Categoría: Secciones Varias

Renovando El Pacto

pacto

María Teresa Martínez

El inicio de año en el Templo Getsemaní, que dirige el presbítero Moisés Morales Granados y se localiza en la Colonia Anáhuac, nos lleva a una sentida reflexión: Renovar nuestro pacto con Dios. El rey de reyes se goza de encontrar nuestros corazones abiertos, y en la precisión de reconocer afectamos nuestro pacto con él en ciertas circunstancias.

Reconocer el hecho nos enriquece, siempre y cuando, humildes, le supliquemos escuche nuestra sincera decisión de renovación; el siempre emotivo mensaje de nuestro pastor Morales recurría a ejemplos múltiples de los desgastes de la relación con nuestro prójimo, así como de la sanidad de replantear para fortalecimiento de lazos fluidos y afectivos.

Nuestro pacto más importante hoy y siempre es con el Señor, y el inicio de año nos regala la coyuntura idónea para renovarlo; representa sin lugar a duda nuestro punto de partida para cualquier tarea y nuestros muchos sueños. Este culto del pacto llega a nosotros a través de Juan Wesley, fundador del Metodismo en el siglo XVIII.

Afirma: “El servicio a Dios, debe ser con todas nuestras fuerzas, con todo el corazón, con toda nuestra mente y con toda nuestra alma”, y nuestro pastor enfatiza: Es importante rendirse a Dios y en espíritu de obediencia, restaurar lo que así lo requiera, para rendirnos totalmente a su voluntad, sin reservas y orando con la oración que el pastor Wesley nos comparte:

“A partir de este momento no me pertenezco a mí, sino a ti, Señor, vincúlame en lo que tú quieras y con quien tú quieras; déjame ser usado para tu obra, déjame estar satisfecho o padecer necesidad; libremente y de todo corazón, me rindo a tu voluntad y disposición. Glorioso y bendito Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, tú eres mío y yo soy tuyo, y el pacto que he hecho en la tierra, sea ratificado en el cielo, Así sea. Amén.”

Continuó el presbítero Morales: Hagamos ofrenda de nosotros mismos y renovemos nuestro servicio a Dios, para ser fieles, todos los días del año que comienza y todos los días de nuestra hermosa vida.

El cierre del mensaje, nos expresa: “Aleja de mí la autosuficiencia, tú eres el único rey. Apaga de mi vida la mentira, tú eres la verdad. Desvía de mi camino la pereza, tú necesitas mis manos. Aparta de mi corazón el odio, tú eres amor. Retira de mi pensamiento el rencor, tú eres el perdón. Amén.”

Templo Getsemaní, Colegio Salesiano No. 20, Colonia Anáhuac, Delegación Miguel Hidalgo, México, D. F.

Conferencia Anual de México. Ciudad de México, enero 10, 2016.

Poética

Esta sección «Poética» es presentada por nuestro Hermano José Donato Rodriguez, quien fuera director de nuestro periódico en el periodo 2010-2014. 

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En el año 1968 Sociedades Bíblicas en América Latina editaron una obra como parte de la producción literaria y poética de don Luis D. Salem, cuyo nombre real fue Aristómeno Porras Maynes, con el tema de la Biblia, como guía de las más antiguas de la humanidad. Pequeñas obras de teatro y poesía con base en los libros de la Biblia.

Estamos publicando en nuestro periódico El Evangelista Mexicano, desde el número 19 -salvo el número 30- poesías de su autoría, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Nuestros profetas mayores

Isaías

El alma del profeta es una hoguerapoética.isaias

del más profundo patriotismo henchida,

y con amor sin par pide y espera

para su patria santidad y vida.

Muere Uzías, Jotán viene en seguida;

después Acaz, siguiéndole Ezequías,

pero la patria permanece hundida

en mar de vicios, lujo, idolatría.

Cansado de esperar vanas reformas,

de cambiar reyes, de variar las normas,

a Dios entrega su grande corazón.

Cambia al instante y con  voz maestra,

la paz, la unión, la santidad nos muestra

bajo el bendito cetro del Señor.

Jeremías

poética,jeremíasHumilde, austero, valeroso, fuerte,

Su voz levanta, de tristeza lleno,

contra el pecado que en el pueblo vierte

ruina, congoja, maldición veneno.

Ama a su patria, más la patria impía

contra él levanta furibunda queja…

Por fin, muy triste, viola ir un día

al cautiverio como mansa oveja.

Como del cirio al consumirse brota

la luz y con ella las ardientes gotas

que el fin anuncian bajo cruel ardor…

Así el profeta, erecto en su blancura,

vertió, en su llanto, corrientes de luz pura

bajo la llama de su patrio amor.

Ezequiel

El campo se encuentra de huesos cubierto;poetica.ezequiel

y en torno a los mismo contempla el profeta

la muerte que avanza con fauces abiertas,

cortando la vida con ansia secreta.

Mas Dios con su aliento cubre aquel misterio

con nervios, con carne, con piel sonrosada,

aliento de vida; el tal cementerio

se torna en legiones de ardiente mirada.

Así los judíos. El cruel cautiverio

tornó la pujanza en frio cementerio,

allá, junto al rio nombrado Quebar…

Mas Dios, viva fuente de amor y de vida,

levanta amoroso la raza caída

y al punto se inicia una era de paz.

Del Nuevo Testamento

Hebreos

poética.HebreosEs Jesucristo el rey del universo entero:

El oro de las minas es polvo ante sus pies,

Las perlas más valiosas, los astros lisonjeros

Adornan la corona de su radiante sien.

Los nobles sacerdotes de la nación hebrea,

Sus leyes, sacrificios, sus ángeles, Moisés,

Son débiles reflejos de aquella edad febea

En donde Cristo es templo y sacerdote y rey.

El alma arrepentida que a Jesucristo viene,

La salvación, la dicha, la vida nueva obtiene

Bajo la luz radiante de una potente fe.

