Visitante o residente

06refl correo equivocadoPor el Obispo Juan Pluma Morales, de la Conferencia Anual Septentrional (CAS)

“He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz, y abre la puerta, cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Hace muchos años, cerca de la real residencia británica en la isla de Wight, había varias casas para los pobres
y ancianos. Un misionero, que un día visitaba a  algunos ancianos, preguntó a una mujer: “¿Os visita alguna vez la reina Victoria?” “Oh, sí -contestó-  su Majestad viene a menudo a vernos.” Después, pensando si la mujer sería cristiana o no, el misionero preguntó: “¿Os visita alguna vez el Rey de reyes?”
La mujer inmediatamente sonrió y le contestó: “No señor, él no nos visita, ¡alabado sea Dios!, él vive aquí. Es por el que estamos tan ricamente bendecidos.”

Todos recibimos visitas en casa; pero hay visitas planeadas, y en este caso, se limpia la casa, se preparan los alimentos, se adecua todo para el visitante. Si es una persona conocida y estimada, la visita será toda una gran alegría. Pero otra cosa sería que nuestro visitante nos dijera que quisiera comenzar a vivir aquí en nuestra casa. En ese caso, tendríamos que proporcionarle una habitación con todo sus enseres. Pero a la vez, nuestra relación con esa persona sería diferente, ya no se trataría de un tiempo superficial breve y pasajero, sino otra cosa. Eso es lo que quiere Jesús. No le basta ser el visitante por excelencia, o el huésped de honor, sino el residente permanente para convivir, participar de lo que somos nosotros y cambiar las cosas que no estén en orden.

CONTEXTO DEL TEXTO
La iglesia de Laodicea era rica y se sentía satisfecha de sí misma, pero no contaba con la presencia de Cristo. Él estaba llamando a la puerta del corazón de los creyentes, pero ellos estaban tan ocupados disfrutando de los placeres mundanos que ni se daban cuenta de que él intentaba entrar. Los placeres de este mundo -dinero, seguridad, bienes materiales- pueden ser peligrosos porque su satisfacción temporal nos puede volver indiferentes al ofrecimiento de Dios de darnos satisfacción eterna. Si usted descubre que es indiferente a la iglesia, a Dios o a la Biblia, es que ha empezado a sacar a Dios de su vida. Siempre déjele abierta a Dios la puerta de su corazón, y así lo oirá cada vez que llame. Dejar que entre es su única esperanza de satisfacción total.

LO QUE ME ENSEÑA EL TEXTO BÍBLICO
1. Que Jesús quiere vivir en mi vida, si es que no ha estado en ella nunca; o regresar a ella para vivir por siempre
2. Que Él no abrirá la puerta desde afuera, tengo que abrirla yo desde dentro, tengo que invitarlo a vivir en mí, porque él es un caballero
3. Que al tener a Jesús en mi vida, y cenar conmigo, él luego se levantará, tomará la cubeta de agua y el trapeador, y comenzará a limpiar lo sucio de mi vida y a cambiarla.

ORACIÓN
Señor, gracias por aceptar la invitación que te hice, gracias por entrar a mi vida, gracias porque al entrar, comenzaste a transformarla. Dame la constancia para amarte y retenerte con mi fe, para que nunca te vayas de mi vida, y tenga el coraje para amar a mis semejantes de tal modo que muestre tu amor. Y así dame más valor para compartir tu amor de modo que otros comiencen a invitarte para que vivas con ellos. En el nombre de tu Hijo, amén.