
Negocios que nos ensordecen
Muchas veces, estamos alienados por todo tipo de “negocios” humanos que nos impiden la visión de Dios y nos hacen sordos a sus múltiples invitaciones.
Juan Simarro
Negocios que nos alienan, nos estresan, nos hacen perder las prioridades. ¿Se puede considerar actual hoy esa parábola que nos narra Lucas, la de la Gran Cena, en donde los ricos e integrados sociales no pueden acceder por estar alienados por sus negocios? ¿Nos alienan a nosotros también los negocios de la vida en torno al dinero, la situación social y el poder hasta el punto de no aceptar la invitación de Dios de una forma comprometida y sincera?
Hoy hay esclavos, cansados, agobiados que caminan por el mundo cargados por el trabajo de sus negocios. Algunos caminan por la vida bajo el yugo y el peso de las riquezas a cuya consecución dedican los mejores esfuerzos de su vida, si no todos. Otros, andan en situaciones no boyantes económicamente, pero igualmente preocupados por el negocio, el tener, el poseer. Quizás, los únicos resignados sean los pobres de la tierra, los que han sido tirados al lado del camino despojados de bienes y, en muchos casos, de dignidad.










