La Convención Nacional de Ateos

Dr. Ernesto ContrerasDr. Ernesto Contreras Pulido, médico especializado en el tratamiento del cáncer mediante quimioterapia y radioterapia. Fue líder laico metodista dentro de la CANO mientras vivió en Playas de Tijuana, B. C. Actualmente vive con su familia en San Diego, California, E. U. A., donde colabora con la Iglesia de Las Asambleas de Dios.

Desde el viernes de la Semana Santa y hasta el Domingo de Resurrección, se llevó a cabo en Salt Lake City, Utah, E.U.A., con una asistencia de apenas unas 700 personas, la Convención Nacional de Ateos, bajo la dirección de su presidente David Silverman, con el propósito de hacer proselitismo, alegando que donde más candidatos se pueden encontrar para engrosar las filas de su organización, es entre los feligreses que no están convencidos de las verdades del cristianismo, o que han sido defraudados por sus líderes religiosos.

Entre sus actividades preparó un debate público entre ateos y líderes religiosos locales, siendo su ataque principal hacia la iglesia cristiana evangélica en general, que según él, presiona a las personas, pretendiendo privarlas de su libertad para creer en lo que se les antoje, y específicamente, por oponerse por ejemplo, a la legalización del aborto, la legitimización de las relaciones sexuales antinaturales, y del matrimonio entre personas del mismo sexo aunque atente contra la conservación de la especie, y epidemiológicamente, esté comprobado que transmite (por la boca y por el ano), en forma mucha más virulenta (que por la uretra y vagina), las enfermedades sexualmente transmitidas, que son prácticamente inexistentes en los matrimonios heterosexuales monogámicos estrictos.

El propósito de sus intervenciones es invitar a los desilusionados de la religión, a que vengan a escuchar su mensaje alternativo, con el fin de que no se sientan que están solos en el mundo, sino que en ellos pueden encontrar un apoyo a sus creencias ateas, y una alternativa aceptable de filosofía y pensamiento.

La realidad a través de la historia y en muchos estudios en grandes núcleos de población, es que nunca se ha encontrado, ni en las islas o lugares más remotos del amazonas, por ejemplo, una cultura primariamente atea; y que está comprobado que es mucho más difícil y laborioso, convertirse en ateo, que en creyente en Dios, pues ante las abrumadoras evidencias de la existencia de un Creador omnipotente, omnisciente y omnipresente, a las que desde el nacimiento y todos los días, todos los humanos están expuestos, es realmente complicado llegar a convencerse sinceramente, que Dios no existe.

Así, a pesar del manifiesto humanista (propuesto por los comunistas), y la teoría de la evolución que floreció a partir de la segunda mitad del siglo 19 (1859), la cantidad de ateos siempre ha sido una ridícula minoría entre los miles de millones de humanos que han poblado el mundo, y que creen en Dios.

Además, las estadísticas comprueban que cada vez son menos, gracias a la asombrosa cantidad de descubrimientos y hallazgos científicos que prácticamente a diario se incrementan, tanto a nivel astronómico (por ejemplo el asombroso orden que guardan las galaxias, sistemas solares, planetas y lunas del universo, cosa que el caos nunca pudo organizar), como en el microscópico mundo de las células, los microbios, el ADN, los genes y las biomoléculas (como la complicadísima estructura de las moléculas que forman los seres vivos como los azúcares, las grasas y las proteínas, y el extraordinariamente complejo lenguaje en que están programadas aunque con las mismas cuatro letras, en un idioma diferente y no intercambiable, en el ADN de cada especie, el código que hace que se formen y funcionen todas las estructuras que son luego formadas sin faltar una de ellas.

Hoy es verdaderamente inverosímil que haya personas que presumen de ser intelectuales y científicos, que fanáticamente (sin entender razones), nieguen que todo (desde un átomo con su extraordinaria y delicada organización de sus protones, neutrones y electrones), es producto necesariamente de un diseño inteligente, y de un acto de creación, pues con los conocimientos actuales, es no menos que ridículo, creer que desde la materia, todo en el universo, apareció por obra y gracia de la casualidad, gracias a millones de accidentes y a sucesos al azar; pues se sabe que nunca un accidente (por ejemplo automovilístico), tiene como consecuencia la aparición de la vida o una mejor versión de una planta o animal.

