Editorial

espiritu dios experienciaEl Espíritu de Dios en nuestra experiencia

El próximo día 4 de junio de 2017 será el Domingo de Pentecostés, en el calendario cristiano. Así terminaremos la Estación de la Resurrección y dará inicio la Estación de Pentecostés. Pero no es esta fecha cristiana la que nos ha tenido a los mexicanos con la mente agitada, sino las expectativas del proceso electoral del Estado de México, ese mismo día. En realidad serán cuatro estados los que celebrarán comicios, pero el de los mexiquenses provoca más efervescencia porque su resultado podría ser un indicativo sobre la elección presidencial de 2018. De tres cosas estamos ahora seguros: Primero, que los electores hemos avanzado en el uso estratégico de nuestro voto para hacernos oír, y que la voz del pueblo se escuchará este domingo; segundo, que esta vez el candidato que gane lo hará con un pequeño margen de diferencia; y tercero, que el resultados de este domingo nos sorprenderá. Que Dios tome participación con nosotros en este momento de nuestra historia.

Pero hemos de volver a nuestros énfasis de doctrina y práctica. El descenso pentecostal del Espíritu Santo tiene una connotación interesante en la doctrina metodista. Se relaciona precisamente con la fecha del nacimiento del movimiento metodista, la experiencia vivida por Juan Wesley el 24 de mayo de 1738. Para nosotros el derramamiento del Espíritu no tiene que ver con dones sobrenaturales, como lo fue de manera genuina al principio, ni con impactos emocionales espectaculares como frecuentemente lo es hoy, sino con un ministerio bienhechor de la tercera persona de la Trinidad. El Espíritu tiene que ver con la experiencia que se registra en la vida de una persona que se convierte a Jesucristo. El discernimiento de la parte experimental de la salvación mediante la agencia del Espíritu, fue lo que se considera la más grande aportación que Wesley hiciera a la teología cristiana, como nadie lo hizo mejor. 

La doctrina soteriológica de la Reforma descubrió que las Escrituras enseñan que la justificación es posible únicamente por la fe, debido a la obra perfecta de Cristo en la cruz, causa eficiente de toda gracia. Pero Wesley completó la idea al mostrar la enseñanza bíblica acerca de lo que Cristo hace en el creyente. Los reformadores se ocuparon de teologizar sobre lo que Cristo hizo por nosotros, pero Wesley se ocupó sobre lo que Cristo hace en nosotros. De los hermanos moravos aprendió la idea de que “Cristo en nosotros viene después de Cristo por nosotros”. Y esa realidad doble que tanto buscó (sin saber a ciencia cierta qué buscaba), la encontró en su experiencia del 24 de mayo. Comprendió esa noche el sacrificio de su Salvador, única razón bíblica por la que un ser humano es aceptado por Dios, y enseguida el Espíritu de Cristo vino a darle la certidumbre de que ya era un hijo de Dios. El ministerio fundamental del Espíritu es dar testimonio al espíritu del creyente de que Dios le ha adoptado, que ya es salvo, que la búsqueda ha finalizado y puede tener la seguridad de su salvación. Más adelante mostraría cómo el mismo Espíritu llevar al convertido en un progreso de santificación, pero refiriéndose a una santidad experimental, no “posicional” ni imputada. Tema este último que no abordaremos hoy.

Así pues, el Espíritu provee a quien ha creído en Jesús de una gozosa certidumbre. Este testimonio es animado en el alma del cristiano de manera directa (el Espíritu persuade a su espíritu), pero también de una manera indirecta (el Espíritu fructifica en él y le da una limpia conciencia). No existe mejor manera de explicar y proveer seguridad de la salvación. Es muy débil el camino predestinatario pues hace depender la seguridad de un decreto celestial que nadie puede ver. ¿Cómo podría una persona saber a ciencia cierta si fue elegida para la salvación, si no puede asomarse a verificar si su nombre está entre los afortunados? Por más que se le diga “tú no puedes perder tu salvación”, no habría seguridad objetiva alguna, si de origen ni siquiera puede saber si está entre los elegidos.

En cambio, la explicación wesleyana no descansa en algún decreto, pues mira la salvación no como un concepto teológico, sino como una relación presente, viva y experimental de un ser humano con Cristo. Mientras dicha relación exista, no hay duda, es cristiano. Mientras el Espíritu genere su fruto a través de él, no hay razón para sufrir incertidumbre alguna, está injertado en la Vid verdadera. Mientras conserve su fe en su Señor, el Espíritu seguirá dándole testimonio de su adopción. Su seguridad no es teórica, no trata de adivinar qué dicen los decretos personales de Dios, sino que es experimentada como una realidad tan clara como el saber que la lluvia está mojando cuando se está bajo ella.

Carlos T. Gattinoni nos transmite una anécdota de los tiempos de Wesley que nos sorprende al darnos conciencia del asombro que producía esta explicación sobre el testimonio del Espíritu. Se refiere a un hombre llamado Edward Grienfield a quien habían encarcelado en una ciudad de Inglaterra. Cuando Wesley fue a tratar de resolver el problema de este discípulo metodista, las autoridades le informaron que el cargo que había contra él era ¡que había estado diciendo que sabía que sus pecados ya habían sido perdonados! Y no sólo eso, como pena por ese “delito” se le había dado a escoger entre ser desterrado o sufrir la pena de muerte. (*)

La salvación es una experiencia, la seguridad de ella es una experiencia, ser santificados en ella es una experiencia. El ministerio del Espíritu Santo es proveer una experiencia diaria con Dios. Así es como en nuestra teología y práctica se unen el Pentecostés y la experiencia del corazón ardiente.

Pbro. Bernabé Rendón M.

(*) Gattinoni, Carlos T., Principios del Movimiento Metodista, Ediciones Servir, Buenos Aires,  1982, pp. 142.

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4 comentarios sobre “Editorial

  1. Como bien lo mencionas, la esencia del Espíritu Santo es la relación que conecta al Padre y al Hijo, una relación dinámica y constante que mantiene unida a la Trinidad Divina.El proceso de la Santificación activada por el Espíritu confirma la Salvación lograda por el HIJO y proporcionada por el Padre.¡Bendita experiencia!

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  2. Luego me gustaría pudiera desarrollar la idea de la santidad experimental, frente a la santidad posicional y la santidad imputada. Como siempre, muy interesante de leer su escrito, Pastor Bernabe.

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