¡Enfermedad Contagiosa Ataca a los Cristianos!

¡Enfermedad contagiosa ataca a los cristianos!

¡Es peligrosa! ¡Contamina!

Abner Alaniz Rangel

Por supuesto, que de momento toda la atención mundial está centrada en el COVID-19. Sigo con atención los mensajes de nuestro primer mandatario en las mañaneras y me parecen adecuadas sus acciones y recomendaciones. En mi último diplomado sobre periodismo, tuve la oportunidad de escuchar la disertación del Lic. Joel Jiménez, Director del Instituto Autónomo de Investigación Teológica, que tomare como referencia.

Una de las grandes luchas que el cristiano tiene que enfrentar, indudablemente, es la lucha de la carne contra el espíritu. Pablo, el apóstol de los gentiles, resume esta lucha al decir: “Yo no me entiendo a mí mismo, porque quiero sinceramente hacer lo bueno, pero no puedo. Hago lo que no quiero hacer, lo que aborrezco. Sé bien que no estoy actuando correctamente y la conciencia me dice que las leyes que estoy quebrantando son buenas. Más de nada me sirve, porque no soy yo el que lo hace. Es el pecado que está dentro de mí, que es más fuerte que yo, el que me hace cometer perversidades”. (Romanos 7. 15, 16, 17, paráfrasis La Biblia al Día).

De gran trascendencia, será analizar la enseñanza de las Escrituras, porque invariablemente los malos pensamientos, son un obstáculo a la sana relación entre los seres humanos. Los malos pensamientos, nos condicionan para tener un concepto equivocado y una torpe relación, con aquellos que forman nuestro entorno familiar, laboral o eclesial.

Resulta sano, el escudriñar dentro de nuestro contexto de iglesia, este tema en particular, en la esperanza de que ayude a nuestras familias a entender muchos de los conflictos que, como resultado de estos malos pensamientos, se generan y dañan nuestra relación con Dios, consigo mismos y con los demás. “Se hace necesario este estudio, porque está comprobado que el 70 y 8 % de las enfermedades que padece la humanidad son psicosomáticas. Es decir, tienen su origen en la mente, provienen de pensar mal. Son enfermedades inducidas emocionalmente. En otras palabras, el pensar mal produce trastornos físicos y desordenes emocionales, que afectan el centro emotivo de una persona, y por consecuencia terminan afectando alguna parte de nuestro cuerpo. Por ejemplo, aquellos que se preocupan demasiado y que frecuentemente están estresados, por lo general sufrirán de úlcera, gastritis, colitis, hernia natal, reflujo y todo lo terminado en ‘itis’”.

Sin proponérselo, San Pablo, cuando habla del “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes” (Gal. 5, paráfrasis La Biblia al Día). “Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, avaricia… ahora dejad también vosotros: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas, no mintáis”. (Col. 3 , paráfrasis La Biblia al Día); nos está hablando de desórdenes emocionales, cuyo resultado será: enfermedades del riñón, diabetes, artritis, dolores de cabeza, problemas cardiovasculares, úlceras de estómago e intestino, arterosclerosis, presión arterial alta, etc.

Está demostrado por la psicología que los desórdenes emocionales, pueden producir fatiga, ansiedad, desmayos, incluso impotencias totales como parálisis y ceguera. Lo preocupante para fines de nuestra reflexión, no es sólo la parte física, sino más bien la espiritual. El apóstol Santiago, (cap. 1.13-15, paráfrasis La Biblia al Día) hablando a este respecto nos dice: “Cuando alguien se sienta inclinado a hacer algo malo, no diga que es Dios el que lo tienta: Dios no tienta ni puede ser tentado.

La tentación es la atracción que sobre el hombre ejercen sus malos pensamientos y sus malos deseos. Estos lo impulsan a cometer pecado, y el pecado Dios lo castiga con la muerte”. Así que, estimado hermano, de lo que usted piensa depende su conducta y su vida misma. “Lo primero que debemos hacer, es admitir que nos vemos aquejados por una enfermedad, a la que, para fines de nuestro estudio denominaremos “Malos Pensamientos”. Tenemos que reconocer que el mal esta en nosotros. Que necesitamos no solo el diagnóstico, sino la medicina y el tratamiento adecuado. A nadie le gusta reconocer su condición real, y siempre busca a quien culpar de sus errores y desgracias. No faltan, Los que dicen que el mal está en la política, en el gobierno, en la sociedad, en la educación, en los medios de comunicación, etc. etc.”