Por tanto es necesario vivir a Cristo unidos.

Así obtendrán las almas aquel placer perdido

Un día, entre las flores del primitivo Edén.

donato

Noticias nacionales

Plantel Zavaleta inicia 2016 estrenando Edificio de Instituto Mexicano Madero.

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Puebla, Pue., 8 de enero de 2016.- El edificio cuenta con servicio de red inalámbrica, cámaras de circuito cerrado, sensor sísmico y sirenas de alarma.

San Andrés Cholula, Puebla.– Con una inversión de 11 millones 610 mil 077 pesos que incluyó la obra civil, demoliciones y desmantelamientos de salones con estructura prefabricada, adecuaciones de las áreas que se re ubicaron, voz, datos, sirenas de alarma y sensor sísmico; este 8 de enero se inauguró el nuevo edificio del Instituto Mexicano Madero Plantel Zavaleta.

La superficie total del nuevo inmueble es de 1,265.62 m2 integrado por planta baja y tres niveles, los cuales fueron destinados para albergar las oficinas administrativas de: dirección general, dirección de primaria, recepción, asistente de dirección, marketing, sala de juntas, servicios escolares y caja. Así como dos núcleos sanitarios para niñas y dos núcleos sanitarios para niños, 14 salones de clases de 42 m2 c/u y un cubo de escalera.

Gustavo Olivera, presidente del Consejo, Cruz Hernández, obispo de la CASE, Job César Romero, rector del Sistema Educativo Madero; izquierda María Luisa Cuachayo, directora del plantel Zavaleta.
Gustavo Olivera, presidente del Consejo, Cruz Hernández, obispo de la CASE, Job César Romero, rector del Sistema Educativo Madero; izquierda María Luisa Cuachayo, directora del plantel Zavaleta.

De acuerdo con la Mtra. María Luisa Cuachayo Lozano, directora general del IMM Zavaleta, este edificio será de gran beneficio para toda la comunidad escolar pero principalmente para la escuela primaria, además de que se podrá dar una mejor atención y comodidad a los padres de familia con la reubicación de los servicios educativos.

directivos e invitados a la dedicación del edificio
directivos e invitados a la dedicación del edificio

“La construcción de este edificio estaba contemplada en el plan de desarrollo Institucional, como parte de un compromiso con nuestros padres de familia y docentes, de modernizar las instalaciones acorde a las necesidades actuales y futuras, como el uso de las tecnologías”.

vista de la Universidad Madero, desde el cuarto nivel del nuevo edificio
vista de la Universidad Madero, desde el cuarto nivel del nuevo edificio, al lado  derecho el Gimnasio «Enrique Taylor».

Durante la ceremonia de inauguración, el Mtro. Job César Romero Reyes, rector del Sistema Madero, calificó a este día como histórico para quienes han formado parte de la institución ya sea como estudiantes, docentes o trabajadores en algunos de sus 33 años de vida.

“Hemos sido testigos del desarrollo y crecimiento que se ha dado en respuesta a la demanda natural por nuestros servicios. Vemos un plantel diferente, moderno y funcional que también tiene el carácter de una institución formadora”, señaló el rector.

vista parcial de las instalaciones del Plantel Zavaleta, a 34 años de su fundación.
vista parcial de las instalaciones del Plantel Zavaleta, a 34 años de su fundación, prestando servicios de Jardín, Primaria, Secundaria y Preparatoria.

La Mtra. Cuachayo destacó que una de las responsabilidades del IMM en materia de infraestructura es contar con salones iluminados, ventilados y diseñados para uso escolar con las normas de: construcción, protección civil, ecología y seguridad.

Reveló además que todo el edificio cuenta con servicio de red inalámbrica, cámaras de circuito cerrado, sensor sísmico, sirenas de alarma, iluminación led y pantallas.

“El ver concretado un sueño de hace varios años atrás nos llena de orgullo y satisfacción. Es mucho trabajo, muchos trámites que las autoridades requirieron pero muy satisfactorio ver la ilusión de los niños por estrenar sus salones… esto es parte de la responsabilidad que tenemos para el desarrollo de nuestros alumnos en armonía, paz y excelencia académica.

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ponentes en el Coloquio
ponentes en el Primer Coloquio «Hacia los 500 años de la Reforma Protestante», organizado por diversas instituciones y organizaciones evangélicas de México, CUPSA entre ellas, celebrado en el Templo Metodista El Mesías, de la calle de Balderas 47, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el miércoles 13 de Enero. De izquierda a derecha: Dan González, Guillermo Hansen, Carlos Martínez, Marc Reusch.
vista parcial de la concurrencia al evento
vista parcial de la concurrencia al evento

Las costumbres y el examen

costumbres

“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos” (Proverbios 4:26)

Muchas personas en estas fechas, al final del año, según la tradición, comen uvas mientras escuchan las campanadas del término del año. Esta tradición comenzó a principios del siglo XX. Al parecer fue promovida por los comerciantes en un año con una cosecha muy abundante de uvas. Desde entonces, a esta costumbre se le llama «tomar las uvas de la suerte».

Asimismo, en otros lugares del mundo es costumbre tomar en nochevieja un plato de lentejas. En otros sitios se agrega la tradición de tirar los trastos viejos a la calle, lo que también traería suerte. Y en otros lugares llenan una maleta de ropa para viajar y dormir la noche vieja con ropa interior color rojo para amanecer con otra color amarillo, para tener muchos viajes durante el año y suerte en el amor y en el dinero.

