La Pasión de Jesús

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La Biblia nos enseña que el propósito de Jesucristo al venir al mundo, fue para derramar su sangre, morir, y resucitar, para pagar por nuestros pecados y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo (1ª Jn 2:2).

  1. Jesucristo profetizó su pasión, muerte y resurrección. He aquí subimos a Jerusalén y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles y le escarnecerán, le azotarán, le escupirán y le crucificarán; mas al tercer día resucitará (Mt 16: 21; Mr 8:31 y 10:32 al 34; Lc 9:22 y 51).

  1. Jesucristo, voluntariamente, fue a Jerusalén para ser crucificado. Cuando se cumplió el tiempo en que Él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén, y dijo: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Así como el Padre me conoce, también yo conozco al Padre, y pongo mi vida por las ovejas. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar (Jn 10:14-18).
  1. El Domingo de Palmas, lo recibieron como Rey. Cuando se acercaron a Jerusalén y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, los discípulos trajeron un pollino y pusieron sobre ellos sus mantos y Él se sentó encima y la multitud, que era muy numerosa, gozándose, tendía sus mantos en el camino, otros cortaban ramas de palmas y de los árboles y las tendían en el camino, y comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, y aclamaban, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea (Mt 21:1 al 11; Mr 11:1 al 10; Lc 19:29 al 38).
  1. Judas, uno de los doce, le traicionó y vendió a sus enemigos. Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce, y éste fue y habló con los principales sacerdotes y con los jefes de la guardia, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Ellos, al oírlo, se alegraron y prometieron darle dinero y le asignaron treinta piezas de plata, y él se comprometió, y desde entonces buscaba oportunidad para entregárselo (Mt 26:14; Mr 14:10 y 11; Lc22:3 al 6).
  1. Cristo lo sabía y le indicó a Judas el tiempo para que lo entregara. Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar, y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces Judas, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Jesús le dijo: Tú lo has dicho y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto (Mt 26:20 al 25; Mr 14:17 al 21; Jn 13:21 al 28).
  1. La traición y aprehensión, se llevó a cabo en el huerto del Getsemaní. Mientras todavía hablaba, vino Judas, con él una turba, mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos del pueblo, y Judas les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle y llevadle con seguridad, y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó, y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre? Entonces se acercaron y la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron (Mt 26:47 al 50; Mr 14:43 al 46; Lc 22:47,48; Jn 18:12).

Pasión y Muerte de Jesús.

  1. De ahí, muy de mañana, lo llevaron ante Anás, el sumo sacerdote Caifás, y el Sanedrín. Y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, y él, le preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; en la sinagoga y en el templo, y nada he hablado en oculto. Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos (Mt 26:57; Mr 14:53; Lc 22:54; Jn 18:13 y 19 al 24).
  1. Los dirigentes religiosos tramaron el complot para acusarlo de blasfemia, y matarlo. Los fariseos, los escribas, los principales sacerdotes, los ancianos y todo el concilio tuvieron consejo con los Herodianos, contra Jesús para destruirle y matarle porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina, y buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban; pero al fin vinieron dos testigos falsos que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.

Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho, y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgando su vestidura, dijo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? ¿Qué os parece? y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte; y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de Él y le golpeaban; y vendándole los ojos, le golpeaban y le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, ¿quién es el que te golpeó? Y decían otras muchas cosas injuriándole (Mt 26:59 al 68; Mr 11:18 y 14:55 al 65; Lc 22:63 al 71; Jn 18:19 al 24).

  1. El Sanedrín lo llevó ante Pilato, quien lo envía a Herodes y este a su vez, nuevamente Pilato, quien suelta a Barrabás y entrega a Jesús para ser crucificado. En cumplimiento de profecías hechas más de 700 años antes, el viernes de la última semana del ministerio terrenal de Jesucristo, Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. Pilato quería soltar a Jesús; pero los judíos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en Él: Le castigaré, pues, y le soltaré, mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado, y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron. Y estando Pilato sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de Él; pero viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros, y respondiendo todo el pueblo, dijo: ¡Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Entonces les soltó a Barrabás y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado (Mt 27:1,2 y 11 al 26; Mr 15:1 al 15; Lc 23:1 al 5 y 13 al 25; Jn 18:28 al 40 y 19:4 al 16).
  1. Jesús fue coronado de espinas y escarnecido. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la compañía y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas y una caña en su mano derecha, e hincando la rodilla delante de Él, le escarnecían diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle, y Él, cargando su cruz, salió. (Mt 27: 26 al 30; Mr 15:15 al 20; Jn 19: 1 al 3).
  1. Jesús cargó su cruz hasta que lo releva Simón. Las mujeres lloran por Él. Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo; a éste obligaron a que llevara la cruz, y le seguía gran multitud del pueblo y mujeres que lloraban y hacían lamentación por Él; pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. (Mt 27: 31,32; Mr 15:20 al 23; Lc 23: 26 al 33; Jn19: 16,17).
  1. Judas se suicidó. Entonces Judas, viendo que era condenado, arrojando las piezas de plata en el templo, salió y fue y se ahorcó, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, campo de sangre. (Mt 27: 3 al 10; Hch 1:18 y 19).
  1. Jesús llega al Gólgota y es crucificado entre dos ladrones. Entonces crucificaron con Él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. (Mt 27:33 al 38; Mr 15:22 al 28; Lc 23:33 al 38; Jn 19:17 al 24).
  1. Jesús derramó toda su sangre. Vertió sangre mientras derramó sudor teñido de sangre en el Getsemaní; durante la tortura a que fue sometido durante su juicio somero; cuando lo azotaron; también, cuando le colocaron en la cabeza la corona de espinas; cuando le fueron horadados sus pies y manos durante la crucifixión; y cuando su costado fue traspasado por la lanza del soldado romano que quiso confirmar su muerte. Dice el evangelio: Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con Él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua, y el que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. 3 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron (Jn 19:34 al 37).
  1. Los soldados se repartieron sus ropas y los judíos le escarnecieron. Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz; y también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con Él le injuriaban. (Mt 27:35 al 44; Mr 15:24 al 32; Lc 23:34 al 38; Jn 19:23).
  1. Jesús después de pronunciar 7 exclamaciones, falleció. Jesús dijo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen;” “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso;” “Mujer, he ahí tu hijo;” “He ahí tu madre;” “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” que traducido es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?,” “¡Sed Tengo!” y “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: “Consumado es” y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. (Mt 27:46 al 50; Mr 15:34 al 37; Lc 23:34,43 y 46; Jn 19:26 al 30). Fue así que se consumó el sacrificio propiciatorio de Jesucristo por los pecaos de todo el mundo, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda mas tenga vida eterna. AMEN.

 Ernesto contreras