Sin embargo, Jesús afirma lo contrario. Para él el mal está en el hombre mismo. “… Es lo que uno piensa y dice lo que contamina. Del corazón del hombre salen los malos pensamientos, el adulterio, la inmoralidad sexual, los asesinatos, los robos, las avaricias, las maldades, los engaños, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Estas cosas que salen de adentro son las que contaminan al hombre y lo hacen indigno de Dios.” (Marcos 7. 21-23, paráfrasis La Biblia al Día). No nos engañemos. El mal no está en los demás. No le echemos la culpa a otros de nuestros errores. Jesucristo es tajante, el mal está en nosotros, dentro de nuestro corazón.

“Como todos los males y enfermedades, también los malos pensamientos, se inicia con pequeños síntomas y así, progresivamente llega al extremo de ser altamente peligroso. ¡Recuerde! El borracho no empieza tomándose un cartón de cervezas, empieza con una probadita, una copa, después una botella hasta convertirse en un alcohólico consuetudinario. El tuberculoso, no empieza arrojando sangre. ¡No!, empieza con un simple resfriado que si se descuida se convierte en bronquitis, después en pleuritis hasta llegar a la tuberculosis. Visto lo anterior, hagamos ahora, el diagnóstico de la enfermedad de los malos pensamientos. ¿Cómo se inicia?”

I. QUEJARSE
“Si recurrimos nuevamente al apóstol Santiago, en el capítulo 5 verso 9, nos dice: “No estén siempre quejándose de los demás hermanos, porque ¿Quién es inmune a las críticas? Además, la venida del gran Juez está a las puertas, y ya juzgará. Como vemos el primer síntoma de este mal, es el estarse quejando de todo y por todo. Siempre se encuentra motivo para ello, y si no lo hay se inventa. El enfermo de malos pensamientos, siempre se las ingenia para ver el lado desfavorable de las cosas. Se queja porque llueve, hace calor, hace frío; se queja de su esposa/o, del culto, del pastor, de la iglesia, del cuerpo de gobierno de su iglesia, de maestros y directores de escuela Dominical y de culto, de las autoridades, de los compañeros de trabajo, etc.”

Al quejarse, estimado lector, usted no hace más que aumentar sus propios males y privarse de toda posibilidad de sonreír, de ver el lado amable. Se le olvida que todos tenemos debilidades y fortalezas, y por consiguiente siempre se destaca el lado oscuro de las cosas. Se pone demasiada atención al lado negativo, no porque no haya cosas positivas, sino porque se está enfermo y sólo le gusta ver el lado malo, y lamentándose, enfadándose, criticando y lanzando por todo su organismo el veneno de los malos pensamientos, se contamina el alma y el cuerpo. “Lo primero que le ocurre al quejumbroso es que se vuelve pesimista. Se siente derrotado antes de empezar. Cree que todo le va a salir mal. Piensa que no podrá superar el desafío o los retos que entrañan una etapa diferente en su vida, ya sea el trabajo, los estudios, el amor, etc., etc. Es raro, que inicie un nuevo negocio, que supere la crisis de una enfermedad, de un adulterio, de un divorcio, o la muerte de un ser querido; apenas se le presenta una nueva idea o una nueva oportunidad, su habilidad analítica se enciende y comienza a imaginar toda clase de problemas y dificultades que en su opinión harían fracasar esa nueva oportunidad. En la iglesia, los hermanos pesimistas y quejumbrosos, son un verdadero problema. Sus repuestas favoritas siempre son “imposible”, “no se puede”, “no hay dinero”, “no va a funcionar”, “aquí siempre lo hacemos así”. La afirmación que más molesta es “eso ya lo intentamos y fracaso”. “eso no lo va a aceptar nadie”; y resulta que ¿Quiénes no lo van a aceptar? Generalmente se aplica al pesimista que hace tal afirmación. En segundo lugar, el quejumbroso se vuelve indeciso, A la hora de la verdad no sabe que hacer, se muestra titubeante y desespera a los que están a su alrededor y confían en él.”

