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Comité mexicano para celebrar

V Centenario de Reforma protestante

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El muro de los reformadores en Ginebra

Reconocer y celebrar la histórica gesta de Martín Lutero es importante cuando en buena medida el protestantismo latinoamericano se ha ido desdibujando.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR

Carlos Martínez García

21 DE NOVIEMBRE DE 2015 23:25 h

En México también vamos a celebrar los 500 años de la Reforma Protestante. Para más precisión, habrá una serie de actos desde enero del 2016 hasta octubre del 2017 para recordar y celebrar el inicio de lo que vino a ser la consolidación del protestantismo en sus distintas vertientes. Iniciaron los trabajos para conformar el organismo cuyo nombre es el título del presente artículo. Inicialmente lo integran la Sociedad Bíblica de México, la Fraternidad Teológica Latinoamericana-México, Casa Unida de Publicaciones, Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas, Centro Basilea, Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano, Comunidad Teológica de México, Maná Museo de la Biblia y Conferencia de Iglesias Evangélicas Anabautistas Menonitas de México.

Los convocantes iniciales van a extender invitaciones para que se sumen al esfuerzo otras instituciones y denominaciones. El plan incluye la organización de coloquios, conferencias, cursos, talleres, conciertos, cápsulas de audio y video, cultos especiales, obras de teatro, exposiciones y edición de libros. La difusión se hará tanto en los espacios propios de instituciones y denominaciones protestantes/evangélicas, como al resto de la sociedad, esto último con el fin de hacer visible la presencia en México de los “hijo(a)s de Lutero”.

La lid de Martín Lutero merece ser recordada para las nuevas generaciones. Hay que recordarla pero también celebrarla. El ex monje agustino abrió caminos para otras expresiones cristianas, incluso para las que consideraron insuficiente la propuesta y práctica de los principios sostenidos por el teólogo y pastor germano.

Lutero resquebrajó el corpus christianum católico romano, y por tales hendiduras surgieron personajes y movimientos que se apropiaron de la gesta de Lutero, para después llevarla a distintos lugares de la geografía europea. Algunos radicalizaron la crítica de Lutero y se deslindaron de él por considerar que no era suficientemente consecuente con sus escritos de los primeros años posteriores a su ruptura con la Iglesia Católica Romana.

Sin embargo, es claro que quienes procedieron así fueron beneficiados por la disidencia de Lutero y el fuerte golpe que asestó a la hegemonía del sistema cuya cabeza era el Papa. Reconocer y celebrar la histórica gesta de Martín Lutero es importante cuando en buena medida el protestantismo latinoamericano se ha ido desdibujando, para en su lugar privilegiar una religiosidad en la que se reposicionan elementos ajenos al espíritu protestante, como lo son las neo indulgencias que ofrecen los tele evangelistas.

Estaremos informando de los siguientes pasos del Comité Mexicano para la Celebración del Quinto Centenario de la Reforma Protestante. Pasos que necesariamente tendrán que tener en cuenta otras fechas significativas para el cristianismo evangélico latinoamericano, como, por ejemplo, el Congreso de Panamá, que el año próximo cumple un siglo de haberse realizado y reconfiguró el trabajo misionero en nuestro Continente.

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/37945/Comite_mexicano_para_la_celebracion_del_V_Centenario_de_la_Reforma_Protestante

 

Folleto Evangelístico Navideño

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El precio de la gracia (Parte 24)

 

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Dietrich Bonhoeffer, fue un pastor y teólogo luterano, quien predicó también con el ejemplo. Mientras las iglesias de Alemania guardaron silencio y se sometieron al nazismo de Hitler, él lo confrontó en forma escrita y verbal.

Su resistencia al régimen resultó en su captura, encarcelamiento y ejecución el 9 de abril de 1945, apenas 21 días antes del suicidio de Hitler, y 28 días antes de la rendición de Alemania. El día anterior de su muerte había dirigido un culto con los presos. Antes de ser ahorcado, de rodillas elevó su última oración. Tenía apenas 39 años de edad.

Continuamos con la publicación de su obra más difundida, El Precio de la Gracia. Vamos en la Segunda Parte de la obra, La Iglesia de Jesucristo y el Seguimiento, de donde entregamos ahora la segunda fracción del Capítulo 5, Los Santos.

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  1. Los Santos (segunda fracción)

El anuncio de la muerte de Cristo constituye para nosotros la predicación de la justificación. La incorporación al cuerpo de Cristo, es decir, a su muerte y resurrección, es el bautismo. Cristo murió una vez, y el bautismo y la justificación nos son dados también de una vez para siempre. En el sentido más estricto, son irrepetibles. Lo que se puede repetir es solamente el recuerdo de esta acción de la que hemos sido objeto de una vez por todas; y no sólo se lo puede repetir, sino que se lo debe repetir diariamente. Sin embargo, el recuerdo es distinto de la cosa misma. Para quien pierde la cosa, ya no existe el recuerdo. La Carta a los hebreos tiene razón en esto (Heb 6, 5; 10, 26s). Si la sal pierde su sabor, ¿con qué se le devolverá? A los bautizados se les dice: «¿No sabéis…?» (Rom 6, 3; 1 Cor 3, 16; 6, 19) y: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Jesucristo» (Rom 6, 11). Todos estos acontecimientos se han desarrollado no sólo en la cruz de Jesús, sino también en vosotros. Estáis separados del pecado, habéis muerto, estáis justificados.

Con esto, Dios ha realizado su obra. Ha establecido su santuario en la tierra por medio de la justicia. Este santuario es Cristo, el cuerpo de Cristo. La separación del pecado se efectúa por la muerte del pecador en Jesucristo. Dios tiene una Iglesia purificada del pecado. Es la Iglesia de los discípulos de Jesús, la comunidad de los santos. Estos son recibidos en su santuario, ellos mismos son el santuario, su templo. Han sido sacados del mundo y viven en un espacio nuevo, propio, en medio del mundo.

Desde ahora, en el Nuevo Testamento los cristianos sólo se llamarán los «santos». El otro término que podría concebirse, los justos, no se admite porque no puede describir de la misma forma toda la magnitud del don recibido. Se refiere al acontecimiento único del bautismo y de la justificación. Hay que renovar cada día la memoria de este acontecimiento. Los santos siguen siendo los pecadores justificados. Pero con el don único del bautismo y de la justificación y su recuerdo cotidiano se nos garantiza, por la muerte de Cristo, el don de la conservación de la vida de los justificados hasta el último día.

Ahora bien, la vida conservada de esta forma es la santificación. Ambos dones tienen el mismo fundamento: Jesucristo crucificado (1 Cor 1, 2; 6, 11). Ambos dones tienen el mismo contenido: la comunión con Cristo. Ambos son inseparables entre sí. Pero, precisamente por eso, no son lo mismo. Mientras que la justificación atribuye al cristiano el acto realizado por Dios, la santificación le promete la acción presente y futura de Dios. Mientras que en la justificación el creyente es situado, por la muerte única, en la comunión con Jesucristo, la santificación le mantiene en el espacio en que ha sido colocado, en Cristo, en la Iglesia.

