, nos concierne. El virus en expansión nos afecta, nos daa, nos recuerda cuan vulnerables somos. El filósofo Karl Jasper habla de las “situaciones límites”, es decir, de todas aquellas cosas que hacen que el ser humano recuerde su precariedad y vulnerabilidad: la enfermedad, el dolor, el fracaso, la muerte. A partir de esto, me surge la pregunta de cómo pensar una espiritualidad en tiempos de contagio. ¿Qué le dice la experiencia espiritual al contagio y qué nos aporta el contagio a nuestra comprensión de la espiritualidad? Son algunas de las cosas que buscamos ofrecer en esta columna.

La espiritualidad es una búsqueda humana
El psiquiatra chileno Sergio Canals en su obra “El poder de la caricia” define la espiritualidad como una actitud de búsqueda propia del ser humano que se enfrenta a la realidad. Jasper, por su parte, vincula las situaciones límites con estas búsquedas más profundas y comenta que la razón técnica, las búsquedas del progreso económico, social, político, cuantitativo, han “privado” al ser humano de esta dimensión más profunda que es la espiritualidad. Pero, y aquí aparece algo interesante, a saber que esta misma época actual nos ha demostrado que las lógicas de exceso de acumulación, del culto al dios dinero o de las tentaciones del poder no son para nada eficaces al momento de enfrentarnos a un virus. Insistimos con lo que anteriormente decíamos: el virus nos recuerda – como un fantasma de Dickens – que somos vulnerables, que nos enfermamos, que estamos en situaciones de precariedad. Pienso también que estos días de cuarentena, del no poder salir de las casas, de no tener las rutinas diarias normales nos recuerdan que hay muchas personas que viven todo el año precariamente. Quizás este tiempo también es una invitación a entender que la espiritualidad en semanas de crisis sanitaria es un recuerdo de que somos polvo, de que somos frágiles (Cf. Gn 3).

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Espíritu Santo: Nueva Normalidad

El Espíritu Santo: una nueva normalidad de la presencia de Dios

“Que nadie presuma nunca descansar en un supuesto testimonio del Espíritu separado de sus frutos”.

Juan Wesley

Claudio Pose

Los cristianos tenemos una doble vía de confirmación de la presencia y la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Luego de que Cristo se despojara de su forma corporal ¿De qué modo Dios sigue presente y cercano a nosotros? y ¿Cómo tener la certeza de que el Espíritu Santo obra en nosotros y que nosotros obramos de acuerdo a Él?

Entre el episodio de la ascensión de Cristo y la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés se produce un cambio profundo en la manera en que Dios se relaciona con la humanidad. Cristo ha permanecido durante tres años junto a sus discípulos con una cercanía estrecha, expresada tan bellamente por el evangelio de Juan: “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros.” (Jn 1: 14)

Si bien el Nuevo Testamento ofrece suficiente argumentación de la presencia de Dios por medio del Espíritu Santo luego de la ascensión de Jesús, fue recién el Concilio de Constantinopla (año 381) el que hizo explícita la formulación que permite comprender la presencia y acción de Dios como Espíritu Santo y, por lo tanto, un único Dios en tres personas.

Para los discípulos el momento de la ascensión tiene que haber sido muy conmovedor. Aquello que había sido cotidiano y normal durante tres años, dejaría de serlo, no porque Jesús no estuviera más, sino porque estaría de otra manera. Comienza una nueva normalidad en el vínculo con Dios: el Espíritu Santo.

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