“Por eso, la Biblia dice “No os quejéis, para que no seáis condenados”. Estimado lector, si sigues con esa actitud de quejarte y quejarte, te estás condenado a llevar una vida oscura, gris y sombría. Condenado a no poder reír, gozar y disfrutar de la vida, condenándote a ser infeliz y hacer infelices a los que te rodean. Cuando la Biblia dice “No os quejéis”, traducido al español significa “aguántense”, “soporten”, “sean pacientes”. Si hace frío… tápate. Si hace calor…destápate. Si le falto sal a la comida…ponle; si le sobró ponle agua, etc. Pero no te quejes. Esa es toda la diferencia”,

II. CONFABULACIÓN
“Cuando el enfermo no se cura del resfriado psíquico –la queja-, la enfermedad pasa al segundo nivel. “La Confabulación”. Confabulación viene del latín “confabulare”. Quiere decir “ponerse de acuerdo” en un negocio ilícito”. ¿Qué es lo que sucede con el enfermo? Como se ha acostumbrado a quejarse, ya no ve motivos de gozo y a fuerza de ver todo negro, la retina mental del pensamiento pierde la facultad de ver los colores, sobre todos los verdes y los rosas. Las cosas no las ve ni las cree como son, sino como el quiere que sean. A su errónea visión, le coloca la etiqueta de verdadera, formando así un conglomerado de verdad, error y mentira, que se va inflando cada vez más; y que él cree como una cosa sólida y real. Esta deformación llega a ser más fuerte que la propia naturaleza y que la realidad más evidente, y entonces distorsiona los conceptos pues:

A la bondad le llama debilidad; a la perseverancia, terquedad; a la habilidad, astucia; al valor, temeridad; a la actividad nerviosa; a la generosidad, ostentación; al perdón, necedad; a la franqueza insolencia; a la cortesía, adulación; a la elegancia, fatuidad; a la conversación, charlatanería al silencio enfado; a la calma pereza; a la cautela, bobería.
El confabulado se pregunta: ¿Por qué, fulano quiere cooperar mucho?, de seguro, porque quiere quedar bien con el pastor o con su suegra. Bien dice la conseja popular, “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. La persona en este segundo nivel es víctima de sus traumas, prejuicios, complejos, frustraciones e inestabilidad emocional.” El peligro para el confabulado, es llegar a creer que los demás ven las cosas como él las ve. Piensa que los demás están tan deformados como él está. Como dice el refrán “El león, cree que todos son de su condición”. Sin duda, usted ha escuchado al que dice: “a mí nadie me quiere”, “soy el patito feo de la familia”, “en la iglesia todos me ven mal”, “a mí se me hace que el pastor tiene algo contra mí”, “todas las suegras son malas”, “todos los hombres son iguales”, etc. En todas partes, encontramos gente que tiene su mente llena de morbosidad, lascivia, concupiscencia. Gente que todo lo ve mal, como dice el apóstol Pablo: “El que es puro de verdad todo lo ve bueno y puro; pero los que tienen el corazón podrido y lleno de incredulidad lo ven todo malo, porque su mente y su conciencia corrompidas desfiguran lo que ven”. (Tito 1.15, paráfrasis la Biblia al Día).

A este respecto, “¿por qué cree usted, que hay tantos celosos y celosas?”. Recuerdo una pareja de la iglesia, él no podía ni voltear la cabeza, tan siquiera un poco; porque ella le daba fuerte pellizco. Para desgracia de esta chica, había muchas señoritas muy guapas en la congregación, pero ella pensaba que todas querían quitarle el novio”.

“Se cuenta, que un señor que vivía en un rancho, un día fue a la ciudad y se compró un espejo. Cuando regreso a su rancho, todos los días al levantarse se veía en el espejo, se acomodaba el sombrero y el bigote, y se decía a sí mismo “todavía estoy guapo”.

Pero a la esposa le empezaron a dar celos. Ella se decía, desde que se fue a la ciudad está muy raro, sospecho que me está engañando con otra. Bueno, pues un día que el marido se fue a trabajar, hizo lo que hacen todas las celosas, fue a esculcar la ropa del marido y en una bolsa del pantalón ¡encontró el espejo! ¡Se quedó mirando el espejo y grito! ¡Ah, con que con esta indita me andas engañando! Y era ella misma.

