Los Rollos del Mar Muerto

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Los Manuscritos del Mar Muerto o Rollos de Qumrán (llamados así por hallarse en unas 11 grutas o cuevas situadas en Qumrán, a orillas del mar Muerto), son una colección de alrededor de 800 escritos de origen judío, escritos en hebreo y arameo por integrantes de una congregación judía de esenios. La mayoría de los manuscritos se encuentran hoy en el Museo de Israel en Jerusalén, en el Museo Rockefeller de Jerusalén, así como en el Museo del Departamento de Antigüedades en Ammán (Jordania). Khirbet Qumrán es un sitio arqueológico situado a unos 13 Km. al sur de Jericó y a 2 Km. de la costa occidental del mar Muerto, cerca del oasis de Ayin Feshja. Fue habitado desde el 150 a.C. hasta el 70 d.C., por una secta de judíos esenios legalistas (contemporáneos de las sectas más conocidas de los saduceos, fariseos y escribas), que se distinguían porque esperaban el inminente juicio apocalíptico, en su tiempo. 

Ante la amenaza de ser destruidos por los romanos junto con Jerusalén y el templo (lo que realmente sucedió en el año 70 d.C.), los esenios cocieron jarrones de barro en los que guardaron, sellaron, y escondieron sus escritos sagrados. Al respecto, en ese sitio, en la segunda mitad del siglo XX, se encontraron un horno, otros jarrones de barro cocido vacíos e idénticos a los usados para guardar los manuscritos; una mesa y bancas como las usadas por los escribas, y varios tinteros del tiempo en que se copiaron los manuscritos de Qumrán.

Ahora se sabe que hace años en esa misma región, fueron descubiertas en diferentes circunstancias, vasijas de barro con manuscritos bíblicos y otros escritos en hebreo y griego. Un hallazgo ocurrió en una vasija de barro cerca de Jericó, en el año 217 d.C., y Orígenes (uno de los llamados padres de la iglesia), utilizó manuscritos del libro bíblico de los Salmos descubiertos allí. Luego en el siglo IX, se informó de otro hallazgo similar, realizado por judíos (Hodge, Stephen, 2001, Los Manuscritos del Mar Muerto: 31-37. Madrid: EDAF, 2002).

El fascinante relato del accidental descubrimiento de los primeros rollos del Mar Muerto, dice así: En una cueva de un acantilado en la escarpada ribera del Mar Muerto, cerca de Qumrán, un pastorcillo llamado Muhammed Ahmad el-Hamid, y dos de sus amigos, Jum’a Muhammed Khalil y Khalil Musa, miembros de la tribu beduina Ta’amireh, en 1947, mientras buscaban a una oveja perdida, decidieron arrojar una piedra en una de las cuevas mencionadas, y al escuchar que la piedra rompía algo, penetraron en ella, y encontraron las primeras vasijas con pergaminos enrollados dentro de ellas. De los primeros siete rollos de pergaminos manuscritos, que con certeza proceden de las cuevas de Qumran, se dice que tras múltiples incidentes y dificultades, y por mediación de Kando, un anticuario de Jerusalén, 4 de los rollos, incluyendo el completo de Isaías, de 7.8 m de largo, pasaron de los beduinos, a manos Mar Atanasio Samuel, arzobispo de la Iglesia Ortodoxa siríaca, en el monasterio de San Marcos en Jerusalén, quien los compró por una pequeña cantidad de dinero.

Tras opiniones no calificadas, él logró que en noviembre de 1947, estos cuatro, junto con tres pergaminos más, fueran examinados por el Profesor de arqueología Eleazar L. Sukeik rector de la Universidad Hebrea de Jerusalén (quien cuando se dio cuenta del valor real de los mismos, los compró en 1954). Además, en Febrero de 1948, los manuscritos fueron examinados y fotografiados por el Dr. John Trever de la Universidad de Yale. Ellos fueron los que por primera vez, confirmaron la autenticidad, valor, y trascendencia del hallazgo.

Cuando se publicaron copias de los rollos, y a partir de 1949, se desató una búsqueda masiva por los arqueólogos bíblicos, y durante casi una década, bajo la dirección de Gerald. L. Harding y Roland de Vaux, del Departamento Jordano de Antigüedades y la Escuela Bíblica de Jerusalén, se exploraron múltiples cuevas vecinas, y con la ayuda de los beduinos, se encontraron más 600 rollos completos, y unos 40,000 fragmentos de manuscritos, hasta del tamaño de una estampilla. De un total de unos 900 rollos que hasta la fecha se han encontrado, escondidos y conservados en 11 cuevas vecinas, principalmente las cuevas nombradas 1, 4, y 7, se encontraron unos 200 manuscritos completos e infinidad de fragmentos, corresponden a copias de todos los libros del Antiguo Testamento con excepción del libro de Ester. Casi todos ellos eran pergaminos, aunque había unos pocos papiros, y dos rollos de cobre, grabados con escrituras judías.

Lo más importante de este hallazgo es su antigüedad, que permite establecer en forma inequívoca, la historicidad de estos libros bíblicos, y estudiar estas importantes y auténticas fuentes teológicas y organizativas del judaísmo y del cristianismo. Gracias al hallazgo de múltiples monedas romanas fechadas junto a los jarrones, la datación de su barro por análisis químico, y la Paleografía (ciencia que determina la edad de un manuscrito al comparar el estilo y forma de su escritura con la de otro manuscrito similar, pero fechado), se determinó científicamente, que la mayoría de los manuscritos de Qumrán, datan de entre los años 250 a. C. y 66 d. C., siendo así, los textos más antiguos de que se dispone en lengua hebrea del Tanaj o Antiguo Testamento bíblico.

