La Experiencia y el Posmodernismo

experiencia-posmodernismoRomanos 12: 1,2

A riesgo de repetir conceptos y definiciones que seguramente ya se han dado en temas anteriores me adentro en el tema que se me ha adjudicado. Sin embargo, para insertarnos debidamente en él, he de puntualizar:

1.- Que estamos tratando  de ubicar las cuatro fuentes de nuestra teología metodista (Las Sagradas Escrituras, La Tradición,  la Razón y, la Experiencia) frente al amplio campo del posmodernismo.

2.- Que ya se han tratado con la amplitud disponible las primeras tres fuentes e inclusive la aproximada delimitación del territorio que se ha dado en llamar Posmodernismo.

Por tanto procuraré no perderé  demasiado tiempo en repasar  conceptos ya conocidos, sino más bien  ahondar en el importante asunto de la Experiencia y sus conflictos relacionados con el posmodernismo.

I.- DEFINICIÓN DE TÉRMINOS: Dando por entendido que ya se definió lo que es el Posmodernismo, me ocuparé de definir lo que entendemos los metodistas por La Experiencia. Wesley  anota en sus sermones y conferencias “La Experiencia es suficiente para confirmar una doctrina que está fundada en Las Escrituras… y aunque muchos fantaseen  experimentar lo que en verdad  no ha sucedido, esto no debe ser un prejuicio en contra de la verdadera experiencia” (Disciplina, p. 52).

Por su parte la misma  Disciplina  afirma: “La Experiencia  representa la mayor aportación del Movimiento Metodista a la teología cristiana” (Disciplina, pag.  52). 

Tenemos, por lo tanto, que La Experiencia como  una de las fuentes de nuestra teología es  aquel sentir de carácter espiritual que el Espíritu Santo produce en el creyente, para revelarle o  para confirmarle  la certeza de la guía y presencia divina. Nótese que no se trata de un “sentir” emotivo y carnal, sino de una dimensión espiritual, ajena a lo sensorial y sin duda nada qué ver con los estados alterados de la mente. Para este tipo de experiencias no hay aún una palabra apropiada y por ello nos valemos  de los términos “sentir” y “experimentar”  con tal que sepamos que se trata de aquellas manifestaciones  indescriptibles, que defendió Pablo con las palabras siguientes: “… vendré a las visiones y revelaciones del Señor.. que fue arrebatado al paraiso donde escuchó palabras  inefables  que no le es dado al hombre expresar” (2ª Cor.12:1,4).

II.- LA EXPERIENCIA EN EL NUEVO TESTAMENTO: Aunque obviamente la variedad de experiencias espirituales son numerosas en el Antiguo Testamento,  (Las visiones y encuentro con la Divinidad en los casos de Abraham, Moisés  Samuel, y todos los profetas), por la brevedad el tiempo y espacio disponibles, me ciño a unos pocos casos en el Nuevo Testamento, comenzando con nuestro Señor Jesucristo.

Es probable que hayamos pasado fácilmente por alto algunas palabras bíblicas que nos describen experiencias de tipo espiritual manifestadas en nuestro Redentor; por ejemplo comencemos con el momento de su bautizo descrito por Mateo 3:13 y 17: “Y Jesús después que fue bautizado  subió luego del agua, y he aquí los cielos le fueron abiertos , y vio al Espíritu de Dios  que descendía como Paloma , y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Continuamos con la experiencia de lucha directa con Satanás en el desierto; avancemos al momento en que Jesús se acerca a Betania y le sale al encuentro María, la cual postrándose a sus pies le increpó: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu  y se conmovió…” Juan 11:31-33.

