Editorial
Puebla, Pue., 29 de Noviembre de 2012
Número 53
Período de Adviento,
período de preparación
EL ADVIENTO Y HANUKKAH
Hanukkah, también llamada la “fiesta de las luces”, vendría siendo la navidad judía. Es celebrada por el pueblo judío durante ocho días seguidos. Este año comienza el día 7 de diciembre y encenderán cada noche una nueva vela en el candelabro de nueve brazos.
Esta festividad se lleva a cabo durante ocho días seguidos y recuerda el triunfo de los macabeos sobre los helenos y la recuperación del Templo Sagrado de Jerusalén. También se rememora el milagro del candelabro, que ardió durante ocho días seguidos con una mínima cantidad de aceite.
Nosotros los cristianos, en estos días, celebramos la Navidad, recordando el nacimiento de Cristo. Y recordando que Dios es con nosotros, quien vino al mundo nuestro a rescatarnos y crear el milagro de la vida en cada corazón sin esperanza y sin fe.
Por ello, hemos de preguntarnos este domingo: ¿Tiene algo que decir el adviento cristiano a los hombres y mujeres de hoy, cuando la navidad puede convertirse otra vez en una actividad comercial?
¿Qué sentido y signo, pueden conservar los cristianos/metodistas, en un tiempo como este, cuando se olvida a Dios y se aferran los humanos a las cosas temporales?
Recordemos que Dios vino en Cristo porque nos ama y no quiere vernos perdidos.
Eso lo que recordamos en el adviento: Estar atentos en reconocer a Dios viniendo a nosotros.
Artículos
Carlos Martínez García
Tiempo de leer
Leer y vivir no se excluyen, se conjugan para ser una bendición.
18 DE NOVIEMBRE DE 2012.- Lo ha dicho bien Fernando Savater, “lo que pasa es que por leer no pagan y por escribir sí; entonces, he tenido que dedicarme a escribir; pero lo que me gusta es leer”. De la misma manera, si por mí fuera buena parte del tiempo me la pasaría leyendo y escribiría menos de lo que escribo para ganarme la vida.
Por estos días estoy revisando las pruebas de imprenta de dos libros que redacté en los meses pasados. Creo que ambos alcanzarán la luz pública en los primeros meses del año próximo.
Escribir uno de los volúmenes fue posible gracias al apoyo económico de una persona que gestionó los fondos en un organismo que preside. Me refiero al libro que lleva por título Manuel Aguas: de sacerdote católico a precursor del protestantismo en México, 1868-1871. Fue muy considerable el tiempo invertido en leer cuidadosamente la prensa de la época. Debí leer, en jornadas fascinantes, publicaciones periódicas en las que localicé datos esenciales sobre el personaje y el contexto en el cual desarrolló su ministerio.
El otro libro de mi autoría es sobre un colportor, James Thomson: un escocés distribuidor de la Biblia en México, 1827-1830 (segunda edición, corregida y aumentada). La nueva versión ha sido enriquecida con más datos y, sobre todo, con la inclusión de la polémica periodística que tuvo lugar en distintas publicaciones de la época. En sus apéndices el libro reproduce artículos en contra y en pro de la distribución de materiales bíblicos a la que con fervor se entregó Diego Thomson. Esos artículos son de 1827, y su lectura es muy aleccionadora sobre el clima intelectual prevaleciente en el México de entonces.
La escritura de los dos libros, más la redacción de artículos semanales para ser publicados en México y España, junto con la preparación de conferencias, cursos y predicaciones, limitaron bastante la lectura por placer. No es que leer para investigar sobre las temáticas acerca de las que uno debe escribir no sea placentero, sí lo es, sino lo que deseo expresar es que uno debe circunscribirse a la lectura de materiales sobre los tópicos a desarrollar y dejar de lado libros y ensayos que no se relacionan directamente con los temas que uno está investigando .
Lo anterior es casi una tortura para un lector caótico como soy yo. Me gusta leer sobre asuntos diversos, épocas disímiles y una amplia gama de autores y autoras. A lo largo del año se fueron apilando libros para ser leídos una vez cumplidos los compromisos de escritura.
En este 2012 solamente me resta por escribir los artículos de las próximas semanas para La Jornada, Protestante Digital y dos ensayos para sendas revistas. Lo demás será leer libros antes vistos con resignación, por no poder dedicarme a ellos a causa de tener que escribir. Y no es que escribir para mí sea un pesar, tampoco es angustiante, pero con gusto pasaría más tiempo leyendo que frente a la pantalla y el teclado de la computadora/ordenador.
De aquí al fin de año mi lista de lectura incluye Teaching that Tranforms. Why Anabaptis-Mennonite Education Matters , de John D. Roth; Una historia de amor y oscuridad , de Amos Oz; Una historia de la lectura , de Alberto Manguel (es la segunda ocasión que vuelvo a este hermoso libro); De lo divino y de lo humano. Las pasiones en la Biblia, de César Vidal; Antología de la crónica latinoamericana actual , compilada por Darío Jaramillo Agudelo; Crónicas ibéricas. Tras los pasos de George Borrow, vendedor de Biblias en el siglo XIX , de David Fernández de Castro (este libro me lo regaló Samuel Escobar en CLADE V); El Dios de los desposeídos: poder, pobreza y Reino de Dios , de Jayakumar Christian; John Kenneth Turner, el periodista de México , de Eugenia Meyer. Además vuelvo, como cada temporada, a releer los cuentos navideños de Charles Dickens y O’ Henry, de la misma manera que releo La Navidad en las montañas, de Ignacio Manuel Altamirano. Por primera vez voy a leer un libro que pude obtener con grandes dificultades, no por su precio, que fue cómodo, sino porque está agotado y solamente fue posible adquirirlo en una librería que tenía un ejemplar abandonado: Presente de Navidad, cuentos mexicanos del siglo XIX .
Mis lecturas bíblicas las estoy haciendo con la C. S. Lewis Bible, una Biblia cuyo texto es el de la New Revised Standard Version. Incluye comentarios extraídos de obras del reconocido autor de Las Crónicas de Narnia. Procuro cada año hacer mis devocionales y estudios con una traducción distinta de la Biblia, aunque para preparar predicaciones hago uso de tres o cuatro versiones para desmenuzar el texto a compartir.
La lectura es una forma de conversar con otros, de dialogar con personas a las que puedo acceder por medio de signos impresos en papel, o mediante caracteres en una pantalla. Confieso que soy lector que se haya mejor entre libros que puedo palpar, sentir la textura del papel, aspirar el aroma que desprenden las páginas al pasar de una a otra. Tengo un lector electrónico y recurro a él cuando la única forma de conseguir algún libro es en su forma cibernética. Pero siempre mi primera elección es el libro en su formato clásico, soy ciudadano de la era de Gutenberg.
Leer libros no puede ser, no debe ser, sustituto de la vida ni una actividad preferible a la compañía de la familia y los amigos. La lectura nos abre horizontes, coadyuva a sopesar nuestra existencia y nos equipa con implementos para desbrozar lo cotidiano. Encontrarme un tiempo a solas con el libro elegido, saborear las ideas e imágenes que el recorrido de mis ojos descifra en sus líneas (tarea hermenéutica que involucra a todo el ser), es un lindo regalo que inflama mi vida. Pero ésta, la vida, es un don maravilloso para disfrutar en comunidad.
Leer y vivir no se excluyen, se conjugan para ser una bendición.
©Protestante Digital 2012
¡Qué pena! Perdieron el tren
25/11/2012, Juan María Tellería
Opinión. Protestantedigital
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. (Mateo 5, 16 RVR60)
De verdad, nos entristece un artículo como este que estamos iniciando. Y lo hace porque viene a reflejar un problema que la Iglesia arrastra desde hace siglos: su (al menos aparente) incapacidad para estar a la altura de los cambios y las demandas sociales, y su (también al menos aparente) condición de institución retrógrada y sin demasiado sentido en el mundo contemporáneo, al sentir de muchos conciudadanos nuestros.
Leíamos hace días con alegría —y con esperanza— cómo la Iglesia de Inglaterra (The Church of England) se reunía en solemne asamblea nacional para decidir por votación si las mujeres podían alcanzar la dignidad episcopal, propia de esta denominación y de todas las que componen la Comunión Anglicana. Hasta un rotativo como “El País” se hacía eco de tal noticia, dado que un evento de estas características supondría un avance extraordinario en el reconocimiento de la idoneidad de las mujeres, como seres humanos que son, para los sagrados ministerios, y una buena lección práctica para instituciones, organismos religiosos y denominaciones que se oponen tenazmente a ello.
El jarro de agua fría no tardó en llegar. Quienes votaron a favor de esta trascendental innovación no alcanzaron el porcentaje mínimo requerido para su victoria. De modo que en la Iglesia de Inglaterra las mujeres no podrán optar a la dignidad episcopal durante un cierto número de años, hasta que de nuevo se vuelva a plantear la cuestión en el momento y el lugar adecuados y, eventualmente, se dé la coyuntura de una votación favorable con el porcentaje necesario. Lo extraño de esta curiosa situación es que en la actualidad la Iglesia de Inglaterra presenta un importante número de mujeres ordenadas al sagrado ministerio que ejercen de pastoras o vicarias en algunas parroquias (personalmente, no nos agrada demasiado leer en ciertos medios de comunicación que se las designe como “sacerdotisas”, debido a los resabios paganos de este término), y que otras iglesias de la Comunión Anglicana ya cuentan con mujeres consagradas a la dignidad episcopal.
En definitiva, una de las muchas contradicciones internas de la Iglesia, no la de Inglaterra en particular, sino de todas y cada una de las denominaciones que componen en cristianismo actual, sin descartar aquella a la que pertenecemos quien escribe estas líneas y todos los que las leen.
Sin entrar a valorar los argumentos o contraargumentos que se hayan podido esgrimir en la Iglesia inglesa a favor o en contra de que las mujeres alcancen la dignidad episcopal, que es finalmente una cuestión que solo ellos podrán decidir cuando llegue el momento, lo cierto es que la Iglesia de Cristo aparece demasiadas veces en nuestro mundo occidental como algo caduco y contrario a la realidad, vale decir, incapaz de responder a las preguntas y satisfacer las necesidades del entramado social. Nos guste reconocerlo o no. Y ello se debe, creemos, a que en el día de hoy se halla aún atada —o tal vez mejor, maniatada— por una falsa autoconcepción. Son muchos los creyentes cristianos, especialmente en los ámbitos evangélicos, que se entienden a sí mismos, y por ende al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, como “depositarios de la verdad absoluta” frente a otros sistemas religiosos o filosóficos eminentemente falsos, o ante el “mundo”, entendido como terreno acotado del diablo y sus huestes, contra el cual deben mantener la pureza doctrinal y una estricta definición de los dogmas a riesgo de lo que fuere. No faltan quienes, en otros campos eclesiásticos, conciben la Iglesia como una institución sacrosanta, garantía del orden social establecido, y a la cual deben someterse, implícita o explícitamente, las demás instancias humanas, sin excluir las más altas. Por no mencionar a quienes ven en la Iglesia principalmente la salvaguardia de la moral y las buenas costumbres. Tales enfoques minan desde la base el sentido del discipulado cristiano, lo que da su razón de ser a la Iglesia como tal.
Jesús lo entendía perfectamente. El conjunto de los creyentes, y cada uno de ellos de forma individual, está puesto por Dios en este mundo para ser luz, para que esa luz se plasme en hechos consumados y para que los hombres den gloria al Señor por ello. Pocas veces vemos a Jesús en los evangelios enfrascado en cuestiones puramente doctrinales o dogmáticas; y desde luego, la moral que él predica y difunde no es precisamente lo que nuestra cultura occidental suele entender en líneas generales por tal. Dicho de forma más clara, la intención de Jesús al fundar la Iglesia no era la de constituir una fortaleza inexpugnable de la verdad contra el error doctrinal en todas sus formas, ni tampoco una institución auxiliar de o auxiliada por el Estado. Y por supuesto, estaba muy lejos del pensamiento de Cristo la organización o el establecimiento de una sociedad que únicamente tuviera como fin el mantenimiento o la enseñanza de unas buenas costumbres. De sobras sabía que, dado lo endeble de la naturaleza humana, todas estas cosas, que en sí mismas pueden parecer muy loables, a la larga o a la corta suelen terminar mal. Como precisamente ha terminado la Iglesia en países como el nuestro, o en Inglaterra, o en tantos otros de nuestro mundo occidental, es decir, siendo ajena a su propia realidad fundacional.
Una iglesia que no se proponga ser luz para con los hombres por medio de hechos consumados, está perdida. De nada sirve alzar la Biblia cada domingo en los púlpitos y proclamar que es la única Palabra de Dios revelada a la humanidad, si no somos capaces de ir más allá de una letra que en el mejor de los casos tiene unos 2.000 años de historia, y entender su espíritu, su meollo, su núcleo, aquello que constituye su mensaje central e imperecedero, por encima de las épocas, las costumbres y los prejuicios de cada sociedad humana. Poco valor puede tener una estricta moral predicada a fuerza de sermones si después, de forma completamente inmoral, se cierra la puerta a los sagrados ministerios a la mitad del género humano solo porque es de sexo distinto. Hoy nos horrorizamos al leer, y es un hecho constatado, que hasta hace no demasiado tiempo la Iglesia universal no condenaba abiertamente la esclavitud o la trata de negros africanos o poblaciones de otros continentes para beneficio de las naciones “cristianas” de Occidente y sus vastos imperios coloniales, algo angustiosamente cierto. Y no se puede decir que tal problema fuera propio solo de las grandes denominaciones o las iglesias nacionales. Por eso nos preguntamos: ¿no se horrorizarán igual nuestros descendientes espirituales de dentro de un siglo o dos, o quizá más, cuando lean que en el año 2012 la Iglesia de Inglaterra vetó el acceso de las mujeres a la dignidad episcopal solo por el hecho de serlo? ¿No se escandalizarán de que en pleno siglo XXI haya más cristianos obsesionados por cuestiones de supuesta pureza sexual que por asuntos de orden laboral, desahucios a familias económicamente deprimidas, o la explotación de las clases más desfavorecidas? ¿No se rasgarán las vestiduras, y con razón? ¿No estarán tentados, como humanos que serán, a emitir sobre nosotros un juicio devastador y considerarnos unos hipócritas, simple y llanamente?
Es una lástima que la Iglesia haya perdido el tren de la sociedad tantas veces a lo largo de su historia, o que simplemente haya llegado tarde y de no muy buena forma, casi agarrada al vagón de cola y sin billete, como aquel que dice.
Jesús sigue hablando a través de palabras como las que encabezan nuestra reflexión para recordarnos que hemos de ser luz, ni más ni menos; una luz que alumbre, naturalmente, que incite a los demás a dar gloria a Dios a partir de unos hechos concretos.
Sinceramente, esperamos de corazón que la Iglesia de Inglaterra pueda solucionar esta contradictoria situación en la que hoy vive en su próximo Sínodo Nacional. Que pueda subirse a tiempo en el siguiente tren. Sería trágico que no lo hiciera. Y esperamos de igual manera que las demás iglesias que hoy se llaman cristianas actúen de igual forma en este y en otros asuntos que requieren su atención, su comprensión y su ayuda en nuestro mundo contemporáneo.
Pidamos de todo corazón a nuestro Señor que haya siempre otro tren a una hora más tardía.
Inaugurado el día de la Biblia
La Biblia es todo un monumento en Bariloche, Argentina
Con el texto de Números 6:24-27 de la versión Reina-Valera, la figura da la bienvenida a quienes llegan a esta conocida ciudad turística.
14 DE NOVIEMBRE DE 2012, ARGENTINA.- Con el apoyo de la Sociedad Bíblica Argentina, la Asociación de Pastores Evangélicos de Bariloche ha podido realizar un Monumento a La Biblia en su ciudad.
Está situado a la entrada de Bariloche, en una pequeña plazoleta ubicada frente a la Estación de trenes y a la Terminal de Autobuses. La localidad de San Carlos de Bariloche en el sur argentino, está ubicada en una de las regiones turísticas más importante de Argentina.
La figura, que representa una Biblia abierta, fue realizada por un artesano local. En su interior puede leerse el texto “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. (Números 6:24-27)
La Sociedad Bíblica Argentina apoya con entusiasmo la iniciativa de llevar la Palabra de Dios en distintos ámbitos públicos y de diferentes formas e iniciativas, en cada una de las ciudades del país.
INAUGURADO EL DÍA DE LA BIBLIA
La inauguración del monumento coincidió con la conmemoración del Día de La Biblia que se celebra en muchos países del mundo cada 26 de septiembre.
“Es un viejo anhelo de toda la comunidad evangélica cristiana de Bariloche que hoy podemos concretar. Se trata de una escultura que tiene un gran valor simbólico para nuestra ciudad”, destacó el presidente de la Asociación de pastores, Hugo Spitzmaul.
“Con este pequeño pero significativo monumento queremos expresar nuestro anhelo de que Dios traiga su paz y bendición a cada uno de los habitantes de Bariloche”, concluyó el pastor Spitzmaul.
Fuentes: LaBibliaWebcomEditado por: Protestante Digital 2012
La recepción del Vaticano II en Brasil y en América Latina
Leonardo Boff, 16-Noviembre-2012
Estamos celebrando los 50 años del Concilio Vaticano II (1962-1965). Él supuso una ruptura del rumbo que la Iglesia Católica venía siguiendo desde hacía siglos. Era una Iglesia, fortaleza sitiada, que estaba a la defensiva de todo lo que venía del mundo moderno, de la ciencia, de la técnica y de las conquistas civilizatorias como la democracia, los derechos humanos y la separación entre Iglesia y Estado.
Pero vino una bocanada de aire fresco de la mano un papa anciano del que no se esperaba nada: Juan XXIII (†1963). Él abrió las puertas y las ventanas de la Iglesia. Dijo: ella no puede ser un museo respetable, tiene que ser la casa de todos, aireada y agradable para vivir.
Ante todo, el Concilio representó, en expresión acuñada por el mismo Juan XXIII, un aggiornamento, es decir, una actualización y una reconstrucción de la manera de entenderse a sí misma y su forma de presencia en el mundo.
Más que enumerar los principales elementos introducidos por el Concilio, nos interesa ver cómo ese aggiornamento fue recogido y traducido por la Iglesia latinoamericana y por Brasil. A este proceso se le llama recepción y consiste una relectura y una aplicación de las intuiciones conciliares en el contexto latinoamericano, muy diferente del europeo en el cual se elaboraron todos los documentos. Señalaremos solamente algunos puntos esenciales.
El primero fue sin duda el gran cambio de la atmósfera eclesial: antes del Concilio predominaba la «gran disciplina», la uniformización romana y el aire sombrío y anticuado de la vida eclesial. Las Iglesias de América Latina, de África y de Asia eran Iglesias-espejo de la romana. Y de pronto empezaron a sentirse Iglesias-fuente. Podían inculturizarse y crear lenguajes nuevos. Se irradiaba entusiasmo y ánimo para crear.
