Posicionamiento contra Iniciativa del Presidente Peña Nieto

posicion-contra-presidentePOSICIONAMIENTO EN CONTRA DEL DICTAMEN EN POSITIVO DE LA INICIATIVA PRESENTADA POR EL PRESIDENTE ENRIQUE PEÑA NIETO EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS EL 18 DE MAYO DE 2016

Comisión de Puntos Constitucionales, Cámara de Diputados

Ciudad de México, 9 de Noviembre de 2016

Quiero decir como ya lo comentaba nuestro compañero Benjamín, ahí afuera y a través de las cámaras hay muchas personas esperando nuestra respuesta, efectivamente hay cientos de miles de personas pidiendo a nosotros como diputados una responsabilidad histórica que tenemos que enfrentar y de la que cada uno desde su propia decisión tendrá que dar cuenta, y esto creo que lo tenemos que tener en la mente. Hemos sido una Nación grande Constitucionalmente hablando; llevamos 100 años enarbolando la primera ley suprema, prácticamente el próximo año los cumplimos, que protege los derechos sociales, sin parangón alguno en el mundo; hemos sido una Nación siempre a favor de los Tratados Internacionales y los derechos contenidos en ellos; hemos sido una Nación ejemplar en morir por el derecho a la libertad religiosa también, un país de guerreros cuya mejor arma, la pluma, dejaron un legado jurídico en derechos, garantías y libertades, modelo para todo el mundo.  Hemos sido una raza que ha entendido los derechos humanos, cuando nadie más en el mundo los entendía: la primera Constitución Social del mundo.

Sin embargo, tenemos una grande grieta en nuestros cimientos: el Matrimonio, la Familia y la Vida, no están protegidas en nuestra Constitución. A los constituyentes les pareció obvio no exigir su defensa, les parecía obvio su definición, y la tremenda necesidad de su protección; aún así, fueron menos responsables ellos, que quienes ahora, se sirven de malinterpretaciones jurídicas nada inocentes, acerca de las libertades y la igualdad; y mucho menos desde luego de quienes, se escudan en argumentaciones jurídicamente insostenibles, como la de afirmar que la Suprema Corte ya lo definió, cuando finalmente la Suprema Corte tiene que interpretar lo que aquí en estas Cámaras nosotros definimos, por tanto no podemos cambiar la Constitución afirman y entonces se usurpan funciones, y entonces se olvida nuestra tarea primordial. A lo largo también existen otras voces que afirman que amor es amor, y que todo tenemos derecho de elegir a quien amar… ¡como si el matrimonio civil tuviera como objetivo ¡garantizar el amor! Y en esas inconsistencias de las que hablaba nuestro compañero Cándido a las cuales me uno, vemos por ejemplo que se define la institución del matrimonio como una forma de integrar una familia sostenida en lazos afectivos, sexuales, de identidad, de solidaridad y de compromiso mutuo; lo cual no es un tema de interés público que es lo que originalmente da sentido al tema del matrimonio. Como si del derecho dependiera regular la validez o los tipos de amores, o como si de los sentimientos de particulares, que por cierto nadie puede gobernar, pero que no pueden surgir efectos jurídicos a partir de los sentimientos de particulares. Confundimos “instituciones jurídicas” con “derechos humanos”, “igualdad” con “paridad”, “derechos” con “sentimientos” o con “no discriminación” con “asimilación pasiva de todo lo que se le ocurra a la minoría que por cierto parece la más privilegiada de este país.”

El Derecho es la ciencia del mínimo social indispensable para la convivencia del ser humano: la justicia; sin embargo, es la familia, justo fundada en el matrimonio,  la que hace posible que fluyan los principios que sostienen todo el engranaje, que permiten que no sea el derecho como justicia mínima y como coerción punitiva, el criterio de nuestras relaciones sociales; sino la solidaridad, el servicio, la honestidad, la lealtad, la amistad, la confianza, el trabajo, el esfuerzo y la cooperación; en fin, todo eso que se gesta justamente en el lugar en donde lo aprendimos todos nosotros, la familia fundada en el matrimonio.

Pues bien, lo que hoy aquí se decide, por más irónico que suene, no se trata de que se casen o no se casen personas del mismo sexo: se trata del potente mensaje jurídico, social y cultural, que lanzamos a esta y a las futuras generaciones, acerca de la causa que origina un matrimonio y por tanto funda una familia. De ser una comunidad, donde un hombre y una mujer se comprometen con toda su persona, para hacer posible la formación de esa comunidad de vida, llamada familia, y por tanto, para amar, educar y formar a sus hijos; ahora se intenta reducir a un lugar de convivencia, donde el único requisito es el consentimiento mutuo.  Cuánta discriminación entonces para tantas otras figuras, que no son matrimonio, como el concubinato; si aplicamos los mismos criterios, que esta iniciativa y la propaganda de género argumenta, llegaríamos a la conclusión de que los concubinos también “se aman” y tienen derecho a que se les llame matrimonio.  Pero además, ese mismo criterio: la simple voluntad de convivir bajo el mismo techo, estaría justificando el matrimonio entre 3 o más personas, como ya sucedió, hace un mes, en Canadá. Si todas las uniones son exactamente iguales, y tienen el mismo valor de un matrimonio, ¿cuál sería el límite o hasta dónde podríamos llegar, para que conscientes de las consecuencias dejáramos de llamarle entonces discriminación? El libre consentimiento entonces sería el único dique, la única barrera: no la edad, no el estado civil, no la capacidad de apertura o estiramiento de la opinión pública, que es la única que subjetiva y temporalmente reprime tantas cosas, que hoy no se ponen sobre la mesa, por vergüenza, pero que ya están programadas, con todos los diques rotos.

