El Credo Apostólico

el credoEL CREDO APOSTÓLICO EN LA LITURGIA METODISTA

DOCUMENTOS DE APOYO PARA LA FE

Por Silvano Mares Rangel

            Desde que hice mis estudios en la facultad de Teología, del Centro Evangélico Unido, aprendí que la reafirmación de nuestra fe es vital en cada uno de los cultos de adoración y alabanza. Revisando algunos de los boletines de las iglesias, noto con verdadera preocupación, y somos testigos, de cómo en la mayoría de nuestros cultos, y la mayoría de nuestras iglesias, ya no se utiliza como parte de la liturgia, el CREDO DE LOS APOSTOLES. Lamentable omisión, descuido o indiferencia; lo cierto es que no debemos descuidar el uso de este valioso documento, legado de nuestra tradición. He aquí un aporte, que debe ayudar a la reflexión serena, y debe motivar a su reutilización en nuestra liturgia.

            El fin de siglo con su carga de incertidumbre, su deshumanización e inseguridad, su desvalorización y desacralización atentatoria de la fe; impone nuevos cuestionamientos acerca de la función de la religión, y hace necesaria una revaluación de nuestra fe y del sentir de las Escrituras; para instaurar una neo-reforma que le dé razón de ser a nuestro concepto de cristianos: “Por tanto hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto” Rom. 12:1,2.

            Este opúsculo, forma parte de una serie pretendidamente publicable a la que hemos titulado “DOCUMENTOS DE APOYO PARA LA FE”; son el resultado del estudio analítico-crítico, y de vasta investigación documental, fruto de 55 años de vida pastoral; con gusto lo damos a la opinión pública; con el vehemente deseo de que nuestros lectores -pastores y miembros de nuestras congregaciones-, reflexionen en la trascendencia bíblica y teológica de tan importante documento, y no dejemos que nuestra identidad Metodista se desdibuje por el descuido y la indiferencia, al no promocionar en nuestras congregaciones éste valioso legado doctrinal.

            Este documento pretende ser sencillo para llegar a la heterogeneidad de nuestros lectores, con sus diversos matices de cultura, posición social y cultura religiosa. El versado en estos asuntos, encontrará en el la posibilidad de una retroalimentación histórica, teológica y bíblica que reafirme su fe y su condición de sincero y fiel metodista. Quizá el antepasado más directo del Credo de los Apóstoles lo sea el “CREDO NACIONAL”, según se infiere de San Marcos 12: 28,30

“Al ver que Jesús les había contestado bien, uno de los maestros de la ley, que los había oído discutir, se acercó a él y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: el primer mandamiento de todos es: oye, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Sobre este punto era absoluto el acuerdo en el mundo judío: el artículo esencial de la religión nacional era la fe en Dios Uno, creador y dueño del universo. Los judíos se complacían en afirmar su creencia en el Dios único, y lo hacían con todo celo como intransigencia. Este dogma fundamental se expresaba en la fórmula de oración compuesta de tres textos bíblicos -Deut. 6: 4,9; 11:13,21; Núm.15: 37,41- y conocida con el nombre de Sema -literalmente escucha-; era una verdadera profesión de fe monoteísta y al mismo tiempo una urgente invitación a servir al Dios uno y a no servir sino a Él. El Dios único es un Dios Todopoderoso, Santísimo, Justísimo y Misericordiosísimo.

            Credo ut intelligam. Ad perpetuam rei memoriam. Ad vitam aeternam. (Creo para comprender. Para perpetuar el recuerdo de las cosas. Por la vida eterna). El Credo, constituye uno de los más conmovedores a cercamientos al “yo” íntimo del hombre, en su relación con Dios. El hombre moderno redescubre -mediante el Credo- su intimidad no tan sólo conceptual, sino vivencial: “Yo sé que mi Redentor vive” Job 19:25; “Yo sé en quien he creído”, San Pablo en segunda Timoteo 1:12.

El valor del Credo radica en su sentido de unidad tanto personal, -en mi re-ligarme con Dios-; como grupal en mi fraternidad cristiana dentro de la familia de la fe. ¿Acaso no era esa la pretensión de Jesucristo?: “Te pido que todos estén unidos; como tú, Padre, estas en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste, les he dado la misma gloria que tu me diste, para que sean una sola cosa, así como tu y yo somos una sola cosa”. Juan 17: 21,22.

San Pablo lo reitera: “Hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, y alcancemos la edad adulta, que corresponde a la plena madurez de Cristo”.  Efe.4:13. Además, el Credo es una expresión de identidad. Es el sustento y la razón de ser de mi identificación como cristiano, como seguidor de las enseñanzas del supremo maestro, del que por toda identidad reclama un nuevo nacimiento que nos conduzca al: “Vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos porque yo soy santo”. Levítico 11: 44.