Los cristianos no creemos en la suerte, sino en el Señor, y como tales, nuestra prioridad en este año ha sido el Señor, porque él ha dirigido nuestras vidas, él ha dirigido nuestras decisiones y situaciones; él se ha hecho cargo de nuestros problemas, angustias y enfermedades. Por lo tanto, la evaluación de esta noche para iniciar el año 2015 debería ser en cuanto a esa relación que tenemos con el Señor, y basarnos en las siguientes preguntas:

  • ¿Hubo falla en alguna área de tu vida que te afectó espiritualmente? ¿Qué hiciste para superarla?
  • ¿Tomaste en cuenta a Dios en tus decisiones durante este año?
  • ¿Crees que agradaste a Dios con tu forma de vivir durante este año?
  • ¿Leíste algún libro completo de la Biblia y te edificaste durante este año?
  • ¿Le hablaste a alguien de Cristo durante este año?
  • ¿Serviste a Dios y a tu prójimo como este lo merecía?
  • ¿Oraste y luchaste por la justicia y la verdad en este año?

Si no lo hiciste, que esas sean tus metas durante el 2016; y si lo hiciste, procura superarlas y centrarlas en el Señor. Si buscas amor, dinero o viajes, él te bendecirá; no busques en fetiches o en ideas raras, busca al Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón.

CONTEXTO DEL TEXTO

David le enseñó a Salomón cuando era niño que buscar la sabiduría de Dios era lo más importante que podía hacer. Salomón aprendió bien la lección. Cuando Dios apareció ante el nuevo rey para concederle cualquier petición, Salomón eligió la sabiduría por encima de cualquier otra cosa. Nosotros también debemos hacer que Dios y su sabiduría sean nuestra primera opción. No tenemos que esperar a que El aparezca ante nosotros. Con valor podemos pedirle sabiduría hoy mediante la oración.

LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO

  1. Realizar un examen de mi vida es necesario hoy, pero no sólo hoy, sino cada día.
  2. Al analizarme, veo que Dios ha sido el protagonista de mi historia, su amor me ha sostenido porque yo no he sido capaz de amar, perdonar, ni ser justo como él lo espera.
  3. Que al analizar mi actuar cotidiano, veo que lo que no hice lo haré en su nombre, y veré no sólo una vida nueva en mí, o un año nuevo en mí, sino una sociedad nueva.

ORACIÓN

Señor, gracias porque tú has sido el Hashtag de este año 2015, si no fuera por ti, yo hubiera caído, o hubiera sido destruido o muerto. Gracias por tu grande amor hacia mí, gracias porque a pesar de los problemas y conflictos, los tomaste y los transformaste para ser superados; gracias por mi familia y por los que me aman y también por los que no. Señor, a la vez confieso que no he hecho mucho por mis hermanos que sufren, los que han perdido a sus hijos desaparecidos, los que necesitan de ti. Señor, ven e inunda a este país de tu amor y de tu justicia en este 2016, para que vivamos en paz y en amor, en el nombre de tu Hijo, amén.

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Del pesebre a la cruz

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Amados consiervos:

Sabiendo que sus iglesias toman en serio la Celebración de Navidad, les compartimos el mensaje que hemos preparado para el Culto de Luces en Monte Horeb. Les comparto también el boletín donde está el bosquejo del sermón que deben contestar los congregantes usando los datos en power point del mensaje.

Judith y su servidor les deseamos una Feliz Navidad y un bendecido Año Nuevo 2016.

En Cristo,

Judith y Raúl

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El Dios Fuerte

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Una de las doctrinas cardinales o fundamentales del cristianismo evangélico, es creer en la deidad de Jesucristo. La Biblia dice: Muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo (Dios Hijo) ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Cualquiera que se extravía y no persevera en la doctrina de (la deidad encarnada en) Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo (como perfecto Dios y perfecto humano), ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene y no trae esta doctrina, no lo recibas en casa ni le digáis:¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras (2ª Jn 1:7-11).

La Biblia claramente enseña que en Jesucristo, desde el momento en que fue concebido por el Espíritu Santo, (y no por José su padre legal pero no biológico), habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y que por lo tanto desde el principio, el Verbo (Jesucristo) es el verdadero Dios, y nuestro Gran Dios y Salvador; y que ese Verbo (Dios Hijo), se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Lc 1: 31-35; Col 2:9; Jn 1:1-14).

Jesucristo durante su ministerio terrenal, dijo que era Dios, cuando dijo que Él y el Padre son uno, y cuando múltiples veces usó el nombre de Dios: YO SOY. Y les dijo: Ustedes son de abajo, yo soy de arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les dije que morirán en sus pecados, si no creen que YO SOY. Por esto, dicen los evangelios que los judíos aún más intentaban matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios (Jn 8:23-25 y 5:18).

Además, Jesucristo demostró su deidad cuando perdonó pecados (pues sólo Dios puede perdonar pecados), le dio nueva vida a los muertos (sólo Dios puede dar vida); y cuando milagrosamente demostró su soberanía y omnipotencia sobre los demonios, las tempestades, la enfermedad, la naturaleza (al transformar el agua en vino, por ejemplo). Sus palabras tenían la autoridad que sólo Dios tiene. Las gentes que le escuchaban estaban maravilladas, y se decían unos a otros: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y poder, manda a los espíritus impuros, y salen? Y se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Lc 4:36; Mr 1:22).

En este mundo tan lleno de circunstancias, situaciones, diagnósticos adversos, y mil problemas más, que frecuentemente son imposibles de resolver sin la ayuda de Dios, ¡Que bendición tan grande es ser cristianos! y tener de nuestro lado a Jesucristo, el Dios Fuerte. En la Sagrada Escritura dice: Hijitos, ustedes son de Dios y los han vencido, porque mayor es el que está en nosotros (Jesucristo), que el que está en el mundo (satanás).

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas que Él considere buenas, necesarias, y de bendición? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro o espada? ¡Simplemente nada! Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó (Jesucristo). Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro (1ªJn 4:4; Ro 8:31-38).