En segundo lugar, en América Latina se dio una redefinición del lugar social de la Iglesia. El Vaticano II fue un Concilio universal, pero según la perspectiva de los países centrales y ricos. Ahí se definió la Iglesia dentro del mundo moderno. Pero existía un sub-mundo de pobreza y de opresión que fue captado por la Iglesia latinoamericana. Ésta debía desplazarse del centro humano hacia las periferias sub-humanas. Si en ellas hay opresión, su misión debía ser de liberación. La inspiración vino de las palabras del Papa Juan XXIII: “la Iglesia es de todos pero quiere ser principalmente Iglesia de los pobres”.
Este cambio se tradujo en las distintas conferencias episcopales latinoamericanas desde Medellín (1968) hasta Aparecida (2007) por la opción solidaria y preferencial por los pobres, contra la pobreza. Opción que se transformó en la marca registrada de la Iglesia latinoamericana y de la teología de la liberación.
En tercer lugar está la concretización de la Iglesia como Pueblo de Dios. El Vaticano II colocó esta categoría por delante de la de la Jerarquía. Para la Iglesia latinoamericana Pueblo de Dios no es una metáfora; la gran mayoría del pueblo es cristiano y católico, por tanto es Pueblo de Dios, gimiendo bajo la opresión como antiguamente en Egipto. De ahí nace la dimensión de liberación que la Iglesia asume oficialmente en todos los documentos desde Medellín (1968) hasta Aparecida (2007). Esta visión de la Iglesia-pueblo-de-Dios hizo posible el surgimiento de las Comunidades Eclesiales de Base y de las pastorales sociales.
En cuarto lugar, el Concilio entendió la Palabra de Dios contenida en la Biblia como el alma de la vida eclesial. Esto se tradujo en la lectura popular de la Biblia y en los miles y miles de círculos bíblicos. En ellos los cristianos comparan la página de la vida con la página de la Biblia y sacan conclusiones prácticas en una línea de comunión, de participación y de liberación.
En quinto lugar, el Concilio se abrió a los derechos humanos. En América Latina fueron traducidos como derechos a partir de los pobres y por eso, en primer lugar, derecho a la vida, al trabajo, a la salud y a la educación. A partir de aquí se entienden los demás derechos, el de movilidad, entre otros.
En sexto lugar, el Concilio acogió el ecumenismo entre las Iglesias cristianas. En América Latina el ecumenismo no se enfoca tanto a la convergencia en las doctrinas sino a la convergencia en las prácticas: todas las Iglesias juntas se empeñan en la liberación de los oprimidos. Es un ecumenismo de misión.
Por último, estableció el diálogo con las religiones viendo en ellas la presencia del Espíritu que llega antes que el misionero, debiendo por eso ser respetadas con sus valores.
Finalmente, hay que reconocer que América Latina fue el continente donde más en serio se tomó el Vaticano II y donde produjo mayores transformaciones, proyectando la Iglesia de los pobres como desafío para la Iglesia universal y para todas las conciencias humanitarias.
[Traducción de MJG]
Análisis elecciones EEUU
Obama ganó en la mayoría de grupos de votantes de cada confesión
Obama ora en un acto público
El demócrata consiguió el apoyo del 43% de los protestantes, del 50% de los católicos y del 69% de los judíos.
12 DE NOVIEMBRE DE 2012, WASHINGTON D.C. (EEUU).- Pasados los primeros siete días después de la victoria electoral de Barack Obama, es tiempo de analizar algunas claves de las elecciones estadounidenses que no destacaron a primera vista. Entre los ciudadanos que votaron (un 52%) se pueden ver diferencias claras según factores como el género, la etnia y la religión.
Una de las conclusiones tras ver el mapa electoral final es que se confirma lo que muchos intuían: EEUU está partido en dos. Las zonas rojas (pro-republicanos y conservadores) y las azules (pro-demócratas y progresistas) se han consolidado y dejan poco lugar a los matices. Ante esta realidad, Obama recordaba en su discurso al final de su noche triunfal su antigua idea de que no existen diversos tipos de América, “sino sólo los estados unidos de América”.
De entre todos los datos pormenorizados se puede ver que los jóvenes son el grupo social más decisivo electoralmente en estos momentos. Entre los menores de 30 años, un 62% se decantaron por Obama. En las zonas urbanas el demócrata también fue el claro favorito: un 70% de los votantes de grandes ciudades le votaron.
Otro voto que se decantó por el presidente reelecto fue el de las mujeres, por el que ambos aspirantes lucharon hasta el final. El caso fue especialmente claro entre las mujeres solteras, que apoyaron a Obama con un 68% de sus votos.
SEGÚN COMUNIDADES ÉTNICAS
Los afroamericanos, pese a ser uno de los sectores de la población que más sufre la crisis, se identificaron con Obama con un aplastante 93%, pero incluso los asiáticos (74%) y los hispanos le apoyaron en masa.
Este último grupo, el de los latinos, era especialmente importante, porque son la minoría étnica de más grande el país. No hubo emoción al final, y se decantó por Obama el 69% de esta comunidad. Los líderes evangélicos latinos, a diferencia de otros, habían expresado abiertamente que ninguno de los candidatos recibiría su apoyo. Lo que sí han pedido una vez pasadas las elecciones, es que el presidente reelecto renuncie a contraponer las políticas del burro y del elefante (las mascotas que representan, respectivamente, a demócratas y republicanos), para centrarse en las del “cordero».
MAYORÍA DEMÓCRATA ENTRE CATÓLICOS Y JUDÍOS
Especialmente interesante es ver también el voto de los estadounidenses analizando su confesión de fe. Según datos que ofrece el Pew Research Centre (un centro de estudios sociológicos sobre la religión), los judíos habrían mantenido su voto tradicional hacia la izquierda, con un 69% de apoyo a Obama. Aun así, este grupo religioso es el que más apoyo ha retirado al presidente, teniendo en cuenta que en 2008 votaron al demócrata un 80% de los ciudadanos de esta comunidad.
Si el resultado hubiera dependido exclusivamente de los católicos, que tenían en ambos vice-presidenciables un afín espiritualmente hablando (el republicano Ryan y el demócrata Biden), se habría llegado a un empate técnico. El 50% se decidió por Obama, frente a un 47% que dio su confianza a Romney. Si bajamos un eslabón más y nos centramos sólo en los católicos hispanos, el resultado es menos ambiguo: 3 de cada 4 apoyaron a Obama.
Sorprendentemente, el estudio no recogió datos entre votantes musulmanes.
DIFERENCIAS INTERNAS ENTRE LOS PROTESTANTES
Por su parte, los protestantes forman parte de los pocos grupos sociales que dieron su apoyo mayoritario a Romney. El republicano convenció al 56% de los ciudadanos que se consideran protestantes. Es algo más de los que consiguió John McCain en 2008 pero menos que George W. Bush en su segunda victoria.
Una parte significativa de los protestantes podría haber priorizado valores como la atención al desfavorecido o la redistribución de la riqueza en momentos de crisis a la hora de escoger su candidato, por delante de otros temas importantes como el modelo de familia o la oposición al aborto. Un enfoque que se habría dado más entre los protestantes que residen en las ciudades.
Si nos fijamos en el voto estrictamente evangélico, los datos de Pew apuntan a dos grupos radicalmente diferentes. Mientras que los evangélicos blancos se decidieron en un 79% por Romney, los evangélicos negros lo hicieron en un 95% por Obama.
En todos estos datos también influyó, finalmente, el hecho de que Romney no es sólo un creyente mormón sino un líder espiritual de esta religión. Muchos evangélicos dudaron ante este hecho, pese a que el candidato parecía haberse ganado el apoyo de algunos líderes evangélicos influyentes, como Billy Graham o John MacArthur.
¿Y LOS PROPIOS MORMONES?
Un último dato interesante es el voto de los ciudadanos mormones, que han visto como la campaña política de los últimos meses les ha puesto en el centro de atención. Los seguidores de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días son una minoría religiosa que no llega al 2% de la población. Dentro de esta limitada capacidad de influencia, las estadísticas muestran que un 78% votaron por Romney. Un buen dato, pero aún inferior, curiosamente, al apoyo que George W. Bush obtuvo hace ocho años entre los seguidores mormones: un 80%.
Barack Obama y Mitt Romney grabaron durante la campaña electoral sendos anuncios enfatizando su propia espiritualidad. Obama hablaba de la necesidad de tener “valores claros a la hora de tomar decisiones” en este vídeo en el que defiende la libertad religiosa en el mundo y habla de un EEUU plural en lo religioso.
La campaña de Romney lanzó un anuncio en el que presentaba al candidato republicano como defensor de las libertades religiosas , frente a un Obama “que hace la guerra contra la religión”. En el vídeo, el candidato republicano apelaba directamente a los católicos.
Autores: Joel Forster Editado por: Protestante Digital 2012
Conoce tu Biblia
HNO. GAMALIEL HERNANDEZ LOERA
Rut escogió un nuevo Dios
RUT 1:16-17
La historia de Rut está muy ligada a la historia de Noemí, pero parece que por sus decisiones, y por su conducta, la vida de Rut tiene más brillo que la vida de Noemí. Nada sabemos de la infancia de Rut; sabemos de ella hasta que nos damos cuenta que estuvo casada con un hijo de Noemí llamado Mahlón. En una de las leyendas acerca de ella, se dice que cuando era niña iba a ser ofrecida al dios Quemos, pero que el día de su sacrificio le brotaron unas manchas en el cuerpo, y eso la hizo inaceptable al ídolo. Si algo hay de cierto en esa leyenda, podemos ver que Dios ya la tenía en mente para que fuera parte muy especial de su pueblo Israel
El nombre de Rut ha sido muy popular dentro del mundo cristiano, ya que las decisiones que hizo fueron muy importantes, y le trajeron a ella mucha bendición, pero a la vez ella fue mucha bendición para la gente que le estaba rodeando. Su nombre siendo de origen moabita, significa amistad, o amiga, o belleza. Y ella desarrolló una amistad, como muy pocas veces se conoció, aun en las mismas páginas de la Biblia. El Dr. Lockyer en su libro “All the Women of the Bible” dice que por mucho tiempo el nombre de Rut ocupó, en Estados Unidos, el número siete en preferencia, para las niñas recién nacidas.
Rut estuvo casada con el hijo de Noemí llamado Mahlón, y lo curioso de este nombre es que significa enfermizo, así que haciendo honor a su nombre, murió a una edad muy temprana. No nos dice la Biblia cuántos años haya durado ese romance, pero lo que sí dice la Biblia es que toda la historia de Noemí, en los Campos de Moab, fue de diez años; así que ese matrimonio tuvo que ser menos de diez años. Pero en esas culturas el que una mujer se quedara viuda era toda una desgracia, pues no tenían derechos de trabajar para sostenerse, así que muchas de ellas terminaban pidiendo limosna, o casándose de nuevo, aunque fueran las segundas mujeres de algún varón que tuviera suficiente para vivir.
Cuando leemos con cuidado el pasaje bíblico de esta lección, nos damos cuenta de seis decisiones muy importantes, y sabias, que hizo Rut, dirigiéndose a su ex suegra Noemí:
Primera decisión: A dondequiera que tú fueres, iré yo.
Podríamos decir que Rut estaba escogiendo el camino de Dios. Ella sabía perfectamente bien la forma de conducta que Noemí tenía. Ella sabía muy bien que Noemí no iría a lugares de perdición o de vicio. Noemí era una mujer trabajadora, e iría a Belén en donde sí podía trabajar. Al menos recogiendo espigas. Si ese era el destino de Noemí, Rut quería compartirlo con ella. Y si al pasar la línea de Moab a Israel Noemí era ridiculizada, o despreciada, Rut estaría allí con ella. No importaba a dónde fuera a establecerse Noemí, Rut quería ser parte de esa nueva forma de vida, y de ese lugar al cual su ex suegra llamaba su hogar, su tierra, o la tierra de sus padres.
Segunda decisión: Dondequiera que vivieres viviré.
De seguro que Rut había visto la forma de vivir de Noemí. A ella le gustó esa forma de vivir. Hay un gran diferencia entre lo que decimos y lo que hacemos. La influencia que Noemí había dejado en la vida de Rut había sido tal, que quería vivir con ella para el resto de su vida.
Tercera decisión: Tu pueblo será mi pueblo.
La forma de vivir del pueblo de Israel era muy diferente al pueblo de Moab. El gobierno, la forma de conducirse en la vida diaria; las leyes de alimentación y de vivienda, el cuidado de los animales, estaba en parte explicado en el libro de Levítico 11. Era un tipo de vida muy diferente al tipo de vida que había conocido Rut desde su niñez. Rut sabía eso, y aun así hace la decisión de tomar al pueblo de Israel como su pueblo.
Cuarta decisión: Tu Dios será mi Dios. Tomó como suya la religión de Noemí.
Rut, que creemos que haya sido una joven sencilla de Moab, conocía la religión de Quemos, pues era el ídolo nacional. Aunque había otros ídolos, Quemos era el principal, y era adorado como los mexicanos adoran a la Virgen de Guadalupe, o los argentinos a la Virgen de Luján. Hay indicios que nos hacen creer que este ídolo era adorado con sacrificios humanos, especialmente con niños inocentes, a quienes sus padres ofrecían al ídolo, como ofrenda especial.
Quinta decisión: Donde tú murieres moriré yo.
¿Cómo sepultaban los israelitas a sus muertos? No podemos decirlo fácilmente, pues no hay un manual que nos lo diga, pero podemos ver cómo fue sepultada Sara, y cómo fue sepultado Jacob, para tener una idea de algunos casos especiales. Pero los muertos eran sepultados con todo respeto, haciendo luto por la muerte de ellos. Eso quería Rut que pasara a ella al morir.
Sexta decisión: Donde tú seas sepultada, allí quiero ser sepultada.
Siendo Moab un pueblo con costumbres corruptas, sin duda no tenían mucho respeto por la sepultura de sus muertos. Rut había visto la forma como Noemí sepultó primero a su esposo, y después a sus dos hijos. Esto impactó la vida de Rut para hacer las decisiones mencionadas.
Fue a través del trabajo de Rut como se ganó la admiración de las vecinas, y la posibilidad de casarse con un pariente de Noemí. Cuando este pariente dijo públicamente que no podía casarse con Rut porque dañaría su heredad, ya había otro pariente de Noemí quien estaba totalmente enamorado de esta joven viuda, y quien hizo todo lo posible por conseguir su deseo, este era Booz, un hombre trabajador, y de negocios, quien ante diez testigos varones de la ciudad de Belén, y delante de todo el pueblo, les dijo lo siguiente: vosotros sois testigos hoy, de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón. Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois testigos hoy. Con esto Rut principiaba una nueva vida, y entraba a formar parte de la línea del Mesías, Jesucristo.
CUESTIONARIO:
1.- La vida de Rut está muy ligada a la vida de _________________ pero parece que por sus decisiones Rut tiene más brillo en su vida que _________________
2.- El nombre de Rut significa ___________________ o ___________________ y por muchos años ocupó el ___________ en popularidad para las niñas recién nacidas.
3.- Rut estuvo casada con un hijo de Noemí llamado ________________ pero es interesante saber que el nombre del esposo de Rut quiere decir _____________
4.- No sabemos cuánto tiempo estuvo Rut casada con Mahlón, pero tuvo que ser menos de __________________, porque la aventura de Noemí en Moab fue de ______________
5.- Rut hizo seis decisiones en relación a Noemí, y la primera de ellas dice _______________________________________________________________
6.- La influencia que Noemí había dejado en la vida de Rut, había sido tal que _______________________________________________________________
7.- La forma de vida de la gente de Moab, era muy diferente a la forma de vida de la gente de Israel, los israelitas tenían mucho de esto explicado en ___________
8.- La única religión que Rut conocía, en su pueblo, era la adoración a ______________ tan popular en Moab como la Virgen de Luján en ___________
9.- Fue a través del _______________________________ de Rut que se ganó la admiración de _________________________ y la posibilidad de casarse con un pariente de Noemí.
10.- El primer pariente de Noemí que podría casarse con Rut dijo que no podía hacerlo por temor a _________________________________________________
11.- Booz habló a ______ testigos, para ante de ellos comprometerse con ___________
Disciplina de la IMM
Continuamos con la publicación, en seis partes, de la Disciplina de nuestra Iglesia.
Es nuestro deseo que la Disciplina tenga una más amplia difusión entre el pueblo metodista. Usted puede leerla, imprimirla, o recordar que en la Sección de “Números anteriores”, a partir del número 49, y hasta el número 56 de El Evangelista Mexicano, puede consultarla en cualquier tiempo, vía internet.
Esta presentación abarca los artículos 293 al 662. De un click:
discp.SECCIÓN TERCERA arts 293-662
Doctrina
Artículos de religión
Artículo XX
De la única oblación de Cristo consumada en la cruz
“La oblación de Cristo hecha una vez, es aquella perfecta redención, propiciación por todos los pecados de todo el mundo, lo mismo el pecado original que los pecados personales; y no hay ninguna otra satisfacción por el pecado sino esa solamente. Por tanto es fábula blasfema y engaño peligroso el sacrificio de la misa, en la cual se dice comúnmente que el sacerdote ofrece a Cristo por los vivos y los muertos, para que alcancen remisión de pena o de culpa”.
Comentario:
Al leer nuevamente este artículo de fe, descubro una profunda importancia de la diferencia doctrinal ente la Iglesia Metodista y la Iglesia Católica. Quizá esta sea la respuesta a las preguntas que me han hecho muchas personas: ¿por qué ustedes son Pastores y no sacerdotes?, ¿por qué no tienen misa? Fácil sería contestar.
Pruebas bíblicas:
Hechos 4.12, Romanos 6.9-10, Hebreos 9.28, 10.14, 10.26, I Pedro 2.24
Oblación:
f. (Lat. Oblatio). Ofrenda hecha a Dios o a sus ministros: la oblación de una víctima. (Dicc. Pequeño Larousse).
Himnología
Noche de paz, noche de amor
(Stille Nacht, heilige Nacht) es un conocido villancico compuesto originalmente en alemán por el sacerdote austriaco Joseph Mohr y el maestro de escuela y organista Franz Xaver Gruber. En la actualidad, la melodía difiere levemente de la original de Gruber, particularmente en las notas finales.
Fue interpretado por primera vez el 24 de diciembre de 1818 en la iglesia de San Nicolás (Nikolaus-Kirche) de Oberndorf, Austria. La letra había sido compuesta en 1816 por Mohr en Mariapfarr, pero en la víspera de Navidad se la llevó a Gruber y le pidió que le hiciera una composición musical y un acompañamiento en guitarra para el servicio de la Iglesia.[1]
Sobre la composición de la obra hay diferentes versiones. Se le atribuye a Franz Xaver Gruber, pues el mismo Gruber no mencionó los hechos que la inspiraron. De acuerdo a la Sociedad Noche de Paz de Austria, una de las suposiciones es que el órgano de la Iglesia quedó inutilizable y Mohr pidió a Gruber que compusiera una canción que el coro pudiera cantar acompañado solo por la guitarra. El historiador Renate Ebeling-Winkler dice que la primera mención del órgano averiado apareció en un libro publicado en Estados Unidos en 1909.
Lo histórico es que en esa primera ocasión, la canción se escuchó acompañada efectivamente sólo por la guitarra e interpretada por Mohr. Otros historiadores creen que lo que Mohr quería simplemente era un nuevo villancico para interpretar con su guitarra. Al respecto, la misma Sociedad Noche de Paz dice que existen «muchas historias románticas y leyendas» que se han ido creando alrededor de la historia de la canción.