            “Oh que Dios el Padre me adopte como su hijo, que Dios el Hijo more en mi corazón por la fe. Que Dios el Espíritu santo purgue de mi conciencia todas las obras muertas, y purifique mi alma de toda injusticia. ¡Que la Trinidad Santa, bendita y gloriosa, me tome a mí y a los míos sellándonos como suyos ahora y por la eternidad!”. Doctor Adam Clarke. (1) “Del concepto que se tenga de Dios depende la calidad de religión de un alma o de una raza, y de acuerdo con la idea que existe de Dios, de su naturaleza de su carácter y relación con los demás seres, se determina el espíritu y la sustancia de la teología”.

William Newton Clarke. (1) El Credo surge como una evidente necesidad espiritual, cuyo beneficio consiste en la unificación conceptual y la unidad de la Iglesia. El miembro de la Iglesia, no puede, ni mucho menos debe tener la repetición oral o escrita del Credo; sin reflexionar en la trascendencia de lo que significa llevarlo a la práctica, es decir el Credo es una afirmación con el intelecto pero que debe traducirse en una vivencia. Planteado así, El Credo, es afirmar el valor de mi sentido de creatura de Dios, es desarrollar un “nosotros” para integrarnos a una colectividad donde se desarrolle nuestro espíritu de solidaridad.

Una relectura de Hechos 2: 43,47; nos permitirá una comprensión mejor de este valor y sentir: “Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles. Todos los que creían estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí, todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría; y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos, y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación”. “Tu reinado, oh Dios es eterno, y es un reinado de justicia. Has amado lo bueno y odiado lo malo; por eso te ha escogido Dios, tu Dios, y te ha colmado de alegría más que a tus compañeros. Tú, oh Señor, afirmaste la tierra desde el principio; tu mismo hiciste el cielo. Todo ello dejará de existir, pero tu permaneces para siempre”.  Heb.1:8,11.

            El Credo, profundidad teológica, y actualidad en la expresión de una personal confesión, en el sentido de mi realidad, que debe ser la realidad cristológica: “Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también creemos que Dios resucitará a los que murieron creyendo en él”. 1a.Tes.4:14. “Precisamente por eso sufro todas estas cosas. Pero no me averguenzo de ello, porque yo sé en quien he puesto mi confianza y estoy seguro de que él tiene poder para guardar hasta aquel día lo que me ha encomendado”. 2a.Tim.1:12. “Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que le buscan”. Heb.11:6. El Credo, una filosofía de Dios y de la vida, un sentido de realidad mística; el Dios vivo se ve en todo, y el Dios vivo se siente dentro, sin contradicción: el Dios del

intelecto, el de la razón y el de la experiencia, el de los frutos por los que se nos conoce. Lo más prominente en la historia de la iglesia en los siglos II y III fue la persecución del cristianismo por los emperadores romanos, aunque esta condición no fue continua. La razón de todo esto se sustenta en el hecho de que el paganismo acogía las nuevas formas y objetos de adoración, mientras que el cristianismo excluía dichas formas y objetos. La adoración de los ídolos estaba entrelazada con la vida en todos sus aspectos. Las imágenes se encontraban en todo hogar para recibir adoración. Mientras vivieron los apóstoles primitivos, la reverencia general para ellos como los compañeros escogidos por Cristo, los fundadores de la iglesia y hombres dotados de inspiración divina, les hacían indiscutibles dirigentes de la iglesia y sus gobernantes hasta donde era necesario el gobierno.

            En el año 125 d.C. encontramos que los obispos estaban por doquier gobernando la iglesia. Cada uno mandaba en su diócesis con presbíteros y diáconos bajo su autoridad. La forma episcopal de gobierno llegó a ser dominante y universal. El crecimiento y la extensión de la iglesia hicieron que la organización y la disciplina fuesen necesarias. El nacimiento de sectas y herejías en la iglesia hizo que fuesen absolutamente necesarios algunos artículos de fe, y alguna autoridad para ponerlos en vigor; las divisiones doctrinales que amenazaron la existencia misma de la iglesia y las controversias sobre las mismas, despertaron la imperativa demanda de disciplina para tratar con los herejes y asegurar la unidad de la fe. (2). Otra característica distintiva de éste periodo fue el desarrollo de la doctrina. En la época apostólica la fe era del corazón, una rendición personal de la voluntad a Cristo como Señor y Rey. En éste periodo la fe gradualmente había llegado a ser mental, una fe del intelecto; una fe que creía en un sistema de doctrina riguroso inflexible. Se daba énfasis a la creencia correcta, más bien que a la vida espiritual interna.

