Editorial

 

editorial.pngAgosto es un mes que año tras año nos envuelve en la dinámica de pensar, valorar, predicar y reflexionar sobre el valor de la Biblia, porque en México agosto es el Mes de la Biblia, así como el domingo 27 será el Día de la Biblia. Es este un tiempo en el que hacemos esfuerzos concentrados para apoyar la causa bíblica, respaldando las tareas de traducción, edición y distribución de las Sagradas Escrituras. Por otro lado, durante 2017, por nuestras celebraciones del 500 Aniversario de la Reforma Protestante, se eleva el énfasis sobre el valor de los escritos sagrados, dado que uno de los grandes temas de los reformadores fue la sola Scriptura, como bien lo sabemos. 

 La Iglesia Católica ha conservado a la tradición de la iglesia como una segunda voz considerada con la misma inspiración que la Biblia. Su argumento es que en ninguna parte la Biblia establece que ella sola sea el camino de verdad. Nosotros vemos, en cambio, que la autoridad de los apóstoles es ejercida en todos los tiempos a través de la doctrina escrita por ellos. Esa autoridad apostólica es excluyente, debe ser única: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Ga. 1:6-8). “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!” (2ª Jn. 9,10). “Os alabo de que en todo os acordéis de mí y retengáis las instrucciones que yo os entregué” (1ª Co. 11:2). ”Manteneos, pues, hermanos, firmes y guardad la doctrina que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta” (2ª Ts. 2:15). “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros” (2ª Tm. 1:13,14). Como metodistas, acogemos la tradición como fuente de nuestra doctrina, siempre y cuando no se aparte de alguna manera de la enseñanza de las Escrituras.

 Martín Lutero se expresaba sobre el valor de la Biblia de esta manera: “Lo primero que tenemos que saber es si nuestra doctrina, tal como la proclamamos, es la palabra de Dios. Sólo con esta seguridad podremos tener la firme confianza de que la empresa ha de perdurar, tiene que perdurar, y que ni el diablo ni el mundo con toda su canalla podrán echarla por tierra, por más que griten y rabien contra ella. Yo, a Dios gracias, tengo la convicción de que mi doctrina responde a la palabra divina, y he arrojado de mi corazón cualquier otra creencia, llámese como se llame… Si quieres ser bienaventurado, tienes que estar tan seguro de la palabra de Dios, que aunque todos los humanos opinaren de otra forma, incluso aunque todos los  ángeles dijeran lo contrario, tú, sin embargo, puedas mantenerte firme y proclamar: -Y, no obstante, sé muy bien que esta palabra es la verdadera-. Lo único que anhelo es poseer la palabra de Dios. Me tienen sin cuidado los milagros, no me preocupan las visiones extraordinarias. Tampoco haría caso a un ángel que quisiera enseñarme algo que no fuera la palabra de Dios” (Lutero, Charlas de Sobremesa, apartado 13).

 Y en el mismo documento hablaba sobre la importancia de una doctrina sana así: “Hay que distinguir muy bien entre la doctrina y la vida. Nosotros vivimos mal, como mal viven los papistas. No luchamos contra los papistas a causa de la vida, sino de la doctrina. Huss y Wyclif no se dieron cuenta de esto, y sólo atacaron la conducta de los papistas. Personalmente no digo nada particular sobre su forma de vivir, sino sobre la doctrina. Mi quehacer, mi combate, se centra en saber si los contrincantes transmiten la doctrina verdadera. Los demás han fustigado sólo la conducta, pero cuando se ataca la doctrina es cuando se agarra al ganso por el pescuezo… Aunque nuestro comportamiento externo sea algo más piadoso que el de los papistas, sin embargo no quiero exprimir este argumento de forma especial; quiero reducirme sólo a la doctrina” (Lutero, Charlas de Sobremesa, apartado 89).

 Esta última cita de Martín Lutero tal vez corrija nuestro enfoque sobre el propósito de los reformadores. Aunque ellos sabían que la práctica de la iglesia de sus tiempos estaba corrompida de muchas maneras, su lucha no llevaba la prioridad de reformar las costumbres. A veces suponemos que la Reforma fue en primer lugar una corrección de la moral cristiana. Pero no fue así. Su lucha estaba concentrada en la reforma de la doctrina, donde los reformadores veían el mayor problema, el peor pecado. Pero, ¿esto significa que para ellos el estilo de vida no importaba? Claro que no. Pero sí estaban estableciendo un principio básico de la conducta humana: Que somos como somos por lo que creemos, sea bueno o malo. Es indispensable corregir primero lo que creemos para manejar así lo que llegaremos a ser. Dentro de nosotros se origina tanto la disfuncionalidad de la conducta, como el impulso de la fe que nos proyecta hacia el mundo.

 Lo anterior nos llama a exponer las Sagradas Escrituras con toda su verdad, con toda su promesa, con todo su poder. Conocer la doctrina de Dios en Cristo, y creerla, tiene que modificar nuestros paradigmas de pensamiento, de tal forma que lleguemos a ser gente nueva, capaces de ser una aportación en pro de una nueva humanidad.

Pbro. Bernabé Rendón M.

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4 comentarios sobre “Editorial

  1. Dios le bendiga Pastor Rendón, muy buen árticulo, yo pienso que despues de todo la misma tradición tiene que ser filtrada por medio de la palabra de Dios (Biblia), en el Catolisismo Romano como dice usted a bien, la Biblia y la tradición tienen el mismo peso.
    Será posible que pudiera hacer un comentario respecto a Efesios 6:10 siento yo que muchas veces se confunde la interpretación, efesios 6:12.
    un fuerte abrazo desde chihuahua..

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    1. Gracias, Hno. Quiñones, vamos de acuerdo. Disculpe, no alcanzo a ver el problema con Ef. 6:10,12, por lo tanto no podría ofrecer mi punto de vista. Si pudiera ser más específico se lo agradeceré, pues me agradaría que pudiéramos compartir puntos de vista. Pongo a sus órdenes el correo electrónico de este órgano oficial de comunicación, o quizá prefiera escribirme a mi facebook, messenger o whatsapp. Bendiciones.

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