La difusión del villancico fuera del ámbito restringido de aquella población parece que comenzó en 1833 gracias a un organista de Fügen en el Zillertal (Austria), de nombre Maurach. Cuando en ese año interpretó junto a otros músicos melodías tirolesas en Leipzig, esta canción fue la que atrajo el interés del público.
La Nilolaus-Kirche fue demolida a principios del siglo XX debido a una inundación que la dañó, y el centro del poblado fue reubicado en un lugar más seguro río arriba con una nueva edificación cercana al nuevo puente. Se edificó una capilla con el nombre de «Stille-Nacht-Gedächtniskapelle» (Capilla Memorial Noche de Paz) en homenaje a la antigua iglesia demolida y cerca del actual museo, que atrae turistas de todo el mundo, especialmente en el mes de diciembre.
El manuscrito original se perdió, pero en 1995 se descubrió un manuscrito original de Mohr y que los analistas dataron hacia el año 1820. Es por medio de ese documento que se descubrió que Mohr compuso la canción en 1816 cuando fue asignado a un peregrinaje a la iglesia de Mariapfarr. También testimonia el documento que el compositor de la melodía es en efecto Gruber y que este la compuso en 1818. Se trata, pues, del más antiguo manuscrito que se tiene sobre la historia de la canción y el único que contiene la letra de Mohr. La composición musical de Gruber tiene influencias de la tradición musical de su región y la melodía guarda relación con aspectos del folclore musical austriaco.
Otra versión popular dice que el villancico, interpretado una vez, fue olvidado pronto hasta que un reparador de órganos lo encontró en 1825 y lo revivió. Sin embargo, Gruber publicó diversos arreglos de este a través de su vida, además del manuscrito encontrado de Mohr de 1820 y que se conserva en el Museo Carolino Augusteum de Salzburgo.
Se presume que el villancico ha sido traducido a más de 300 idiomas en todo el mundo y que es el más popular de todos los tiempos. La cifra puede ser superior, si se tiene en cuenta la acción de misioneros cristianos en los cinco continentes que lo han traducido a innumerables idiomas gracias a la facilidad de su interpretación, su brevedad y que puede ser cantado sin acompañamiento instrumental. Aunque el villancico fue escrito por católicos, ha tenido también un especial significado para la Iglesia Luterana.
La canción fue cantada simultáneamente en inglés y en alemán durante la Tregua de Navidad de 1914,[2] al ser el único villancico conocido por los soldados de ambos frentes.
Fue exitosamente grabada por más de 300 artistas y muy particularmente célebre en versiones de Enya, Stevie Nicks, Bing Crosby y Mahalia Jackson, así como en las instrumentales de Mannheim Steamroller. Existen también versiones muy apreciadas de corales en todo el mundo, entre ellos el célebre coro de los Niños Cantores de Viena.
En 1943 la exiliada austriaca Hertha Pauli escribió el libro «Noche de Paz». Se trata de la historia de una canción en la cual ella explica a los niños estadounidenses el origen del villancico. El libro fue ilustrado por Fritz Kredel y publicado por Alfred a. Knopf.
En 1988 se hizo un documental para televisión que se llamó «Silent Mouse» (Noche de Ratón), en el cual se cuenta la historia del villancico desde el punto de vista de un ratón. La voz narrante es la de Lynn Redgrave, y Gregor Fisher es uno de los personajes principales. En 1993 aparece una versión latinoamericana interpretada en español por Marco T. , muy similar a la de Elvis Presley grabada en 1957. En 2011 el grupo italiano Il Volo, formado por los jóvenes Ignazio Boschetto, Piero Barone y Gianluca Ginoble, interpretó esta canción en inglés y en alemán acompañados por los niños cantores del Coro de la Capilla Musical Pontificia Sixtina.
Hacer Clik en el enlace para ver video:
Noche de Paz en Alemán por ILVolo
Noche de Paz en Ingles por IL Volo
Noche de Paz en Italiano por IL Volo via Facebook
Letra original en alemán 1860 (Autograph VII) por Franz Xaver Gruber
Stille Nacht! Heilige Nacht!
Alles schläft; einsam wacht
Nur das traute heilige Paar.
Holder Knab im lockigten Haar,
Schlafe in himmlischer Ruh!
Schlafe in himmlischer Ruh!
Stille Nacht! Heilige Nacht!
Gottes Sohn! O wie lacht
Lieb´ aus deinem göttlichen Mund,
Da schlägt uns die rettende Stund,
Jesus in deiner Geburt!
Jesus in deiner Geburt!
Stille Nacht! Heilige Nacht!
Die der Welt Heil gebracht,
Aus des Himmels goldenen Höhn
Uns der Gnaden Fülle läßt seh´n
Jesum in Menschengestalt,
Jesum in Menschengestalt
Stille Nacht! Heilige Nacht!
Wo sich heut alle Macht
Väterlicher Liebe ergoß
Und als Bruder huldvoll umschloß
Jesus die Völker der Welt,
Jesus die Völker der Welt.
Stille Nacht! Heilige Nacht!
Lange schon uns bedacht,
Als der Herr vom Grimme befreit,
In der Väter urgrauer Zeit
Aller Welt Schonung verhieß,
Aller Welt Schonung verhieß.
Stille Nacht! Heilige Nacht!
Hirten erst kundgemacht
Durch den Engel Alleluja.
Tönt es laut bei Ferne und Nah:
Jesus, der Retter ist da!
Jesus, der Retter ist da!
La versión alemana moderna tiene algunas diferencias menores y solo se cantan, usualmente, la primera, segunda y sexta estrofas
Historia
Aprovechando la publicación en este número de EEM, del sermón número 53 del señor John Wesley, a raíz de la muerte de su amigo y hermano George Whitefield, acudimos a la página de wikipedia para conocer algunos datos acerca de la vida de bendiciones que Dios otorgó a este gran cristiano que colaboró ampliamente con Wesley hasta que se separó y trabajó en la Iglesia Presbiteriana.
La Redacción del EEM
George Whitefield
George Whitefield (1714 – 1770), ministro de la Iglesia de Inglaterra, fue un dirigente destacado del movimiento metodista. Llegó a ser muy conocido por su entusiasta predicación en las colonias americanas del Imperio Británico, destacándose claramente como el principal dirigente del primer movimiento evangélico en el nuevo mundo, denominado Primer Gran Despertar, una sucesión espontánea de «avivamientos» cristianos protestantes en las colonias angloamericanas. Algunos historiadores le han llegado a denominar «la primera celebridad moderna», por su reconocimiento entre las clases populares.
Primeros años
Nació el 16 de diciembre de 1714 en Bell Inn (Gloucester), Inglaterra, y murió en Newburyport (Massachusetts), EE.UU. el 30 de septiembre de 1770. George Whitefield fue el hijo de una mujer viuda que administraba una posada en Gloucester. A una edad temprana, descubrió que tenía pasión y talento para la actuación y el teatro, habilidad que desarrollaría posteriormente realizando representaciones teatrales de algunas historias bíblicas durante sus sermones. Se educó en el Crypt School de Gloucester y en el Pembroke College de Oxford. Como Whitefield provenía de una familia muy pobre y carecía de los medios económicos para pagar su matrícula, entró a Oxford como un «servitor» (la categoría más baja entre los estudiantes de esa casa de estudios), es decir que, a cambio de su matrícula, fue asignado como asistente de un cierto número de estudiantes de más alta categoría social. Sus deberes incluían despertar a estos jóvenes por la mañana, sacar lustre a sus zapatos, cargar sus libros y hasta redactar sus trabajos académicos (courseworks). Sin embargo, Whitefield también tuvo tiempo para formar parte del «Holy Club» de la Universidad de Oxford, junto a los hermanos John Wesley y Charles Wesley. Su genuina piedad cristiana (fruto de una experiencia de «conversión» que lo impulsó no solo a restituir los pequeños robos cometidos durante su adolescencia, sino que también a visitar a enfermos y presos, a disciplinar su vida y a estudiar con devoción las Sagradas Escrituras) llevó al Obispo de Gloucester a ordenarlo al ministerio antes de cumplir la edad canónica.
Primeras predicaciones
Whitefield predicó su primer sermón a los 21 años de edad, al domingo siguiente de su ordenación, en la Crypt Church de su ciudad natal, al respecto el propio George señaló: Unos pocos se burlaron, pero la mayoría de ellos estaba chocada, y escuche una queja que se le formulo al obispo diciendo que volví loco a 15 personas en el primer sermón. Los oficiales de la iglesia dijeron que esperaban que la locura no fuera olvidada al domingo siguiente, luego, en 1738, partió rumbo a América para ser ministro en Savannah (Georgia). Regresó al Reino Unido un año más tarde, reiniciando sus actividades evangelísticas, pero tuvo que predicar al aire libre cuando las iglesias establecidas rechazaron admitir su vehemente oratoria, que atraía a multitudes incontrolables.
El movimiento metodista adquirió vida en el Reino Unido gracias a la predicación de Whitefield, fue él quien atrajo multitudes a sus sociedades, y fue durante sus predicaciones que millares experimentaron la «conversión», y fueron estos «convertidos» los que comenzaron a «trastornar» el reino.
División en el movimiento metodista
Whitefield tuvo entonces un desacuerdo con los hermanos Wesley debido a la doctrina de la predestinación. En 1739, John Wesley se declaró abiertamente arminiano y predicó un sermón contra la doctrina de la predestinación, Whitefield era partidario del calvinismo, sin embargo, como debía partir rumbo a las colonias americanas, acordó no discutir el asunto y dejar a John Wesley como dirigente del movimiento en el Reino Unido. Pero el debate siguió adelante, los calvinistas y los arminianos dividieron aguas en el movimiento metodista británico, y Wesley apoyó a los segundos. Algunos de los seguidores del calvinismo de Whitefield se unieron en la «Countess of Huntingdon’s Connexion» (La «Conexión Metodista» puede ser un grupo de iglesias en comunión), extendiendo una forma calvinista de metodismo en Gales y otras regiones. Whitefield se transformó posteriormente en capellán de esta Conexión.
Sus numerosos viajes
La «Old South Presbyterian Church» en Newburyport (Massachusetts) fue construida para el uso de Whitefield, y antes de morir, el evangelista solicitó ser enterrado bajo el púlpito de esta iglesia, su tumba permanece allí hasta hoy. En una época cuando cruzar el Atlántico era una aventura larga y peligrosa, él visitó América en siete oportunidades, completando 13 travesías transatlánticas en total. Algunos autores estiman que a través de su vida, Whitefield habría predicado más de 18.000 sermones formales y, si los informales también son incluidos, el número podría elevarse a más de 30.000. Además de su trabajo en la América anglosajona e Inglaterra, él hizo 15 viajes a Escocia (el más famoso de ellos en torno al “Preaching Braes” de Cambuslang, de 1742), dos a Irlanda, y uno a las Bermudas, a Gibraltar, y a los Países Bajos.
Whitefield y la esclavitud
En 1738, Whitefield predicó durante una serie de avivamientos en el estado de Georgia, en tales circunstancias estableció el «Bethesda Orphanage» (Orfanato Betesda), que aún existe. En Georgia regía originalmente una prohibición para la esclavitud, no obstante, en 1749 se produjo un movimiento que propuso introducirla, y Whitefield apoyó tal proyecto, más aún, él mismo adquirió esclavos que trabajaron en el orfanato, y éstos fueron legados posteriormente a la «Countess of Huntingdon’s Connexion» cuando él murió.
Su predicación
Como su contemporáneo y conocido, Jonathan Edwards, Whitefield predicó con la teología calvinista de trasfondo. Fue reconocido por su voz de gran alcance (algunos escritos hablan de audiencias de hasta 80.000 personas) y su capacidad de apelar a las emociones de la muchedumbre. A diferencia de la mayoría de los predicadores de su tiempo, él hablaba espontáneamente, sin leer necesariamente sus notas para el sermón. Es difícil precisar dónde residía el secreto del éxito de su predicación, algunos estudiosos de su trabajo señalan que sus sermones impresos no contienen nada distinto de lo que predicaban otros, su secreto entonces puede haber estado en la sinceridad y el encanto de su voz, que atraía tanto a ricos como a pobres.
El estilo más «democrático» con el que predicaba Whitefield agradó mucho a su audiencia americana. Benjamin Franklin asistió una vez a un culto de avivamiento que se efectuó en Filadelfia y quedó enormemente impresionado por la capacidad del evangelista para entregar un mensaje claro a una audiencia tan grande. Además, Whitefield también supo utilizar los medios de comunicación (como el periódico) para beneficiar publicitariamente su causa. Su revolucionario estilo de predicar marcó el camino que los sermones desde entonces han debido seguir. Él es uno de los padres de las Iglesias evangélicas estadounidenses del siglo XX. Probablemente fue el predicador más conocido en América durante el siglo XVIII, porque viajó por todas las colonias británicas en América y atrajo grandes muchedumbres, logrando notable cobertura de los medios de comunicación y consolidándose como una de las figuras públicas más extensamente aprobadas en la América anglosajona antes de George Washington.
Reuniones de Avivamiento
Whitefield fue el primero en predicar al aire libre con resultados exitosos en la ciudad minera de Bristol (Inglaterra), que en aquel tiempo era conocida como un «centro del vicio» en todas sus peores formas, y también fue el primero en proporcionar servicios espirituales a los mineros que aún vivían «como paganos» cerca de aquella ciudad. Unos 20.000 de estos trabajadores pobres y rudos se apiñaron para oírlo en algunos de sus sermones, y las lágrimas incontenibles de muchos, las convulsiones y las expresiones destempladas de alegría o arrepentimiento mostraron visiblemente la manera en que esas personas fuertes y de mala fama eran conmovidas de manera profunda por las palabras del predicador. John Wesley se unió luego a estas reuniones y hasta cierto punto, quedó perplejo por estos «síntomas corporales», que él consideró evidentes «signos de la gracia», no obstante, Whitefield los consideró más bien «indicadores dudosos de la gracia». Probablemente, si los sicólogos modernos vieran expresiones como las descritas al respecto, pensarían en síntomas de histeria colectiva: «…personas que gritan a todo pulmón, y agitan y contorsionan violentamente sus cuerpos» durante un sermón. William Hogarth satirizó en sus escritos las expresiones que producía la predicación metodista, publicando Credulity, Superstition, and Fanaticism (Credulidad, Superstición y Fanatismo – 1762).
Su muerte
La notable influencia que Whitefield logró ejercer durante su vida en el protestantismo anglosajón se atribuye generalmente a su extraordinaria capacidad oratoria y a su vida consecuente, no así a su capacidad como organizador (a diferencia de John Wesley un organizador extraordinario), ni a sus escritos (sus obras completas de publicaron en 7 volúmenes entre 1771 y 1772). Por eso algunos historiadores protestantes le consideran el «príncipe de los predicadores al aire libre».
Tras predicar en Exeter (Massachusetts), partió rumbo a Newburyport para pernoctar en la casa de un pastor de la ciudad, a eso de las dos de la madrugada despertó con ahogos y le señaló a uno de sus anfitriones: «Me estoy muriendo», serían sus últimas palabras antes de fallecer.
A su entierro, las campanas de todas las iglesias de Newburyport doblaron y las banderas se izaron a media asta, millares concurrieron a su sepelio antes de ser enterrado, de acuerdo a sus deseos, bajo el púlpito de la «Old South Presbyterian Church».
Intolerancia religiosa
Guatemala
Ataque armado contra evangélicos con 2 muertos y 5 heridos
Socorristas de la Cruz Roja trasladan al Hospital Regional de Coatepeque a uno de los heridos / Foto Prensa Libre, Alexánder Coyoy
Fueron acribillados a disparos al salir de un culto de su templo (Asambleas de Dios) en Coatepeque.
12 DE NOVIEMBRE DE 2012, GUATEMALA.- Los agresores fueron hombres que se desplazaban en una motocicleta. La noche del domingo dispararon contra un grupo de evangélicos que salían de un servicio religioso en la aldea El Troje, Coatepeque (Guatemala), y causaron la muerte de un hombre y una mujer; dejando heridas a otras cinco personas.
En el lugar del ataque murió Apolinario Lopéz Yoc, de 32 años, y en el Hospital Regional de Coatepeque, falleció Marleny Faustina Pérez Vasquez, 21, quien estaba de tres meses de gestación.
Los testigos narraron que sobre las 23 horas del sábado los evangélicos salían del local de la Iglesia Asamblea de Dios “Lumbre de Vida”, cuando hombres que iban en una motocicleta pasaron circulando y disparando al grupo.
Fiscales del Ministerio Público y policías dijeron que aparentemente el ataque iba dirigido contra Apolinario Lopéz Yoc. La zona es de frecuentes ataques de bandas armadas y narcoterroristas, con un alto índice de violencia y criminalidad.
CINCO HERIDOS
Los heridos, relata Prensa Libre, fueron identificados como Fidelina Lopéz Yoc, 40; Marvin René Campos Vásquez, 38; Heidy Villatoro, 24; Hermenegildo Lopéz, 18, y Michael Alexander Lopéz Moreno, 12, quienes tenía múltiples heridas de bala en el cuerpo y por eso fueron llevadas al hospital local por Bomberos Municipales Departamentales y la Cruz Roja.
Editado por: Protestante Digital 2012
Noticias internacionales
Cristianismo en África
Jue, Nov 15, 2012
Sección: África MILAMEX.
La África subsahariana es actualmente el centro de la cristiandad en el mundo, expuso el experto en el continente, Dyron Daughrity durante un simposio celebrado en septiembre por el Centro de Estudios de las Nuevas Religiones (CESNUR) en Marruecos. Según Daughrity, la faz de África ha pasado por un cambio profundo en los últimos años, superando ya el cristianismo (46.5%)al islam (40.5%). Mientras que en 1900, 2% de los cristianos en el mundo procedían de África, en 2005 conformaban el 20%.
Las religiones indígenas locales son practicadas por 11.8% de la población, pero están siendo rápidamente absortas por el cristianismo, debido a que ya tienen un “dios del cielo” y creen en el sacrificio como expiación por el pecado. La conversión al cristianismo en países regidos por la ley sharia, es un problema porque la sociedad islámica no entiende ni acepta la libertad religiosa.
De la población cristiana, 58% es protestante o independiente, 32% católico y 10% ortodoxo. El cristianismo colonial traído por los misioneros, se ha transformado en una expresión autóctona y vibrante, del cual el pentecostalismo es la denominación que más se adapta a las necesidades, y por lo tanto, crece rápidamente. (Protestante Digital)
Semana de oración por la unidad de los cristianos
Al menos una vez al año, muchos cristianos toman conciencia de la gran diversidad de formas de adorar a Dios, se conmueven y caen en la cuenta de que no es tan extraña la manera en que el prójimo rinde culto a Dios.
El acontecimiento que desencadena esta experiencia única se conoce como la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Congregaciones y parroquias de todo el mundo toman parte en la semana de oración, que se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero (en el hemisferio norte) y en torno a Pentecostés (en el hemisferio sur). Durante este período, se intercambian los púlpitos y se organizan oficios ecuménicos especiales.