“EL CREDO DE LOS APÓSTOLES” la más antigua y más sencilla declaración de la creencia cristiana, fue compuesto durante éste periodo en el que surgen tres grandes escuelas de teología: En Alejandría, En Asia Menor y en el Norte de África; éstas escuelas se convirtieron en centros de investigación de las doctrinas de la iglesia. La escuela de Alejandría fue fundada aproximadamente en el año 180 d.C. por Parteno, filósofo estoico, cristiano eminente por el fervor de su espíritu y la elocuencia en la enseñanza oral. La escuela de Asia Menor, consistía en un grupo de maestros y escritores de teología; su más grande representante fue Ireneo, que combinó el celo del evangelista con la habilidad del escritor consumado.

La escuela del Norte de África, estaba en Cartago y por medio de una serie de escritores y teólogos capaces, le dio forma al pensamiento teológico de Europa; representativos de esta escuela fueron el brillante y fervoro so Tertuliano (160-220) y el conservador pero hábil Obispo Cipriano que muere como mártir en la persecución de Decio (258,d.c.). A la par con el desarrollo de la doctrina teológica, está el nacimiento de las sectas, o las llamadas herejías en la iglesia cristiana. Los cristianos del siglo segundo y tercero luchaban no sólo en contra de un mundo pagano y adverso, sino también en contra de herejías y doctrinas corruptas, que surgieron en el seno de la iglesia.

            DOCETISMO: Era la doctrina que enseñaba que Cristo no había vivido en la carne (encarnación) sino que únicamente tenía la apariencia de un hombre. Este fue uno de los primeros errores teológicos que apareció en la historia de la iglesia, por la advertencia que puede observarse en 1a.de Juan 4: 2, 3,4: “Todo el que reconoce que Jesucristo vino como hombre verdadero, tiene el Espíritu de Dios. El que no reconoce así a Jesús, no tiene el Espíritu de Dios, hijitos, ustedes son de Dios y han vencido a esos mentirosos, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo”. El mismo apóstol en su segunda carta, versículos del 7 al 11 sigue advirtiendo:

“Pues andan por el mundo muchos engañadores que no reconocen que Jesucristo vino como hombre verdadero. El que es así, es el engañador y el anticristo. Tengan ustedes cuidado para no perder el resultado de nuestro trabajo, sino recibir su recompensa completa. Cualquiera que pretenda avanzar más allá de lo que Cristo enseñó, no tiene a Dios; pero el que permanece en esa enseñanza, tiene al Padre y también al Hijo. Si alguno va a visitarlos a ustedes y no lleva esta enseñanza, no lo reciban en casa ni lo saluden; porque quién lo salude se hará cómplice de sus malas acciones.” Como se ve, no se trata de visitantes que llegan de paso, sino de aquellos que se presentan con una enseñanza diferente y esperan ser reconocidos como maestros, abusando a la vez de la hospitalidad de la iglesia. A este respecto San Pablo también vierte su preocupación al señalar en Gálatas 1:7,9: “En realidad no es que haya otro evangelio. Lo que pasa es que hay algunos que los perturban a ustedes, y que quieren trastornar el evangelio de Cristo. Pero si alguien les anuncia un evangelio distinto del que ya les hemos anunciado, que caiga sobre él la maldición de Dios, no importa si se trata de mí mismo o de un ángel venido del cielo. Lo he dicho antes y ahora lo repito. Si alguien les anuncia un evangelio diferente del que ya recibieron, que caiga sobre él la maldición de Dios.

            En el año 85, Cerinto, un alejandrino tradicional, discípulo de Filón, se erige en el primer defensor de esta doctrina que sostenía que Jesús difería de otros hombres únicamente en que era más bueno y más sabio que lo que eran

los demás, y que la divinidad de Cristo descendió sobre El en el bautismo y le abandonó en la cruz. Visto así, la encarnación de Jesucristo se reducía a mera ilusión. Marción a fines del siglo segundo estaba dispuesto a conceder la realidad del sufrimiento de Cristo, pero no la realidad de su nacimiento. Ignacio, Irineo y Tertuliano combatieron dicha posición y alertaron a los primeros cristianos sobre el peligro de esta enseñanza.

GNOSTICISMO: Herejía muy peligrosa que invadió a la iglesia en el segundo siglo y principio del tercero afectando a casi todas las iglesias más intelectuales del imperio romano. Hay claras referencias a ello en el N.T. por ejemplo: 1a.de Juan 2: 22; 4:2,3, donde se hace referencia a los que niegan que “Cristo haya venido en la carne”.  El sistema era ecléctico y sus materiales fueron obtenidos de las mitologías de Grecia, Egipto, Persia y la India incluyendo sus filosofías y teosofías; su propósito era reducir el cristianismo a una filosofía y relacionarlo con enseñanzas paganas. La palabra gnóstico se deriva del griego gnosis, que significa conocimiento. Los gnósticos pretendían un conocimiento esotérico. Enseñaban que la materia era completamente mala y ese estado era irreversible.