Junto con los manuscritos bíblicos, copiados menos de 200 años después del escrito original de Malaquías, se encontraron múltiples copias de libros no bíblicos y de la Septuaginta, primera traducción del A.T. al griego, copiados menos de 50 años después de la Septuaginta original hecha en Alejandría, alrededor del 270 a.C. Sorprendentemente, también se encontraron pequeños fragmentos de manuscritos escritos en griego, del evangelio de Marcos, del libro de Los Hechos, y de las epístolas a los Romanos, 1ª Timoteo; Santiago, y 2ª Pedro, que según O’Callaghan, prestigiado papirólogo, son contemporáneas de los originales, pues datan del año 50 y 70 d.C.

El célebre arqueólogo, Dr. W. F. Albright afirmó: Este es el mayor descubrimiento de los tiempos modernos, que ha influido trascendentalmente en la arqueología y literatura bíblicas, y en el estudio de los manuscritos antiguos por eruditos creyentes y escépticos; pues confirmó la incontrovertible historicidad del Antiguo y Nuevo Testamentos.

Así, la literatura de Qumrán tiene una repercusión evidente en la imagen que tenemos con el judaísmo del Segundo Templo (el de las sinagogas y rabinos), y el cristianismo primitivo. Ante la abundancia del material obtenido, se formó un equipo de extraordinarios eruditos, como Milik, Cross, Starcky, Skehan, Strugenell, y Hunzinger, que se consagraron por décadas, y algunos literalmente, hasta su muerte, a la monumental y difícil labor de analizar, identificar, estudiar, y traducir, los miles de manuscritos encontrados. Así se descartaron de un día para otro, las teorías de los escépticos, racionalistas, y enemigos de la Biblia que decían que los escritos proféticos, como los de Isaías que predecían el nacimiento, vida, y obra de Jesús, y los de Daniel, que predecían el curso de los imperios hasta el fin del mundo, no podían haber sido escritos antes del 200 d.C.

Cuando se comparó el texto de los Rollos Del Mar Muerto con el texto masorético más antiguo, copiado alrededor del año 1000 d.C., se demostró la extraordinaria fidelidad con la que los manuscritos bíblicos se conservaron a través de milenios, y se concluyó, que el texto actualmente contenido en nuestras biblias, corresponde en un 98% al de los originales. Entre los manuscritos se encuentran, aparte de copias de todos los libros del Tanaj (con la excepción de Ester), incluyendo una versión más extensa del 1º Samuel, copias de algunos de los libros llamados deuterocanónicos o apócrifos, por no ser reconocidos como inspirados por Dios, como el Sirácida y el Libro de Tobías.

Hay también análisis y estudios desde el punto de vista de los esenios, sobre cada uno de los libros canónicos. También están los manuales, reglamentos y oraciones propias de la comunidad que habitó ese sitio, el rollo de cobre con cuestiones contables, y destacando el Documento de Damasco, que ya había sido encontrado en 1896 en el depósito de una sinagoga, en una versión manuscrita por los karaitas del siglo IX. También se encontraron diversos textos religiosos intertestamentarios como el Libro de Enoc, el Testamento de los Doce Patriarcas, y el Libro de los Jubileos, que expone un calendario solar, que difería con el calendario hebreo que oficialmente, usaban los fariseos y saduceos en el Templo de Jerusalén del siglo I (Documento de Damasco: XVI 3-4).

El traductor de estos manuscritos, Florentino García Martínez, escribió que, con la única excepción del rollo de cobre, se trata de una “biblioteca sectaria”, pues los rollos forman un conjunto articulado de concepciones teológicas, escatológicas, morales y éticas de los esenios (1992:36-39). Actualmente, hay más de 3,000 copias manuscritas de todos los libros del Antiguo Testamento, y 5,000 copias manuscritas de todos los libros del Nuevo Testamento, que junto con los Rollos del Mar Muerto, están disponibles por Internet.

Esto, junto con los programas de computación que traducen en forma inmediata los textos originales, a cualquier idioma, han permitido enriquecer su análisis y estudio, con la participación de cientos de eruditos de todo el mundo. Además, en el año 2010 se concretó un proyecto entre la empresa Google y la Autoridad de Antigüedades de Israel, con un costo de 3.5 millones de dólares, que tiene como objetivo digitalizar los 3.000 fragmentos del documento, para que estén disponibles para todos, en Internet; y el 26 de septiembre de 2011, el Museo de Israel lanza su proyecto digital de los Manuscritos del Mar Muerto, que permite a los usuarios explorar estos antiguos manuscritos bíblicos con un nivel de detalle imposible de alcanzar anteriormente (http://es.wikipedia.org/wiki/Manuscritos_del_Mar_Muerto).

Así pues, los manuscritos del mar Muerto son importantes, aunque no porque en ellos se escondan revelaciones de supuestos extraterrestres, antepasados de los Templarios o rosacruces, o enseñanzas ocultistas al estilo de la Teosofía (esas y otras afirmaciones no pasan de ser burdos disparates) sino, entre otras cosas, porque nos muestran la fidelidad de la transmisión del texto bíblico y también porque nos permiten conocer mejor el judaísmo del Segundo Templo y a través de esa luz podemos captar más cabalmente las raíces del judaísmo posterior y actual, y del cristianismo primitivo, como una rama de judaísmo mesiánico. Entendamos ésto: que ninguna profecía de la Sagrada Escritura es de interpretación privada; porque la profecía no vino en tiempo pasado por la voluntad del hombre; sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo guiados e inspirados por el Espíritu Santo (2ª Pd 1:20-21).

Ernesto contreras