Isaías nos consuela y fortalece al escribir 700 años antes de que Jesucristo naciera en el establo de Belén: Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado será sobre su hombro. Y se llamará su nombre Admirable consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz (Is 9:6). ¡Gloria a Dios! porque Él es el único Admirable Consejero y Dios Fuerte, capaz y especialista, en resolver nuestros problemas imposibles, en dos formas principales: Siendo el que nos aconseja, convence de pecado, e invita a creer, aceptar, recibir y confesar a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador; y siendo el Dios Fuerte y el Victorioso Conquistador del enemigo de nuestras almas que vive en nosotros, y que finalmente, vencerá y eliminará al dolor, el llanto, la enfermedad, y la muerte.

Nuevamente, recordemos que el contexto en que Isaías escribió sus consoladoras palabras, era cuando los Israelitas por causa de su idolatría, estaban a punto de caer en cautiverio por los crueles y depravados Asirios. Dice la Biblia: Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo en que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin se llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles (Is 9:1).

¡Bendita esperanza del cristiano! Pues aún en medio de las calamidades que por el solo hecho de ser humanos y vivir en este mundo gobernado temporalmente por el usurpador príncipe satanás (a quién nuestro ancestro Adán prefirió obedecer y darle así la autoridad sobre su vida, la de su descendencia, y la naturaleza, en vez de quedarse sumiso y sujeto a Dios), podemos vivir confiados en que a final de cuentas, a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Y podemos tener por cierto que las aflicciones del tiempo presente, no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse, cuando dice la Biblia que nuestro Dios Fuerte, a los que por la gracia de Jesucristo, hayan salido salvos y victoriosos de la gran tribulación, les permita estar delante del trono de Dios, habiendo lavado y blanqueado sus ropas en la sangre del Cordero. Será entonces que el Dios Fuerte que está sentado sobre el trono extenderá su tienda junto a ellos, y ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas. Y nuestro Dios Fuerte, enjugará toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor. ¡Bendito sea Dios! (Ro 8:18 y 28; Ap 7:14-16 y 21:4).

¡Gloria a Dios! porque el escritor de la epístola a los hebreos, escribe: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (He 4:15-16). Jesucristo puede compadecerse de nosotros, porque padeció Él mismo, como perfecto humano. Refiriéndose proféticamente a Jesucristo, dice la Sagrada Escritura: No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo; mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas. Me vestiste de piel y carne, me tejiste con huesos y nervios, me concediste vida y misericordia, y tu cuidado guardó mi espíritu (Sal. 139; Job 10:11-12).

Y es que contrario a la forma ‘color de rosa’ que frecuentemente se nos narra, la historia de la primera navidad, es la de una adolescente embarazada de otro que no era su prometido; de un pobre carpintero que gracias a que el ángel le aclaró que había sido escogido para ser el padre legal y terrenal del Hijo de Dios, estuvo dispuesto a casarse con María, quien dio a luz al niño Jesús en un ambiente totalmente insalubre, en un establo, y en medio de sucios animales; y que esa misma noche fue visitado por un grupo de devotos, pero harapientos y apestosos pastores, que vieron al Hijo de Dios, envuelto en pañales, pero recostado en un pesebre, que es el cajón donde se le da de comer a los animales que comen paja. Como si esas fueran pocas vicisitudes, además fue amenazado de muerte por un rey Herodes, que se puso paranoico y mandó matar a todos los niños de la región, menores de dos años, al escuchar de los sabios de oriente, que en Belén de Judea había nacido uno que sería el rey de los judíos.

Dice la epístola a los Hebreos, que Jesucristo debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

Solo el Dios Fuerte, pudo librar a Jesucristo de los múltiples riesgos de muerte que enfrentó desde que fue dado a luz; y sólo Jesucristo, nuestro Dios Fuerte, puede librarnos de todos los ataques de nuestro enemigo el diablo, que no tiene otro propósito, que hurtar, matar, y destruir nuestra integridad, felicidad, y vida, con el fin de mandarnos al infierno. Sólo Jesucristo, el Dios Fuerte, puede librarnos de la esclavitud del pecado, de la condenación, y de la muerte eterna.

Así, debemos reconocer que si logramos nacer, y vivimos un día o 100 años, es por la pura misericordia de Dios, que nos prolonga la vida, y nos da la capacidad y poder necesarios para que llevemos a cabo, con éxito, las buenas obras, tareas, y ministerios que nos encarga, dentro y fuera del hogar. Dice la Biblia: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. Jesús dijo: Para los hombres esto es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios. Por eso Pablo escribió: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece; y ¡Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! (Ro 8:37; Ef 2:10; Mr 10:27; Fil 4:13; 1a Co 15:57).

Que Dios nos conceda valorar en toda su magnitud, la bendición de que a Jesús se le llamara Dios Fuerte. AMEN.

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El precio de la Gracia (Parte 26)

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Continuamos con la publicación de su obra más difundida, El Precio de la Gracia. Vamos en la Segunda Parte de la obra, La Iglesia de Jesucristo y el Seguimiento, de donde entregamos ahora la última fracción del Capítulo 5, Los Santos.

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  1. Los Santos (última fracción)

La carne es entregada con Cristo al oprobio y la muerte, y por la palabra del perdón surge un hombre nuevo, seguro de la misericordia de Dios. De este modo, el uso de la confesión forma parte de la vida de los santos. Es un don de la gracia de Dios del que no puede abusarse impunemente. En la confesión se recibe la gracia cara de Dios. El cristiano se identifica en ella con la muerte de Cristo.

Por eso, cuando exhorto a la confesión lo único que hago es exhortar a ser cristiano (Lutero, Gran Catecismo). El control se extiende a toda la vida de la Iglesia. Existe una gradación bien establecida al servicio de la misericordia. El origen de todo ejercicio de control sigue siendo el anuncio de la palabra, de acuerdo con las dos llaves. No se limita a la asamblea del culto; el ministro nunca está desligado de su cargo fuera de ella. «Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina» (2 Tim 4, 2). Este es el comienzo del control eclesiástico. Debe quedar claro que sólo se pueden castigar los pecados que se han hecho evidentes. «Los pecados de ciertas personas son notorios aun antes de que sean investigados; en cambio, los de otras lo son solamente después» (l Tim 5, 24). La disciplina eclesiástica nos evita así ser castigados en el juicio final.