Mientras en la justificación se halla en primer plano la situación del hombre con respecto a la ley, lo decisivo en la santificación es la separación del mundo hasta la vuelta de Cristo. La justificación incorpora al individuo a la Iglesia, la santificación mantiene la comunidad entre todos los individuos. La justificación arranca al creyente de su pasado pecador, la santificación le hace vivir en Cristo, permanecer firme en su fe y crecer en la caridad. Justificación y santificación pueden ser concebidas con unas relaciones semejantes a las que existen entre creación y conservación. La justificación es la nueva creación del hombre nuevo; la santificación, su mantenimiento, su conservación hasta el día de Jesucristo.

En la santificación se cumple la voluntad de Dios: «Sed santos porque yo soy santo», y: «Santo soy yo, Yahvé, que os santifico». Este cumplimiento es obra del Espíritu santo, Dios. En él se perfecciona la obra de Dios en el hombre. Es el «sello» con que son sellados los creyentes para convertirlos en propiedad de Dios hasta el día de la redención. Igual que antes se hallaban prisioneros de la ley, como en una prisión cerrada (GaI3, 23), los creyentes se encuentran ahora encerrados «en Cristo», sellados con el sello de Dios, el Espíritu santo.

Nadie tiene derecho a romper este sello. Dios mismo ha cerrado, guardando la llave en su mano. Dios se ha apoderado plenamente de aquellos a los que ha adquirido en Cristo. El círculo está cerrado. En el Espíritu santo, el hombre se ha convertido en propiedad de Dios. Aislada del mundo por un sello inviolable, la Iglesia de los santos espera la salvación definitiva. La Iglesia atraviesa el mundo igual que un tren sellado recorre un territorio extranjero. El arca de Noé debió ser «calafateada por dentro y por fuera con betún» (Gn 6, 14) para poder salvarse del diluvio; también el camino de la Iglesia sellada se asemeja al viaje del arca sobre las aguas del mar.

Lo que se pretende con estos sellos es la redención, la liberación, la salvación (Ef 4,30; 1, 14; 1 Tes 5, 23; 1 Pe 1,5 y passim) a la vuelta de Cristo. Pero quien garantiza el fin de su viaje a los que han sido sellados es precisamente el Espíritu santo.

Para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. En él también vosotros, tras haber oído la palabra de la verdad, la buena nueva de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria (Ef 1, 12-14).

La santificación de la Iglesia consiste en que es apartada por Dios de lo impío, del pecado. Consiste en que, al ser sellada de esta forma por Dios, se convierte en propiedad suya, en morada de Dios sobre la tierra, en el lugar de donde parte hacia todo el mundo el juicio y la reconciliación. La santificación consiste en que los cristianos estén completamente orientados y mantenidos en dirección a la venida de Cristo, y salgan a su encuentro.

Para la comunidad de los santos, esto significa tres cosas: su santificación se verificará en una nítida separación del mundo. Su santificación se verificará en una forma de vida digna del santuario de Dios. Su santificación estará oculta en la espera del día de Jesucristo.

Por consiguiente, este es el primer punto, sólo hay santificación en la Iglesia visible. El carácter visible de la Iglesia es un signo decisivo de la santificación. La Iglesia, al reivindicar un lugar en el mundo y limitar el espacio reservado a este, da testimonio de que se halla en estado de santificación. Porque el sello del Espíritu santo sella a la Iglesia frente al mundo. Con el poder de este sello, la Iglesia de Dios debe hacer valer su derecho sobre el mundo entero y, al mismo tiempo, reclamar para sí un espacio determinado en el mundo, trazando netamente los límites entre ella y este.

Puesto que la Iglesia es la ciudad sobre la montaña, polis (Mt 5, 14), fundada en la tierra por Dios; puesto que, en cuanto tal, constituye la propiedad sellada de Dios, su carácter «político» forma parte indisoluble de su santificación. Su «ética política» se basa únicamente sobre su santificación, según la cual el mundo debe ser mundo y la Iglesia, Iglesia; no obstante, la palabra de Dios debe dirigirse a partir de la Iglesia a todo el mundo, como el mensaje de que la tierra, con todo lo que posee, es del Señor; tal es el carácter «político» de la Iglesia.

Una santificación personal que quisiera prescindir de esta delimitación pública y visible de la Iglesia con relación al mundo, confundiría los deseos piadosos de la carne religiosa con la santificación de la Iglesia por el sello de Dios, obtenida en la muerte de Cristo. Una característica del orgullo ilusorio y de la falsa ambición espiritual del hombre viejo consiste en querer ser santo fuera de la comunidad visible de los hermanos.

Tras la humildad de esta interioridad se oculta el desprecio por el cuerpo de Cristo, en cuanto comunión visible de los pecadores justificados. Desprecio del cuerpo de Cristo, porque Cristo quiso tomar mi carne de forma visible y llevarla a la cruz; desprecio de la comunión, porque quiero ser santo por mí mismo, sin los hermanos; desprecio de los pecadores, porque me retiro de la forma pecadora de mi Iglesia para refugiarme en una santidad que me elijo a mí mismo. La santificación fuera de la Iglesia visible es una autocanonización. La santificación por el sello del Espíritu santo pone siempre a la Iglesia en una situación de combate. En definitiva, se trata de defender este sello para que no sea roto ni por dentro ni por fuera, para que el mundo no intente convertirse en Iglesia, ni la Iglesia en mundo. La lucha de la Iglesia por el espacio concedido en la tierra al cuerpo de Cristo es lo que constituye su santificación. La guerra santa de la Iglesia en favor del santuario de Dios sobre la tierra pretende separar al mundo de la Iglesia, y a la Iglesia del mundo.

Sólo hay santuario en la Iglesia visible. Pero, este es el segundo punto, precisamente en la separación del mundo, la Iglesia vive en el santuario de Dios y, en ella, existe un fragmento del mundo que vive en este santuario. Por eso, los santos deben actuar en todo de forma digna de su vocación y del Evangelio (Ef 4, 1; Flp 1,27; Col 1, 10; 1 Tes 2, 12); ahora bien, sólo serán dignos recordando cada día el Evangelio del que viven. «Habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados» (1 Cor 6, 11). Su santificación consiste en vivir diariamente de este recuerdo. El mensaje del que deben ser dignos afirma que el mundo y la carne han muerto, que los cristianos están crucificados y muertos con Cristo en la cruz y por el bautismo, que el pecado no puede seguir dominando sobre ellos porque su soberanía ha sido destrozada; consiguientemente, es imposible por completo que el cristiano peque.

«Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado» (l Jn 3, 9). Se ha realizado la ruptura. La vida «pasada» (Ef 4,22) ha terminado. «En otro tiempo fuisteis tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor> (Ef 5, 8). En otro tiempo practicaban «las obras infructuosas de la carne», ahora el Espíritu produce las obras de la santificación. Por consiguiente, ya no se puede llamar «pecadores» a los cristianos, puesto que este término se aplica a hombres que viven bajo el poder del pecado; cf. la única excepción que, por lo demás, es una afirmación concerniente al que pronuncia el término: 1Tim 1, 15); más bien, eran en otro tiempo pecadores, impíos, enemigos (Rom 5,8.19; Ga12, 15.17), pero ahora son santos a causa de

Cristo. En su calidad de santos se les recuerda que deben ser lo que son, y se les exhorta a ello. No se exige algo imposible: que los pecadores sean santos, esto sería recaer en la justificación por las obras y blasfemar de Cristo; los que deben ser santos lo son ya, porque han sido santificados en Cristo Jesús por el Espíritu santo.

La vida de los santos brota de un trasfondo terriblemente negro. Las sombrías obras de la carne son totalmente desveladas por la clara luz de la vida en el Espíritu:

Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes (GaI 5, 19).

Todo esto no tiene ya cabida en la Iglesia de Jesús. Ha sido abolido, juzgado en la cruz, exterminado. Desde el principio se dice a los cristianos que «quienes hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios» (Gal 5, 21; Ef 5, 5; 1 Cor 6, 9; Rom 1,32). Estos pecados separan de la salvación eterna. Sin embargo, si uno de estos vicios llega a manifestarse en la Iglesia, debe provocar la exclusión de la comunidad (l Cor 5, s). En los llamados «catálogos de vicios» es frecuente encontrar una semejanza profunda entre las enumeraciones de los pecados. Casi sin excepción se halla en primer lugar la fornicación incompatible con la nueva vida del cristiano. Sigue, la mayoría de las veces, la codicia (1 Cor 5, 10; 6, 10; Ef 4, 19; 5,3-5; Col 3, 5; 1Tes 4, 4 ss), que puede ser resumida, con la precedente, bajo el término de «impureza», de «idolatría» (l Cor 5, 10; 6, 9; Gal 5, 3.19; Col 3, 5.8). Vienen a continuación los pecados contra el amor fraterno y, por último, los de gula. No es casual que la lista de pecados esté encabezada por la fornicación. No hay que buscar la causa de esto en circunstancias particulares de la época, sino en el género especial de este pecado. En él revive el pecado de Adán, que consistió en querer ser como Dios, en querer ser creador de la vida, en querer reinar y no servir. En él, el hombre traspasa los límites que le han sido impuestos por Dios y atenta contra sus criaturas.

Fue el pecado de Israel, que negó incesantemente la fidelidad de su Señor y se «prostituyó con los ídolos» (l Cor 10, 7), uniéndose a ellos. La fornicación es, ante todo, un pecado contra Dios creador. Mas para el cristiano es especialmente un pecado contra el cuerpo de Cristo, porque el cuerpo del cristiano es miembro de Cristo. Sólo pertenece a Cristo. Ahora bien, la unión física con una prostituta suprime la comunión con Cristo.

(En la siguiente edición continuaremos con la tercera fracción de este Capítulo 5 sobre Los Santos).

Tal como soy

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Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25)

Fue en 1836 que una joven británica hacía preparativos para asistir a un baile a celebrarse en su pueblo. Se llamaba Carlota Elliot, y era de buena preparación y presentación. Salió muy entusiasmada para encomendar a su costurera hacerle el traje de gala para esa ocasión especial.

En el camino la joven se encontró con un señor cristiano, amigo de la familia, y hombre fiel y sincero. Carlota le saludó y le manifestó el propósito de su diligencia. El varón le comentó que tuviera cuidado con la vanidad de la vida.

La joven, muy enojada, le contestó, “esto no es asunto tuyo” y siguió. El baile se realizó. La dinámica Carlota fue una de las jóvenes más alegres y elogiadas. Pero al acostarse, sintió decepción; no estaba cansada, se encontraba vacía. Una espina se hincaba en su mente. Su conciencia le perturbaba.

Ese señor siempre se había mostrado cariñoso, y la manera ruda en que ella le había tratado llenó su pecho de pesar. Ella no quería reconocerlo, pero estaba viendo que él tenía razón. El brillo de este mundo es engañoso y es vanidad.

Al cabo de tres días de reflexión dolorosa. Carlota visitó al amigo. Le dijo “por días he sido la joven más decepcionada, ahora anhelo encontrar la verdad que usted tiene, ¿qué debo hacer?”

Por supuesto, el hombre no perdió el tiempo en perdonar la conducta tan contraria con la que la joven lo había ofendido. Con toda sencillez y cariño, ese señor le dirigió a la fuente de paz. Simplemente entrégate, hija, a Cristo Jesús, el que murió por ti en la cruz, tal como eres. Eso le pareció extraño, ella nunca había entendido que la salvación fuera tan accesible. ¿Tal como soy? Pero soy mala, indigna, ¿cómo puede Dios aceptarme?

Esto es precisamente lo que tú has tenido que reconocer, fue la respuesta del varón, puedes venir a Cristo “tal como eres”. La joven se sintió abrumada al asimilar la verdad sencilla de esas palabras, fue a su habitación, dobló sus rodillas y ofreció a Dios su corazón indigno. Pidió el perdón de su pecado y puso su fe en Jesús. La dama vivió más y más el gozo de la salvación. Pensando en su experiencia, empleó su talento de escritora, y así nació el himno TAL COMO SOY.

CONTEXTO DEL TEXTO

Como nuestro Sumo Sacerdote, Cristo es nuestro abogado, el mediador entre nosotros y Dios. El cuida de nuestros intereses e intercede por nosotros ante Dios. El sumo sacerdote del Antiguo Testamento se presentaba delante de Dios una sola vez al año para interceder por el perdón de los pecados de la nación; Cristo intercede por nosotros, delante de Dios, de modo permanente. La presencia de Cristo en el cielo con el Padre nos asegura que nuestros pecados han sido pagados y perdonados (véase Ro. 8:33,34; He. 2:17,18; 4:15,16; 9:24). Esa maravillosa seguridad nos libra de condenación y del temor a fracasar.

LO QUE ME DICE EL TEXTO

  1. Que Cristo Jesús es nuestro sacerdote quien intercede por nosotros
  2. Que sólo debeos acercarnos y pedirle perdón, y hará la obra maravillosa
  3. Al mismo tiempo que nos ha perdonado, continúa intercediendo por nosotros ya que no basta darnos la salvación, sino que busca que la ejerzamos.