La esposa celosa razona de esta manera: “Todos los hombres son malos, y si tu eres hombre, tu tienes que ser malo”. Es como aquella abuelita que estaba aconsejando a su nieta, y le decía: “Todos los hombres son malos, fíjate que tu abuelito, me violó el mismo día que nos casamos.” Continuando con nuestro análisis, otro de los síntomas del enfermo de malos pensamientos, es:

III. MALEDICENCIA
Siguiendo con San Pablo, en Efesios 4 verso 31 nos habla de este síntoma: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”. (Reina-Valera 1995). ¿Qué es maldecir? Generalmente se piensa que maldecir es decir palabras obscenas, incoherentes, indecentes o groserías. Sin embargo, maldecir viene del latín “maleduco” y significa “decir mal de una persona, siendo verdad lo que se dice”. Cuando usted comenta los defectos de una persona, sus errores, lo negativo ¡CUIDADO! ¡Usted está maldiciendo! Casi siempre, los maledicentes no saben lo que son. Están enfermos, pero no se han dado cuenta, ¡hasta llegan a creer que lo que dicen es algo que hay que agradecerles!

“Por eso es común que el maledicente diga: “Yo no soy chismoso”, “solo estoy diciendo la verdad”, “a mí no me va a engañar, yo conozco a fulano”, “¡uff!, desde hace mucho”. “Lo que pasa es yo soy muy francote”, “a mí, al pan, y al vino, vino.” “a mí me gusta decir las cosas como son, yo no me ando con rodeos”, etc. Un momento, ¡eso no es cierto! ¡Usted no es franco ni honesto!, ¡Usted está enfermo de la mente, del alma y el corazón! ¡Cuidado!, esto es más grave de lo que usted cree. En este tercer nivel de la enfermedad, la persona es víctima de la envidia, el odio, el rencor, la amargura y el resentimiento”. El maledicente, ataca directamente, arremete con sus palabras, hiere con sus expresiones, lastima con sus comentarios. Alevosamente roba la reputación. Critica únicamente con el fin de destruir. Se vale de la insolencia, la ironía, el ridículo la suspicacia.

Yo creo que, a ciertas personas y a ciertas familias, deberíamos ponerles un letrero que diga: ¡PELIGRO!, ¡CONTAMINA!, ¡ENFERMEDAD CONTAGIOSA! Recuerdo, -sigue diciendo el Lic. Jiménez-; una ocasión en que llevamos el coro a cantar a una iglesia. Un joven se acercó para ayudarnos a bajar el equipo e instalarlo y nos empezó a platicar todos los defectos de su pastor y nos dijo: El pastor, es así y así y así… pero eso no es nada, Su esposa es así y así… pero aún no saben de sus hijos, Sus hijos, son así y así. En menos de cinco minutos, ya nos estaban enfermando. Cuando se platica con un maledicente, hasta duele la cabeza de tanto veneno que vomitan por su boca. El maledicente, tiene dos problemas. Primero, el envenenamiento mental por pensamientos bajos y viles que producen una ceguera para no verse así mismo tal como es; pero si puede darse cuenta de los defectos de otros. Ve la paja que está en el ojo de su hermano y no se da cuenta de la viga que está en el suyo.

En San Mateo 7 del verso uno al seis, Jesús lo plantea así: “NO critiques para que no te critiquen, porque te han de tratar de la misma forma en que trates a los demás. ¿Y cómo vas a andar preocupándote de la paja que está en el ojo de tu hermano si tienes una viga en el tuyo? ¿Cómo te vas a atrever a pedirle a tu amigo que te deje sacarle la paja si la viga que tienes en el ojo no te deja ver? ¡Hipócrita! Primero sácate la viga para que puedas ver bien cuando le estés sacando la paja a tu hermano. No des lo santo a los perros ni eches perlas delante de los puercos, porque son capaces de pisotearlas y luego dar media vuelta y atacarte.”

En la iglesia los que señalan los defectos de otros, es decir, los maledicentes, son los que menos cooperan, los que nunca trabajan. Si trabajaran y estuvieran activos en el ministerio, no tendrían tiempo para dar tanta lata. Bien les haría, una terapia ocupacional. En segundo lugar, el maledicente, no se cree tan gravemente culpable, sin embargo, se espantaría al verso colocado por Dios en compañía de los borrachos, idólatras, hechiceros y otros tipos inferiores como él. (1ª. Corintios 6.9-10). Así de sencillo, los maledicentes, no entrarán al reino de los cielos. Hablar mal de los hermanos, puede hacernos perder el camino al cielo.