Pero si la disciplina eclesiástica fracasa en este primer paso, es decir, en el servicio pastoral diario del ministro, queda en vilo todo lo que sigue. Porque el segundo paso es la exhortación fraterna mutua de los miembros de la comunidad: «Instruíos y amonestaos» (Col3, 16; 1Tes 5, 11.14). Parte de la exhortación consiste en consolar a los abatidos, soportar a los débiles, ser pacientes con todos (l Tes 5, 14). Esta es la única forma de resistir en la Iglesia a la tentación diaria y a la caída.

Cuando este servicio fraterno no sigue vivo en la Iglesia, es muy difícil dar el tercer paso. En efecto, si un hermano cae, a pesar de todo, en un pecado manifiesto de palabra o de hecho, la Iglesia debe tener la energía suficiente para abrir contra él un verdadero proceso de disciplina eclesiástica. También este camino es largo: ante todo, la Iglesia debe separarse del pecador. «No tratéis con él» (2 Tes 3, 14), «alejaos de ellos» (Rom 16, 17), «con esos ¡ni comer!» (¿se refiere a la eucaristía?) (l Cor 5, 11), «guárdate de ellos» (2 Tim 3, 5; 1Tim 6, 4). «Hermanos, os mandamos en nombre del Señor Jesucristo (!) que os apartéis de todo hermano que viva desconcertado y no según la tradición que de nosotros recibisteis» (2 Tes 3, 6).

Esta actitud de la Iglesia está destinada a que el pecador «se avergüence» (2 Tes 3, 14), para poderlo ganar otra vez de esta forma. Esta manera de alejarse del pecador implica también su exclusión temporal de los actos comunitarios. Sin embargo, tal alejamiento no debe conllevar ya la supresión de toda comunión. Más bien, la Iglesia que se separa del pecador debe seguir en contacto con él mediante la palabra de exhortación: «No le miréis como a enemigo, sino amonestadle como a hermano» (2 Tes 3, 15). El pecador sigue siendo hermano, y por eso es castigado y exhortado por la comunidad. Es un sentimiento de fraternidad misericordiosa el que mueve a la Iglesia a usar la disciplina. Con toda mansedumbre hay que castigar a los rebeldes y soportar a los malos, por si Dios les otorga la conversión que les haga conocer plenamente la verdad, y volver al buen sentido, librándose de los lazos del diablo que los tiene cautivos, rendidos a su voluntad (2 Tim 2, 26).

El modo de exhortar será distinto según sea cada pecador, pero el fin siempre será el mismo: mover al arrepentimiento y a la reconciliación. Si el pecado puede quedar oculto entre ti y el pecador, no debes desvelarlo, sino sólo corregir al pecador y llamarlo al arrepentimiento; así «habrás ganado a tu hermano». Pero si no te escucha y persevera en su pecado, tampoco debes revelar inmediatamente el pecado, sino buscar uno o dos testigos (Mt 18, 15s). El testigo es necesario, tanto por el estado de las cosas -que si no puede probarse y el miembro de la comunidad lo niega, debe abandonarse en manos de Dios; los hermanos son testigos, no inquisidores- como por la negativa del pecador a arrepentirse. El secreto en que se practica la disciplina está destinado a facilitar la conversión al pecador. Pero si continúa empeñado en no escuchar, o si el pecado es ya manifiesto a toda la Iglesia, es la Iglesia entera quien debe entonces exhortar al pecador y llamarle a la conversión (Mt 18, 17; cf. 2Tes3, 14).

Si el pecador ocupa un ministerio en la Iglesia, sólo debe acusársele si hay dos o tres testigos. «A los culpables, repréndeles delante de todos, para que los demás cobren temor» (l Tim 5, 20). La comunidad es llamada ahora a ejercer el poder de las llaves sobre el que desempeña un cargo. La sentencia pública exige la representación pública de la comunidad y del ministerio.

Yo te conjuro en presencia de Dios, de Cristo Jesús y de los ángeles escogidos, que observes estas recomendaciones sin dejarte llevar de prejuicios ni favoritismos (1 Tim 5, 21); porque ahora es el propio juicio de Dios el que va a recaer sobre el pecador. Si este se arrepiente con sinceridad, si reconoce públicamente su pecado, recibirá el perdón en nombre de Dios (cf. 2 Cor 2, 6s), pero si persevera en su pecado, la Iglesia debe retenérselo en nombre de Dios. Esto significa la exclusión de toda comunión con la Iglesia.

Considéralo como al gentil y al publicano (Mt 18, 17). Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo… porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 18s).

Pero la exclusión de la Iglesia sólo confirma lo que ya era un hecho: que el pecador impenitente es un hombre que «se ha condenado a sí mismo» (Tit 3, 10). No es la Iglesia quien le condena, él mismo pronuncia su condenación. Pablo designa esta exclusión completa con el término «entregar a Satanás» (l Cor 5,5; 1 Tim 1, 20). El culpable es entregado al mundo en que Satanás reina y produce la muerte (una comparación entre 1Tim 1,20 Y2 Tim 2,7; 4,15 prueba que no se trata aquí de la pena de muerte, como en Hch 5). El culpable es rechazado de la comunión del cuerpo de Cristo porque se ha separado a sí mismo. No posee ya ningún derecho en la Iglesia.