ORACIÓN

Señor, gracias porque sin merecerlo, quienes nos hemos acercado a ti para pedirte perdón de todas las faltas y fallas, nos has perdonado; pero al mismo tiempo, gracias por interceder por nosotros para continuar en el mismo camino. Gracias por aceptarnos tal como somos. Te ruego, Señor, que sigas trabajando con vidas alejadas de ti, vidas decepcionadas, quebradas y casi destruidas, e igualmente por corazones duros y necios, orgullosos y soberbios, muchos de ellos son los que tienen el poder y el dinero y manipulan a la gente, la engañan y destruyen vidas. Ven, Señor Jesús, y manifiesta tu amor y poder en todos nosotros, en el nombre de tu Hijo, Amén.

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El viviente que me ve

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La Biblia narra que cuando Agar huía temerosa de la presencia de Sarai, quien la afligía, el Ángel de Jehová (Jesucristo), le dijo a Agar: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano, porque Jehová ha oído tu aflicción. Entonces Agar llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; y al pozo donde estaba: El Viviente-que-me-ve (Génesis 16:6-14).

Una de las preguntas más trascendentales en la vida de toda persona, es: ¿Qué piensas de Dios?, pues la respuesta definirá en gran parte, las posibilidades de tener una vida abundante y feliz aquí en la Tierra, y una vida que perdure una eternidad.

Hace años el Pastor A.W. Tozer, escribió: Lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios, es lo más importante en nosotros. Y es que la perspectiva y propósito de nuestra vida, nuestros valores, visón, dirección y metas del futuro; nuestras actitudes y conducta, y a final de cuentas, nuestra existencia terrenal y eterna, todo, depende de lo que Dios sea para nosotros. Pero lo importante no es que lleguemos a ser eruditos en cuanto a Dios como concepto (lo cual, por su inmensidad y eternidad, siempre será incompleto), sino que lo conozcamos personalmente, como nuestro Buen Padre Celestial, Señor y Rey.

Todas las religiones no cristianas, se caracterizan o por ser panteístas (que creen que todo es parte de Dios, y Dios se encuentra y es parte de la naturaleza y sus fuerzas; el sol, la luna, el fuego, el aire, la Tierra, y el agua, por ejemplo), o idólatras: que dan honra y adoración a las criaturas (humanos, ángeles, animales, etc.), antes que al Creador y único Dios verdadero; y a ídolos inánimes, sordos, mudos, e impotentes (Ro 1:23-25; Sa 115:4-8).

Solo el cristianismo, adora a un Dios personal, que más que estar esperando sentado a que lo busquemos, y procuremos relacionarnos con Él, Él es el que toma la iniciativa, y en medio de siete mil millones de personas, nos busca individualmente, y nos invita insistentemente, a que tengamos una relación personal con Él.

La Biblia dice: Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y estaré con él, y él conmigo. Y el que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él, porque Yo Jesucristo, y el Padre uno somos (Ap 3:19-20; Jn 14:23 y 10:30).

Así, aunque mi mente finita, no puede concebir en su totalidad la inmensidad de Dios, sí puedo saber por la Biblia, que me ama, que me conoce por nombre, que tiene aún contados los cabellos de mi cabeza, y que tiene un propósito y proyecto para el resto de mi vida, que me hará feliz, me llenará de satisfacciones legítimas, me capacitará para alcanzar mis mejores metas a corto, mediano y largo plazo, y me dará el gozo de disfrutar frecuentemente, del dulce sabor de la victoria, y del suave aroma del éxito a la manera de Dios.

La Biblia enseña que nos conviene abrirle la puerta de nuestro corazón y de nuestra vida a Dios, y relacionarnos así con Él, pues sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que son llamados, y viven conforme a su propósito (Ro 8:28), pues Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca, el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia; ya que misericordioso y clemente es Dios, lento para la ira, y grande en misericordia, y no contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo, pues no hace con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos paga conforme a nuestros pecados.

Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le respetan reverentemente. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Dios de los que le respetan reverentemente, porque Él conoce nuestra condición, se acuerda de que somos polvo, y que los días del humano, son como los de la hierba que florece como la flor del campo; pero que cuando pasa el viento por ella, perece y su lugar no la conocerá más.

Pero ¡Gloria a Dios! Porque su misericordia es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le respetan reverentemente, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra, pues Dios estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos (Sal 103).

El concepto de Dios que a Él más le agrada que tengamos en nuestra mente y corazón, es el del Buen Padre Celestial, que de tal manera amó al mundo pecador, que dio a su Hijo unigénito Jesucristo, para que todo aquel que en Él cree, y le acepta, recibe y confiesa como su Salvador personal, no se pierda, más tenga vida eterna.

El nombre que más usó Jesucristo para referirse a Dios, fue Padre, y la oración modelo que Él nos enseñó, empieza diciendo: Padre nuestro que estas en los cielos. Y el evangelio dice que a todos los que le recibieron, a los que creen en su Nombre, Dios le da el derecho de ser hechos hijos de Dios.

¡Que bendición es saber que por la gracia de Jesucristo, yo puedo ser, vivir, y funcionar en este mundo, como hijo del Buen Padre Celestial, que me conoce por nombre, que me ve, y que paternalmente me protege, guía, y capacita sobrenaturalmente, para sobrevivir en medio de todos los riesgos, peligros, y tribulaciones que me rodean desde que amanece, hasta que vuelve a amanecer, por el solo hecho de ser humano y vivir en este mundo de maldad gobernado temporalmente por el usurpador príncipe de este mundo: Satanás! ¡Que bendición tan grande es poder ser hijo de Dios! y ante las asechanzas del diablo, poder vivir en victoria, en paz, y con la bendita esperanza de que Dios ya lo venció en la cruz, y por lo tanto, sea que nuestro Rey Jesucristo, se tarde un día o mil años más, en regresar a establecer su reino sempiterno por mil años en la Tierra, y por siempre jamás en la gloria celestial, por sus méritos, yo tengo asegurada la vida eterna y una mansión en el cielo, donde cara a cara, podré gozar eternamente, de la presencia y comunión bendita de mi Buen Padre Celestial.

Por eso, la Biblia dice: Esta es la palabra de fe que predicamos: Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor nuestro Dios, y crees, aceptas y recibes en tu corazón al que Dios levantó de los muertos (Jesucristo), serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado (perdonado de tus pecados), pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Biblia dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado, y todo aquel que invocare el nombre del Señor nuestro Dios, Jesucristo, será salvo.

Es mi oración que usted como yo, cuando le pregunten ¿qué piensa de Dios? también tenga la bendita y maravillosa convicción de confesar que para usted, gracias a la gracia de Jesucristo, Dios es su Buen Padre Celestial, y su Salvador personal.