IV. CALUMNIA (Éxodo 20.16)
Otro síntoma de la enfermedad, del cual Dios advierte al pueblo de Israel, es el que encontramos en Éxodo 20. 16 que dice: “No mentirás”. Este es el nivel más grave. A diferencia de la maledicencia, la calumnia consiste en hablar mal de alguien, siendo mentira o falso lo que se dice. Solo una persona que ha caído en lo más bajo, lo más vil, puede abrir sus labios y decir cosas que él conciente que son falsas. Tal vez pensemos, que por ser miembros de la iglesia, y formar una familia espiritual, esto nunca va a ocurrir; pero veamos algunos de los ejemplos que nos da el Lic. Jiménez: “En una iglesia a donde el pastor acababa de recibir su nombramiento, se corrió un rumor, que en el culto del jueves, él había sacado a su esposa a empujones. Ustedes saben cómo son los chismes, para que tenga sabor hay que aumentarle algo. Bueno, pues el domingo toda la congregación sabía que el pastor no únicamente golpeaba a su esposa, sino que era golpeador de mujeres. Su primer domingo como pastor, tuvo que estrenarse en eso de aclarar los chismes”.

“Al terminar el culto les dijo –hermanos, antes de retirarse les suplico que me regalen unos minutos para aclarar un asunto. Ya todos sabían de qué asunto se trataba. Estoy tan molesto que solo les diré cuatro cosas: 1.- La única persona que vio que saque a empujones a mi esposa en el culto del jueves, fue la hermana fulana (y la señaló); 2.- Nunca he tratado mal a una mujer, menos a mi esposa; 3.- Mi esposa no vino al culto del jueves y; 4.- ¡No tengo esposa! “¡Muchas gracias! por haberme escuchado. ¡Dios les bendiga! ¿Cómo la ves? Estimado lector.

En los diez mandamientos, la calumnia era considerada de la misma magnitud que el asesinato. El que dijo: “No matarás” también dijo “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. Veamos otro ejemplo: “un amigo estuvo como invitado especial en una boda, y le pidieron que predicara, pues era una boda de esas de gente encopetada. Un día antes de la boda, fue a visitarlos con la intención de platicar con ellos. Cuando saludo a la novia, lo primero que le dijo fue: ¡usted no puede casarse de blanco porque no es virgen! La novia enfurecida por poco lo abofetea faltándole al respeto. ¿Qué creen que había pasado?

Años atrás, había llegado un joven pastor a esa iglesia, no era mal parecido, más bien era elocuente con personalidad, y sobre todo ¡soltero! Muchas señoritas andaban alborotadas por él y claro, él escogió a la que creyó ser la mejor candidata. Muchos hermanos de la iglesia les decían: ¡qué bonita pareja hacen ustedes! ¡Ojalá se casen pronto! Y cosas por el estilo. Cuando estaban a punto de casarse, el joven se dio cuenta que esta chica no era cristiana y que tampoco era digna para el ministerio, decidiendo romper el compromiso, a pesar de haber fijado la fecha, tener las invitaciones, el vestido y prácticamente todo.

La joven, molesta sobremanera, prometió vengarse y envió una carta a los líderes de la denominación, acusando al joven pastor de haberla violado. Estos líos son bochornosos. Prestos, acudieron los líderes, para averiguar que sucedía y ¿a quien cree usted que le creyeron? Pues a la muchacha. Ella afirmaba que él ya había tenido relaciones sexuales con ella, que la había violado, que le había quitado su virginidad y con lágrimas en los ojos los convenció fácilmente.” “El joven pastor, fue suspendido del ministerio.¡Lastima! Habíamos perdido un buen pastor que prometía mucho.