Entre las evidencia científicas más poderosas que según Henry M Morris, en forma incontrovertible hacen imposible la inexistencia de Dios, están que aunque hay múltiples variedades dentro de una misma especie (más de 200 razas puras de perro, por ejemplo) nunca se ha visto ni ahora ni en los fósiles o restos de los miles de millones de seres vivos conservados petrificados desde la aparición de la primera vida, que haya formas intermedias entre los unicelulares y los organismos multicelulares; entre una especie y otra (gradualismo); ni los eslabones perdidos entre los invertebrados y los vertebrados; y entre los peces, los reptiles y las aves, por ejemplo, ni entre los seres asexuados y los sexuados; o que haya evidencias de la aparición de una nueva especie, o la transformación espontánea de una especie en otra (macro-evolución). (Long, J. 1995. The Rise of Fishes. Baltimore, MD: John Hopkins University Press, 30).

El evolucionista Jeffrey Schwartz, profesor de antropología de la U. de Pittsburg, reconoce que: Ha sido un hecho, como lo sigue siendo hasta hoy, que con la excepción mencionada por Dobzhansky sobre la aparición (por manipulación genética) de una nueva variedad de Drosophila (mosca de la fruta), la aparición de una nueva especie, por cualquier mecanismo, jamás se ha observado (Schwartz, J. 1999. Sudden Origins. New York: John Wiley and Sons, Inc., 300.).
Hasta Ernst Mayr, profesor de biología de la U. Harvard, quien había dicho que la evolución era un “simple hecho,” después de más de 30 años de experimentación, dijo que la evolución era una “ciencia histórica,” para la que “las leyes y los experimentos son técnicas inadecuadas” pues nunca hemos visto la evolución en acción (Mayr, E. 2000. Darwin’s Influence on Modern Thought. Scientific American. 283 (1): 83).

El investigador y declarado evolucionista Leslie Orgel, cuando reconoció que las proteínas y los ácidos nucleicos no pudieron aparecer gradualmente, sino simultáneamente, declaró que definitivamente la vida nunca pudo aparecer por simples reacciones químicas (Orgel, L. 1994. The Origin of Life on the Earth. Scientific American. 271 (4): 78). En otras palabras que no hay manera en que la vida pudo aparecer en forma natural.

Hasta el dogmático evolucionista Stephen Gould, admitió que la explosión cámbrica (la aparición brusca de todos los tipos de seres vivos, incluyendo los más complejos, en forma simultánea), fue el evento de la historia de la vida, más admirable y enigmático (Gould, S. 1999. The Evolution of Life. Evolution: Facts and Fallacies, Schopf, ed. San Diego, CA: Academic Press, 9).
Además, ya se pudo comprobar que desde las células más pequeñas, hasta los grandes mamíferos marinos y terrestres, todas las plantas, animales y humanos, desde su primera aparición, aparecieron con todas sus complejísimas estructuras, perfectamente desarrolladas, funcionales y capaces de conservar y reproducir su especie, y con una incapacidad absoluta de cambiar (estasis), o sufrir mutaciones en su ADN, sin que ello implique siempre, un daño que se irá acumulando (la carga mutacional), hasta que tales mutaciones sean incompatibles con la supervivencia y reproducción, y se haga inevitable la extinción de la especie; pero nunca, su transformación en otra especie diferente o mejor.

En resumen, las evidencias astronómicas, paleontológicas y biológicas en favor de que todas las cosas, incluyendo los seres vivos, fueron obra del Creador al que la Biblia llama Dios, son tan abrumadoras e incontrovertibles, que realmente no hay un solo argumento en favor de que este mundo pudo aparecer tan bien formado y tan admirablemente organizado y funcional, sin la participación de Dios.

La Biblia dice: Sólo el necio dice en su corazón: No hay Dios. Señor Dios, nuestro Hacedor: Digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas (Ap 4:11).