Si usted aún no tiene esta convicción, yo le ruego, como si nuestro Buen Padre Celestial le rogara a través de mí, que repita conmigo ahora mismo, y con corazón sincero ante Dios, esta sencilla oración: Buen Padre Celestial, gracias porque me amas, y porque enviaste a Jesucristo a morir en la cruz del Calvario para pagar por todos mis pecados. Yo reconozco que como todos los demás, soy pecador, y te pido perdón por ello. Hoy te confieso como mi único y suficiente Salvador y te prometo, que con la ayuda de Dios, me esmeraré cada día más, por vivir como Dios manda en la Biblia. Gracias, Buen Padre Celestial, porque de acuerdo a tu promesa, mi nombre está escrito en el libro de la vida eterna, por los méritos de Jesucristo mi bendito Salvador. AMEN.

Si usted hizo esta oración, ¡le felicito! La Biblia dice que hay gozo en el cielo, por su decisión de reconocer a Dios, como su Buen Padre Celestial, y como su Salvador personal. No deje de asistir el próximo domingo a una iglesia cristiana a adorar y alabar a nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo, a escuchar la predicación de su Santa Palabra que es la Biblia, y a tener comunión con Dios, y con sus hermanos en la fe de Jesucristo. Que Dios le siga bendiciendo AMEN.

 

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Pensamientos Episcopales

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Los siguientes comentarios breves no fueron redactados para su publicación en este órgano informativo, sino localizados y rescatados de diferentes comunicados que el Obispo Fernando Fuentes Amador envió mediante las redes sociales a su área episcopal. Es iniciativa de este periódico su publicación, ya que su contenido tiene un valor pastoral aprovechable para todos nosotros.

EL REY DE LOS ESPANTOS

Job 18:14 llama así a la muerte; y es probable en grado sumo, que en la mayoría de las personas experimenten temor, miedo y espanto al pensar en su propia muerte, o en la ajena, sobre todo si es nuestra familia.

Octavio Paz decía: «El mexicano frecuenta la muerte, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor permanente». En una palabra, la desprecia y la venera a la vez, pero al fin de cuentas nos lleva.

El Evangelio de las Buenas Nuevas nos dice: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en si castigo, de donde aquel que teme no a sido perfeccionado en el amor» (1a Juan 4:18). Dios es amor, Jesús es amor, si lo tenemos a él como expresa Juan 14:1-2..No te turbes, ni tengas miedo…crees en Dios, cree también en mí, en la casa de mi Padre muchas moradas hay, voy pues a preparar un lugar para vosotros para que donde yo esté, también vosotros estéis. La muerte para el cristiano nacido de nuevo es ir con nuestro Padre a la moradas que él ha preparado, para estar con él para siempre. Marco Aurelio, el emperador Romano, decía: «La muerte es cambiar de residencia»; así que el rey de los espantos nos hace los mandados.


IGLESIA LA TRINIDAD (de Monterrey, N. L.)

Tu nombre lo dice todo, lo incluye todo, y lo significa todo.

Trinidad es tu nombre, nombre sobre todo nombre; Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.

Revelación majestuosa, actuación eterna -Ayer, hoy y siempre-

Creación, Sustento, Revelación, Redención, Santificación y Glorificación.

Atributos absolutos: Omnipotente, Omnipresente, Omnisapiente.

Te encarnas en nosotros con Santidad, Amor, Misericordia, Aceptación y Perdón.

Trinomio: «Santo, Santo, Santo», toda tu Gloria llena este Santuario.

Tú eres la expresión de: Unidad, Esencia, Sustancia, Totalidad.

Por cuanto el Espíritu del Señor está sobre Ti.

CONTINÚA:

Predicando las buenas nuevas a los pobres,

Sanando a lo quebrantados de corazón,

Pregonando libertad a los cautivos,

Imponiendo las manos sobre los enfermos para que sanen,

Anunciando el año de la buena voluntad del Señor.

Toda autoridad te ha sido dada; por tanto ve y predica el evangelio a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,

Enséñales todas las cosas que Jesucristo te ha mandado.

Pero sobre todo: Ama al Señor con todo tu corazón,

Con toda tu alma,

Con todo tu cuerpo y

Ama a tu prójimo como a ti mismo.

 

QUE UNO MAYOR QUE EL TEMPO ESTÁ AQUÍ Y ESTE ES JESUCRISTO, QUIEN ES EL SEÑOR.

En el 120° Aniversario de su consagración, y 50 años de su remodelación.

23 de Noviembre de 2015, Año del Señor. Monterrey, Nuevo León, México.

Obispo: Fernando Fuentes Amador


ECCLESIOLA IN ECCLESIA

Las reuniones pueden dividirse en dos categorías según mi apreciación, aunque algunos utilizan otra nomenclatura: De información y mantenimiento; de relación y formación. La primera sólo lleva el propósito como se expresa, de recibir información, ampliar nuestro acervo doctrinal sobre cualquier tema de la Biblia, nuestro conocimiento, y la idea es sólo mantener al grupo, como una forma de consolidar la iglesia o el sistema que lo implementó. La segunda no lleva un énfasis en el conocimiento, en la información, en los datos, en la exégesis, en la geografía, en los idiomas, etc., aunque las incluye; no es el «focus» o el enfoque; el énfasis es la persona y su relación con Dios y su prójimo en la vida diaria, en la praxis; Wesley hacía una serie de preguntas en los grupos que tenía: Las preguntas directas de los grupos eran:

  1. ¿Oraste y leíste las Sagradas Escrituras durante esta semana?
  2. ¿Practicaste el ayuno como te lo habías propuesto?
  3. ¿Estás pasando por alguna prueba?
  4. ¿Estás pasando por alguna necesidad?
  5. ¿A qué tentaciones estuviste expuesto durante esta semana?
  6. ¿En cuáles pecados caíste?
  7. ¿Tuviste oportunidad de ayudar a tu hermano y amarlo como dice la Escritura?
  8. ¿Fuiste a la iglesia y tomaste la cena del Señor?

Para el, los Grupos de Crecimiento eran UN MEDIO DE GRACIA, era la comunión de los santos, era cuidar la santidad de la vida en cada persona; en sus reuniones la importancia no estaba en el ritual y la liturgia, en los himnos o en la comida que se iba a dar, para él era ALGO MUY PERSONAL, así como es nuestra relación con Dios. Vivimos en un mundo donde estamos solos, y no queremos que nadie se meta con nosotros y nuestros asuntos, hacemos de la vida todo de manera impersonal, independiente, egoístamente. Para Wesley no había experiencia de vida cristiana si no era a través de la relación y la transformación de la vida. Hoy más que nunca necesitamos ecclesiola in ecclesia. La iglesia pequeña dentro de la iglesia como sustento y fundamento del cariño y delicado cuidado pastoral.