Por cuestión de la providencia, ahora se encontraba frente a la joven que se casaba, y que años atrás había hecho la malvada acusación. Al verse descubierta. La joven confesó: “Por favor discúlpenme, no fue cierto lo que afirme, lo que pasa es que estaba tan enfurecida, porque no podía permitir que el pastor me dejara plantada. Yo pensaba que de esa manera lo obligarían a casarse conmigo. Ahora, si ustedes quieren vuelvo a escribir otra carta para decir que no fue cierto. ¡El daño ya estaba hecho!” En cuantas iglesias, familias, grupos etc., encontramos problemas, chismes, pleitos, divisiones, calumnias, confrontaciones, celos, rivalidades, murmuraciones y envidias. ¿Sabes por qué? Porque hay gente enferma y que contagia a los demás. Ahora, una vez diagnosticada la enfermedad, veamos la terapéutica a utilizar.

A) CONECTE SU CEREBRO ANTES DE HABLAR (Santiago 1.19-20)
En este pasaje, el Apóstol, con justa razón señala: “Amados hermanos, el cristiano debe oír mucho, hablar poco y enojarse menos. La ira no nos pone en bien con Dios.” A muchos nos pasa como al apóstol Pedro: primero hablamos y luego pensamos. Por eso nos metemos en problemas. No hable a la ligera. Acostúmbrese a hablar siempre lo bueno, no lo malo de las personas. No importa de quien se trate, así sea su esposo, el pastor, su vecino, sus hijos, su jefe, sea quien sea. Como dijera San Agustín: “Tu ama y no te fijes a quien”. Fórmese el hábito de platicar únicamente lo bueno, lo positivo, las virtudes de quien usted esté hablando. Recordemos que el mundo está lleno de basura. A los demás no les edifica saber cosas malas de otros. Es cierto que a veces tenemos más defectos que virtudes, pero si usted se propone encontrar virtudes, las va a encontrar, así como encontró los defectos. El que está enfermo de “Malos pensamientos,” se convierte en un especialista de encontrar defectos, como dice el refrán: “cuando tengo razón nadie se da cuenta, pero cuanto meto la pata nadie lo olvida”.

Pero como usted ahora quiere sanar, empezará a buscar las virtudes. Si usted no tiene cuidado con su lengua, se convierte en maledicente, usted perderá el cielo y se irá directo al infierno, entonces escoja: ¡EL CIELO O EL INFIERNO! Si usted habla a la ligera, inevitablemente va a pecar. Nuestra naturaleza humana tiende hacia el pecado. Si vamos al mercado y nos comentan que fulano es buen esposo, que trata bien a su esposa, que quiere mucho a sus hijos, decimos –eso no es interesante-. Pero si nos cuentan, que fulano anda con otra, ¡entonces nos emocionamos! Y decimos -¡platícame el chisme!, ¡dime quien es! ¿Está más bonita que su mujer? Etc. Etc. ¿Por qué creen que tienen tanto éxito las telenovelas?

¡Por nuestra naturaleza pecaminosa! Así que, estimado lector, ¡no hable a la ligera! La Biblia dice que: “No hables tanto: continuamente te pones en ridículo. Sé inteligente, deja la habladuría”; “Cuando el bueno habla, vale la pena escucharlo; pero las palabras de los necios no valen un comino”. Proverbios 10.19-20. Si usted está a punto de cometer una indiscreción, mejor clame a Dios y cierre la boca. La Biblia dice: “Sabio es el hombre de pocas palabras y voluntad resuelta; por lo tanto, hasta el necio se le tiene por sabio cuando calla.

Vale la pena que tenga la boca cerrada. Proverbios 17. 27-28. El mismo proverbista, abunda en sus recomendaciones acerca del hablar a la ligera cuando dice: “El necio está en continua pelea. Su boca es su ruina, Sus palabras lo ponen en peligro. ¡Qué apetitosos bocadillos son los chismes! ¡Se les come con delicia! Proverbios 18. 6-8. “Sin combustible se apaga el fuego, y las tensiones desaparecen cuando se acaban los chismes.”; El chisme es bocado sabroso que se come con deleite.” Proverbios 26. 20, 22. “El hombre malo siembra la discordia; los chismes distancian a los mejores amigos”. Prov. 16.28.

El Apóstol Santiago es mas directo cuando afirma: “El que puede dominar su lengua “. De igual manera, la lengua es un miembro diminuto, ¡pero cuanto daño puede hacer! Basta una chispa para hacer arder un inmenso bosque.” “Y la lengua es una llama de fuego, un mundo de maldad, veneno que contamina todo nuestro cuerpo. El infierno mismo puede avivar esta llama y convertir nuestras vidas en llamarada destructiva y desastrosa.” Capítulo 3. Versos 2, 5 y 6. Ahora bien, ¿Qué hacer cuando ve a su hermano cometer algún error?