El estremecimiento aquí no fue asunto del cuerpo simplemente puesto que se aclara que fue asunto de su espíritu.  Contemplamos otro tipo de experiencia en el caso del regreso de los 70 discípulos enviados por Jesús en su viaje de, práctica quienes al regresar informaron al Maestro: “Señor, aún los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo, Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo… en aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu…” (Lucas 10:17, 18 y 21). Aquí contemplamos a Jesús teniendo una visión espiritual de la derrota de Satanás y en seguida le tenemos regocijándose en el Espíritu;   este regocijo no es cosa de un grito entusiasta ante el triunfo de su equipo, porque claramente se asienta que fue “en el Espíritu”  esto, para el pueblo  judío equivalía a  brincar lleno del gozo del Señor a la manera de David cuando danzó al frente del arca sagrada. es decir  que el Señor danzó en completo gozo mientras alababa al Creador, como lo asienta la escritura: “Yo te alabo, oh Padre,  Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios  y entendidos,  y las has revelado a los niños…” (Juan 10:21). Y no olvidemos el glorioso momento de la transfiguración, experiencia atestiguada por Pedro, Santiago y Juan. Estos casos son sólo botones de muestra.

¿Queremos recordar más casos de experiencias espirituales?  Hagamos memoria de Esteban y su visión celestial al momento de ser apedreado, Pedro en Jope, en casa de Simón el curtidor y su charla y visión con Dios; Pablo quien tras su conversión y ministración posterior por parte de  Ananías en Damasco,  visita en el templo de Jerusalén y estando en oración entra en éxtasis contemplando a Jesús y dialogando con el (Hechos 22:17y18). Todo esto aparte de la gran experiencia de Pentecostés en donde los 120 creyentes del Aposento Alto parecieron ebrios ante los ojos de los espectadores. Y no podemos dejar en olvido la gigantesca y sobrecogedora serie de visiones y revelaciones recibidas por Juan en Patmos, que conocemos con el nombre de Apocalipsis. ¿Tiene importancia la experiencia religiosa en la Biblia? ¡Por supuesto que la tiene! Hasta el punto de que sin ella no estaría nuestro Señor completo ni tampoco lo estarían Las sagradas Escrituras.

III.- LA EXPERIENCIA, APORTACIÓN METODISTA A LA TEOLOGÍA CRISTIANA: Estamos próximos a celebrar los 500 años del inicio del movimiento de Reforma Religiosa del siglo XVI,  que principió con el valiente gesto del Dr. Martín Lutero realizado el 31 de octubre de 1517, con este evento  se abrió la puerta para que entraran en la historia las principales iglesias tradicionales: Luterana, Reformada, Anabaptista y Anglicana; todas las cuales proclamaron una serie de doctrinas fundamentadas en las Sagradas Escrituras con la cual se construyó un firme muro de separación respecto de la Iglesia Católico Romana. Por entonces se habló con firmeza de Sola Fe, Sola Gracia y Sola Escritura; y el mundo supo con claridad meridiana la diferencia entre la Iglesia del Medioevo y las Iglesias Protestantes. ¡Pero algo faltaba!. El teólogo Jacobo Arminio añadió un concepto novedoso, poco tiempo después de Lutero: La libertad individual; el concepto vino a quedar como El Libre Albedrío. Sin embargo, el cuadro todavía estaba incompleto y fue solamente dos siglos después que el panorama pareció llegar a su plenitud. El avivamiento metodista aportó las doctrinas de La universalidad de la Gracia, La entera santificación o perfección cristiana y, El testimonio del Espíritu. Esta última doctrina nos conduce al tema que tratamos, o sea La Experiencia, pues hablamos de este sentir de carácter espiritual mediante el cual el Espíritu Santo  corrobora al creyente, genuinamente convertido, que ha pasado a ser hijo de Dios (Romanos  8:16. Juan 1:12).

Juan Wesley y sus colaboradores comenzaron a predicar y enseñar acerca de esta experiencia espiritual, no por ocurrencia simple, sino porque la vivieron personalmente. Bien conocida es la descripción de  su experiencia  que registra Juan en su diario donde afirma: “Sentí arder mi corazón de una manera extraña… y me fue dada la seguridad del perdón de mis pecados…” (Juan Wesley su vida y su obra, por Mateo Lelievre). Su hermano Carlos había vivido la misma experiencia cuatro días antes, y otro tanto aconteció con el resto de los compañeros y posteriormente con los miles de convertidos que les siguieron.