Cada año, se pide a los asociados ecuménicos de una región concreta que preparen un texto sencillo sobre un tema bíblico. Después, un grupo internacional de participantes patrocinados por el CMI (protestantes y ortodoxos) y católicos romanos edita este texto y se asegura de que está relacionado con la búsqueda de la unidad de la iglesia.
El texto es publicado conjuntamente por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el CMI, a través de su Comisión de Fe y Constitución, que también acompaña todo el proceso de producción del texto. El material final es enviado a las iglesias miembros y las diócesis católicas romanas, a quienes se invita a que traduzcan el texto y lo contextualicen para su propio uso.
Tema para 2013 ¿Qué exige el Señor de nosotros? (cf. Miqueas 6, 6-8)
Teólogos y economistas exigen nuevo sistema financiero que ponga freno a la codicia
De izquierda a derecha: Nilton Giese, João Pedro Stédile, Ofelia Ortega y Rogate Mshana en la conferencia ecuménica.[JPublicado conjuntamente por el CMI, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadasy el Consejo para la Misión.]
Los teólogos, economistas y demás personas que abogan por el fin de la pobreza se reunieron en Brasil para elaborar los principios de un nuevo sistema económico global. Del encuentro emergió un documento en el que se mencionan el consumo excesivo y la codicia como factores claves a considerar en la búsqueda de una distribución más justa de los recursos mundiales.
La declaración se dio a conocer el viernes en el cierre de la Conferencia Ecuménica Global sobre una Nueva Arquitectura Económica que se llevó a cabo en Guarulhos, en las afueras de São Paulo.
La conferencia que organizó la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR) en colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y el Consejo para la Misión Mundial (CMM) reunió a sesenta delegados desde 29 de septiembre hasta 5 de octubre.
La inclusión social, la justicia de género, el cuidado del medio ambiente y las acciones concretas para superar la codicia fueron mencionados como pautas concretas para una nueva arquitectura económica y financiera.
“Los gobiernos y entidades internacionales deberían reemplazar el crecimiento PBI como indicador principal del progreso de la economía por otros, como el aumento del trabajo decente, la calidad y cantidad de salud y educación y las medidas orientadas a la sustentabilidad ambiental”, afirma el documento.
La declaración recomienda una serie de acciones, entre ellas la formación de una escuela ecuménica de gobernación, economía y gestión y el establecimiento de una comisión global impulsada por el movimiento ecuménico para avanzar con el trabajo de la Comisión de Expertos en Reformas del Sistema Monetario y Financiero internacional, presidido por Joseph Stiglitz.
Entre las iniciativas propuestas está afirmar los derechos de comunicación para fomentar el fortalecimiento de las comunidades para el desarrollo de alternativas a las actuales estructuras económicas y financieras.
Omega Bula de la Iglesia Unida de Canadá, que coordinó el grupo encargado de hacer el borrador, señala que la importancia de la declaración es que propone alternativas claras a los modelos existentes.
“Es fundamental tener algo con qué trabajar”, dijo. “Muchas veces nos desafían cuando nos quedamos en la crítica y nos preguntan qué pensamos que se debería hacer. Por eso, esta reunión es muy importante, porque proporciona estas alternativas”.
“Las propuestas más significativas, que el panel ecuménico deberá seguir de cerca, incluyen […] reemplazar al Fondo Monetario Internacional con una nueva Organización Monetaria Internacional (IMO) democrática y una reserva internacional de moneda alternativa”, afirma Rogate Mshana, que lidera el programa del Consejo Mundial de Iglesias sobre Pobreza, Riqueza y Ecología.
El secretario general del CMM, Colin Cowan, destacó la diversidad de disciplinas presentes en la conferencia y el consenso al que se llegó. “Los resultados de esta conferencia sugieren que tenemos la buena voluntad y la audacia suficientes para participar en un proceso que enmiende los errores de una sociedad que enloqueció a raíz de la injusticia en la economía y en la tierra”.
Misión con humildad, justicia e inclusión
Obispo Geevarghese Mor Coorilos, moderador de la Comisión de Misión Mundial y Evangelización del CMI. En un mundo en el que la comprensión de la misión cristiana está cambiando rápidamente, el Obispo Geevarghese Mor Coorilos, moderador de la Comisión de Misión Mundial y Evangelización (CMME) del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), explica cuáles son las nuevas perspectivas que aportará la afirmación sobre misión y evangelización del CMI a las iglesias.
El Obispo Coorilos habló de la afirmación sobre misión y evangelización en una entrevista concedida en Creta (Grecia), lugar en el que la afirmación ha sido aprobada por el Comité Central del CMI en septiembre de este año.
¿Qué es la nueva afirmación sobre misión y evangelización, y cuál es su propósito?
La razón de ser de la nueva afirmación del CMI sobre Misión y Evangelización “Juntos por la vida: misión y evangelización en contextos cambiantes”, elaborada por la CMME, es identificar la misión, los conceptos y las directrices para un entendimiento y práctica de la misión y la evangelización renovados en los contextos cambiantes del mundo.
Desde la incorporación del Consejo misionero internacional al Consejo Mundial de Iglesias en la Asamblea de Nueva Delhi en 1961, sólo ha habido una afirmación del CMI sobre misión aprobada oficialmente en 1982. Puesto que el contexto global ha cambiado drásticamente desde entonces, se hizo imperativa una nueva perspectiva de esta situación global y de sus implicaciones para la misión y el evangelismo.
La afirmación tiene como propósito estimular la reflexión creativa sobre la misión y fomentar el discernimiento de la acción de las iglesias miembros del CMI y las organizaciones de misión asociadas. Además esperamos que la nueva afirmación comporte una nueva perspectiva de la misión de la Trinidad (missio Trinitatis), especialmente la “misión del Espíritu Santo”, el “dador de vida”. En otras palabras, su objetivo es articular un nuevo entendimiento de una misiología profética que afirma la “vida” en abundancia en lo que se refiere a la justicia, la inclusión y la integridad de la Creación.
CUBA
Comienzan en la Habana gestos concretos camino a la VI Asamblea del CLAI
José Aurelio Paz
La Habana, martes, 27 de noviembre de 2012 (ALC) – “Queremos invitar a las iglesias en América Latina a que nos mantengan en oración porque la temática la VI Asamblea del CLAI: Afirmando un ecumenismo de gestos concretos, se haga una realidad con la participación entusiasta de los líderes del continente, en la cita de febrero de 2013 que tendrá lugar aquí”, expresó el obispo Julio Murray, actual presidente de ese organismo, al concluir la pre-Asamblea de Cuba, celebrada el fin de semana que concluye, al hacer un llamado a apoyar la cita de La Habana.
Murray declaró a ALC que el caminar que iniciara el Consejo Latinoamericano desde su creación en 1982, ha tenido su continuidad a través del resto de las asambleas hasta llegar a esta en La Habana, “la cual servirá de cause a los nuevos retos, acciones y experiencias de las iglesias por lograr gestos concretos de compromiso que puedan impactar, de manera positiva, en la vida de las personas a través del cumplimiento de la misión de Jesucristo en su sentido más integral.”
Durante la pre-asamblea celebrada en esta capital, los días 23 y 24 de febrero, además de discutirse los temas referidos a la consulta realizada en Bogotá, a nivel de la región Gran Colombia y Caribe, en la cual Cuba no pudo participar por razones logísticas, se revisó la agenda y toda la estrategia que permitirá a la VI Asamblea convertirse en un hito dentro de la labor ecuménica continental, por sus proyecciones y por el escenario en el cual tendrá lugar.
Noticias nacionales
¿Dijiste que no has sido llamado?
Dom, Nov 18, 2012
Sección: Evangelismo y Misiones MILAMEX
Más bien es que no escuchaste el llamado.
Pon tu oído atento a la Biblia y escucha a Dios diciéndote que saques a los pecadores del fuego del pecado. Pon tu oído atento al corazón abrumado y agonizante de la humanidad y escucha su lastimera petición de ayuda.
Ve y párate a las puertas del infierno y escucha a los condenados que te piden ir a la casa de sus padres para advertir a sus hermanos y hermanas, a sus siervos y amos, para que no vayan a ese lugar.
Y ya que lo hagas, mira a Cristo cara a cara, a quien su misericordia has profesado obedecer, y dile si unirás corazón, alma, cuerpo y circunstancias en la marcha para publicar su misericordia al mundo. (Moisés López, BMO)
Lector cien mil
El día 22 de noviembre anunciamos, dando gracias a Dios, el haber llegado al lector cien mil, después de dos años del inicio de la publicación electrónica del periódico El Evangelista Mexicano, nuestro órgano oficial de comunicación de la IMM. También agradecimos a los lectores y colaboradores de nuestra publicación quincenal. Oramos porque cada lector envíe una invitación a leernos, a todos sus contactos. Nuestra meta es de 300 mil lectores para septiembre de 2014.
Programa Anual de la IMMAR
Reaparece en la sección de Programa, el Programa Nacional de la IMMAR, para todo el año 2013, con información complementaria de las Conferencias,
Estudios de Teología de la UMAD, reconocidos oficialmente.
Reproduciendo la nota, por su importancia, decíamos que Sandra Salazar, de la UMAD, nos compartió, vía Facebook, la noticia de que ha comenzado una nueva historia para la iglesia evangélica latinoamericana y en especial la mexicana, por la gran noticia del reconocimiento de validez oficial por parte de la Secretaría de Educación Pública Federal, a estudios teológicos de la UMAD, la nota dice así:
Estimados Consiervos (as):
Me es grato informar a ustedes que el día de ayer (13 de noviembre) nos fue entregado el oficio en donde se nos informa que la Licenciatura en Teología, de la UMAD ha sido reconocida e incorporada al Sistema Educativo Nacional por la SEP Federal con el acuerdo sobre el registro de validez oficial de estudios número 20121972.
Damos gracias a Dios porque ahora contamos con un programa de Teología con reconocimiento de validez oficial de estudios para nuestra institución.
La UMAD continúa invitando a seminarios evangélicos que deseen integrarse al proyecto, a fin de hacer extensiva esta bendición.
Con gratitud y alabanza a nuestro Dios por este logro alcanzado.
(Hasta aquí el mensaje de Sandra Salazar, a quien agradecemos la nota).
Entrevistamos al Dr. David Enrique Pérez Cisneros, responsable de la Coordinación de Teología de la Universidad Madero (Camino Real a Cholula 4212
Puebla, México. Correo-e: david@umad.mx Tel. (01222) 141-5959 ext. 152) a fin de conocer más detalles acerca del programa.
Nos participa que ésta es, en Puebla, la primera carrera oficial, de corte evangélico que es reconocida por autoridades educativas de la Federación y que la UMAD celebrará convenios con Seminarios evangélicos a fin de iniciar la inscripción de los primeros alumnos, inclusive, si se desea, a partir de este ciclo escolar 2012-2013, ya que la vigencia del acuerdo es a partir del 13 de Abril de 2011, fecha en que fue solicitada la incorporación de estudios.
Hay cerca de once seminarios interesados en participar en este plan de estos estudios cuya elaboración llevó más de un año.
Las personas que trabajaron durante este período han sido los pastores Luis y Soraya de Rodríguez, de la Iglesia Torre Fuerte, el Dr. Sergio Díaz y el propio Dr. David E. Pérez, actual coordinador del programa.
Poética
Autor: Leopoldo Cervantes-Ortiz
(15 de noviembre, 2012, en las puertas del medio siglo)
17 DE NOVIEMBRE DE 2012
Trasponer los fieros giros del tiempo
con la mirada fija
en el centro de la diversidad
discordante/ inabarcable
saberse vistos un instante
por las luces incandescentes
del amor/ de la gracia/
inalcanzables también todo el tiempo
tocar el cielo varias veces
con dedos temblorosos
expectantes/ llenos de anhelos/
en la existencia atribulada
sentirse traspasado por el rayo
revelador de la poesía
por el misterio de la fe
siempre en marcha con ritmo propio
caminar en el filo de los sueños
con la transparencia escondida/
decir lo que el momento exige
con el silencio a flor de piel
el día deja exhausto al corazón
perpetuamente joven/
rutas plenas sin transitarse
sin superar temores
transitar a ciegas por los linderos
por márgenes de ríos fecundos
que dan a vastos mares
innominados/ reales/ obligados
creer en un futuro aunque maltrecho
horizonte alcanzable pero cierto
dominio visible y secreto / bien
apetecible/ reunión de utopías
celebrar el cronos desde lo abierto
la invasión de la vida cierta:
ramillete de días repartidos
en el hondo rincón de la memoria
amar lo eterno en lo finito
con un fulgor a tientas/
quedar a mano con la vida
y en cada umbral nacer de nuevo
©Protestante Digital 2012
Programa nacional
Diciembre, 2012
LBSC Festejo a niños en situación de calle y canastillas en hospitales (Durante el mes).
SMF “Por una navidad digna” Ofrenda especial (durante 1-15 diciembre).
2 Día mundial de Oración por la Paz, Convoca: Concilio Mundial Metodista.
1er. Domingo de adviento
9 2do. Domingo de adviento
16 3er. Domingo de adviento
23 4to. Domingo de adviento
24 Culto de luces
Mateo 2:8-14 “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz,
buena voluntad para con los hombres!”
25 Navidad
30 Culto de pacto
31 Culto de Vigilia de Acción de Gracias
Salmo 90:1-3 “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”.
Plan Operativo Nacional de la IMMAR para el año 2013
Trabajo elaborado por la
Comisión Coordinadora Nacional de Programa, integrada por: el presidente nacional de Programa, los presidentes conferenciales de Programa, los presidentes nacionales de áreas (Desarrollo Cristiano, Testimonio Cristiano, Administración y Finanzas), y los presidentes nacionales de organizaciones de la Iglesia Metodista de México, A. R.
De un click:
progr. 2013 TERMINADO
Vida y obra de Lutero
IX
La Revelación
Pasemos ahora al pasaje del Eclesiástico y confrontemos también con él aquella primera y aceptable opinión. Dice esa opinión que el libre albedrío no puede querer lo bueno. El pasaje del Eclesiástico, empero, se cita para probar que el libre albedrío es algo y es capaz de algo. Así que: la opinión que se quiere corroborar mediante el Eclesiástico afirma una cosa, y al Eclesiástico se lo cita para corroborar otra cosa. Esto es como si alguien quisiese probar que Cristo es el Mesías, y citase para ello el pasaje que prueba que Pilato fue gobernador de la Siria o cualquier otro que no viene al caso. Así se prueba también aquí el libre albedrío; ni qué hablar de lo que expuse anteriormente, a saber, que ni se dice ni se prueba con claridad y exactitud qué es el libre albedrío y qué poder tiene. Sin embargo, vale la pena examinar todo este pasaje detenidamente.
En primer lugar dice: «Dios desde el principio creó al hombre». Aquí habla de la creación del hombre, pero hasta ahí nada se dice del libre albedrío ni de los mandamientos. Luego sigue: «Y lo dejó en mano de su decisión». ¿Y esto? ¿Acaso se confirma aquí el libre albedrío? Pero ni siquiera aquí se hace mención de mandamientos los cuales se exija el libre albedrío, ni tampoco se lee nada de ello en la historia de la creación del hombre. Por lo tanto, si con en manos de su decisión» se quiere entender alguna otra cosa, más en sé puede entender lo que figura en Génesis 1 y 2, a saber: que el hombre fue constituido señor de la creación para que gobernara libremente sobre ella, como dice Moisés: «Hagamos al hombre, que señoree en los peces del mar». Otra cosa no puede probarse con estas palabras. Pues allí el hombre pudo obrar con la creación según su albedrío, como con cosas que Dios le había sujetado. Por lo demás, se llama a esto la «decisión del hombre» para distinguirlo de la decisión de Dios. Pero luego, habiendo constatado que el hombre fue creado de tal manera y dejado en mano de su decisión, prosigue: “Añadió sus mandamientos y preceptos». ¿A qué los añadió? Evidentemente los añadió a la decisión y al albedrío del hombre y más allá de aquella implantación del dominio del hombre sobre el resto de la creación. Mediante estos preceptos, Dios quitó al hombre parcialmente el dominio sobre lo creado y quiso más bien que el hombre fuera libre. Pero luego, habiendo añadido los preceptos, Dios va a lo tocante al albedrío del hombre frente a Dios y las cosas que son de Dios: «Si quisieres guardar sus mandamientos, ellos te conservarán», etc.
Así que en este punto: «Si quisieres», comienza la cuestión del libre albedrío, de modo que por el Eclesiástico entendemos que el hombre está repartido sobre dos reinos. En el uno es movido por su propio albedrío y decisión, sin estar limitado por preceptos y mandamientos divinos, a saber, en las cosas que son inferiores a él. Aquí el hombre reina, y es el señor y «es dejado en mano de su decisión». No que Dios deje al hombre librado a su propia suerte no cooperando con él en ciertas cosas; antes bien, la que se quiere decir con estas palabras es que Dios concedió al hombre el libre uso de las cosas para hacer con ellas conforme a su albedrío, sin inhibirlo por ley o precepto algunos. Es como si dijeras, empleando una semejanza: El evangelio nos dejó en mano de nuestra propia decisión, para que señoreemos sobre las cosas y las usemos a nuestra voluntad. Pero Moisés y el papa no nos dejaron en esta decisión, sino que nos reprimieron con leyes, o mejor dicho, nos sujetaron al albedrío de ellos.
En el otro reino en cambio, el hombre no es dejado en mano de su propia decisión, sino que es movido y conducido por el albedrío y la decisión de Dios; de modo que así como en su propio reino, el hombre es movido por su propio albedrío sin preceptos de otro, así en el reino de Dios es movido por los preceptos de otro sin su albedrío propio, Y esto es lo que dice el Eclesiástico con las palabras: «Añadió preceptos y mandamientos. Si quisieres», etc. Por lo tanto, si esto es lo suficientemente claro, hemos dado la prueba contundente de que este pasaje del Eclesiástico habla no a favor del libre albedrío, sino en contra de él, ya que aquí se somete al hombre a los preceptos y al albedrío divinos, y se lo sustrae a su propio albedrío. En cambio, si lo expuesto no es lo suficientemente claro, hemos conseguido no obstante que el pasaje en cuestión no pueda ser aducido a favor del libre albedrío, ya que se lo puede entender en un sentido diferente del que ellos le quieren dar, a saber, en el sentido nuestro que ya fue expuesto y que de ninguna manera es absurdo sino muy correcto y está en perfecta concordancia con la Escritura entera, mientras que el sentido intentado por ellos está reñido con toda la Escritura, y además se apoya en este solo pasaje en contra de la Escritura entera. Por ende persistimos imperturbables en el sentido bueno que dice NO al libre albedrío, hasta que ellos hayan corroborado su sentido afirmativo, difícil y forzado.
