
La Iglesia En Línea
Después de esta crisis la iglesia no puede seguir siendo la misma. Esta pandemia nos debe ayudar a redefinir nuestras prioridades, a ser los pies y las manos de Cristo, a ser una comunidad “Cristo-céntrica” y no “Templo-céntrica”. Nuevos ministerios y áreas de servicio pueden empezar a existir para resolver los problemas sociales existentes. Es tiempo de dar, de intentar cosas nuevas, de interceder, de orar y de actuar.
Hugo Almanza
Soy Hugo Almanza, pastor metodista en Reynosa Tamaulipas. Escribo estas líneas desde la mesa de mi casa, el día 6 de abril de 2020, después de tres domingos que recibimos la instrucción de suspender nuestras celebraciones dominicales y toda clase de reunión en la que se congreguen más de 20 personas. Quiero tratar de resumir como han sido las últimas tres semanas desde mi trinchera pastoral, así como proponer una palabra de esperanza para este tiempo de pandemia.
Las primeras dos semanas consideramos que era prudente congregarnos en células, por lo que nuestra iglesia simplemente cambió la dinámica dominical en el templo por nuestros grupos en casa; y uno a uno fueron llegando a su lugar de reunión semanal para adorar, cantar, escuchar la exposición de la Escritura, ofrendar y agradecer al Señor. En aquellos días el ambiente social era bastante más tranquilo; escuchábamos las noticias de China y España, pero no estábamos alarmados. Recuerdo que el primer domingo fui obediente a la instrucción episcopal y, aunque mi familia se trasladó a su célula, yo opté por permanecer en el templo en oración y a la expectativa de si algún hermano asistía allí, para atenderle y orar con él. Sin embargo, nadie asistió. Al medio día tomé una fotografía con el templo vacío. En un día normal a esa hora nuestro edificio está lleno: todos están cantando, celebrando, la música está sonando fuerte, las manos están levantadas, la atmósfera de adoración emana de ese lugar y, quien entra, lo distingue.
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