El cambio pastoral
En algunos escritos he expresado que una persona no debe cambiar de congregación por razones insustanciales; la Iglesia es una familia y como una familia, hay diferencias, pero nos amamos porque la sangre misma corre por nuestras venas, en la Iglesia la sangre de Cristo nos une, nos ha perdonado a todos y nos ha hermanado.
Pero ¿cuáles serían las razones para que un pastor fuese cambiado o quitado de una Iglesia o un ministerio? Las razones más obvias serían: Cuando el pastor o pastora ha cometido alguna falta eclesiástica como: una falta sexual, cuando ha estado enseñando herejías o falsas doctrinas, cuando ha defraudado a los hermanos o a la iglesia económicamente; y hay razones no muy obvias, pero que son de peso también, como cuando el pastor ha dejado de tener fruto en la iglesia, cuando el estatus quo es su agenda, cuando ha perdido la iniciativa para compartir el evangelio, cuando deja de visitar a sus ovejas, cuando sus sermones son repetitivos y no bien preparados, cuando ha iniciado a quitar actividades y su trabajo se reduce a las actividades del domingo y eso solo por la mañana, cuando empieza a maniobrar para que solo aquellos líderes que le aplauden estén en la junta de administradores o en algún liderazgo, cuando solo está viendo el ser más privilegiado con prestaciones y salarios más elevados, cuando son más las horas en la oficina que la praxis del evangelio, cuando la oración ha sido abandonada, cuando pasan semanas y meses y no hay nuevos convertidos sino que, al contrario, se están yendo los que estaban, cuando los ministerios y organizaciones están como en la torre de Babel, todos hablan, nadie se entiende, no hay rumbo, no hay visión.
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