Por tanto, si el Eclesiástico dice: «Si quisieres guardar sus mandamientos y conservar una fe grata, ellos te guardarán», no veo cómo se puede probar con estas palabras la existencia del libre albedrío. Pues el verbo está en modo subjuntivo («si quisieres») con el que no se afirma nada; como dicen los dialécticos: la oración condicional no hace afirmaciones de carácter indicativo; ejemplos: si el diablo es Dios, se lo adora merecidamente; si el asno vuela, tiene alas; si el albedrío es libre, la gracia es una nada. Y bien: si el Eclesiástico hubiese querido afirmar que hay un libre albedrío, habría tenido que expresarse así: «El hombre puede guardar los mandamientos de Dios» o «el hombre posee la fuerza de guardar los mandamientos». Pero aquí la Disquisición responderá con su conocida sutileza: «Al decir: “si quisieres guardar”, el Eclesiástico indica que hay en el hombre una voluntad para guardar y para no guardar. De no ser así, ¿qué significa decir al que no tiene voluntad: “si quisieres”? ¿No sería ridículo que alguien dijese a un ciego: “Si quisieres ver, hallarás un tesoro”•, o a un sordo: “Si quisieres oír, te contaré una linda historia? Esto sería burlarse de la desgracia de esa pobre gente». Mi respuesta es: Estos son argumentos de la razón humana, que suele derramar tales sabihondeces. Por eso hemos de discutir ahora con la razón humana, y ya no con el Eclesiástico, acerca de la conclusión; pues la razón humana interpreta las Escrituras de Dios mediante sus conclusiones y silogismos y las lleva adonde ella quiere; y lo haremos gustosa y confiadamente, puesto que sabemos que la gárrula razón no profiere más que tonterías y absurdos, máxime cuando comienza a ostentar su sabiduría en el campo de lo sagrado.
En primer lugar: si pregunto con qué se quiere probar que cada vez que se dice: “Si quisieres, si hicieres, si oyeres” se indica o se concluye que en el hombre hay una voluntad libre, la razón responderá: porque así parece exigirlo la naturaleza de las palabras y el uso idiomático entre la gente. Así que la razón aplica a las cosas y palabras divinas la vara del uso y de las cosas humanas. Nada más equivocado que esto; pues lo divino es celestial, lo humano en cambio, terrenal. De ese modo, la necia razón se traiciona a sí misma, revelando que abriga nada más que pensamientos humanos respecto de Dios. ¿Y si yo logro probar que en cuanto a la naturaleza de las palabras y uso idiomático, aun el común y corriente, el caso no siempre es tal que cada vez que se dice a los que no tienen capacidad: “si quisieres, si hicieres, si oyeres”, ¿se hace burla dé ellos? ¡Cuántas veces los padres juegan con sus hijos mandándoles que vengan a ellos, o que hagan esto o aquello, sólo para que quede evidente que los hijos no son capaces de hacerlo, y para que se vean obligados a solicitar la ayuda paterna!
¡Cuántas veces un médico concienzudo prescribe a un enfermo arrogante hacer o dejar de hacer cosas que le son imposibles o perjudiciales, para llevarlo por experiencia propia al conocimiento de su enfermedad o de su impotencia, cosa que no pudo hacerle comprender en ninguna otra forma! ¿Y qué es más usual y común que el empleo de palabras insultantes y provocadoras si se trata de hacer ver a enemigos o amigos qué puede hacer y qué no? Todo esto lo digo únicamente para demostrar a la Razón qué son sus conclusiones, y cuán tontamente las atribuye a las Escrituras, y cuán ciega es al no ver que aun en cuestiones y palabras humanas, esas conclusiones no siempre están en su lugar. Y quiero demostrarle además que si ella nota que alguna vez sus conclusiones están realmente en su lugar, cómo se levanta al momento y juzga precipitadamente que así sucede en general en todas las palabras de Dios y de los hombres, haciendo de lo particular algo general, como acostumbra hacerlo en su sabiduría.
Ahora bien: si Dios procediese con nosotros como padre con sus hijos, para hacernos ver nuestra impotencia a los que somos ignorantes, o para ponernos al tanto de nuestra enfermedad cual médico concienzudo, o para jugarnos una mala partida [insultet] a los que como enemigos suyos resistimos arrogantemente a su decisión, y si a tal efecto nos pusiese ante la vista sus leyes (como manera más fácil de alcanzar su propósito) y dijese: «Haz, oye, ,guarda», o «si oyeres, si quisieres, si hicieres», ¿acaso se podría sacar de ello esta conclusión, como conclusión valedera: «así que tenemos la capacidad de hacerlo libremente, o Dios se burla de nosotros»? ¿Por qué no llegar antes bien a esta otra conclusión: «Así que Dios nos pone a prueba, para llevarnos mediante la ley al conocimiento de nuestra impotencia en caso de ser sus amigos, o para jugarnos en verdad y merecidamente una mala partida y burlarse de nosotros en caso de ser sus arrogantes enemigos? Tal es, en efecto, el motivo que Dios tuvo al dar su ley, como lo enseña Pablo. Pues el hombre es por naturaleza ciego, de modo que desconoce sus propias fuerzas o mejor dicho enfermedades. Además, en su arrogancia se imagina saberlo y poderlo todo. Para curar esta arrogancia e ignorancia, el remedio más eficaz que Dios tiene es confrontar al hombre con su divina ley.
De este punto hablaré con más detalles en el momento oportuno. Baste aquí haberlo tocado brevemente para refutar aquella conclusión de la sabiduría carnal y necia: «Si quisieres, de consiguiente puedes querer libremente». La Disquisición sueña con que el hombre es íntegro y sano, como en efecto lo es bajo el aspecto Humano en las cosas que le son propias; de ahí su insistencia en que con las palabras «Si quisieres, si hicieres, si oyeres» se hace burla del hombre si el albedrío de éste no es libre. La Escritura empero da una definición muy distinta: el hombre, dice, es corrupto y cautivo, y además desprecia con arrogancia a Dios y desconoce su corrupción y cautividad. Por eso, la Escritura pellizca al hombre con estas palabras y lo despierta, a fin de que reconozca por experiencia palpable cuán completa es su impotencia en estas cosas.
Pero atacaré a la Disquisición misma. Si realmente crees; oh Señora Razón, que esas conclusiones son correctas («Si quisieres, de consiguiente puedes querer libremente»), ¿por qué tú misma no procedes en conformidad con ellas? Pues tú dices en aquella opinión aceptable, que el libre albedrío no puede querer un ápice de lo bueno. Entonces, ¿a base de qué conclusión puede surgir esta opinión de aquel mismo pasaje («Si quisieres guardar…») del cual surge, como tú dices, que el hombre puede querer y no querer con entera libertad? ¿Acaso de una misma fuente fluye agua dulce y amarga? ¿0 será que tú también te burlas aquí del hombre, y en mayor medida aún, al decir que es capaz de guardar aquello que no puede querer ni desear? Así que: o no eres sincera al opinar que es correcta la conclusión «Si quisieres, de consiguiente puedes querer libremente», a pesar de que la defiendes con tanta insistencia, o no eres sincera al llamar aceptable a aquella opinión que sostiene que el hombre no puede querer lo bueno.
Así la razón es cautivada mediante las conclusiones y palabras de su propia sabiduría, de modo que no sabe qué o de qué está hablando, a no ser que la forma más adecuada de defender el libre albedrío sea recurrir a tales argumentos que se devoran y destruyen entre sí mismos, así como los madianitas se exterminaron en asesinatos mutuos mientras hacían la guerra a Gedeón y al pueblo de Dios.
Y tengo aún más quejas que levantar contra esa sabiduría de la Disquisición. El Eclesiástico no dice: «Si tuvieres la aspiración o el esfuerzo de guardar, lo cual sin embargo no debiera, atribuirse a tus propias fuerzas», como tú concluyes, sino que dice así: «Si quisieres guardar los mandamientos, ellos te guardarán.». Ahora bien: si queremos hacer conclusiones como las que acostumbra a hacer tu sabiduría, inferiremos lo siguiente: «De consiguiente, el hombre es capaz de guardar los mandamientos».
Y de esta manera no reconoceremos aquí que en el hombre queda algún pequeño restito de aspiración y esfuerzo, sino que le atribuiremos toda la plenitud y abundancia de poder guardar los mandamientos. De no ser así, el Eclesiástico se estaría burlando de la miseria del hombre, puesto que mandaría guardar los mandamientos a aquel de quien sabe que no los puede guardar. Y tampoco sería suficiente que el hombre tuviera esfuerzo y aspiración; pues tampoco así el Eclesiástico escaparía de la sospecha de estar burlándose, a menos que diese a entender que en el hombre existe la fuerza de guardar los mandamientos.
Pero pongamos el caso de que esa aspiración y ese esfuerzo del libre albedrío son algo: ¿qué diremos entonces a aquella gente, a saber, a los pelagianos, quienes sobre la base de este pasaje negaban la gracia de plano y atribuían todo al libre albedrío? Esos pelagianos serían los vencedores absolutos si la conclusión de la Disquisición fuese valedera. Pues las palabras del Eclesiástico hablan de guardar, no de esforzarse o aspirar. Si impugnas la conclusión de los pelagianos respecto del guardar, ellos a su vez impugnarán con mucha más razón la conclusión respecto del esforzarse.
Y si tú les sustraes el libre albedrío entero, ellos te sustraerán también a ti esa pequeña parte del libre albedrío que aún queda, para que, no puedas afirmar respecto de la parte lo que niegas respecto del todo. Por lo tanto, todo lo que tú digas contra los pelagianos que a base de este pasaje lo atribuyen todo al libre albedrío, lo diremos nosotros contra aquella debilísima aspiración de tu libre albedrío, y con fuerza mucho más convincente aún. Y los pelagianos consentirán con nosotros al menos en esto: que si con este pasaje no se puede probar la opinión de ellos, mucho menos se puede probar con él cualquier otra opinión; porque si el problema se hubiera de tratar mediante conclusiones, el Eclesiástico apoyaría más que nada a los pelagianos, puesto que afirma con claras palabras en cuanto a guardar el todo: «Si quisieres guardar los mandamientos». Hasta respecto de la fe dice: «Si quien’ conservar una fe grata», de modo que conforme a esa conclusión tendría que estar en nuestro poder también el guardar la fe, la cual sin embargo es un peculiar y raro don de Dios, como dice Pablo. En resumen: cómo se pueden enumerar tantas opiniones a favor del libre albedrío, y como no hay ninguna que no reclame para sí a este pasaje del Eclesiástico, y como son distintas y contradictorias entre sí, el resultado forzoso es que el Eclesiástico las contradiga y apunte en dirección distinta, en unas y las mismas palabras. Por eso, con el Eclesiástico no pueden probar nada, aunque si se admite aquella conclusión, el Eclesiástico apoya a los pelagianos solos en contra de todos los demás. Y así es que se dirige también contra la Disquisición, que en este punto se degüella con su propia espada.
Nosotros empero repetimos lo dicho al comienzo: que ese pasaje, del Eclesiástico no apoya en nada a ninguno de los defensores del libre albedrío, sino que se opone a todos ellos. Pues la conclusión «si quisieres, de consiguiente podrás» es enteramente inadmisible. Antes bien, el entendimiento correcto es que con esta palabra del Eclesiástico y otras similares, el hombre es advertido de su impotencia que él, ignorante y arrogante como es, no conocería ni percibiría advertencias divinas.
Mas hablamos aquí no del primer hombre»‘ particular, sino de los hombres en general, aunque poco importa que lo apliques al primero o a cualquiera de los demás. Pues si bien primer hombre no era impotente ya que le asistía la gracia, sin embargo con este precepto Dios le demuestra con suficiente claridad cuánta sería su impotencia si la gracia no le asistiera. Ahora bien: si este hombre, cuando estaba presente con él el Espíritu, no con una nueva voluntad querer lo bueno que de nuevo le había sido puesto ante los ojos, es decir, la obediencia, por cuanto el Espíritu no la añadía: ¿de qué seríamos capaces nosotros, sin el Espíritu, en cuanto a lo bueno que hemos perdido?
Mediante el terrible ejemplo de este hombre ha quedado demostrado, pues, para anonadar nuestra arrogancia, de qué es capaz nuestro libre albedrío si es abandonado a sí mismo y no es de continuo guiado y fortalecido más y más por el Espíritu de Dios. Aquel primer hombre no logró un fortalecimiento, del Espíritu cuyas primicias tenía, sino que cayó de las primicias del Espíritu; ¿de qué seremos capaces nosotros, caídos, en cuanto a las primicias del Espíritu que hemos perdido, máxime si en nosotros reina ya con pleno poder Satanás, quien abatió a aquel primer hombre con una sola tentación cuando aún no reinaba en él? Ninguna prueba más convincente podría presentarse contra el libre albedrío como si se tratase este pasaje del Eclesiástico en relación con la caída Adán. Pero aquí no es el lugar para ello; quizás se nos ofrezca la oportunidad más adelante. Entre tanto baste haber demostrado que Eclesiástico no dice absolutamente nada a favor del libre albedrío, este pasaje que sin embargo es considerado el pasaje principal; y en este pasaje y otros similares, «Si quisieres, si oyeres, si hicieres», no ponen de manifiesto lo que los hombres pueden hacer, sino lo deben hacer.
Otro pasaje citado por nuestra Disquisición es el de Génesis 4, el Señor le dice a Caín: «Sujetarás el deseo de cometer el pecado, y lo dominarás. Aquí se muestra, dice la Disquisición, que inclinaciones del corazón hacia lo malo pueden ser vencidas sin la necesidad de pecar. Aquello de que «las inclinaciones corazón hacia lo malo pueden ser vencidas», por más ambiguo que sin embargo nos obliga a creer por el significado mismo, por conclusión y por los hechos, que es propio del libre albedrío vencer inclinaciones hacia lo malo, y que esas inclinaciones no traen con la necesidad de pecar. Nuevamente preguntamos: ¿qué se deja aquí fuera del alcance del libre albedrío? ¿Qué necesidad hay del Espíritu, qué necesidad de Cristo y de Dios, si el libre albedrío es capaz de vencer las inclinaciones del corazón hacia lo malo? ¿Y dónde queda una vez más la opinión aceptable que dice que el libre albedrío siquiera capaz de querer lo bueno? Aquí empero se atribuye la victoria sobre lo malo a aquello que ni quiere ni ansía lo bueno. Esa irreflexión de nuestra Disquisición ya excede todos los límites.
Te expondré el asunto en pocas palabras: como ya dije, con tales expresiones se le muestra al hombre lo que debe hacer, no lo que es capaz de hacer. A Caín por ende se le dice que debe dominar el pecado y tener bajo sujeción el deseo de cometerlo, cosa que él sin embargo no hizo ni pudo hacer, puesto que ya estaba sometido al poder foráneo de Satanás. Pues es sabido que en hebreo se usa a menudo el indicativo de futuro en lugar del imperativo, como en Éxodo 20: «No tendrás dioses ajenos, no matarás, no cometerás adulterio»; ejemplos como éstos hay muchísimos. De otra manera, si se los tomase tal como suenan, es decir, en sentido indicativo, serían promesas de Dios; y como Dios no puede mentir, resultaría que ningún hombre pecaría, y los mandamientos habrían sido dados sin necesidad.
Así que nuestro intérprete debiera haber traducido este pasaje más correctamente en la forma siguiente: «Pero sujeta tú el deseo de cometer, domínalo», como se tuvo que decir también respecto de la mujer: «Debes estar sujeta a tu marido, y él debe enseñorearse de ti». En efecto: que lo dicho a Caín no tenía sentido indicativo, queda probado por el hecho de que entonces habría sido una promesa divina. Pero no fue promesa, puesto que ocurrió lo contrario, y Caín hizo lo contrario.
El tercer pasaje es un dicho de Moisés: «He puesto delante de ti el camino de la vida y de la muerte; escoge lo que es bueno», etc… ¿Podía hablarse aún más claramente?, pregunta la Disquisición. Aquí se le deja al hombre la libertad de escoger. A esto respondo: ¿Qué es más claro que tu ceguera en este punto? ¿Dónde, pregunto yo, se le deja aquí al hombre la libertad de escoger? ¿Acaso con decir: «escoge»? ¿Pero es que ni bien Moisés dice «escoge», sucede que (los que lo oyen) escogen? Así que nuevamente es innecesario el Espíritu. Y como tú repites y recalcas tantas veces lo mismo, se me permitirá también a mí volver con frecuencia sobre lo mismo. Si existe una libertad de escoger, ¿por qué la opinión aceptable dijo que el libre albedrío no es capaz de querer lo bueno? ¿0 acaso puede escoger sin volición, o con volición (non volens aut nolens)? Pero oigamos la semejanza: «Sería ridículo decir a un hombre parado ante una encrucijada: ves un doble camino; toma por él que quieras, siendo en realidad transitable uno solo de los caminos». Esto es lo que dije antes respecto de los argumentos de la razón carnal: ella cree que se hace burla del hombre si se le da un mandamiento imposible de cumplir, un mandamiento del cual nosotros decimos que fue dado para amonestar al hombre y despertarlo a fin de que vea su impotencia. De modo que verdaderamente estamos ante una encrucijada, pero uno solo de los dos caminos es viable; mejor dicho, ninguno de los dos es viable; mas por la ley se hace manifiesto cuán imposible de transitar es el uno, el que conduce a lo bueno, si Dios no concede su Espíritu, y en cambio, cuán ancho y fácil de transitar el otro, si Dios lo permite.
Por lo tanto, se diría no en son de broma, sino con la necesaria seriedad a un hombre parado ante una encrucijada: toma por el camino que quieras, a saber, si ese hombre, pese a ser débil, quisiese aparentar fortaleza, o si porfiase que ninguno de los dos caminos está clausurado. Por esto, las palabras de la ley son pronunciadas no para confirmar la facultad (vim) de la voluntad, sino para iluminar a la ciega razón para que así vea lo fútil que es su luz, y lo fútil que es la fuerza de la voluntad. «Por medio de la ley, dice Pablo, es el conocimiento del pecado»; no dice que por ella el pecado quede abolido o se pueda evitar. Todo el sentido y toda la fuerza de la ley radican exclusivamente en dar conocimiento, con limitación al pecado; de ninguna manera radica en mostrar o conferir alguna fuerza. Pues el conocimiento no es una fuerza ni confiere una fuerza, sino que enseña y muestra que allí no hay fuerza alguna, y cuán grande es allí la debilidad.
En efecto: ¿qué otra cosa puede ser el conocimiento del pecado sino el conocimiento de nuestra debilidad y de nuestro mal? Pues el apóstol no dice: «Por medio de la ley viene el conocimiento de la fuerza o del bien». Antes bien, todo lo que la ley hace (según el testimonio de Pablo), es hacernos conocer el pecado.
Y este es el pasaje del cual fue tomada mi respuesta de que por las palabras de la ley, el hombre es advertido e instruido en cuanto a lo que debe hacer, no en cuanto a lo que es capaz de hacer, es decir, que conozca el pecado, no que abrigue la creencia de poseer algún tipo de fuerza. De ahí que todas las veces que tú, Erasmo, me vengas con palabras de la ley, yo te opondré aquel dicho de Pablo: «Por medio de la ley es el conocimiento del pecado», y no la fuerza de la voluntad.
Recurre, pues, a las mayores concordancias, y junta en un desordenado montón todas las palabras imperativas, siempre que no sean palabras de promesa, sino palabras que tengan carácter de exigencia y de ley; y yo te diré al momento que por ellas siempre se indica lo que los hombres deben hacer, y nunca lo que son capaces de hacer o lo que hacen. Y esto lo saben hasta los maestros de gramática y los niños en las escuelas: que mediante verbos en modo imperativo no se indica más que aquello que debe ser hecho. En cambio, lo que es hecho o lo que puede ser hecho, hay que expresarlo mediante verbos en modo indicativo. ¿Cómo es entonces que vosotros los teólogos decís tales tonterías como si fueseis niños y más que niños, a saber, que ni bien disteis con un verbo en modo imperativo, ya inferís un indicativo, como si en el instante en que se manda una cosa, esta cosa necesariamente también fuese hecha, o fuese posible hacerla?
