Editorial

carta-romanosLa Carta a los Romanos

El Plan Operativo Nacional (PON) de la IMMAR marca como libro de estudio para el primer semestre de 2017, la primera de las trece cartas paulinas, la enviada a los Romanos (la Epístola a los Hebreos no es considerada como paulina). A la vez, el énfasis para todo el año 2017 es La Justificación por la Sola Fe. Tanto el libro de estudio como el énfasis obedecen a que en este año estamos celebrando el 500 Aniversario de la Reforma Protestante.

En nuestra Biblia, Romanos es la primera carta del Apóstol Pablo que aparece, pero ya sabemos que la primera epístola que San Pablo escribió no fue ésta, sino la Primera a los Tesalonicenses. El acomodo no obedece a la cronología de escritura de las cartas sino, según algunos, a que primero se colocó la epístola más amplia y luego las demás por orden de extensión. La lista de libros canónicos del Nuevo Testamento fue publicada, tal como aparece en las diversas ediciones de la Biblia, por vez primera en una carta pastoral de Atanasio de Alejandría, por razón del aniversario de la Resurrección del Señor, enviada el 7 de enero del año 367. En un párrafo enlista los libros de la siguiente manera: 

De nuevo no es tedioso hablar de los libros del Nuevo Testamento. Estos son, los cuatro Evangelios, de acuerdo a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Luego, los Hechos de los Apóstoles y Epístolas: Santiago, uno; de Pedro, dos; de Juan, tres; después de estas, una de Judas. Además, hay catorce epístolas de Pablo, escritas en este orden: La primera, a los Romanos; luego dos a los Corintios; luego, a los Gálatas; sigue, a los Efesios; luego a los Filipenses; luego a los Colosenses; luego de estos, dos a los Tesalonicenses, y la de los Hebreos; y de nuevo, dos a Timoteo; una a Tito; y último, la de Filemón. Además, el Apocalipsis de Juan. (1)

¿Por qué colocó la Carta a los Romanos antes que el resto de las cartas del apóstol? Estaba siguiendo la costumbre de otros cristianos de siglos anteriores, pero ni uno ni otro dan razones de este arreglo. Sin negar necesariamente que el motivo haya sido la extensión de los escritos, es digna de considerarse la opinión de Santo Tomás de Aquino quien ve una razón de mayor importancia, cuando nos dice que la Carta a los Romanos va primero “…porque esto lo exige también el orden de la doctrina: que primero se considere la gracia en sí misma que como está en los sacramentos”. (2) Entonces, se trataba de una razón doctrinal. Y lo decimos para ponderar esta maravillosa epístola ante la cual, desde un punto de vista doctrinal, no hay otro libro en toda la Biblia que se le compare. Los cuatro Evangelios no nos pueden explicar el significado de la muerte expiatoria de Cristo, ni las condiciones para la aplicación de los beneficios de ella en el pecador.

Todo su desarrollo teológico inspirado obedeció a una mera eventualidad. Pablo tenía como meta de su vida llevar la predicación de la “locura de la cruz” hasta lo último de la tierra, hasta España. Ese sería su cuarto viaje misionero. Para conseguir las finanzas que hicieran posible esa empresa, invita a la iglesia de Roma a participar en el privilegio de apoyarle. En ese cuarto viaje pasaría a visitar a los cristianos romanos y recibiría de ellos una ofrenda misionera. Pero, puesto que la mayoría de esa iglesia no le conocía, les escribió para detallarles cuál era su mensaje, cuál era el evangelio que él predicaba, y así darse a conocer antes de llegar a ellos. Y por esa estrategia paulina es que llegó a existir la carta de la justificación por la fe sola.

Tan puntuales son sus afirmaciones que rompieron los paradigmas en los que fue criado y educado Martín Lutero, para facilitarle el camino hacia la fe que lo justificó. Lo que esta carta produjo en la vida de un hombre abrumado casi hasta la locura bajo el peso de sus culpas ante Dios, y luego en otros que recibieron la misma influencia bienhechora en el siglo XVI, transformó a Europa primero, y luego al mundo, tanto en el orden religioso, como educativo, económico y artístico. Y luego, doscientos años después, a través del Prefacio de Lutero a la Carta a los Romanos, este mismo libro alcanzó a otro hombre en medio de una búsqueda desesperada, uno que había gastado ya 12 años de su vida procurando por todos los medios de obtener la aceptación de Dios sin lograrlo, el clérigo anglicano Juan Wesley. Y otra vez esta epístola transformó no solamente el ámbito religioso primero de Inglaterra y luego del mundo, sino también el ámbito social. Jamás San Pablo imaginó cuánto bien le estaba haciendo a la humanidad.

El planteamiento del apóstol a los gentiles no es difícil de entender, pero es crucial, es el meollo que hace que el evangelio sea el evangelio. La gracia de Dios en Cristo es la causa eficiente de la justificación de un ser humano, y la causa instrumental es la fe del individuo. Ambas tienen que encontrarse, pero no cabe allí ningún otro invitado. Es cosa de dos solamente. No se puede invitar ni a la ley ni a la bondad humana porque ambas representarían un mérito. El mérito y la gracia no se combinan porque son de naturaleza antagónica. “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (11:6). Es decir, un regalo no se paga, pues al pagarlo deja de ser regalo. Las ideas del regalo y del pago no se pueden combinar; o se paga y deja de ser regalo, o se acepta el regalo y se renuncia a querer pagarlo. Intentar pagarle a Dios con méritos significaría hacer de él alguien que nos debe un salario, y entonces nos justificaría como un Dios endeudado pero no como un Dios de gracia: “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda” (4:5). Entonces, para que su gracia permanezca a salvo en el proceso de nuestra justificación, ¿qué nos toca ofrecer que no represente un mérito? Sólo podemos disponer nuestra fe para que por ella sola nos justifique por gracia: “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia” (4:16). En resumen, Dios nos justifica gratuitamente declarándonos libres de culpa, aceptándonos cabalmente como sus hijos, gracias al sacrifico de Jesucristo hecho en la cruz en favor nuestro, cuando nosotros creemos sin lugar a dudas que Dios ha arreglado así las cosas.

El 31 de octubre de 1999 representantes de la Federación Mundial Luterana y de la Iglesia Católica de Roma firmaron una Declaración Conjunta de la Doctrina de la Justificación por la Fe. Si usted no la ha leído, puede hacerlo en el sitio web que proporcionamos al final. (3)   Fue un loable esfuerzo para unificar conceptos, olvidar rencores y alentar a la fraternidad ecuménica. Articularon un hermoso documento doctrinal con abundante citas bíblicas, pero a la vez denota cuán separadas están las doctrinas de ambas iglesias, ya que no pudieron abordar el tema de si la justificación es instantánea o si se va consiguiendo poco a poco. Romanos nos presenta la deducción de que la justificación es un hecho terminado, “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios” (5:1). Bendito sea Dios por esto.

Pbro. Bernabé Rendón M.

  1. Latourette, Kenneth Scott, Historia del Cristianismo, Tomo I, Ed. CBP, El Paso, 1997, p. 180. Confrontar con: http://www.scribd.com/document/319116337/San-Atanasio…
  2. De Aquino, Santo Tomás, Comentario a la Epístola a los Romanos, Editorial Tradición, México, 1982, p. 13.
  3. vatican.va/…/rc_pc_chrstuni_doc_31101999_cath-luth-joint-declaration_sp.htm..

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