Pero vivir y predicar sobre las experiencias que el pueblo metodista estaba recibiendo, no fue tarea fácil. Llovieron críticas, burlas y persecuciones, comenzando con la amonestación que el Obispo de Bristol le hizo a Juan, refiriéndose a las experiencias: “Señor, pretender tener revelaciones y experiencias sobrenaturales es repulsivo e inaceptable…” (Lelievre, op cit.) y terminó por prohibirle predicar en las parroquias de la diócesis, cosa que condujo al primer metodista a  expresar que reconocía al mundo como su parroquia. Años después Juan escribió que lo genuino de su doctrina y práctica  estaba comprobado por la vida de miles de creyentes   cuyas vidas habían sido transformadas  para bien.

El estilo de vida promovida por los metodistas pasó a Norteamérica sin cambio y por ello el metodismo se estableció como la Denominación mayoritaria y más vigorosa a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Igual fenómeno se dio en nuestra patria comenzando con el primer pastor metodista mexicano: Alejo Hernández, quien buscando conocer La Biblia, cruzó la frontera  a la ciudad de Brownsville y entró en una iglesia evangélica donde ocurrió su encuentro con Dios, cosa que describe de la manera siguiente: “Estaba sentado donde podía ver la congregación pero pocos me podían ver a mí. Sentí que el Espíritu de Dios estaba allí, y aunque no podía entender una palabra de lo que se decía (era iglesia de habla inglesa), sentí arder mi corazón extrañamente… salí de allí llorando de santo gozo” (Libro conmemorativo Bodas de Diamante IMMAR, p. 61). Nótese que Alejo narra su conversión casi con las mismas palabras que usó Juan Wesley; ¡la experiencia espiritual seguía viva!, y así continuó en los 27 años finales del siglo XIX y las primeras dos décadas del siglo XX, años en lo cuales la Iglesia Metodista fue la más numerosa de las Denominaciones evangélicas y la de mayor influencia en México.

Pero el concepto e La Experiencia ha de entenderse también desde la óptica del teólogo Norteamericano Albert C. Outler, quien explica que La Experiencia Metodista es también lo aprendido por el cúmulo de hechos registrados a lo largo de nuestra existencia, que avalan lo correcto de la doctrina, y corroboran con sus frutos positivos lo  bíblicamente valioso de la  enseñanza Metodista. Todo esto hace de La Experiencia un fundamento indiscutible para la teología propia.

IV.- LA EXPERIENCIA FRENTE AL POSMODERNISMO

Ya que hemos visto la gran importancia de La Experiencia en la vida personal y Denominacional, es tiempo de ver en que forma la afecta el posmodernismo.

Ante la  decadencia  general que contemplamos a nuestro alrededor, bien puede afirmarse que Satanás está lanzando sus mayores ataques para recuperar de una vez  por todas lo que considera como su territorio y es de lamentar que un alto porcentaje  humano ignora este hecho; aún muchos cristianos exhiben  una amplia ignorancia al respecto. El posmodernismo es la refinación de las artimañas demoniacas y afecta directamente  a la Experiencia cristiana,  en los campos siguientes:

A.- ATEISMO NIHILISTA: No se trata meramente de no creer en Dios; la cosa es más sutil. Ahora es el caso de desfigurar tanto el carácter y la realidad de la existencia de Dios, que al final no debe quedar rastro reconocible. La táctica trata de hacer de la vida cristiana una serie de prácticas y ritos “light” que no demandan compromisos serios. De esta manera no se pude pretender que la religión cristiana sea la única verdadera porque esto sonaría a orgullo y discriminación, puesto que todas las religiones tienen algo de Dios y deben ser contempladas como iguales a la nuestra. En cuanto a la Biblia ésta se ha de interpretar a la luz de la cultura y contextos del momento en que fue escrita; por tanto sus enseñanzas y mandamientos son válidos solamente para el tiempo y lugar en el que se escribieron; de ninguna manera es correcto aplicarlos a todas las personas y tiempos. De aquí se desprende la nueva “teología” con la cual justifican los homosexuales y lesbianas “cristianos” sus acciones. En cuanto a la Experiencia Cristiana, no se la elimina sino simplemente se le permite en tanto que nos haga sentir bien pero no sería correcto imponerla, fuera de quien la tiene. Esta experiencia se equipararía con las que producen las drogas, el yoga,  la meditación trascendental,  la metafísica,  el cristal, que si te hacen sentir bien, tienes todo el derecho de experimentarlos a tu gusto.