Pues así como entre el bocado y la boca, mucho es lo que puede interponerse lo que habías mandado, y lo que hasta fue bastante fácil, sin embargo no llegó a concretarse, de igual manera hay un gran trecho entre los dichos imperativos y los indicativos en cosas comunes y facilísimas. ¡Y vosotros, en estas cosas más distantes entre sí que el cielo y la tierra, y hasta imposibles, nos convertís imperativos en indicativos con tanta rapidez que ya queréis que el asunto sea guardado, hecho, escogido o cumplido, o que ello ocurra por medio de nuestras fuerzas, ni bien oís la voz del que manda: Haz, guarda, escoge!
En cuarto lugar aduces del Deuteronomio, capítulos 3 y 30, muchas palabras similares que hablan de escoger, apartarse y guardar, como: «Si guardares, si te apartares, si escogieres», etc. Todas estas palabras, dices, estarían fuera de lugar, si la voluntad del hombre no fuese libre para hacer lo bueno. Respondo: también está bastante fuera de lugar, mi estimada Disquisición, que tú deduzcas de estas palabras que existe una libertad del albedrío. Pues sólo estabas por probar el esfuerzo y la aspiración del libre albedrío, pero no citas ningún pasaje que pruebe tal esfuerzo. En cambio citas aquellos pasajes que, si tu deducción fuese válida, lo atribuyen todo por entero al libre albedrío. Por lo tanto, distingamos aquí una vez más entre las palabras de la Escritura que se citan, y la deducción que agrega la Disquisición. Las palabras citadas son imperativos, que se limitan a decir qué debía hacerse; pues Moisés no dice: «Tienes la facultad o la fuerza de escoger», sino: «Escoge, guarda, haz».
Transmite órdenes en cuanto a lo que se debe hacer, pero no describe la capacidad del hombre de hacerlo. En cambio, la deducción agregada por aquella Disquisición que se precia de sabia infiere: por lo tanto, el hombre es capaz de hacer tales cosas, de lo contrario sería en vano habérselas ordenado. A esto debe responderse: Señora Disquisición, usted infiere mal y no prueba su deducción; antes bien, en vuestra ceguedad y negligencia sois del parecer de que esto se infiere y se prueba. Sin embargo, estas órdenes no están fuera de lugar ni se han dado en vano, sino que tienen por objeto que mediante ellas, el hombre altanero y ciego aprenda a conocer su mísera condición de impotente al tratar de hacer lo que se le ordena. Así, tampoco tiene valor alguno tu semejanza donde dices: «De otra manera, sería como si alguien dijese a un hombre, atado de modo que puede extender el brazo sólo hacia la izquierda: Mira, a tu derecha tienes un vino excepcional, y a tu izquierda un veneno; extiende tu mano a lo que quieras». Creo que estas semejanzas tuyas te causan un exquisito placer, pero al mismo tiempo no ves que las tales semejanzas, si es que resisten un examen, prueban mucho más de lo que tú te propusiste probar, ¿qué digo?, prueban lo que tú niegas y quieres ver rechazado, a saber, que el libre albedrío lo puede todo. Pues en tu trabajo constantemente olvidas haber afirmado que el libre albedrío sin la gracia divina no es capaz de nada, y pruebas que el libre albedrío lo puede todo, sin la gracia; porque esto es el resultado a que se llega con tus deducciones y semejanzas: o el libre albedrío es capaz por sí solo de hacer lo que se dice y ordena, o el dar órdenes es un intento vano, algo ridículo, algo que está fuera de lugar.
Pero estos son los viejos cantitos de los pelagianos que hasta los sofistas rechazaron y que tú mismo condenaste. Sin embargo, al mostrarte tan olvidadizo y dueño de una tan mala memoria, pones de manifiesto que no entiendes nada del asunto, o que no te afecta para nada; pues ¿no es la mayor vergüenza para un orador tratar y probar constantemente algo que está al margen del tema en cuestión, o más aún, hablar sin cesar en contra de su propia causa y en contra de sí mismo?
Por lo tanto, vuelvo a decir: las palabras de la Escritura que tú citas son imperativos que no prueban nada ni establecen nada en cuanto a las fuerzas que posee el hombre, sino que prescriben lo que se debe hacer y dejar de hacer. Tus deducciones en cambio, tus semejanzas, si es que prueban algo, prueban que el libre albedrío lo puede todo, sin la gracia divina. Pero esto no es o que te propusiste probar; al contrario, lo negaste.
Por eso; pruebas de esta índole no son otra cosa que reprobaciones categóricas. En efecto: si yo arguyo veamos si logro despertar a la perezosa Disquisición-: El dicho de Moisés «escoge la vida y guarda el mandamiento» sería un precepto ridículo dado por Moisés al hombre si este hombre no tuviese la facultad de escoger la vida y guardar el mandamiento; ¿acaso con esta argumentación habré demostrado que el libre albedrío no puede en manera alguna hacer lo bueno, o que puede al izar un esfuerzo sin sus propias fuerzas? Muy al contrario; habré probado, y con bastante fundamento, lo siguiente: o el hombre es a paz de escoger la vida y guardar el mandamiento, tal como está escrito, o Moisés es un legislador ridículo.
Más ¿quién se atreverá a ir que Moisés es un legislador ridículo? Sigue, por ende, que hombre es capaz de hacer lo que se le prescribe. De este modo la inquisición discute sin cesar contra su propia disposición conforme la cual prometió que no disputaría de esta manera, sino que demostraría la existencia de cierto esfuerzo del libre albedrío. Sin embargo, de esto, se acuerda muy poco en toda esa serie de argumentos, mucho menos lo demuestra; antes bien demuestra lo contrario, y a postre es ella misma la que se pone en ridículo con todo lo que dice y discute.
Y bien, admitamos que es ridículo, según la semejanza que se presentó, ordenar a un hombre con el brazo derecho fuertemente atado que extienda su mano hacia este lado, ya que puede hacerlo solamente hacia la izquierda. Pero ¿acaso es ridículo también que un hombre con los dos brazos atados declare con altanería, o presuma en su ignorancia, que él lo puede todo en ambas direcciones, y que después se le ordene extender la mano en una de las dos direcciones, no para burlarse de sus lazos, sino para demostrarle que es falso lo que él presume en cuanto a su libertad y poder, o para hacerle ver que no tiene noción de su cautividad y miseria? La Disquisición siempre nos pinta a un hombre que es capaz de hacer lo que se ordena, o que al menos reconoce que no puede hacerlo. Pero un hombre tal no existe en ninguna parte. Si lo hubiese, entonces sí o sería ridículo darle órdenes imposibles de cumplir, o el Espíritu de Cristo sería algo inútil.
La Escritura en cambio nos presenta al hombre no sólo como un ser atado, miserable, cautivo, enfermo y muerto, sino uno que a causa del obrar de Satanás, su príncipe, añade a sus otras miserias esa miseria de su ceguedad que le hace creerse libre, feliz, desatado, fuerte, sano y vivo. Pues Satanás sabe que si los hombres tuviesen noción de su miseria, él no podría retener a ninguno de ellos en su reino, porque de la miseria reconocida y suplicante, Dios no puede sino apiadarse de inmediato y acudir a socorrerla, ya que en toda la Escritura se habla de él con tanta alabanza como del Dios que está cercano a los quebrantados de corazón, y ya que también Cristo testifica en Isaías 61 que él «fue enviado para dar buenas nuevas a los pobres y para sanar a los quebrantados de corazón». Consecuentemente, la obra de Satanás es tener asidos a los hombres a fin de que no se den cuenta de su miseria sino presuman ser capaces de hacer todo lo que se ordena [dicuntur]. La obra de Moisés empero y del legislador es lo contrario de esto: es lograr que mediante la ley, el hombre llegue al pleno conocimiento de su miseria, y entonces, una vez quebrantado y confundido al conocerse bien a sí mismo, prepararlo para la gracia y enviarlo hacia Cristo para así ser salvado. No es, pues, algo ridículo lo que es hecho por medio de la ley, sino algo sumamente serio y necesario.
A los que han llegado a entender esto, al mismo tiempo les resulta fácil entender que la Disquisición con toda su serie de argumentos no logra absolutamente nada, puesto que no hace más que extraer de las Escrituras palabras imperativas de las cuales no sabe qué quieren decir ni para qué fueron dichas, y luego, con el agregado de sus deducciones y semejanzas carnales hace una mezcolanza tremenda, llegando a afirmar y probar mucho más de lo que se había propuesto, e incluso discute en contra de sí misma, de modo que realmente no sería necesario seguir analizando punto por punto. Pues con resolver uno se los resuelve a todos, ya que todos se apoyan en el mismo argumento. No obstante, para abrumar a la Disquisición con el peso de la abundancia con que ella me quiso abrumar a mí, seguiré algo más adelante con el examen. En Isaías 1 se lee: «Si quisiereis y me oyereis, comeréis los bienes de la tierra».
Allí, a juicio de la Disquisición, «habría sido más propio decir “si yo quisiere, si yo no quisiere” en caso de no existir libertad de la voluntad». Con lo que llevamos dicho, la respuesta salta a la vista. Además, ¿qué propiedad habría si allí dijese: «si yo quisiere, comeréis los bienes de la tierra»? ¿O acaso la Disquisición, por un exceso de sabiduría, opina que los bienes de la tierra se pueden comer sin que Dios lo quiera, o que es cosa rara y novedosa que recibamos bienes sólo si Dios así la quiere?: Lo mismo sucede con el pasaje de Isaías 21: «Si queréis preguntar, preguntad; volveos y venid”. «¿A qué viene el exhortar a aquellos que no tienen ninguna potestad propia?” dice la Disquisición; «es como si alguien dijese a un hombre cargado de cadenas: muévete de ahí».
Con mucha más razón digo yo: ¿A qué viene el citar pasajes que por sí solos no prueban nada, pero que luego, una vez que se les agregó una deducción, es decir, que se tergiversó su sentido, lo atribuyen todo al libre albedrío, cuando lo único que debía probarse era un cierto esfuerzo, no adjudicable al libre albedrío? «Lo mismo cabe decir respecto de los textos siguientes: Isaías 45 `Congregaos y venid; volveos a mí y seréis salvos’; capítulo 52: “Levántate, levántate; sacúdete del polvo, suelta las ataduras de tu cuello”; Jeremías 15: “Si te volvieres, yo te haré volver; y si separares la precioso de lo vil, serás como mi boca”. Pero es Zacarías el que señala con evidencia aún mayor el esfuerzo del libre albedrío y la gracia divina preparada para aquel que se esfuerza, diciendo: `Volveos a mí, dice el Señor de los Ejércitos, y yo me volveré a vosotros, dice el Señor».
En estos pasajes; nuestra Disquisición no hace la menor distinción entre palabras de la ley y palabras del evangelio: tan ciega es y tan ignorante que no alcanza a ver qué es ley, y qué es evangelio. Pues de todo el libro de Isaías no cita ninguna palabra de la ley excepto el pasaje “si quisiereis”; lo demás todo son expresiones evangélicas con que los contritos y afligidos son llamados a la consolación mediante la palabra de la gracia que Dios les ofrece. Pero la Disquisición convierte estas expresiones evangélicas en palabras de la ley. Dime, por lo que más quieras: ¿qué se puede esperar en materia de teología o Sagradas Escrituras de una persona que ni siquiera llegó a formarse una noción clara acerca de lo que es ley y evangelio, o que si lo sabe, sin embargo no se molesta en tomarlo en cuenta? Forzosamente lo mezclará todo, cielo, infierno, vida, muerte, y correrá el peligro de no saber absolutamente nada de Cristo.
Más adelante advertiré a mi Disquisición más ampliamente acerca de este particular. Por ahora fíjate en estas palabras de Jeremías y Zacarías: «Si te volvieres, yo te haré volver» y «Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros». ¿De esto sigue acaso: «Volveos así que poseéis la facultad de volver»? ¿0 acaso se puede concluir así: «Ama al Señor tu Dios de todo corazón así que posees la facultad de amarlo de todo corazón»? ¿Qué comprueba entonces ese tipo de argumentos? Ni más ni menos que esto: que el libre albedrío no necesita la gracia de Dios, sino que lo puede todo por sus propias fuerzas. ¡Cuánto más correcto es, pues, tomar las palabras así como están escritas! «Si te volvieres, también yo te haré volver esto quiere decir: «Si tú desistes de pecar, también yo desistiré de castigar; y si tú como convertido [conversos = “vuelto”] llevas una vida en rectitud, también yo te colmaré de bendiciones y apartaré de ti tu cautividad y miseria». Pero de esto no sigue que el hombre sea capaz de convertirse [volverse, convertatur] por su propio poder; las palabras mismas tampoco lo dicen, sino que dicen simplemente: “Si te volvieres”, con lo que se advierte al hombre qué debe hacer. Mas una vez que lo ha conocido, y reconocido que no puede hacerlo, debiera inquirir de dónde puede obtener fuerzas para ello, si no es que interviene aquel monstruo, la Disquisición (esto es, el agregado y su deducción) afirmando: «A menos que el hombre sea capaz de volverse por su propia fuerza, en vano seria decirle volveos». Ya hemos expuesto suficientemente qué significa esto, y a dónde conduce.
Es señal de cierta estupidez, o de cierto letargo, si uno cree que con palabras como ese “volveos”, “si te volvieres” y otras similares se confirma la capacidad [vis] del libre albedrío, sin reparar en que de la misma manera sería confirmada también con esa otra palabra: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón”, ya que aquí y allá el que ordena y exige es identificado como uno y el mismo. Amor a Dios empero es algo que se exige no menos que nuestra conversión y la observancia de todos los mandamientos, ya que el amor a Dios es nuestra verdadera conversión. Y no obstante, de aquel mandamiento de amar a Dios, nadie deduce la existencia de un libre albedrío, en cambio de las palabras “si quisiereis”, “si oyereis”, “vuélvete” y similares, todos la deducen.
Por ende, si de esta palabra (Ama al Señor tu Dios de todo corazón) no sigue que el libre albedrío es algo o es capaz de algo, es seguro que tampoco sigue de aquellas otras: “si quisieres”, “si oyeres”, “volveos” y otras semejantes, que plantean exigencias menores, o menos categóricas, que aquel “ama a Dios”, “ama al Señor”. Por consiguiente: todo lo que se responda en cuanto al `ama a Dios’ en el sentido de que no hace conclusiones a favor del libre albedrío, se podrá decir también en cuanto a todas las demás palabras que expresan órdenes o exigencias, en el sentido de que ellas no hacen conclusiones a favor del libre albedrío. Vale decir: con la palabra “ama” se nos muestra, en forma de una ley, qué debemos hacer, pero no se nos muestra qué fuerza tiene la voluntad o qué somos capaces de hacer, sino antes bien lo que no podemos hacer. Lo mismo se demuestra con todas las demás palabras que tienen carácter de exigencia. Es sabido, en efecto, que hasta los escolásticos, con excepción de los escotistas y modernistas, aseveran que el hombre no puede amar a Dios de todo corazón. Así tampoco puede guardar ninguno de los demás mandamientos, porque todos ellos dependen de este uno, como lo atestigua Cristo. Queda entonces como resultado, corroborado también por los teólogos escolásticos, que las palabras de la ley no prueban nada a favor de una fuerza del libre albedrío, sino que muestran qué debemos hacer y qué no podemos hacer.
Pero nuestra Disquisición va aún más lejos en su tontería: de aquellas palabras de Zacarías «volveos a mi” no sólo deduce una expresión en indicativo, sino que incluso insiste en probar con ellas el esfuerzo del libre albedrío, y la gracia que está preparada para aquel que se esfuerza. Aquí por fin la Disquisición se acuerda de su propio esfuerzo; y según una nueva gramática, `volverse’ significa para ella lo mismo que “esforzarse”, de modo que el sentido es ahora: `Volveos a mí’ esto es: esforzaos por volver, ‘y yo me volveré a vosotros’ esto es: me esforzaré por volverme a vosotros. Con esto le da a Dios el gusto de atribuirle también un ocasional esfuerzo, quizás con intención de prepararle la gracia a él por cuanto se esfuerza.
Pues si en algún lugar cualquiera, volverse significa esforzarse, ¿por qué no en todos los lugares? Por otra parte, dice la Disquisición que con aquel pasaje de Jeremías 15: “si separares lo precioso de lo vil” se prueba no sólo el esfuerzo, sino la libertad de escoger, pesar de que antes había enseñado que esta libertad se perdió y se convirtió en la necesidad de servir al pecado. Como ves, la Disquisición tiene en verdad un muy libre albedrío en su manera de tratar las Escrituras: a palabras de una y la misma forma que en un lugar prueban el esfuerzo, en otro lugar las obliga a probar la libertad, según convenga. Y bien, no nos detengamos en estas bagatelas. La palabra “volverse” se usa en las Escrituras en una doble acepción: una acepción legalista y una acepción evangélica.
Usada en su acepción legalista es la voz de uno que exige y ordena, voz que requiere no un mero esfuerzo, sino un cambio de la vida entera. Este empleo es frecuente en el libro de Jeremías: “Volveos cada uno de su mal camino”; “vuélvete al Señor”; pues allí el profeta incluye la exigencia de cumplir con todos los mandamientos, como se ve con toda claridad. Usada en su acepción evangélica es una palabra de consuelo y promesa divinos, con la cual no se exige nada de nosotros, sino que se nos ofrece la gracia de Dios; de esa índole es el pasaje del Salmo 13: «Cuando el Señor hiciere volver del cautiverio a los de Sion», y aquel otro del Salmo 22: «Vuélvete, oh alma mía, a tu reposo».
Zacarías por lo tanto presenta en un brevísimo resumen ambas predicaciones, tanto la de la ley como la del evangelio; donde dice: «volveos a mí», tenemos la ley entera y la suma de la ley; donde dice: «me volveré a vosotros», tenemos la gracia. Y bien, en la misma medida en que queda probado el libre albedrío mediante la palabra «ama a Señor» o cualquier otra palabra que expresa una ley particular, en esa misma medida queda probado también mediante esta expresión sumaria de la ley: «volveos». Corresponde pues al lector circunspecto observar cuidadosamente qué son en las Escrituras palabras que expresan ley, y qué son palabras que expresan gracia, a fin de que no haga de todo ello una mezcla confusa a la manera de los inmundos sofistas y esta soñolienta Disquisición.
Pues fíjate cómo la Disquisición trata aquel sublime pasaje de Ezequiel 18: «Vivo yo, dice el Señor, que no quiero la muerte del pecador, sino antes bien que se vuelva y viva». «En primer término” dice la Disquisición en este capítulo se repite muchas veces: “si se apartare, hizo, cometió”, tanto en sentido buena como en sentido malo; y ¿quién querrá negar que él, hombre logra hacer siquiera algo?» ¡Pero mira qué conclusión más brillante! ¡Esa Disquisición que estaba por probar el esfuerzo y la aspiración del libre albedrío, ahora prueba que todo está hecho, que todo está cumplido por el libre albedrío! ¿En qué quedan entonces, me pregunto yo, los que buscan la gracia y al Espíritu Santo? Pues la parlanchina Disquisición arguye: «Dice Ezequiel: “si el impío se apartare e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá”. Por consiguiente, el impío en el acto procede de conformidad, y puede hacerlo».