No es pues el que se casen o no, lo que está en juego, en este momento sino ese mensaje lanzado: ¡una falsa promesa de libertad absoluta, el libre desarrollo de la personalidad y la libertad de elegir mi propia identidad, que en la práctica es una falsa utopía, que el derecho no puede garantizar, porque en una sociedad justa, tal libertad, por el dualismo del derecho, sería absolutamente insostenible. No se trata de que se casen o no se casen; ¡si ese fuera el único asunto en juego, ya hace tiempo habría sucedido! Se trata de la legalidad con que se revestirá no el matrimonio igualitario, sino la utopía de poder “definirme” permitiendo que un sentimiento o preferencia, sea el que me defina. Y una vez legalizado ello, con esta iniciativa, como todo lo que es legal, sería insertado en la educación, como algo que debe ser conocido, promovido, acatado. Ese es el principal problema!!

Porque generacionalmente estamos experimentando con una teoría, la teoría, ideología o perspectiva de género, que nos vendieron como la igualdad entre hombres y mujeres, pero que se trataba del engaño en donde nadie es hombre ni es mujer, sino que cada quien es una “tábula rasa” que por su mera libertad decide ser hombre, mujer, bisexual, transexual, trans-epecie, neutro, intersexual, travesti, indefinido, queer, trans-edad, o mera quimera.  Eso es lo que estamos justificando al aprobar esta iniciativa; estamos legalizando un experimento, que le lanzaremos, “a ver si funciona”, a nuestros niños, a nuestros hijos, en las escuelas, un experimento que irresponsablemente lanzaremos sin existir estudio alguno que nos dé siquiera indicios, ni uno sólo siquiera, entregados a una familia, que en un tanteo, que no tiene nada de científico y sí mucho de reivindicatorio.

¿Cómo nos recordará la historia? ¿Como el diputado o diputada, que en la legislatura LXIII, que modificó históricamente el tema del matrimonio en México? ¿Nos recordarán como los diputados que ignoraron a tantas parejas en fila de espera, para poder darle a un niño hogar, y en respuesta, le dieron a estos grupos privilegiados acciones afirmativas, para que a modo de compensación, por “tanta discriminación sufrida”, no tengan que hacer fila, y reciban a los niños primero?  ¿Cómo nos recordarán nuestros nietos, cuando vean a su alrededor los absurdos que ya se ven en Canadá, en Holanda, en Inglaterra, -casos reales de gente casándose con delfines, con lap tops, casos reales, de un señor de 52 años, siendo adoptado porque dice ser una niña de 9 años- por no poner un dique en este momento? No hablarán de nosotros como hasta hoy hablamos de Cicerón, y su gran defensa de Roma, siendo Senador, no hablarán de nosotros como hasta hoy se habla de William Willberforce, que abolió la esclavitud en Inglaterra, aún a pesar de las burlas de sus parlamentarios, que también como alguno de ustedes pueden estar pensando lo llamaron moralino y conservador. No, hablarán de nosotros, como aquellos, que con un slogan barato, corrompimos una institución milenaria nacida en el Pandectas, madurada en el Digestum, estructurada en los Códigos Napoleónicos y honrada por los grandes Constituyentes mexicanos, y que finalmente Ignacio Commonfort, con base en el espíritu de la Reforma Juarista, define en el artículo 70, de la ley del 27 de enero de 1957, considerando únicamente al marido y a la mujer. No fue alguna religión o iglesia, como lo decía nuestro compañero diputado, ni un profesor de moral, quien sentó las bases del matrimonio civil en México, que hoy se encuentra aquí comprometido.  

Por tanto, es por eso que les pido en nombre de cientos de ciudadanos que hoy están afuera esperando nuestra respuesta que la votemos en contra, que desechemos esta iniciativa que hoy se encuentra en revisión en esta Comisión de Puntos Constitucionales.

Diputada Norma Edith Martínez Guzmán,

Partido Encuentro Social                                             

integra_ac2004@yahoo.com.mx

  • Publicado aquí con el permiso de la Diputada

2 comentarios sobre “Posicionamiento contra Iniciativa del Presidente Peña Nieto

  1. Gracias a Dios que escuchó el clamor de su pueblo y que ésta iniciativa de ley no pasó a más.
    Ahora no hay que dormirnos en nuestros laureles. Sigamos muy alertas, orando, firmes en pie de lucha como soldados de Cristo que somos, ya que no sabemos lo que en relación a este asunto pueda resurgir en el futuro y oremos para que no resurja.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.