HOMBRES Y MUJERES CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS

Siempre me pregunté, cuando Dios dice en 1° de Samuel 13:14 que se buscará un varón conforme a su corazón, exactamente a qué se refiere. Al leer el libro de los Hechos capítulo 13 versículos 22 y 36, al predicar Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia encontramos una -a mi parecer- revelación de lo que es esta expresión. Primero dice en el verso 22: «…varón conforme a mi corazón, QUIEN HARÁ TODO LO QUE YO QUIERO». Tener un corazón con la forma de Dios es esto: OBEDIENCIA absoluta a Dios, ejecutar el deseo de Dios, en su totalidad, no poner objeción. La desobediencia fue el primer pecado, la obediencia es lo primero que Dios quiere restaurar en mí y en ti.

Segundo, en el verso 36 «Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la VOLUNTAD DE DIOS….» Servir, obrar, hacer, hablar, pensar CONFORME A SU VOLUNTAD PERFECTA, no es conforme a mi entendimiento, es en la INTELIGENCIA ESPIRITUAL, no en la natural, no en la carnal, en la dimensión más alta, ¿y cuál es su voluntad? Pues es nuestra Santificación.

Tercero y último, en Hechos 15:17, en el concilio se vuelve a hablar de David, y se expresa que se reedificará el tabernáculo de David, y aclara, «para que el resto de los hombres busque al Señor». No hay duda de que David era un hombre mortal, pecador como nosotros, pero tenía una gran sensibilidad para ADORAR, buscar al Señor, la cercanía con él (19) lo convertía, y nos convierte, a él; (20) le apartaba y nos aparta de las contaminaciones, y rompe con nuestros ídolos e idolatría. Dios quiere levantar en este tiempo hombres CONFORME A SU CORAZÓN. ¿Quién dice YO?


DIOS NOS ENTREGA A NUESTRO ENAMORAMIENTO Y PASIÓN

Releyendo en mi tiempo devocional al profeta Ezequiel, en el capítulo 23, verso 9, dice de esta manera: «Por lo cual, la entregué en mano de sus amantes, en mano de los hijos de los asirios, de quienes se había enamorado». Proféticamente habla de Samaria y Jerusalén. Aquí el punto, el principio, es que Dios le dice y nos dice: TEN CUIDADO DE AQUELLO DE LO QUE TE ENAMORAS, DE LO QUE TE APASIONA, porque puedes terminar en los brazos, para bien o para mal, de aquello que pesa e inclina tu corazón. “porque donde esté tu tesoro, ahí estará tu corazón”. Es decir, es en lo que más vas a invertir tiempo, dinero, esfuerzo, atención, etc.

Jesús estableció: «Toma tu cruz y niégate a ti mismo». El tomar la cruz y el negarte es desarraigar la pasión, los deseos insanos, tu yo humano y carnal; todo lo que te ata, sea persona, cosa, actividad; hay que ser indiferentes, no tener apego a las cosas y a las actividades, debemos desarraigar los temores internos, impulsos y adhesiones que pueden controlar decisiones y acciones. Ningún pecado, quebranto, debilidad o mal hábito tiene o tendría poder sobre nosotros si no lo anheláramos o lo deseáramos y tuviere raíces dentro de nosotros -Por eso la Escritura dice: De su propia concupiscencia peca, hierra- Es por eso la insistencia, SÓLO debemos ENAMORARNOS Y APASIONARNOS de Jesucristo, nuestras rodillas se deben doblar ante él, y nuestra lengua debe confesarle, si es así, él nos ENTREGARÁ a esta PASIÓN Y ENAMORAMIENTO, es decir, a él mismo.

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Invitación: Concierto de Navidad

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Llamado a la oración y la empatía

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La siguiente carta fue difundida por las redes sociales por la Hna. Luly Borunda de Irigoyen. Ella es cristiana de Las Asambleas de Dios, hermana de uno de nuestros laicos activos, líder metodista en la Ciudad de Chihuahua, predicador laico de la CANCEN.

La angustiante pero esperanzadora historia del pequeño nieto de la Hna. Luly, de nombre Mateo, fue publicada en El Evangelista Mexicano, en su edición del 15 de noviembre de 2014. Para nuestros lectores que no pudieron leer dicha historia, la agregamos al final de la carta presente, con el fin de contextualizar los últimos datos sobre esta narración de sufrimiento y triunfo. La carta fue escrita luego de que la Hna. Luly había donado un riñón para su nieto, trasplante que lamentablemente no tuvo éxito


 

Saludos, amados:

Con todo mi afecto y un agradecimiento muy grande por el apoyo brindado en esta lucha que hasta el día de hoy entablamos con cada adversidad que se opone para preservar la vida y aun alcanzar la salud de nuestro amado niño.

Es verdad que nuestro caminar ha sido largo, duro y difícil, que nuestras lágrimas, pero especialmente las de Mateo, son el trago más amargo, porque unidas a sus suplicas para que lo dejen en paz, para que le den agua y alimento en los largos períodos de ayuno previos a las cirugías, y al miedo a los múltiples procedimientos desconocidos para él, han sido heridas profundas en nuestros corazones, pero seguimos creyendo en la esperanza de que Dios enjugará toda lágrima y sanará cada herida, ningún dolor es eterno, ni Dios prolonga aun sus juicios más de lo debido, por eso confiamos en que un día esto pasará, y mientras tanto, podemos dar testimonio de que aun en el desierto, la risa no ha escaseado y nunca ha sido menos que las lágrimas, que si bien ha habido días oscuros como los más recientes, también hemos tenido los más luminosos; nuestro corazón no tiene amargura, y la boca de nuestro niño aun en las circunstancias más duras, no sólo conserva su risa, sino su ingenio e inteligencia con la que nos lleva a pasear con las reflexiones infantiles más sencillas pero muy profundas, arrancándonos el asombro, las sonrisas y la risa, no otorgándonos permiso para estacionarnos en las lágrimas y mucho menos en la queja y los lamentos.

Tenemos muchas preguntas, nos hacemos conjeturas, no sé si tantas como ustedes, pero hay por lo menos dos conclusiones importantes a las que hemos llegado. Sabíamos que había riesgos, como siempre los hay, en cada cirugía; con los peligros aparentemente calculados y aunque las posibilidades de fracaso disminuían, sin embargo nuestro pequeño “salmón”, quien desde que nació ha nadado contra la corriente, hoy de nuevo tuvo que nadar contracorriente y lo hace con tanta hombría y gallardía que uno no puede sino avergonzarse frente a nuestros propios desafíos que acobardados nos negamos a enfrentar o aun olvidando el consejo del Apóstol Pablo buscamos llegar a la meta por atajos que nos eviten el sacrificio y el dolor que representa correr de manera legítima.