Ezequiel indica qué debe hacerse, la Disquisición entiende que la orden se cumple y ya se cumplió, y una vez más quiere enseñarnos a base de su nueva gramática que lo mismo es “deber”, lo mismo “exigir” y “cumplir” lo mismo “demandar” y “entregar”. Luego después tergiversa aquella expresión más pura del evangelio [vocem dulcissimi Evangelii] «No quiero la muerte del pecador», etc., en la forma siguiente: «¿Deplora acaso el justo [pies] Señor la muerte de su pueblo, muerte de la cual él mismo es el autor? Si Dios no quiere la muerte, el hecho de que nos perdamos debe atribuirse enteramente a nuestra voluntad. Pero ¿qué puedes atribuir a aquel que no es capaz de hacer nada bueno ni nada malo?».
Exactamente lo mismo canturreaba también Pelagio cuando atribuyó al libre albedrío no una aspiración o un esfuerzo, sino el pleno poder de cumplirlo y hacerlo todo. Pues este poder es lo que prueban aquellas deducciones (como ya lo puntualizamos), si es que prueban algo; de modo que se oponen con fuerza igual o aún mayor a esa misma Disquisición que niega tal fuerza del libre albedrío y habla de un mero esfuerzo, así como se oponen también a nosotros, que negamos el libre albedrío entero. Pero pasemos de la ignorante Disquisición al asunto mismo.
Vida y obra de Wesley
Sermón 53
A la muerte de Jorge Whitefield
Números 23:10
Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya.
1. «Y mi postrimería sea como la suya». ¿Cuántos de ustedes comparten este deseo? Quizás pocos de esta numerosa congregación no lo compartan. ¡Que tal deseo pueda anidar en su mente! ¡Y que no se desvanezca hasta que sus almas también puedan reposar allí donde los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas.1
2. No debe esperarse en esta ocasión una exposición elaborada del texto. Les apartaría demasiado del triste aunque grato recuerdo de su amado hermano, amigo y pastor; y también padre, porque ¡cuántos hay aquí que él engendró en el Señor!2 ¿No sería más apropiado a sus expectativas, así como a la solemnidad de esta ocasión, hablar directamente de este hombre de Dios a quien ustedes con frecuencia han escuchado platicar en este lugar? La finalidad de cuya plática, ustedes saben, ha sido Jesucristo, es el mismo ayer, y hoy y por los siglos.3
Podemos pues, Primero, prestar atención a algunos datos de su vida y muerte; Segundo, prestar atención a su carácter; y, Tercero, preguntarnos cómo podemos superar esta terrible situación, su repentina partida de entre nosotros.
I.1. Podemos, en primer lugar, examinar unos pocos pormenores de su vida y muerte. Nació en Gloucester en diciembre de 1714,4 y fue inscrito allí en una escuela primaria cuando tenía unos doce años de edad. A los diecisiete años comenzó, según su mejor entender, a tomar en serio la religión y a servir a Dios. Alrededor de los dieciocho se trasladó a la universidad y fue admitido en la Escuela Superior de Pembroke en Oxford. Y luego de un año tomó conocimiento de los así llamados metodistas, a quienes desde aquella época amó como a su propia alma.
2. Fue convencido por ellos de que nos es necesario nacer de nuevo,5 pues la religión exterior no nos aprovechará de nada. Se les unió para los ayunos de miércoles y viernes, para visitar a los enfermos y encarcelados, aprovechando todo instante, para que ningún momento fuera pérdida de tiempo; y cambió el curso de sus estudios, principalmente leyendo aquellos libros que se internaban en el corazón de la religión y conducían a la experiencia del conocimiento de Jesucristo y a éste crucificado.6
3. Pronto fue puesto a prueba como con fuego. No sólo perdió su reputación y lo abandonaron algunos de sus mejores amigos, sino que fue probado interiormente y de la manera más severa. Pasó muchas noches insomnes, muchos días postrado sobre el suelo. Pero luego de haber sufrido varios meses bajo el espíritu de esclavitud, a Dios le plugo quitarle la carga dándole el espíritu de adopción,7 capacitándolo, por medio de una fe viviente, a aferrarse al Hijo amado.8
4. Sin embargo, se pensó que para recuperar su salud, por entonces muy deteriorada, debería ir al campo. De acuerdo con esto marchó a Gloucester, donde Dios le permitió despertar a varios jóvenes. Muy pronto éstos se organizaron en una pequeña sociedad y fueron uno de los primeros frutos de su labor. Poco después comenzó a leer en voz alta dos o tres veces por semana para algunos pobres del pueblo, y todos los días a leer y orar con los presos de la cárcel del condado.
5. Teniendo por entonces unos veintiún años de edad, se le pidió ingresar al ministerio. Pero tuvo gran temor, pues era muy consciente de su propia insuficiencia. Mas el mismo obispo envió por él y le dijo: «Aunque me propuse no ordenar a nadie menor de veintitrés años, no obstante a usted lo ordenaré cuando quiera que venga»; y dadas otras circunstancias coincidentes, obedeció y fue ordenado el Domingo de Trinidad de 1736.9 Al domingo siguiente predicó a un atestado auditorio en la iglesia donde había sido bautizado. A la semana siguiente regresó a Oxford y recibió su título de Bachiller. Ahora se encontraba completamente ocupado; la atención a los encarcelados y a los pobres quedó principalmente bajo su responsabilidad.
6. Mas no mucho después fue invitado a Londres para atender a la obra de un amigo que iba al campo.10 Continuó allá dos meses, alojado en la Torre, teniendo a su cargo las devociones en la capilla dos veces por semana, catequizando y predicando una vez por semana, además de visitar diariamente a los soldados en las barracas y en la enfermería. También tenía a su cargo las oraciones vespertinas en la Capilla Wapping y predicaba en la cárcel de Ludgate cada martes. Mientras estaba allí le llegaron cartas de sus amigos desde Georgia, que lo hicieron anhelar viajar y ayudarles. Mas no teniendo muy claro su llamado, al momento oportuno retornó a su pequeño cargo en Oxford; donde varios jóvenes se reunían en su cuarto diariamente para edificarse uno a otro en su santísima fe.11
7. Mas pronto fue llamado a remplazar al sacerdote de Dummer en el condado de Hamp.12 Allí tuvo a cargo las devociones dos veces por día, temprano por la mañana y a la noche luego que la gente volvía del trabajo. También diariamente catequizaba a los niños, y visitaba casa por casa. Por entonces dividía cada jornada en tres partes, dedicando ocho horas a dormir y comer, ocho a estudiar y hacer retiro, y ocho horas a las devociones, catecismo y visitación de la gente. ¿Acaso habrá un camino más excelente para un siervo de Cristo y su iglesia? Si no es así ¿quien irá y hará lo mismo?13
8. No obstante su mente aún continuaba pensando en ir al extranjero. Y estando ahora plenamente convencido de estar llamado por Dios para ello, puso todas las cosas en orden, y en enero de 1737 fue a despedirse de sus amigos de Gloucester. Fue en este viaje que Dios comenzó a bendecir su ministerio de una manera poco común. Dondequiera predicaba, se congregaban sorprendentes multitudes de oyentes, en Gloucester, en Stonehouse, en Bath, en Bristol; de suerte que el calor sofocante de las iglesias era insoportable. Y el efecto causado en la mente de muchos no era menos extraordinario. Luego de su regreso a Londres, y mientras estaba retenido por el General Oglethorpe14 de semana a semana y de mes a mes, agradó a Dios bendecir su palabra aún más. Y fue infatigable en su labor. Los domingos generalmente predicaba cuatro veces, a grandes auditorios, además de tener oficios dos o tres veces, y de caminar de un lado para otro, con frecuencia unos quince a veinte kilómetros.
9. El 28 de diciembre [1737] partió de Londres. El 29 fue la primera vez que predicó sin notas. El 30 de diciembre abordó la nave; pero ésta demoró poco más de un mes antes de zarpar. Un efecto feliz de su muy lenta travesía la menciona en abril: «Bendito sea Dios, ahora vivimos muy cómodamente en la cabina grande. Poco hablamos que no sea de Dios y Cristo. […] Y cuando estamos juntos, apenas se oye una palabra entre nosotros, sino aquella que haga referencia a nuestra caída en el primer Adán, y nuestro nuevo nacimiento en el segundo».15 De la misma manera parece que el breve tiempo que pasaron en Gibraltar fue de una providencia peculiar, pues ciudadanos y soldados, de alto o bajo rango, jóvenes y viejos, agradecieron el día de su visita.
10. Desde el domingo 7 de mayo de 1738 hasta fines de agosto hizo plena prueba de su ministerio16 en Georgia, particularmente en Savannah. Tuvo a cargo los devocionarios y exposiciones de la Palabra dos veces al día y visitó diariamente a los enfermos. Los domingos tenía exposiciones a las cinco de la mañana; a las diez devociones y predicación, lo mismo que a las tres de la tarde; y a las siete de la noche explicaba el Catecismo de la Iglesia. ¡Cuánto más fácil es para nuestros hermanos en el ministerio (sea en Inglaterra, Escocia o Irlanda) encontrar defectos de un obrero en la viña del Señor que seguir sus pasos!
11. Fue por entonces que advirtió la deplorable condición de muchos niños en Georgia; y Dios puso en su corazón los primeros pensamientos para fundar un hogar de huérfanos. A este fin decidió solicitar contribuciones en Inglaterra, si Dios le diera un seguro retorno allá. Al siguiente diciembre retornó a Londres y un domingo, el 14 de enero de 1739, fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Cristo, en Oxford. Al día siguiente vino a Londres nuevamente; y el domingo 21 predicó dos veces. Pero aunque los templos eran grandes y completamente atestados, no obstante centenares de personas quedaron en el camposanto, y otros cientos más debieron volverse a sus hogares. Esto le dio la primera idea de predicar al aire libre, mas cuando se lo mencionó a algunos amigos, consideraron que era una locura. Así que no lo llegó a poner en práctica sino después de haber dejado Londres. Fue un miércoles, febrero 21, que encontrando en Bristol todas las puertas de las iglesias cerradas (además de que ninguna iglesia tenía capacidad para la mitad de la congregación) a las tres de la tarde fue a Kingswood y predicó afuera, a unas dos mil personas. El viernes predicó allí de cuatro a cinco mil personas, y se estimó que el domingo a unas diez mil. El número aumentaba continuamente todo el tiempo que permaneció en Bristol. Y se encendió una llama de amor santo, que no será fácil extinguir. La misma fue luego encendida en varios lugares de Gales, y de los condados de Gloucester y Worcester. En verdad, dondequiera iba Dios confirmaba de forma abundante la palabra de su mensaje.
12. El domingo 29 de abril predicó por primera vez en Moorfields y en el ejido de Kennington. Los miles de oyentes estuvieron tan silenciosos como en un templo. Estando de nuevo demorado en Inglaterra de mes a mes, realizó breves excursiones a varios condados, donde recibió la contribución de multitudes generosas para un orfanatorio en Georgia. El embargo que entonces se impuso a la navegación17 le dejó tiempo libre para dar más viajes a través de varias partes de Inglaterra, por lo cual muchos tendrán razón de bendecir a Dios por toda la eternidad. Por fin, se embarcó el 14 de agosto, pero no arribó a Pennsylvania sino hasta el 30 de octubre. Posteriormente viajó a través de Pennsylvania, las Jerseys, Nueva York, Maryland, Virginia, Carolina del Norte y del Sur, predicando siempre a congregaciones inmensas, con un efecto tan grande e importante como en Inglaterra. El 10 de enero de 1740 arribó a Savannah.
13. El 29 de enero agregó tres huérfanos desamparados a los cerca de veinte que tenía en su casa desde antes. Al día siguiente hizo el trazado del terreno para la casa, a unos 15 kilómetros de Savannah. El 11 de febrero incorporó a cuatro huérfanos más, y salió en dirección a Frederica18 a fin de traer a los huérfanos que se encontraban en el sur de la colonia. A su retorno organizó una escuela, tanto para niños como para adultos, en Darien,19 y de allí tomó cuatro huérfanos. El 25 de marzo colocó la primera piedra del orfanatorio al cual, con gran propiedad, dio el nombre de Betesda.20 Es una obra por la cual niños aún no nacidos alabarán al Señor. Tenía ahora unos cuarenta huérfanos, así que había cerca de cien bocas para alimentar a diario. Pero no estaba para nada afanoso,21 confiando su cuidado a quien da su…mantenimiento a los hijos de los cuervos que claman.22
14. En abril hizo otra gira por Pennsylvania, las Jerseys y Nueva York. Multitudes increíbles se congregaban para escucharlo, entre las cuales había abundancia de negros. En todos los lugares la mayoría de los oyentes eran afectados a un grado sorprendente. Muchos fueron profundamente convencidos de su estado de perdición; muchos se convirtieron verdaderamente a Dios. En algunos lugares miles de personas clamaban en voz alta; muchos como en agonía de muerte; muchos bañados en lágrimas; algunos pálidos como de muerte; otros retorciendo sus manos; otros echándose al suelo; otros hundiéndose en los brazos de sus amigos; casi todos levantando los ojos y pidiendo misericordia.
15. Retornó a Savannah el 5 de junio. Durante el servicio público de la noche siguiente, la congregación entera, jóvenes y viejos, se deshacían en lágrimas. Luego del servicio varios de los feligreses, y todas sus familias, particularmente los niños, regresaron a sus hogares llorando por las calles, y algunos no podían menos que orar en voz alta. Los gemidos y el llanto de los niños continuaron toda la noche así como gran parte del día siguiente.
16. En agosto viajó de nuevo, y llegó a Boston luego de atravesar varias provincias. Mientras estuvo allí y en los lugares vecinos, tenía el cuerpo extremadamente debilitado. No obstante, las multitudes de oyentes eran tan grandes, y los efectos producidos en ellos tan sorprendentes, como nunca antes habían visto las personas más viejas del pueblo. El mismo poder le acompañó en su predicación en Nueva York, particularmente el domingo 2 de noviembre. Casi tan pronto como comenzó, se escuchaban quejidos, llantos y lamentos por todas partes. Muchos se arrojaron al piso, dolidos de corazón; y muchos fueron llenos de consolación divina. Hacia el fin de su viaje hizo esta reflexión: «Hace setenta y cinco días desde que arribé a Rhode Island, con el cuerpo muy débil. Sin embargo Dios me ha permitido predicar en público ciento setenta y cinco veces, además de exhortar frecuentemente en privado. Nunca Dios me concedió mayor consuelo. Jamás realicé mis viajes con menos fatiga, o vi tal continuidad de la presencia divina en las congregaciones a las cuales prediqué».23 En diciembre regresó a Savannah y en marzo siguiente arribó a Inglaterra.
17. Ustedes pueden observar fácilmente que el relato precedente está extraído de su Diario el cual, por su sencillez y simplicidad sin afectación, puede competir con otros de su clase. ¡Cuán veraz muestra resulta de sus labores en Europa y en América para la honra de su amado Maestro durante los treinta años que siguieron! ¡Así como de la interrumpida lluvia de bendiciones con las que a Dios le plugo dar éxito a su ministerio! Hay que lamentar que algo le impidió continuar este relato hasta cerca del tiempo en que fue llamado por su Señor para gozar del fruto de sus labores. Si él ha dejado cualquier escrito de esta clase, y sus amigos me consideran digno de ese honor, sería mi gozo y orgullo sistematizarlo, transcribirlo y prepáralo para su publicación.
18. Un relato particular de los últimos momentos de su vida es dado por un caballero de Boston: Luego de estar alrededor de un mes con nosotros en Boston y en pueblos vecinos, y predicando cada día, se dirigió a Vieja York24 y predicó allí el viernes. El sábado a la mañana se fue a Boston, pero antes llegó a Newbury,25 donde se lo había comprometido para predicar a la mañana siguiente (en verdad, había sido importunado a predicar). No siendo la casa lo bastante grande para contener a la gente, predicó en un campo abierto. Pero habiendo estado enfermo por varias semanas, estaba tan extenuado que cuando vino a Newbury no podía salir del barco sino con la ayuda de dos hombres. No obstante, por la noche recobró su ánimo y apareció con su habitual alegría. Fue a su habitación a las nueve, su horario fijo, del cual ninguna compañía podría desviarlo, y durmió mejor de lo que lo había hecho por varias semanas. El 30 de septiembre se levantó a las cuatro de la mañana, fue a su lavatorio; y su compañero de cuarto observó en privado que era inusualmente alto. Dejó su lavatorio, retornó a su cuarto, se tiró sobre la cama, y descansó unos diez minutos. Entonces se arrodilló, y oró con fervor a Dios que si fuera compatible con su voluntad él podría concluir ese día con la obra de su Maestro. Entonces solicitó a su compañero que llamara al Sr. Parsons,26 el clérigo en cuya casa se hospedaba; pero en un minuto, y antes de que el Sr. Parsons arribara, falleció sin un suspiro o gemido. A la noticia de su muerte, seis caballeros partieron hacia Newbury a fin de traer sus restos acá, pero no pudo ser movido, así que sus preciosas cenizas deben permanecer en Newbury. Centenares de personas podrían haber ido desde esta ciudad para asistir a su funeral si no hubieran tenido la expectativa de que él habría sido enterrado aquí… ¡Que este golpe pueda ser santificado para la iglesia de Dios en general, y para esta provincia en particular!27
II. 1. En segundo lugar, veamos algunos aspectos de su carácter. Un breve esquema de esto fue pronto publicado en el Boston Gazzete, un resumen del cual se adjunta: Poco puede decirse de él, que todo amigo de un cristianismo vital y que haya estado bajo su ministerio, no lo haya atestiguado. En su obra pública por muchos años sorprendió al mundo con su elocuencia y devoción. ¡Con qué apasionante devoción persuadió al pecador impenitente a abrazar la práctica de la piedad y la virtud! Lleno del espíritu de gracia, habló desde el corazón y con celo ardiente acaso inigualado desde los días de los apóstoles, engalanó las verdades que comunicaba con agraciado encanto de retórica y oratoria. Desde el púlpito fue incomparable en el dominio de auditorios cada vez más multitudinarios. Ni fue menos agradable e instructivo en sus conversaciones privadas: afortunado en su destacada facilidad para dirigir la palabra, deseoso de comunicarse, esmerado en edificar. ¡Que la naciente generación atrape una chispa de aquella llama que resplandeció con tal distinguido brillo en el espíritu y práctica de este fiel siervo de Dios altísimo!28
2. Una nota más particular e igualmente justa sobre él, ha aparecido en uno de los periódicos ingleses. Puede que no sea desagradable para ustedes agregar también la substancia de éste: El carácter de esta persona realmente piadosa debe quedar profundamente grabado en el corazón de todo amigo de la religión vital. A pesar de una débil y delicada constitución física continuó hasta el último día predicando con una frecuencia y un fervor que parecían exceder la fortaleza natural del más robusto. Habiendo sido llamado al ejercicio de esta función a una edad temprana, cuando los jóvenes apenas están comenzando a capacitarse para ello, no tuvo tiempo para realizar un progreso considerable en los lenguajes eruditos. Pero este defecto fue suplido por un genio dinámico y fértil, por un celo ferviente, y por una vigorosa y muy persuasiva predicación. Y aun cuando desde el púlpito fue necesario por el temor del Señor persuadir a las gentes,29 no tenía nada sombrío en su temperamento, siendo una persona singularmente alegre, así como caritativa y de tierno corazón. A la vez estaba presto a aligerar sus necesidades corporales y espirituales. También debe observarse que constantemente insistía ante su audiencia en todo deber moral, y en especial en la laboriosidad en sus diferentes profesiones y obediencia a sus superiores. Por los esfuerzos extraordinarios de su predicación, en diferentes lugares, y aun a campo abierto, procuró elevar a la gente de clase más baja, del último grado de desatención e ignorancia a la comprensión de la religión. Por ésta y sus otras obras, el nombre de Jorge Whitefield será largamente recordado con estima y veneración.30
3. Se puede ver inmediatamente que, hasta donde llegan, ambos relatos son justos e imparciales. Pero apenas van más allá de lo externo de su carácter. Muestran al predicador, pero no al ser humano, al cristiano, al santo de Dios. ¿Me permitirían, bajo mi responsabilidad, agregar algo más a partir de un conocimiento personal de casi cuarenta años? En verdad, soy consciente de cuán difícil es hablar de un tema tan delicado, y la prudencia que se requiere, para no decir ni poco ni mucho. Mejor dicho, sé que es completamente difícil expresar poco o mucho, sin incurrir para algunos en un tipo de censura sobre lo uno o lo otro. Algunos pensarán seriamente que se dice muy poco, y otros que es demasiado. Mas sin preocuparme por ello hablaré sólo de lo que sé, delante de aquél a quien todos debemos rendir cuenta.
