Adoración a Jesús como Estilo de Vida

adoracion estilo de vidaMI ADORACIÓN A JESÚS COMO ESTILO DE VIDA

Hace algunos años pude tomar un curso llamado “Plan Maestro para el Discipulado Cristiano”, impartido por el hermano Cuauhtémoc Meneses. Allí se nos hacía énfasis en que el cristianismo es un estilo de vida diferente, y que la vida no consistía en actos de adoración, sino que toda nuestra vida debía ser un acto de adoración al Señor. Como dice Pablo, refiriéndose a la obra de Cristo, “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros lo que primeramente esperábamos en Cristo” (Efesios 1:11-12).

Entonces, el esperar en Cristo me lleva a buscar la gloria de Dios en lo que hago. ¿En todo?: Sí, en todo:

  • Al levantarme, buscando primero tu rostro antes que el de otras personas, en oración y lectura de tu Palabra.
  • Al arreglarme para las tareas diarias.
  • Al preparar los alimentos para mi familia.
  • Al conducir un vehículo en el tráfico de la ciudad en la que vivo.
  • Al realizar mis tareas domésticas.
  • Al convivir con mis vecinos.
  • Al comprar artículos para la despensa.
  • Al recibir a mis seres queridos que llegan de la escuela o trabajo.
  • Al pasar tiempo libre.
  • Ah… y también cuando voy a la iglesia.

La adoración a Dios es el continuo en el cual me muevo, confiando en Cristo y pidiendo la dirección del Espíritu Santo. La adoración mía no debe limitarse a las paredes del templo: soy creyente en Jesús por las 24 horas al día, los siete días de la semana.

Mis hijos y esposo, mi familia más cercana, son los primeros que deben recibir los reflejos de ese continuo acto de adoración a Jesús. Ellos observan de cerca mi forma de actuar y hablar. Además, el Señor conoce mis pensamientos y él también sabe si le adoro a él con ellos, o paso rumiando rencores, amarguras, reproches o dudas: mi pensamiento tiene que ir siendo transformado, para que yo sea transformada, como dice Romanos 12:1 y 2.

Señor, ¡qué difícil me parece todo esto! Necesito de tu gracia para poder llevar todo adelante. Entonces recuerdo que es por el poder de tu Espíritu Santo, quien me habla a través de tu palabra, la Biblia, que soy guiada a toda verdad (Juan 16:13), y que sólo si soy guiada por el Espíritu tuyo, puedo considerarme tu hija, según Romanos 8:14.

Por eso, hoy buscaré tu rostro, y trataré de mantenerme viéndolo, en medio de mis ocupaciones. Deseo hacerlo, pero necesito de ti, Señor, para lograrlo.  Te alabo, mi Señor, en Cristo Jesús.

Lic. Maria Elena Silva de Fuentes.

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