Isaías, el Profeta Mesiánico

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 Isaías es justamente llamado el profeta mesiánico por excelencia, porque unos 700 años antes de que Jesucristo, Dios Hijo, se encarnara en el niño de Belén, por inspiración del Espíritu Santo, profetizó en más de 100 versículos, su nacimiento virginal, y su ministerio terrenal como Salvador y Sanador para el judío primeramente, pero también para los gentiles. También presenta a Jesucristo como el Creador del universo, el hijo de Abraham, Isaac, Jacob (Israel), Judá, Isaí, y del rey David; y menciona detalles sobre su futuro reinado milenial en la Tierra.

Isaías escribió: ¡Consuelen, consuelen a mi pueblo!, dice nuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén; díganle a voces que su tiempo se ha cumplido, que su pecado ha sido perdonado, y que doble ha recibido de la mano de Jehová, por todos sus pecados. Voz que clama en el desierto: Prepara un camino a Jehová; nivela una calzada en la estepa a nuestro Dios ¡Que todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado! ¡Que lo torcido se enderece, y lo áspero se allane! Y entonces se manifestará la gloria de Jehová y toda carne juntamente la verá, porque la boca de Jehová ha hablado. ¡Pasen, pasen por las puertas! Preparen el camino al pueblo; ¡allanen, allanen la calzada! Quiten las piedras, alcen pendón a los pueblos. He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Digan a la hija de Sión: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con Él, y delante de Él su obra  (Is 40:1-5; 62: 10-11; Leer Mt 3:3 y Jn 3:14-15).

Jesucristo, ya resucitado a dos de sus discípulos en Emaús, les dijo: Éstas son las palabras que les hablé estando aún con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas, y en los Salmos (Lc 24:44). Y a propósito, el Pastor Paul Humer, en su magnífico libro ‘400 y más Profecías, Apariciones, y Manifestaciones Previas de Cristo, en el ‘Tanaj’ (El Antiguo Testamento), nos menciona 73 pasajes en los que Isaías, el profeta mesiánico por excelencia, hace mención 700 años antes de su nacimiento, de la futura manifestación de Jesucristo, Dios encarnado en el hijo biológico de María, y el hijo legal de José, ambos descendientes del rey David.

Dice el profeta: Pero tú, Israel, siervo mío eres tú Jacob, a quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de entre sus hombres principales te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú, yo te escogí, y no te deseché. Y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel; en ti me gloriaré (Is 41:8-10; 49:3).

Luego, Isaías escribe: Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo se llenará de fruto. Y saldrá una vara del tronco de Isaí (padre del rey David), y un vástago retoñará de sus raíces. Subirá cual renuevo delante de Él, y como raíz de tierra seca; y reposará sobre Él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. En aquel tiempo el renuevo de Jehová (Jesucristo) será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra  (la Vid, la iglesia), será para grandeza y honra al remanente de Israel; pues aún quedará en ella el tronco, que será la Simiente Santa  (Is 27:5-6; 53:1-2; 11:1-2; 4:2; 6:13).

Para empezar, el Apóstol Juan, refiriéndose a la aparición teofánica (previa a su encarnación) de Jesucristo a Isaías, escribió: Estas cosas dijo Isaías cuando vio su gloria, y habló acerca de Él: En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y el borde de su vestidura llenaba el templo. Por encima de él había serafines; y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria (Jn 12:41; Is 6:1-3).

En cuanto al ministerio de Jesucristo como el Creador, escribe: Así dice Jehová Dios, (Jesucristo), el Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus frutos; el que da respiración al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan. Óyeme, Jacob, y tú, Israel, mi llamado. Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero. Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos con el palmo. ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? Él está sentado sobre el círculo de la tierra, Él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. ¡Tal es la grandeza de su fuerza y el poder de su dominio! (Is 42:5; 48:12-13; 40: 22,27-28; Leer He 1:1-10 y Jn 1:1-3).

Con relación a la encarnación de Dios en Jesús, que debía ser descendiente de David, Isaías profetizó: Óiganme, islas, y escúchenme pueblos lejanos: Jehová me llamó desde el vientre; desde las entrañas de mi madre mencionó mi nombre. He aquí mi Siervo, yo le sostendré; mi Escogido en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre Él mi Espíritu, Él traerá juicio a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las plazas; por medio de la verdad, traerá justicia. Y la justicia será el cinto de sus lomos, y la fidelidad el ceñidor de su cintura. Por tanto el Señor mismo les dará señal: He aquí una virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel (Dios con nosotros).

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado será sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y de su paz no tendrá límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Y será que, en aquel día, llamaré a mi Siervo (Jesucristo), y lo vestiré de tus vestiduras, y le fortaleceré con tu talabarte, y entregaré en sus manos tu potestad; y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá. Y lo hincaré como clavo en lugar firme; y será por asiento de honra a la casa de su padre. Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará, y florecerá como la rosa. Y ellos verán (en Jesucristo) la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro (Is 49:1; 42:1-3; 7:14; 9:6-7; 11:5; 22:20-23; 35:1-2; Leer Fil 2:7 y Ap 3:7).

Que la salvación estaba planeada para el judío primeramente, lo profetiza así Isaías: Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado. Canten alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y prorrumpan en alabanzas, oh montes; porque Jehová ha consolado a su pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia. Pero Sión dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olvide ella, yo no me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de mis manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros (54:5; 49:13-16). Así dice Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de los hombres, al abominado de las naciones, al siervo de los gobernantes. Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque Fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió. Porque yo soy Jehová tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo; y no me acordaré de tus pecados. Haré que se acerque mi justicia, no se alejará. Canten salmos a Jehová; porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sión: porque grande es en medio de ti el Santo de Israel. En aquel día Jehová de los ejércitos será por corona de gloria y diadema de hermosura al remanente de su pueblo (Is 49:7; 43:3 y 25; 46:13; 12:5-6; 28:5-6).