Sin embargo, incluso esta última acción se halla plenamente al servicio del mismo fin: «Para que el espíritu se salve en el día del Señor» (l Cor 5,5), «para que aprenda a no blasfemar» (1 Tim 1, 20). El fin de la disciplina eclesiástica (1) sigue siendo la vuelta a la Iglesia, la obtención de la salvación. Esta disciplina no deja de ser una acción pedagógica. Hay dos cosas ciertas: que el veredicto de la Iglesia es eterno si el otro no se arrepiente, y que este veredicto, en el que se desposee al pecador de la salvación, constituye el último ofrecimiento posible de la salvación y de la comunión con la Iglesia (2).

La santificación de la Iglesia se verifica en su conducta digna del Evangelio. Lleva el fruto del Espíritu y se encuentra bajo la disciplina de la palabra. En todo esto continúa siendo comunidad de aquellos cuya única santificación es Cristo (1 Cor 1, 30) Y que camina hacia el día de su vuelta.

Con esto llegamos al tercer aspecto de una verdadera santificación. Toda santificación tiende a subsistir en el día de Jesucristo. «Procurad la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Heb 12, 14). La santidad está siempre en relación con el fin. Su fin es poder subsistir no ante el juicio del mundo o ante su propio juicio, sino ante el Señor. A sus propios ojos, a los ojos del mundo, es posible que su santidad sea pecado, su fe incredulidad, su amor dureza, su disciplina debilidad. Su verdadera santidad permanece oculta. Pero Cristo mismo prepara a su Iglesia para que pueda subsistir ante él. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada (Ef 5, 25-27; Col 1, 22; Ef 1, 4).

Ante Jesús sólo puede subsistir la Iglesia santificada; el que ha reconciliado a los enemigos de Dios y ha dado su vida por los impíos, lo ha hecho para que su Iglesia sea santa hasta el día de su vuelta. Esto se realiza mediante el sello del Espíritu santo, con el que los cristianos son encerrados y preservados en el santuario de la Iglesia hasta el día de Jesucristo. Aquel día se encontrarán ante él, no cubiertos de manchas y de oprobio, sino con el espíritu, el alma y el cuerpo santos e irreprensibles (1 Tes 5, 23).

¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el reino de Dios. Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios (1 Cor 6,9-11).

Así que nadie desafíe a la gracia de Dios queriendo perseverar en el pecado. Sólo la Iglesia santificada se salvará de la cólera en el día de Jesucristo; porque el Señor juzgará según las obras, sin acepción de personas. La obra de cada uno será manifestada y cada uno recibirá «según el bien o el mal que hizo durante su vida mortal» (2 Cor 5, 10; Rom 2, 6s; Mt 16,26). Lo que no ha sido juzgado aquí abajo no quedará oculto el día del juicio; todo se manifestará. ¿Quién subsistirá entonces? El que haya realizado buenas obras. Los que serán justificados no son los que escuchan la ley, sino los que la ponen en práctica (Rom 2, 13; 2, 15). El Señor ha dicho claramente que sólo entrarán en el reino de los cielos los que hagan la voluntad de su Padre celestial. La «obra buena» nos es mandada porque seremos juzgados según nuestras obras. El temor a las obras buenas, con el que queremos justificar nuestras obras malas, es ajeno a la Biblia.

Así que nadie desafíe a la gracia de Dios queriendo perseverar en el pecado. Sólo la Iglesia santificada se salvará de la cólera en el día de Jesucristo; porque el Señor juzgará según las obras, sin acepción de personas. La obra de cada uno será manifestada y cada uno recibirá «según el bien o el mal que hizo durante su vida mortal» (2 Cor 5, 10; Rom 2, 6s; Mt 16,26). Lo que no ha sido juzgado aquí abajo no quedará oculto el día del juicio; todo se manifestará. ¿Quién subsistirá entonces? El que haya realizado buenas obras. Los que serán justificados no son los que escuchan la ley, sino los que la ponen en práctica (Rom 2, 13; 2, 15). El Señor ha dicho claramente que sólo entrarán en el reino de los cielos los que hagan la voluntad de su Padre celestial. La «obra buena» nos es mandada porque seremos juzgados según nuestras obras. El temor a las obras buenas, con el que queremos justificar nuestras obras malas, es ajeno a la Biblia.

La Escritura nunca opone la fe a la obra buena, viendo en esta la destrucción de aquella; al contrario, es la obra mala la que impide y aniquila la fe. La gracia y la acción son indisolubles. No existe fe sin buenas obras, igual que no hay obras buenas sin fe (3). Las buenas obras son necesarias al cristiano a causa de su salvación; porque quien se presente ante Dios lleno de obras malas no verá su Reino.

Por eso, la obra buena es el fin de la existencia cristiana. Puesto que sólo una cosa es necesaria en esta vida: saber cómo podrá subsistir el hombre en el juicio final, y puesto que cada uno será juzgado según sus obras, lo importante es preparar al cristiano para la obra buena. Igualmente, la nueva creación del hombre en Cristo tiene por fin las buenas obras.

Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos (Ef 2, 8-10; cf. 2 Tim 2, 21; 3,17; Tit 1, 16; 3,1.8.14).

Todo es completamente claro. El fin es producir la obra buena que Dios exige. La ley de Dios sigue en pie y debe ser cumplida (Rom 3, 31) por medio de las buenas obras. Pero sólo hay una buena obra, la obra de Dios en Cristo Jesús. Hemos sido salvados por la obra de Dios en Cristo, no por nuestras propias obras. De suerte que nunca podemos gloriarnos en nuestras propias obras, ya que somos su obra. Pero hemos sido recreados en Cristo para que en él practiquemos buenas obras.

Todas nuestras buenas obras no son más que obras buenas de Dios, para las que nos ha preparado de antemano. Por consiguiente, las buenas obras son mandadas a causa de la salvación, pero sólo son buenas las obras que Dios produce en nosotros. Son don de Dios. Debemos caminar en las buenas obras; sin embargo, sabemos que nunca podríamos subsistir con ellas ante el tribunal de Dios; por eso, sólo nos aferramos, en la fe, a Cristo y a su obra.