Hay quienes se cuestionan si vale la pena la inversión de tantos recursos de todo tipo por alcanzar una mejor calidad de vida para Mateo, y puedo contestar con toda certeza que sí, porque aun siendo pocas sus posibilidades, el amor cristiano nunca podrá no ser ejercido sin la esperanza que ilusiona y la fe que cree que es posible, virtudes que el mismo Padre inspira en nosotros, como le inspiraron a Él para invertir lo más grande y valioso que tenía, su único Hijo, con el fin de ofrecer salvación para toda la humanidad, aun cuando las evidencias muestran que la mayor parte de esta humanidad lo sigue rechazando, aun así Él sigue insistiendo, y es que el amor no puede desistir de alcanzar el bien anhelado, cuando en realidad es un bien lo que amamos… el amor nunca deja de ser.

Este pequeño me dio (a la que escribe) la oportunidad de experimentar en vida, la mejor experiencia que una persona puede tener, donar una parte de uno mismo en la esperanza de dar vida, esto no es cualquier cosa, es un privilegio tan selecto y grande que no se le concede a cualquiera, el estándar exigido es alto, no puedes dar cualquier cosa, debes dar lo mejor y poder obtenerlo y ofrecerlo te enriquece profundamente, como si al talarte retoñaras de ti misma, diferente, más fuerte.

Hoy esperamos superar una nueva adversidad desde la Ciudad de Aguascalientes a donde nos trasladamos a partir el 5 de noviembre para continuar los tratamientos necesarios para Mateo, fue en este lugar donde a Mateo se le sometió por tercera vez a cirugía para retirar el riñón que su cuerpo rechazó; y es que nunca lo humano parece ser compatible con lo angelical. Muchas cosas han pasado desde entonces, y una de las más importantes es lo que hoy enfrentamos, pues debido a cirugías tan cercanas una de otra, su catéter de diálisis se tapó y hoy se le practicará un procedimiento endoscópico con el fin de destapar el catéter, y si esto no fuera posible, será necesario retirarlo y colocar uno nuevo; esperamos como siempre la misericordia y la providencia de Dios en todo esto.

De nuevo agradezco sus oraciones, ofrendas, mensajes y todo aquello a través de lo cual nos bendicen, Dios abunde para ustedes como han abundado para nosotros. Sentir su cercanía a través del cariño, el apoyo en oración, y las ofrendas que nos brindan, nos dan la certeza de que Dios a través de Su Iglesia nos rodea de cuidados y amor. Si has orado un día por Mateo, o a diario, lo agradecemos infinitamente, porque en algún momento Dios llevó nuestra lucha hasta tu corazón y conmovido (a) ofreciste tu ruego a Dios por nosotros, ese es un privilegio muy grande: saber que muchas voluntades se han unido para lograr que alcancemos la dicha del milagro para Mateo nos hace sentir una dicha, responsabilidad y honor inmensos y vuelvo a preguntar como tantas veces: ¿Qué deseas de mí, Señor? ¿Qué deseas de nosotros? En tu grandioso plan ha estado cada momento, pero principalmente cada persona unida a esta lucha, pero no alcanzo en mi limitada visión a ver la trascendencia de todo esto que nos has permitido vivir, aunque empiezo a comprender el mensaje del Apóstol Pablo a la iglesia de Corinto:

Como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, más he aquí vivimos; como castigados, más no muertos; como entristecidos, más siempre gozosos; como pobres, más enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, más poseyéndolo todo” (2 Corintios 6:9,10).

Luly Borunda de Irigoyen

lulybo2000@yahoo.com


Historia publicada en la edición de El Evangelista Mexicano del 15 de noviembre de 2014:

POR EL SUFRIMIENTO HACIA EL TRIUNFO

Parece una arrogancia pretender poner en unas letras la exponencial obra misericordiosa de Dios en nuestras vidas, sin embargo este es el recurso que tengo para hacerlo, a plena conciencia que nunca podrán mis palabras abarcar su grandeza y su amor.

La tarde que recibimos una pequeñita caja de regalo con un diminuto calcetín de apenas 5 cm. o algo así, como una señal de la agradable noticia de que íbamos a ser abuelos, que mi hija mayor que recién se había casado hacía unos meses ahora esperaba su primer bebé, fue como llegar a una de las máximas metas de la vida: contemplar la bendición de tu linaje extendido a tus generaciones, soñar con las enseñanzas más triviales y más profundas que darás a ese pequeñito o pequeñita, recopilar textos bíblicos e himnos que comenzarás a compartirle aún desde el vientre de su mamá.

Fue un embarazo tranquilo y aparentemente sin complicaciones, por lo menos al ojo humano del médico que atendió a nuestra hija, apenas dos semanas aproximadamente a su fecha de parto. Se ordenó nuevamente un estudio más de imagen, sólo como protocolo para preparación a recibir a nuestro amado nieto, sin embargo las cosas no se veían muy bien, y se sugirió realizar una cesárea lo antes posible, ya que el bebé se encontraba sin líquido amniótico. Se realizó la cesárea, y aparentemente Mateo se encontraba bien, supuestamente no había afectaciones, y por lo mismo, no se le realizaron estudios que ahora sabemos debieron habérsele practicado al nacer bajo las condiciones que traía.

Dios nos permitió disfrutar a nuestro pequeñito, y también estar un poco preocupados por su falta de incremento de peso que se atribuyó a una alergia hacia la leche, aun a la materna. Sin embargo, su retraso en el desarrollo seguía siendo preocupante, y comenzamos insistentemente a consultar médicos para encontrar la respuesta a esto, poniendo en las manos de Dios cada nueva consulta que realizábamos. Finalmente las respuestas comenzaron a aparecer, lamentablemente cuando los riñones de Mateo ya se habían dañado, pues él había nacido con una deformación en su sistema urinario, un doble sistema colector, que por alguna extraña razón ningún médico observó sino hasta los 7 meses de vida, cuando el reflujo urinario ya había causado insuficiencia renal severa.

El dolor frente a una noticia así, es algo tan profundo que aún a pesar de haber vivido otras tragedias, éste no tenía comparación, había demasiadas preguntas sin respuesta, ¿Por qué este bebé inocente? ¿Por qué no se dieron cuenta a tiempo? Para colmo, nos encontramos con que el error de una empleada había dejado sin seguro de gastos médicos para Mateo al momento de nacer, haciendo éste efectivo a partir de los 6 meses de edad, lo cual nos dejó sin cobertura, ya que al ser una enfermedad prexistente, los gastos derivados de la enfermedad y sus posteriores complicaciones no podrían ser cubiertos. Una vez confirmado el diagnóstico comenzamos a buscar la atención idónea para Mateo. En nuestra ciudad ni siquiera existía un pediatra urólogo, aunque, gracias a Dios, sí encontramos un nefrólogo pediatra, quien fue orientándonos en nuestro inicial peregrinar. Conocimos varios médicos en varias ciudades, y no faltó el codicioso que aprovechando nuestro dolor nos asegurara que él podía solucionar todo con una costosa cirugía que debía realizarse urgentemente. Ahora sabemos que una operación no habría resuelto el problema, pero en su momento es terrible la presión que médicos sin escrúpulos y sin vocación de servicio hacen sobre las familias en crisis.