La Biblia tiene respuesta: “Si un hermano te hace algo malo, llámalo y dile en privado cuál ha sido su falta. Si te escucha y lo reconoce, habrás recuperado a un hermano. Pero si no, consíguete una o dos personas que vayan contigo a hablarle y te sirvan de testigos.” Mateo 18. 15, 16. En otras palabras, no le andes contando a todo el mundo los defectos de otros, ¡no! ¡Ármese de valor y vaya y dígale de frente a la persona lo que tenga que decirle!

Esta es una situación que sufren constantemente los pastores. Hay hermanos que no están de acuerdo en alguna cosa con el pastor, y en lugar que vaya directamente con él lo divulga a toda la iglesia, y entonces el pastor se convierte en la comidilla de toda la iglesia, el último que se entera es el pastor. Eso es no ser honesto, es no tener carácter, es no tener agallas. Lo cortés no quita lo valiente. Es más cómodo hablar por la espalda, es más fácil tirar la piedra y esconder lo mano, pero entonces usted está enfermo.

Si usted esposa, no está de acuerdo en algo con su esposo, no vaya con su mamá o con su suegra, o con la vecina, dígaselo a él. ¿Qué tiene que andar contando a todo el pueblo sus desavenencias? Jesús, fue muy claro: primeramente “usted y él solos”. Mateo 18.15. Claro que si después de hacer esto, usted no logra nada, Jesús mismo da otras indicaciones de qué hacer, pero lo primero es lo primero. Muchos chismes se acabarán, cuando los cristianos empecemos a poner en práctica la palabra de Dios, porque empezaríamos a sanar nuestra mente. Debe estar alerta, muchas veces le van a poner una trampa. Por ejemplo: le van a preguntar ¿cómo es fulano? Si usted no conecta su cerebro antes de hablar, seguramente va a contar todo lo malo de esa persona. Sin embargo, de hoy en adelante usted debe decir lo bueno, las virtudes, los logros, los méritos, lo mejor de todos.

B) CAMBIE SU MAL GENIO (Efesios 4. 30, 31 32)
En segundo lugar, si usted quiere sanar, debe pedirle a Dios que lo cambie, pero que lo cambie bien. Hay cristianos que ya no son borrachos, parranderos, jugadores y mujeriegos, pero, no se les quita lo enojón. Usted debe saber que su mal genio, es pecado, porque es una combinación de odio, coraje, frustración, desesperación, intemperancia, falta de control del Espíritu Santo y mucha, muchísima carnalidad. San Pablo nos orienta al respecto, cuando dice: “No entristezcan al Espíritu Santo por la manera en que viven… Arrojen de ustedes las amarguras, los enojos y la ira. Las disputas, los insultos y el odio no han de hallar cabida en sus vidas. Sean bondadosos entre ustedes, compasivos, perdonándose las faltas que unos contra otros puedan cometer, de la misma manera que Dios nos perdonó en Cristo.”

Hay personas que dicen ser cristianos, porque van el domingo a la iglesia; pero sus hogares son idénticos a los no cristianos. Siempre están peleándose, no se hablan entre ellos, muchos gritos e insultos, constantemente se enojan, viven en un infierno total. Si usted quiere saber si alguien es realmente cristiano, no lo vean como dirige o como canta, como ora o predica. ¡No!, eso puede ser puro teatro, pura hipocresía. Pregúntele a su esposa, a sus hijos, sus vecinos, a sus compañeros de trabajo. Ellos le van a decir si realmente es cristiano.

Cuando usted se enoja, dirá y hará cosas de las que tal vez más tarde se arrepentirá, pero el daño será irreparable. Una hermana le decía a su pastor –no se preocupe por mi., yo me enojo muy fácilmente, pero rápido me tranquilizo. A lo que el pastor le contestó –usted se parece a una metralleta, dispara y destruye todo cuanto se le pone enfrente, aunque después deje de disparar- La Biblia dice: “El que fácilmente se enoja hará locura.” Prov. 14.17. El problema del enojón, es que además de que él es infeliz, es peligroso. “mantente lejos de los hombres iracundos e irascibles, no sea que los imites y pongas tu alma en peligro.” Prov. 22.24 y 25.