Dios promete a los que están en Cristo Jesús obras buenas gracias a las cuales podrán subsistir, les promete preservarlos en la santificación hasta el día de Jesús. Pero sólo podemos creer en esta promesa de Dios confiando en su palabra, caminando en las buenas obras para las que nos ha preparado. De esta forma, nuestra buena obra queda completamente oculta a nuestros ojos. Nuestra santificación permanece en secreto hasta el día en que todo se manifieste. El que quiere ver algo ahora, el que quiere manifestarse a sí mismo, sin esperar con paciencia, tiene en ello su recompensa. Precisamente cuando creemos hacer progresos sensibles en nuestra santificación, alegrándonos de ello, se nos llama con más energía al arrepentimiento y a reconocer que nuestras obras están íntegramente contaminadas por el pecado. Nuestra mayor alegría debe estar siempre en el Señor. Sólo Dios conoce nuestras buenas obras, nosotros sólo conocemos su obra buena; escuchamos su mandamiento, estamos bajo su gracia, marchamos por el camino de sus mandamientos… y pecamos. Debemos procurar que la justicia nueva, la santificación, la luz que debe brillar, queden completamente ocultas. La mano izquierda debe ignorar lo que hace la derecha. Pero creemos, estamos firmemente convencidos de que «quien inició en nosotros la buena obra, la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús» (Flp 1,6).

Aquel día, Cristo mismo nos revelará las buenas obras que no conocíamos. Cuando no lo sabíamos, le dimos de comer, de beber, le vestimos y visitamos; y cuando no lo sabíamos, le rechazamos. Entonces quedaremos asombrados y reconoceremos que no son nuestras buenas obras las que subsisten, sino la obra que Dios, en su tiempo y sin nuestra voluntad ni esfuerzo, realizó por medio de nosotros (Mt 25, 31s). Una vez más, debemos alejar las miradas de nosotros mismos para fijarlas en aquel que ha realizado todo en nosotros, marchando tras él.

El que cree es justificado, el que es justificado es santificado, el que es santificado se salvará en el juicio, no porque nuestra fe, nuestra justicia o nuestra santificación, en cuanto dependen de nosotros, sean algo distinto del pecado, sino porque Jesucristo ha sido hecho para nosotros «justicia, santificación y redención, a fin de que el que se gloríe, se gloríe en el Señor» (l Cor 1, 30).

NOTAS

(1). Por encima de todo ejercicio de la disciplina eclesiástica, que está siempre al servicio de la misericordia, incluso por encima del hecho de entregar al pecador endurecido a Satanás, la pena más terrible que conoce el Nuevo Testamento es la maldición, el anatema, que no está en relación con el fin salvífico. Se presenta como una anticipación del juicio divino. En el Antiguo Testamento le corresponde el cherem, que se aplica a los impíos. Significa una separación definitiva de la comunidad; el expulsado está muerto. Con esto se indican dos cosas: la comunidad no puede, en ninguna circunstancia, acoger y absolver al excomulgado. Por eso, queda exclusivamente en manos de Dios. Pero al mismo tiempo, aunque es un hombre maldito, también es santo, porque ha sido entregado a Dios. Y puesto que, como hombre maldito, sólo pertenece a Dios, la comunidad no puede intentar salvarle. Rom 9,3 prueba que el anatema significa separación de la salvación; Icor 16, 22 sugiere que el anatema está relacionado con la escatología. Gal 1, 8 dice que quien destruye conscientemente el Evangelio con su predicación debe ser anatematizado. No es casual el que los únicos textos que anatematizan a determinados hombres estén relacionados con herejes. «Doctrina est caelum, vita terra» (Lutero).

(2). El control doctrinal (Lehrzucht) se diferencia del control comunitario (Gemeindezucht) en cuanto que el último es consecuencia de la recta doctrina, es decir, del uso correcto de las llaves, mientras el primero se ejerce contra el abuso de la doctrina. La falsa doctrina corrompe la fuente de la vida de la Iglesia y de la disciplina comunitaria. Por eso, el pecado contra la doctrina es más grave que el pecado contra la buena conducta. Quien roba el Evangelio a la comunidad merece una condenación ilimitada, mientras que el que peca en su conducta puede contar siempre con el Evangelio. La disciplina doctrinal se aplica, ante todo, al portador del magisterio en la Iglesia. El presupuesto de todo esto es que, al conferir un cargo, existe la garantía de que el ministro es didaktikós, apto para la enseñanza (J Tim 3, 2; 2 Tim 2,24; Tit 1,9), «capaz de enseñar también a los otros» (2 Tim 2, 2), Y que a nadie se le imponen las manos precipitadamente porque, de lo contrario, la culpa recaería sobre el que se las haya impuesto (1 Tim 5, 22). El control doctrinal presupone, pues, la vocación al ministerio de la enseñanza. La vida y la muerte de las comunidades dependen de una conciencia sumamente escrupulosa. Pero el control doctrinal no termina con la llamada al ministerio de la enseñanza, más bien es su principio. Con una exhortación incesante, el ministro confirmado – Timoteo- debe ser obligado a conservar la doctrina correcta, salvífica. Para ello se le recomienda especialmente la lectura de la Escritura. El peligro de errar es muy grande (2 Tim 3, 10; 3, 14; 4, 2; 2,15; I Tim 4,13.16; Tit 1,9; 3, 8). A esto debe añadirse la exhortación a llevar una vida ejemplar. «Vela por ti mismo y por la enseñanza» (1 Tim 4, 16; Hch 20, 28). Timoteo no debe avergonzarse de ser exhortado a la castidad, a la humildad, a la imparcialidad. Antes que todo ejercicio de control comunitario se halla el ejercicio de la disciplina aplicada a los ministros. El oficio del ministro en la Iglesia consiste en transmitir la recta doctrina y oponerse a toda falsificación. Cuando aparezca un error manifiesto, el ministro debe mandar «que no se enseñe otra cosa» (l Tim 1,3); él tiene el cargo y puede mandar. Por otra parte, debe advertir y recordar que se eviten las disputas de palabras (2 Tim 2, 14). Si alguno es reconocido manifiestamente como hereje, debe «amonestarle una y otra vez». Si no escucha estos consejos, hay que romper toda comunión con él (Tit 3, 10; I Tim 6, 4s), porque seduce a la comunidad (2 Tim 3, 6s). «Quien no permanece en la doctrina de Jesucristo, no tiene Dios». A un hombre que enseña tales errores, no se le debe recibir en casa, ni siquiera saludarle (2 Jn 10). En la herejía viene el anticristo. El que es llamado anticristo no es el que peca en su forma de vivir, sino el que enseña doctrinas falsas. Sólo a este se aplica el anatema de Gal 1,9. Sobre las relaciones entre control doctrinal y comunitario, se puede decir que no hay control comunitario sin control doctrinal. Tampoco hay control doctrinal que no deba llevar al control comunitario. Pablo reprocha a los corintios el que, en su orgullo, quieren ocasionar cisma sin ejercer el control comunitario (1 Cor 5,2). En la comunidad es imposible operar esta separación entre la doctrina y la vida.