A pesar de lo duro que fue emprender el camino que Dios había preparado en el desierto, nuestro desierto, Él fue disponiendo la provisión oportuna: puso en nuestro camino médicos con una gran calidad humana, y que desde su área de influencia colaboraron para que Mateo fuera atendido en el Centro Médico de Especialidades Siglo XXI, en la Unidad de Pediatría. A los 8 meses tuvo su primera cirugía para drenar sus riñones, con la esperanza de que esto sirviera para reactivar su función renal, y a partir de allí ha tenido 7 cirugías más, tres de ellas relacionadas con su inicio de diálisis peritoneal, atención que debió comenzar poco antes de cumplir los 2 años de edad, al presentarse una notable disminución de su función renal. Cada noche Mateo debe permanecer conectado a una máquina que realiza un procedimiento de limpieza de toxinas que cualquier persona elimina de forma cotidiana a través de su orina, su mamá es la persona capacitada y encargada de realizar esta conexión de la máquina al catéter que porta el niño en su área abdominal, esto debe hacerse en área estéril y con procedimientos de asepsia similares a un procedimiento quirúrgico.

Obviamente, esto condiciona en mucho los estilos tradicionales de vida, sobre todo de un joven matrimonio que inicia los desafíos comunes de la vida familiar, y que ahora se ven aumentados por los constantes viajes, el tiempo requerido para atender adecuadamente a Mateo, los recursos económicos requeridos y el desafío diario de cuidar de un niño que inmunológicamente es más vulnerable, logrando desarrollar en él fortaleza emocional y espiritual para enfrentar estas circunstancias que se vieron agravadas por la presencia de la osteodistrofia renal, un padecimiento derivado que debilita sus huesos al reducir la asimilación de calcio en su sangre, y deformando sus huesos especialmente de su cadera y extremidades, y formando tumores en sus glándulas paratiroides, lo que produjo que Mateo tuviera un pronóstico desalentador en cuanto a poder caminar.

Ha sido en medio de todo este panorama tan desalentador que la Gracia de Dios se ha magnificado, justo como Él lo promete a través de las palabras expresadas al apóstol Pablo, cuando le indica que su poder se perfecciona en nuestras debilidades, justo donde nada podemos hacer, justo donde la capacidad humana se agota, es allí donde el Poder de Dios se perfecciona y se magnifica; y es entre lágrimas, es desde el suelo, desde la humillación, apelando sólo a su misericordia donde esto ocurre.

Hoy Mateo no sólo camina, aun corre, salta, juega fútbol y beisbol; sus piernas siguen estando con deformidad, y el calcio sigue siendo un suplemento necesario para él diariamente, porque a pesar de haber tenido una cirugía en el mes de marzo de 2014, en las glándulas paratiroides, con el fin de solucionar este problema, hasta hoy la cirugía no ha tenido éxito… la glándula implantada para sustituir la función de las glándulas que se habían llenado de tumores, no ha comenzado a funcionar, y, dado las constantes hospitalizaciones que Mateo estuvo presentando, fue dado de baja en el CRIT y suspendidas todo tipo de terapias físicas aun en casa, para lograr que subiera de peso al no consumir demasiada energía. Sin embargo, Dios había dispuesto otro escenario para él y para nosotros: en el mes de abril comenzó a insistir en ponerse de pie, y dar algunos pasos, así que para mayo ya caminaba, algo torpe y lento, pero además aumentó de peso.

Fue en este mes que viajamos a México para realizarle el trasplante tan necesario Sin embargo, ocurrieron muchas situaciones con las que Dios determinó que no… Fue extraño, no sabemos por qué Dios detuvo este trasplante donde Mateo recibiría el riñón de su abuela materna; (la que escribe esta historia) todo parecía en orden, con una alta compatibilidad, sin embargo, Dios dijo NO, y en obediencia a Él regresamos a nuestro hogar, con nuestra familia, disfrutando cada día que Dios nos permite orar, cantar, reír, gozar con Mateo. Hemos aprendido, o por lo menos lo intentamos, a vivir como Él nos enseña, sólo un día a la vez. No pretendemos ya más respuestas, sólo tener la humildad para caminar en Su soberana voluntad. Aún esperamos su dirección en relación al trasplante y a todo en nuestra vida.

Muchos aprendizajes se desprenden de la aflicción, y aún habrá varias experiencias que sólo se aprenderán mirando la vida pasar desde el suelo, cuando miras a tu alrededor y parece que quienes te rodean son felices y sólo tú pareces no serlo, debes volver a la Palabra y entender que tu tragedia y tu alegría proceden del mismo Señor y Dios, tal como Job lo afirma: “¿Recibiré del Señor el bien y el mal rechazaré?” Y sabemos que es Él mismo quien prepara el desierto a donde nos trae, donde nos recibe y donde nos habla con ternura, donde nos devuelve nuestras viñas, y convierte el Valle de la Desgracia en el Paso de la Esperanza, como anuncia el profeta Oseas al afligido pueblo de Israel. Por cierto, tuvimos que rentar un lugar donde pasar estas temporadas en la Ciudad de México, y Dios dispuso para nosotros un pequeño departamento que “casualmente” se ubica en la calle que se llama literalmente ESPERANZA.

Quisiera terminar este capítulo que no alcanza a narrar toda nuestra experiencia, puesto que hay tantos favores de Dios, tantas gracias recibidas, como el amor y la generosidad de la familia, los hermanos y amigos que nos sostienen en oración, nos brindan su ofrenda generosa en forma material, económica y aun donando su sangre para nuestro niño, que falta tiempo para detallar; termino entonces con una de las más grandes enseñanzas que he recibido de esta experiencia: Estando afuera del hospital donde Mateo pasaba por una muy difícil recuperación de una de sus cirugías, miraba jugar a unos niños indígenas que lucían bastante descuidados mientras su madre se ocupaba de otros menesteres, sus rasgos de pobreza eran evidentes, sin embargo ellos reían y gritaban alegres con unas mejillas gordas y saludables, tanto que al verlos sentí envidia, y volví a preguntar al Señor: ¿Por qué a Mateo? ¿Por qué este niño, al que cuidamos y atendimos “adecuadamente” desde el vientre de su madre? ¿Por qué madres que descuidan a sus hijos, y algunas hasta se alcoholizan o se drogan, tienen niños sanos y nosotros no? Y el Señor me respondió contundentemente: ¿Qué más quieres que les sea quitado a éstos desposeídos para que tú creas que tu Dios es justo?

¡Sí! mi Dios es justo, y “aunque Él me matare, en Él esperaré…” Y mientras lo hago, procuro ver a mi alrededor, ya no para envidiar, sino para solidarizarme con el que sufre aún más que yo… ¡Hay tantos!

Luly Borunda de Irigoyen

Programa de Navidad de El Mesías, Toluca.

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