Así dice Jehová: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para restaurar la tierra, para dar por herencia las asoladas heredades; para que digas a los presos: ¡Salgan!; y a los que están en tinieblas:¡Manifiéstense! Y éste será mi pacto con ellos, dice Jehová: Mi Espíritu que está sobre ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, dice Jehová, ni de la boca de los hijos de tus hijos, desde ahora y para siempre (49:8-9; 59:21).

En cuanto al ministerio de Jesucristo como el Salvador y Sanador, Isaías profetizó: Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. Acérquense a mí, y oigan esto; desde el principio no hablé en secreto; desde que esto se hizo, allí estaba yo; y ahora el Señor Jehová me envió, y su Espíritu (aquí se menciona la Trinidad). Su propio brazo trajo salvación, y le afirmó su misma justicia. Pues de justicia se vistió como de coraza, con yelmo de salvación en su cabeza; y se puso las ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo como de manto. Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él. Y vendrá el Redentor a Sión, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová. El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ha ungido Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados y a los que hacen duelo en Sión; para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para que Él sea glorificado (Is 61:1-3; leer Lc 4:18-19).

Fortalezcan las manos cansadas, y afirmen las rodillas endebles. Digan a los de corazón apocado: Esfuércense, no teman; he aquí que su Dios viene con venganza, con retribución; Dios mismo, Él vendrá y los salvará. Por tanto, el Señor Jehová dice así: He aquí que yo pongo en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, fundamento firme; el que en Él creyere, no tendrá apuros. Y Jehová de los ejércitos hará en este monte, a todos los pueblos, banquete, y destruirá la máscara con la que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que está extendido sobre todas las naciones (Is 43:11; 59:16-20; 48:16; 35:3-4; Leer 2ª Co 4:14-16).

Súbete sobre un monte alto, oh Sión y Jerusalén, tú que traes buenas nuevas; levanta fuertemente tu voz, y no temas. Di a las ciudades de Judá: ¡He aquí su Dios! He aquí que el Señor Jehová vendrá con mano fuerte, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con Él, y su paga delante de su rostro. Y se dirá en aquel día: He aquí Éste es nuestro Dios, en Él hemos esperado, y Él nos salvará; estaremos alegres y nos regocijaremos en su salvación. Sorberá a la muerte en victoria; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho (Is 40: 9-10; 28:16; 25:6-8; Leer 1ª Co 15:54-56; Ap 7:14 y 21:4).

Como pastor apacentará su rebaño; con su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas. En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas. Los humildes aumentarán su alegría en Jehová, y los pobres de entre los hombres se gozarán en el Santo de Israel. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, los oídos de los sordos se abrirán; el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo (Is 40:11; 29:18-19; 35:5-7; leer Jn 10:11).

En cuanto a su martirio, crucifixión, muerte, sepultura, y resurrección, Isaías profetizó así: Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos. Porque el Señor Jehová me ayudará; por tanto no seré confundido; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado. ¡Cómo se asombraron de ti muchos! De tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, que fue despreciado y desechado entre los hombres; varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Él herido (traspasado) fue por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca (leer Mt 27:13-14). De la cárcel y del juicio fue quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes. Por la rebelión de mi pueblo fue herido, y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque Él nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación (propiciación) por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será muy enaltecido. Del trabajo de su alma verá, y será saciado. Por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y Él llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los transgresores; y llevó Él el pecado de muchos, e hizo intercesión por los transgresores (Is 50: 4-7; 52:13; 53:3-12; leer Jn 17:24; Fil 2:6-11; Ef 1:20-22).

Con relación a la inclusión de los gentiles en el plan de salvación, y al futuro reino milenial de Jesucristo en la Tierra, Isaías escribió: En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con ropas de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor Jehová hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones (61:10-11).  ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que publica la paz, del que trae buenas nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: Tu Dios reina! ¡Voz de tus atalayas! alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán cuando Jehová vuelva a traer a Sión. Así dice el Señor Jehová: He aquí, yo alzaré mi mano a los gentiles, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros. Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre por su siervo, para hacer volver a Él a Jacob. Y dijo: Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra. Yo Jehová te he llamado en justicia, y sostendré tu mano; te guardaré y te pondré por pacto del pueblo, por luz de los gentiles; para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas. Alza tus ojos alrededor, y mira; todos éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sión cantando; y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y la tristeza y el gemido huirán.

Prorrumpan de gozo, canten juntamente, lugares desolados de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones; y todos los términos de la tierra verán la salvación de nuestro Dios. Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá, de los cuatro confines de la tierra. Y acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a las naciones, será buscada de los gentiles; y su reposo será glorioso. Y reyes serán tus ayos, y sus reinas tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que me esperan. Pero así dice Jehová: Aun los cautivos serán rescatados del valiente, y la presa del tirano será librada; porque yo pelearé con los que peleen contra ti, y yo salvaré a tus hijos; y toda carne conocerá que yo Jehová soy tu Salvador, y tu Redentor, el Fuerte de Jacob.

Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta limpia, me guardó en su aljaba. He aquí que yo hago una cosa nueva; pronto saldrá a luz: ¿no la sabrás? La bestia del campo me honrará, los dragones, y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará (Is 52:7-8; 49:2-26; 43: 19-20; 52:9-10; 42:6-7; 35:10; 11: 6-12).

Que la fidelidad de Dios para cumplir al pié de la letra y sin ambigüedades lo que dijo por medio del profeta, nos ayude a apreciar la omnisciencia de nuestro Gran Dios y Salvador, Jesucristo, y la superioridad de la Biblia sobre cualquier otro escrito de los pseudo-profetas. AMÉN.

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