(3). La diferencia entre Pablo y Santiago consiste en que, según Santiago, a la humildad de la fe se le quita la posibilidad de gloriarse en sí misma, mientras que, según Pablo, esta posibilidad se le quita a la humildad de las obras. Santiago no pretende negar la validez de la frase «el hombre sólo se justifica por la fe»; pero se quiere prevenir al creyente del peligro que supone la seguridad en su fe, y por eso le indica la obra de obediencia y le humilla. Para Pablo, como para Santiago, se trata de que el hombre viva realmente de su fe, y no de sí mismo.

Noticias nacionales

Pastor ejecutado en Oaxaca

not nal.jammiletepec

Noticiero Milamex.

Jue, dic 24, 2015. Sección: Nacionales

Víctor Villa Cruz, de 38 años de edad, fue ejecutado el 12 de diciembre durante un culto de oración en la Iglesia Cristiana Evangelista Ríos de Agua Viva en Jamiltepec, Oaxaca donde él servía como pastor. Alrededor de las 17:00 horas, un individuo entró a la Iglesia preguntando: “¿Quién es el pastor?” Cuando se identificó, el hombre le disparó y Villa Cruz murió al instante. No se ha identificado al asesino ni sus motivos.

La Iglesia fue sede de la dedicación del libro de Génesis en el idioma mixteco de Jamiltepec en junio de 2015. El pastor estaba traduciendo el Antiguo Testamento de la Biblia al mixteco.  Le sobreviven su esposa Consuelo Serrano Vásquez y tres hijos. (NSS Oaxaca, ILV)

Poética

Poesía bíblica

a porrasEn el año 1968 Sociedades Bíblicas en América Latina editaron una obra como parte de la producción literaria y poética de don Luis D. Salem, cuyo nombre real fue Aristómeno Porras Maynes, con el tema de la Biblia, como guía de las más antiguas de la humanidad. Pequeñas obras de teatro y poesía con base en los libros de la Biblia.

Estamos publicando en nuestro periódico El Evangelista Mexicano, desde el número 19 -salvo el número 30- poesías de su autoría, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Salmos

Este libro es una lira:poetica salmos

En sus finas cuerdas de oro,

unas veces gozo inspira

y otra más, eterno lloro.

 

Allí es Dios del alma pía

el objeto noble y santo;

junto a Dios hay alegría,

lejos de él, eterno llanto.

 

Alma mía, ven conmigo

y a los pies de Dios, tu amigo,

canta, llena de placer.

 

Alma mía, ¿por qué lloras?

Si en los brazos de Dios moras,

canta el Salmo Veintitrés.

 

Proverbios

poetica proverbios¿Un joyero, amada mía,

me has pedido? ¡Aquí está!

Vale mucho más que el día…

¿Cuál las perlas?  ¡Mucho más!

Es un libro  cuyos versos

valen más que el oro fino,

mucho más que el universo…

Léelo y de tu camino

Será fuente cristalina,

dulce sombra, luz divina,

miel sabrosa, rico pan…

He pedido, Dios lo quiera,

que su página postrera

sea la lumbre de mi hogar…

Eclesiastés

Ha muchos años viejo Quijotepoetica eclesiastés

el mundo anduvo buscando el bien:

besó la ciencia y a paso y trote,

de mil amores gusto la hiel.

 

Tuvo dinero, más, siendo viejo,

–ceñía corona su blanca sien—

tomó la pluma y este consejo

dejó en su libro: El Eclesiastés.

 

Todo es oscuro, triste, sombrío:

todo respira profundo hastío:

todo en el mundo vanidad es.

 

Sólo en Dios hallan los corazones

las dulces dichas y bendiciones

que un día perdieron en el Edén.

 

Cantares

poetica cantares¿Mi alma? ¡Pobrecita! Es ella tan morena,

morena cual la esposa del místico cantar…

Los vientos de este mundo llenáronla de penas

poniendo en sus mejillas las manchas del pesar.

Del sol de la justicia los deslumbrantes rayos,

un día, en un pesebre, la pobre vio brillar:

entonces, compungida, en púdico desmayo

echóse ante aquel Niño su llanto a desgranar.

Jesús en tal instante, besándola le dijo:

-Paloma, amada mía, bajo mi amor prolijo,

hoy ven, en dulce calma matemos tu dolor…

Sí, ven, amada mía, matemos del pecado

las zorras envidiosas, porque ellas han dañado

el codiciable huerto de nuestro santo amor.