Día de las Madres, Reflexión

dia madresA mis hijos y mis nietos…

De mis épocas de estudiante, recuerdo un viejo refrán que decía: “Como te ves me vi… y como me ves te verás”, de allí, que como me lo contaron se lo cuento a ustedes, con algunos arreglos… Los nombres son ficticios. Este es un escrito anónimo de junio de 1997.

EL DÍA QUE ME VOLVÍ INVISIBLE

No sé cómo estoy en esta casa. NO hay calendarios. En mi memoria, los días están hechos una maraña: me acuerdo de esos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos que colgábamos el lado del tocador. Ya no hay nada. Todas las cosas antiguas han ido desapareciendo y yo… ¡yo también! Me fui borrando sin que nadie se diera cuenta. Primero me cambiaron de recámara, pues la familia creció. Después me pasaron a otra, más pequeña, acompañada de una de mis nietas. Ahora, ¡ocupo el cuarto de los trebejos!, el que está en el patio trasero. Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les ha olvidado y todas las noches por allí se cuela un airecillo helado que aumenta mis dolores reumáticos

Desde hace tiempo, tenía intenciones de escribir. Me he pasado semanas buscando una pluma o un lápiz, y cuando al fin lo encontraba, volví a olvidar en donde los había puesto. A mis años las cosas se pierden fácilmente ¡claro! Es una enfermedad, me dicen que tiene un nombre raro “alzhéimer” y no sé por qué dicen que es alemán., porque estoy segura de haberlas puesto en cierto lugar, pero… siempre desaparecen. La otra tarde, caí en la cuenta de que también mi voz ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos, no me contestan. Todos platican sin mirarme, como si yo no estuviera escuchando atento lo que dicen. A veces intervengo en la plática segura de lo que voy a decirles, no se le ha ocurrido a ninguno, y que les van a servir de mucho mis consejos. Pero no me oyen, no me miran, no me responden, o de plano me dicen ¡tú cállate! ¡Tú qué sabes de esto!

Entonces, llena de tristeza me retiro a mi cuarto, antes de terminar de tomar la taza de café. Lo hago así, de pronto, para que entiendan que estoy enojada, que se den cuenta de que me han ofendido, me han lastimado, y vengan a buscarme y me pidan perdón. Pero… nada. Me quedo esperando por mucho tiempo y… ¡nadie viene!

El otro día les dije que cuando muriera sí que me iban a extrañar. El niño más pequeño dijo: “¿A poco tú estás viva, Cande?” Esto les cayó en gracia, pues no paraban de reír. Me dolió el corazón., y tres días estuve llorando en mi cuarto. Una mañana, entró uno de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio. Fue entonces cuando verdaderamente me convencí de que ¡SOY INVISIBLE!

Me paro a media sala para ver si aunque sea estorbo. Mi hija sigue barriendo sin tocarme. Los niños corren a mí alrededor de un lado a otro sin tropezar conmigo. Cuando mi yerno enfermó, tuve la oportunidad de serle útil, o yo lo pensé así. Le llevé un té especial que yo misma preparé con mucho cariño. Se lo puse en la mesita de noche y me senté a esperar que se lo tomara. Le dije que se lo tomara calientito, pero como estaba viendo la televisión, ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té a poco se fue enfriando y me incomodé de estar allí, y me salí a mi cuarto. Cuánto ¡ha soportado mi corazón! Un viernes me alborotaron los chamacos y me vinieron a decir que el día siguiente nos iríamos todos de día de campo. Me fue difícil conciliar el sueño ¿yo?, con ellos. ¿De día de campo? ¿Sí? ¡Cómo no ¡Al otro día, fui la primera en levantarme, pues tenía que arreglar mis cosas que llevaría, con calma. Los viejos nos tardamos mucho en hacer cualquier cosa. Así que me tome mi tiempo para no retrasarlos y no se molestaran.

Al rato, todos salían y entraban de la casa corriendo, y echaban bolsas y juguetes al coche. Yo estaba lista con mi bolsa en el suelo, y muy alegre, me pare en el zaguán a esperarlo. Todos subieron, se acomodaron y el auto partió envuelto con el bullicio propio de la ocasión. Comprendí que yo no había sido invitada, tal vez porque no cabía en el auto, o porque mis pasos son tan lentos, que impedirían que corretearan a gusto en el bosque: Sentí clarito, como mi corazón se encogió, cerré mis ojos y la barbilla me temblaba como cuando ya no se aguantan las ganas de llorar. Lloré no sé cuánto tiempo, me dormí y descansé.

Vivo con siete miembros de la familia. Cada día me hago más vieja. Pero cosa curiosa, ya no cumplo años, Nadie me lo recuerda. Todos están tan ocupados. Yo los entiendo, todos ellos si hacen cosas importantes. Ríen, gritan, se abrazan se besan. Yo ya no sé a qué saben los besos. Antes besuqueaba a los niños chiquitos. Era un gusto enorme el que me daba tenerlos en mis brazos, como si fueran míos. Sentí su piel muy tierna, y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que no creía recordar, pero que ahora he olvidado.

Un día mi nieta Laura que acababa de tener a su bebé me dijo, que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud. Desde esa ocasión, ya no me les acerqué más, no fuera a ser que les pasara algo malo a causa de mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contrariarlos! Sin embargo aunque los quiero mucho, de esto Dios lo sabe, voy a causarles un último contratiempo. Mañana que es domingo y no están tan atareados, se encontrarán con una sorpresa. Ya tengo en mis manos un frasco de pastillas que me voy a tomar y ese sí no lo suelto, pues con eso de que todo se me pierde. Esto lo haré en la sala, para que me encuentren pronto. Dios quiera que tengan dinero para mi ataúd y que no me guarden un mal recuerdo. Yo les bendigo y ruego a Dios les perdone, porque qué culpa tienen los pobres de que yo me haya ¡vuelo invisible!

Les dejo este dinero y este escrito, para que tomen sus precauciones. Con tantas cosas que se inventan hoy, estoy segura que habrá algo que puedan comprar, para que siempre sean vistos y escuchados. Para que el día de mañana no tenga que morirse –estando muertos desde antes- COMO YO.

¡QUE LÁSTIMA QUE NO TENEMOS La cultura del respeto por nuestros ancianos!

Con mi afecto y respeto.

Pbro. Abner Alanís Rangel,

Toluca, Edo. de México,

Conferencia Anual de México.