B.- LA MUERTE DE LA MORALIDAD: Ante la Experiencia Cristiana se levanta la opción de experimentarlo todo, sin  la atadura del juicio moral. Nada es bueno o malo por si mismo, todo es amoral; es decir, está más allá y fuera de todo concepto de bien y de mal. La satisfacción de tus sentidos son tu deleite y meta a lograr. Dale gusto a tu cuerpo; de aquí las numerosas organizaciones que promueven el culto y cuidado del cuerpo,  haciendo del todo a un lado el cuidado del espíritu.  Ya nadie se sorprende de  que aparezcan en los medios de comunicación masiva y redes sociales los anuncios de prostitución, religiones orientales, hechicería, reiki, violencia, sexualidad libre, “matrimonios” homogenéricos, “Iglesias” con ofertas “milagrosas” y doctrinas extrañas, etc., etc.  Nuestros legisladores, a su vez, se vuelven tolerantes ante estos sistemas y prácticas que destruyen los valores fundamentales de la sociedad, aduciendo el respeto a los derechos humanos. El límite entre el bien y el mal se diluye y acabará por perderse.

C.- IMPERIO DE LA SENSUALIDAD: Lo que importa ya no es lo racional sino lo sensual. Los escritores posmodernos siembran el concepto: “Siento, luego existo”, a manera de ataque el viejo concepto racionalista, “pienso, luego existo”, que tampoco estaba correcto. Esto “justifica” las uniones libres y las perversiones de todo tipo. Ante este caos de sensualismos, la Experiencia cristiana pierde su valor de exclusividad pues pasa a ser una de tantas. Vistas desde la referencia de los incrédulos es simplemente “otra onda” buena para  almas cándidas.

D.- PÉRDIDA DE VISIÓN FUTURA Y ESPERANZA: En cierta manera el posmodernismo es el gastado concepto de los corintios hedonistas cuya filosofía de la vida cita Pablo con la expresión “comamos y bebamos que mañana moriremos” (1ª Co. 15:32). Se vive para el momento, sin recordar el pasado ni tener esperanzas para el futuro.  Son los jóvenes “ninis” que ni trabajan ni estudian en los cuales no hay remordimientos ni metas a lograr. Ante este frente de batalla la experiencia Cristiana no tiene razón de ser pues el concepto “perdón de pecados” y “seguridad de mi salvación”, carece de todo sentido.

CONCLUSION:

Al considerar los aspectos mencionados (que no son sino una pequeña muestra de un gran panorama), podría parecer que el cristianismo ha llegado a su final. No es así aunque es seguro que pasará por “tiempos peligrosos” y numerosas tribulaciones, pero jamás se habla en La Biblia de una derrota catastrófica, sino de victoria cierta y definitiva; aunque para ello se requiere de un cristianismo comprometido con Jesús (no con causas filantrópicas y de bienestar popular que, sin ser malas, son “obras muertas” si no provienen de nuestro firme y único compromiso con Jesucristo. Sólo una Iglesia que ha tenido la experiencia del Testimonio del Espíritu Santo y la cuida con reverente “temor y temblor” podrá hacer frente y derrotar al Enemigo. Nuestros descendientes serán quienes habrán de combatir en este frente espiritual; aunque lamentablemente la iglesia no los está preparando con propiedad.

Finalmente hay que cuidar que la seriedad y genuinidad de La Experiencia no se distorsione y se convierta en sensacionalismo. Wesley dedicó dos grandes sermones, aparte de referencias menores, para advertir del peligro de dejarse llevar por los sentidos de la carne y no por el sentir del Espíritu. Advertencia que debemos conservar y aplicar con igual cuidado en nuestro tiempo. 

La meta del cristiano no es que “pare de sufrir”, sino afirmar por experiencia propia, “Cristo vive en mí y con El todo lo puedo”. De esta forma en el Día del Señor veremos que todos “Los reinos del mundo han venido a ser de Nuestro Señor y de su Cristo; y El reinara por los siglos de los siglos”. ¡Amén, así sea! (Apocalipsis 11:15).

ruben_pedro