Amigo, si usted no le pide a Dios que le cambie su mal genio, estará pecando constantemente, será un infeliz de por vida, será un peligro constante para todos los que lo rodean, será un cristiano hipócrita y nunca podrá sanar de los malos pensamientos, porque cuando usted está enojado, no podrá pensar bien, aunque lo intente, la adrenalina estará en su máxima producción y sólo tendrá malos pensamientos. Por lo tanto no se debe poner en el plan de: “Así soy y que”, porque estará en el camino directamente al infierno. Sin embargo si usted le pide a Dios, Dios puede cambiarlo. Dios ha cambiado la vida de muchos gruñones en manos corderos.

C) INSTALE SU LABORATORIO (Fil. 4.8)
San Pablo, vuelve a insistir en la necesidad de controlar nuestro carácter y los malos pensamientos. En Filipenses 4.8 señala: “… centren ustedes el pensamiento en lo que es verdadero, noble y justo. Piensen en lo que es puro, amable y honorable, y en las virtudes de los demás. Piensen en todo aquello por lo cual pueden alabar a Dios y estar contentos.” El hecho de ser cristiano, no nos hace estar exentos de los malos pensamientos.

Por muy cristiano, santo y consagrado que usted sea, Satanás le puede inyectar con demasiada facilidad sus dardos de fuego, como dice Efesios 6, y también sabe que si usted permite que esa semilla germine en su mente, logrará apartarlo del camino de Dios, o cuando menos, ponerlo en serios aprietos. En el momento en que le llegue un pensamiento a su cabeza, inmediatamente sométalo al laboratorio de Filipenses 4.8. Si pasa la prueba, déjelo, si no ¡expúlselo ya! En otras palabras, pregúntese ¿este pensamiento es santo, es puro, es amable, es de buen nombre, es de alguna alabanza, de alguna virtud? Si es así, puede quedarse, si no ¡no!

Es aquí donde estriba el triunfo o la derrota, la victoria o el fracaso. Los cristianos que han cobijado sus malos pensamientos, ahora están otra vez en el fango de la inmundicia. Usted tiene el poder de Dios para vencer la tentación. La Biblia dice: “Sométanse humildemente a Dios. Resistan al diablo y huirá de ustedes. Acérquense a Dios y El se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; dejen que el corazón se les llene de Dios y se vuelva puro y fiel a El…

No critiquen ni hablen nunca mal de otro, hermanos míos. El que lo hace se opone a la ley de Dios que ordena amar al prójimo nuestro deber no es oponernos a dicha ley sino obedecerla. Santiago 4. 7-10. hay cristianos que les encanta coquetear con el pecado, piensan que es inofensivo, en lugar de rechazar la tentación la aceptan, la invitan, la cobijan, la desean.

Usted debe tener cuidado con la música mundana que oye por todos lados, con la televisión, con lo que lee, con el cine etc. Deseche toda pornografía. Si usted está metiendo a su vida suciedad, basura y carroña, tarde o temprano le va a hacer mal, pero recuerde Dios puede darle el triunfo sobre los malos pensamientos. No importa en que nivel esté, él puede limpiar su alma, su mente, su corazón, con su sangre preciosa puede quitar toda escoria y toda maldad. Tal vez usted esté batallando con una tentación en particular, o esté a punto de caer, o ya haya caído en algún pecado. No importa Dios tiene la solución. Si no ha cambiado su mal genio, este momento puede ser el día de una nueva vida de victoria en Cristo, de sanidad para su alma.

Como podemos darnos cuenta, no solo el coronavirus ataca al planeta, sino que esta rara enfermedad se ha ido apropiando poco a poco del ámbito eclesial, y ninguna denominación se escapa de ello, pues el mal no está en la denominación, sino en el corazón del congregante que no le a entregado su vida a Jesucristo, el único que tiene poder para vacunar al creyente contra esta rara enfermedad. Por lo pronto, le recomiendo oración y ayuno y por lo pronto: “Que Dios mismo, el Dios sede paz, los santifique por completo y conserve todo su ser-espíritu, alma y cuerpo- irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Con mi afecto y respeto.