4. Ya se ha hecho mención de su celo incomparable, su actividad infatigable, su ternura de corazón para con los afligidos, y de su caridad hacia el pobre. Pero, de la misma manera ¿no deberíamos mencionar su profunda gratitud a todos quienes Dios ha usado como instrumento para su bien? ¿Aquellos de quienes no cesó de hablar de la manera más respetuosa, hasta el día de su muerte? ¿No deberíamos mencionar que tenía un corazón susceptible de la amistad más generosa y tierna? Con frecuencia he pensado que ésta, entre todas las demás, fue la parte distintiva de su carácter. ¡Cuán pocos hemos conocido de un temperamento tan amable, de un afecto tan grande y fluido! ¿No fue fundamentalmente por esto que los corazones de otros fueron extrañamente atraídos y aunados a él? ¿Puede alguna otra cosa que no sea el amor engendrar amor? Esto resplandecía en su propio semblante, y continuamente exhalaba en todas sus palabras, fuera en público o en privado. ¿Acaso no fue esto lo que, rápido y penetrante como un relámpago, fluía de corazón a corazón? ¿Qué fue lo que les dio vida a sus sermones? Ustedes son testigos.
5. Pero dejando fuera las viles tergiversaciones de gente de mentes corruptas, que no saben de otro amor que no sea el terrenal y sensual,31 al mismo tiempo debemos recordar que fue dotado de la más agradable e intachable modestia. Su oficio le llevaba a conversar muy frecuente y extensamente con mujeres así como con hombres; y de toda edad y condición. Mas toda su conducta hacia ellos fue un comentario práctico de aquel consejo de San Pablo a Timoteo, Exhorta… a las ancianas como a madres; a las jovencitas, como hermanas, con toda pureza.32
6. Entretanto, ¡cuán propia de la cordialidad de su espíritu fue la franqueza y sinceridad de su conversación! Aunque estaba tan lejos de la rudeza por una parte, como de la astucia y la simulación por otra. ¿No fue esta instantánea franqueza un fruto y una prueba de su coraje e intrepidez? Armado con ellos, no temió frente al rostro de los demás, sino que usó de mucha franqueza33 con personas de cualquier clase y condición, alta y baja, rica y pobre; procurando sólo la manifestación de la verdad, encomendándose a sí mismo a toda conciencia humana delante de Dios.34
7. No tuvo temor de dolores y trabajos, ni tampoco de lo que pudiera hacerle el hombre,35 siendo igualmente «Paciente en sobrellevar el mal, y haciendo el bien».36 Y esto se mostró en la constancia con que prosiguió todo lo que emprendió por causa de su Maestro. Consideren un ejemplo entre todos, el orfanatorio de Georgia, que comenzó y concluyó a pesar de toda oposición. En verdad, en todo aquello que tuviera que ver con él mismo, fue dúctil y flexible, dispuesto a ser conciliador,37 fácil para ser ya convencido ya persuadido. Pero fue inconmovible en las cosas de Dios, o donde estuviera vinculada su conciencia. Nadie podría persuadirlo, y mucho menos asustarlo, para cambiar el mínimo punto de aquella integridad que fue inseparable de todo su carácter, y que regulaba todas sus palabras y acciones. En esto «Persistió fuerte como pilar de hierro y sólido como muralla de bronce».38
8. Si se preguntara cuál era la base de su integridad, o de su sinceridad, coraje, paciencia, y toda otra cualidad amable y valiosa, es fácil dar la respuesta. No fue la excelencia de su temperamento natural; ni el vigor de su inteligencia. No fue la solidez de la educación; no, ni el consejo de sus amigos. No fue otra cosa que la fe en Cristo sufriente: fe en el poder de Dios.39 Fue una esperanza viva de una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible.40 Fue el amor de Dios… derramado en su corazón por el Espíritu Santo que le fue dado,41 lo que llenó su alma con un amor tierno y desinteresado hacia toda criatura humana. De esta fuente surgió aquel torrente de elocuencia que, con frecuencia, removió todo lo que estuviera enfrente; de aquí aquella sorprendente fuerza de persuasión, que los pecadores más empedernidos no podían resistir. Esto fue lo que frecuentemente hizo su cabeza como aguas y sus ojos fuentes de lágrimas.42 Esto fue lo que le permitió derramar su corazón en oración de una manera que le era peculiar, con tal unidad de plenitud y fluidez, con tal fuerza y variedad tanto de sentimiento como de expresión. 9. Puedo concluir esta parte destacando ¡qué honor agradó a Dios conceder a su fiel siervo permitiéndole proclamar su evangelio eterno en tal variedad de países, a tal número de personas y con tan grande efecto en tantas de sus preciosas almas! ¿Hemos leído u oído de alguna otra persona que, desde los tiempos apostólicos, testificara del evangelio de la gracia de Dios a través de un espacio tan amplio y extendido, por una parte tan grande del mundo habitado? ¿Hemos leído o escuchado de alguna persona que llamara a tantos miles, a tal miríada de pecadores, a arrepentimiento? ¿Sobre todo, hemos leído u oído de otro que haya sido un bendecido instrumento de su mano para llevar tantos pecadores de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios?43 Es verdad que si fuéramos a hablar así al alborozado mundo seríamos juzgados como extraños.44 Pero ustedes entienden el lenguaje del país al que van, donde nuestro amigo se fue un poco antes que nosotros.
III. Mas ¿cómo superaremos esta terrible situación? Este es el tercer asunto que tenemos que considerar. La respuesta a esta importante cuestión es sencilla (¡quiera Dios escribirla en todos nuestros corazones!) observando de cerca las grandes doctrinas que expuso y tomando de su espíritu.
1. Primero, entonces, observemos las grandes doctrinas bíblicas que predicó por todas partes. Hay muchas doctrinas de una naturaleza menos esencial, sobre las cuales aun los sinceros hijos de Dios (¡tal es la presente debilidad del entendimiento humano!) están y han estado divididos por muchísimo tiempo. Con respecto a ellas, podemos pensar y dejar pensar; podemos consentir en disentir. Pero, entretanto, mantengamos firmes los fundamentos de la fe que ha sido una vez dada a los santos,45 en la cual este paladín de Dios insistió tan fuertemente en todo tiempo y en todo lugar.
2. Este punto fundamental fue: dar a Dios toda la gloria de todo aquello que es bueno en el ser humano. Y en la empresa de la salvación, poner a Cristo tan alto y al ser humano tan bajo como fuera posible. Con este punto él y sus amigos de Oxford, los metodistas originales (así llamados), se pusieron en camino. Su gran principio fue: no hay poder ni mérito por naturaleza en el ser humano. Insistieron que todo poder para pensar, hablar, o actuar correctamente es en y desde el Espíritu de Cristo; y todo mérito está, no en el ser humano, no importa cuán superior sea en gracia, sino meramente en la sangre de Cristo. Así que él y ellos enseñaron: no hay poder en el ser humano, hasta que le sea dado desde lo alto, hacer una buena obra, decir una buena palabra, o concebir un buen deseo. Porque no es suficiente decir que todos los seres humanos están enfermos de pecado. No, todos estamos muertos en nuestros delitos y pecados.46 De ello se deriva que todos los hijos de los hombres son por naturaleza hijos de la ira.47 Todos estamos bajo el juicio de Dios,48 condenados a muerte, tanto temporal como eterna.
3. Así que todos estamos indefensos, tanto respecto al poder como a la culpa del pecado. Porque, ¿quién hará limpio a lo inmundo?.49 Nada menos que el Todopoderoso. ¿Quién puede levantar a los que están muertos, espiritualmente muertos en pecado? Nadie, sino aquél que nos levantó del polvo de la tierra. Mas ¿sobre qué consideración hará esto? No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho.50 No alabarán los muertos al Señor.51 Ni hacen nada por motivo de lo cual deberían ser levantados a la vida. Por tanto, cualquiera cosa que hace Dios, la hace sólo por causa de su Hijo amado: él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.52 Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.53 El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.54 Esta es, entonces, la única causa meritoria de toda bendición que hacemos o podemos gozar; en particular de nuestro perdón y aceptación de Dios, de nuestra plena y libre justificación.55 Mas, ¿por qué medios llegamos a interesarnos en lo que Cristo ha hecho y sufrido? No por obras, para que nadie se gloríe,56 sino sólo por la fe. Concluimos, dice el apóstol, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley.57 Así que, a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.58
4. Por tanto, el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.59 Mas todos los que así son nacidos del Espíritu60 tienen el Reino de Dios entre ellos.61 Cristo establece su reino en sus corazones: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo;62 aquel sentir que hubo también en Cristo Jesús,63 habilitándolos a andar como él anduvo.64 El Espíritu que en ellos mora los hace santos en el corazón y santos en toda su manera de vivir.65 Pero aun considerando que todo esto es una libre dádiva por medio de la justificación y la sangre de Cristo, existe la misma razón para recordar perpetuamente que, El que se gloría, gloríese en el Señor.66
5. Ustedes no ignoran que éstas eran las doctrinas fundamentales sobre las que insistió en todas partes. Y, ¿acaso no podrían resumirse en dos términos: el nuevo nacimiento y la justificación por la fe? Perseveremos en ellos con todo vigor, en todo tiempo y en todo lugar; en público (aquellos de nosotros que estamos llamados a ello) y en privado, en todas las oportunidades. Observen estrechamente estas doctrinas buenas, viejas, fuera de moda, ante cualquier persona que las contradiga y blasfeme. Firmes, mis hermanos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza;67 con todo cuidado y diligencia salvaguarden lo que se les ha encomendado;68 sabiendo que el cielo y la tierra pasarán; pero esta verdad no pasará.69
6. ¿Pero será suficiente apegarse a estas doctrinas, con la pureza que puedan tener? ¿Acaso no hay un asunto de mayor importancia que éste, es decir, beber de su espíritu? Ser en esto imitador de él, así como él lo fue de Cristo.70 Sin esto la pureza de nuestras doctrinas sólo aumentará nuestra condenación. Por tanto, ésta es la cuestión principal, ser seguidores de su espíritu. Mas permitiéndonos que en algunos puntos debamos conformarnos a admirar lo que no podemos imitar; no obstante en muchos otros podremos, por medio de la misma libre gracia, ser partícipes de igual bendición. Consciente entonces de tus propias carencias, y de su abundante amor que da a todos abundantemente y sin reproche,71 clama a aquél que realizó todo en todos por una medida de la misma preciosa fe; del mismo celo y actividad, la misma ternura de corazón, caridad y entrañable misericordia.72 Pugna con Dios para lograr algún grado semejante de gratitud, amistad, amabilidad de temperamento; de la misma apertura, sencillez y piadosa sinceridad, de amor sin fingimiento.73 Sigue luchando, hasta que el poder de lo alto opere en ti la misma firmeza de coraje y paciencia; y sobre todo, dado que es la corona de todo, la misma invariable integridad.
7. ¿Hay algún otro fruto de la gracia de Dios del cual él fue dotado de manera eminente, y cuya carencia entre los hijos de Dios se lamentara frecuente y apasionadamente? Existe uno, esto es, un amor católico: aquel afecto sincero y tierno que es debido para con todos aquellos de quienes hay razones para creer que son hijos de Dios por la fe; en otras palabras, todos aquellos de cualquier credo que temen a Dios y hacen obras de justicia.74 Anhelaba ver en todo aquel que hubiera gustado de la buena palabra75 un verdadero espíritu católico–término poco comprendido y menos experimentado aun por muchos que lo tienen con frecuencia en sus labios. ¿Quién es el que responde a este carácter? ¿Quién es una persona de un espíritu católico?76 Quien ama como amigo, como hermano en el Señor, como partícipe solidario del presente reino de los cielos y coheredero de su reino eterno, a toda persona, de cualquier opinión, modo de adoración, o congregación, que cree en el Señor Jesús; que ama a Dios y a los seres humanos; que, gozándose en agradar a Dios y temiendo ofenderle, es cuidadosa en abstenerse del mal, y celosa de buenas obras.77 Así es una persona de un verdadero espíritu católico, que lleva esto continuamente en su corazón; la que teniendo una indecible ternura por sus personas, y un vivo deseo por su bienestar, no cesa de encomendarlas a Dios en oración, así como de defender sus causas delante de los seres humanos; que les habla con comodidad, y que en todo su decir trabaja para fortalecer sus manos en Dios. Las ayuda hasta lo último de sus fuerzas en todas las cosas, espirituales y temporales. Que está pronta a gastar y gastarse78 por ellas; en efecto que ponga su vida por sus amigos.79
8. ¡Qué afable es un carácter así! ¡Cuán deseable para toda criatura de Dios! ¿Pero por qué es tan difícil hallarlo? ¿Por qué es que hay tan pocas oportunidades de ello? En verdad, suponiendo que hemos gustado del amor de Dios, ¿cómo puede cualquiera de nosotros descansar hasta que ello sea nuestro propio carácter? Porque existe un delicado ingenio por el cual Satanás persuade a millares que es posible no tener este espíritu, y no obstante estar libre de culpa. Esperemos que muchos aquí presentes no estén en este lazo del diablo…cautivos a voluntad de él.80 «Oh, sí», dice alguien, «tengo este amor por los que creo ser hijos de Dios. ¡Pero nunca creeré que es un hijo de Dios quien pertenece a aquella detestable congregación! ¿Piensan ustedes que ése puede ser hijo de Dios sosteniendo tan detestables opiniones? ¿O aquél que se une en un culto tan sin sentido y supersticioso, acaso idolátrico?» ¡Así que nos auto justificamos por un pecado añadiéndole otro! ¡Justificamos nuestra carencia de amor echándole la culpa al otro! Para colorear nuestro endemoniado temperamento declaramos a nuestros hermanos hijos del diablo. ¡Seamos conscientes de esto! Y si ustedes ya están cautivos en el lazo, escápense de él lo más pronto posible. Vayan y aprendan que el verdadero amor católico, que no es precipitado ni impaciente en juzgar; aquel amor que no guarda rencor, que todo lo cree, todo lo espera;81 que tiene toda la tolerancia que quisiéramos que otros tuvieran con nosotros. Entonces tendremos conocimiento de la gracia de Dios que está en todo ser humano, cualquiera sea su opinión o modo de adoración. Entonces todos los que temen a Dios serán amados y próximos a nosotros por el entrañable amor de Jesucristo.82
9. ¿No fue éste, acaso, el espíritu de nuestro amigo? ¿Por qué no podría ser el nuestro? Oh Dios de amor, ¿hasta cuándo tu pueblo será el escarnio entre las naciones?83 ¿Hasta cuándo se reirán burlándose de nosotros y dirán: Vean cómo se aman estos cristianos unos a otros?84 ¿Cuándo quitarás el oprobio de nosotros?85 ¿Nos consumirá la espada perpetuamente? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos? ¡Ahora, al menos, permite que todo el pueblo se detenga y no persiga más a sus hermanos!86 ¡Pero cualquier cosa que otros hagan, todos nosotros, mis hermanos, escuchemos la voz la voz de aquél que estando muerto aún habla!87 Imagínenle diciéndoles: «Ahora al menos sed seguidores de mí, así como yo de Cristo.»88 ¡Hermanos, no alcemos espada contra hermanos, ni se adiestren más para la guerra!89 Antes bien, vestíos… como escogidos de Dios… de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, soportándoos unos a otros en amor.90 Que el tiempo pasado sea suficiente para el desacuerdo, la envidia y la contienda, para morderse y comerse unos a otros.91 Bendito sea Dios que no se hayan consumidos unos a otros.92 De hoy en más sean solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.93
10. ¡Oh Dios, contigo no hay obra94 imposible: tú haces cuanto es de tu agrado! ¡Oh Dios que haces que el manto de tu profeta a quien te has llevado ahora caiga y permanezca sobre nosotros! ¿Dónde está el Señor, el Dios de Leías?95 ¡Permite que su espíritu repose sobre éstos tus siervos. ¡Muestra que eres el Dios que responde con fuego! ¡Deja que el fuego de tu corazón se derrame en cada corazón! Y porque te amamos, amémonos unos a otros con un amor más fuerte que la muerte96 ¡Quítanos todo enojo, ira y amargura; toda queja y maledicencia!97 ¡Haz que tu Espíritu repose sobre nosotros y que desde esta hora seamos benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también nos perdonó a nosotros en Cristo.98
Himno
I
¡Bien hecho, siervo de Dios!
Tu glorioso combate terminó
Peleada la lid, ganada la carrera.
Estás coronado al fin.
De los deseos de tu corazón,
Fuiste triunfal vencedor.
Alojado por el coro pastoral
En el corazón de tu Redentor.
II
Su benevolente misericordia
Tu incesante plegaria oyó
Y repentinamente te llevó
A tu recompensa plena.
Cuando el amor libró tu alma
y te cautivó para servir a Dios
Tus pies fueron calzados
Prestos para llevar la paz.
III
Con los santos de lo alto
A tu Salvador pregonas
¡Y clamas salvación a Dios,
Salvación al Cordero!
¡Oh bendita y feliz alma!
En éxtasis de alabanza
Dilatada como las edades
Contemplas la faz del Señor.
IV
Libre del mundo y del dolor,
¡Oh, cuándo seremos elevados
Para todos reinar con Jesús
Junto al amigo que ha partido!
¡Ven, Señor, ven pronto!
Y siendo consumados en ti;
Recibe a tus anhelantes siervos
en tu lar para triunfar a tus pies!99



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