El Dios de los judíos no era el ser supremo sino un ser muy inferior que de él emanaban un número muy singular de deidades unas buenas y otras malas. Por medio de estas el mundo fue creado con una mezcla del bien y del mal. Quienes llegaban a tener el conocimiento esotérico especial eran los “pneumaticos” o espirituales; solamente ellos eran llevados de regreso al reino de la luz el Dios supremo. Una segunda clase de hombres eran los “psíquicos” quienes no podían ir más allá de la fe; pero debían permanecer eternamente en una esfera muy inferior a la ocupada por quienes tenían “gnosis”. Una tercera clase, representada con la inmensa mayoría eran los “hilicos” es decir los que están sujetos a la materia, y ellos permanecían en una esclavitud sin fin a Satanás. Los dos representantes más importantes de esta postura lo fueron Valentino y Basilides, ambos de Alejandría.

EBIONITAS: El nombre se deriva del hebreo y significa pobre, implicando la idea de humildad, sufrimiento por causa de la justicia. Dicha secta se desarrolla de los judaizantes de los días de Pablo. Mantienen la ley mosaica, insistían en la observancia de las costumbres judías, ponen especial atención a la circuncisión y al sabbath, y reverenciaban a Jerusalén como si hubiera sido la morada de Dios. Jesús era el último y más grande de los profetas, el hijo natural de José y María, pero no el eterno Hijo de Dios. Después de su bautismo Cristo descendió sobre él en la forma de una paloma, pero se apartó de él antes de su crucifixión. Jesús murió y resucitó, pero Cristo permaneció impasible siendo por naturaleza espiritual. Solamente usaban el evangelio de Mateo, y Pablo fue rechazado por

apóstata de la ley.

MANIQUEOS: Obviamente esta enseñanza está conectada con el persa Maniqueo (215-75 d.C.) quien a mediados del tercer siglo se proclama como un profeta. Su enseñanza es una fusión de diferentes elementos del dualismo persa, gnosticismo, marcionismo y cristianismo. Existen dos principios básicos y opuestos: el bien y el mal; la bondad deriva del mundo y el mal del hombre. La redención es la liberación del dominio del mal, Cristo ayudó a esto, aunque luego fue sucedido por Maniqueo. Hay un marcado docetismo en la descripción de Cristo y niegan su resurrección y enfatizan las prácticas ascetas.

MONTANISMO: Montano es el fundador de este movimiento apocalíptico surgido hacia el siglo II. Sus seguidores fueron conocidos como frigios o katafrigios o a veces pepuzianos, llamados así por el lugar donde Montano con dos mujeres como asociadas, Prisca y Maximiliana profetizaron. Sus características doctrinales se resumen en: Una fe fuerte en el Espíritu Santo como el Paracleto prometido, presente en la iglesia de ese tiempo como un poder celestial. Manifestación sobrenatural por medio de profetas y profetizas en trance. Inculcación de una austera y estricta norma de moralidad y disciplina cristiana. Tendencia a colocar los profetas en contra de los obispos. Una expectación intensa del inminente regreso de nuestro Señor.

ARRIANISMO: A fin de terminar con la controversia que se había suscitado por Arrio, un presbítero de Alejandría, y que tenía que ver principalmente con la persona de Cristo; el emperador Constantino convocó al primer concilio cristiano de Nicea, en Asia Menor, en el año 325, d.c. Arrio sostenía que hay una diferencia entre Dios el Padre y Cristo el Hijo. Sólo Dios el Padre era eterno, Cristo fue creado de la nada como la primera y más grande de todas las criaturas, y que a su vez él creó el universo. No obstante, debido al honor y poder que se le había dado, debía ser estimado como Dios y debía ser adorado. La mayor parte de sus seguidores también sostuvieron que el Espíritu Santo fue la primera y más grande de las criaturas creadas por el Hijo.

Por tanto esto implicaba un Dios que tenía un comienzo y que, entonces podía tener un final. La enseñanza de Arrio presuponía que la deidad no podía aparecer substancialmente en la tierra. En consecuencia se daba por sentado que Cristo era una segunda esencia que Dios había creado, que había descendido a la tierra y que había tomado para sí un cuerpo humano. En el Concilio se condenó la enseñanza de Arrio. Se afirmó que Cristo tenía la misma sustancia que el Padre, -homoousia-, y se negó que tuviese una sustancia similar y nada más, y fue declarado “Dios de Dios, Luz de Luz, Verdadero Dios de Verdadero Dios, siendo una sola sustancia con el Padre”; de esta forma surge el Credo Niceno,

teniendo como base el Credo Apostólico, y reorientando nuevamente a la iglesia y reafirmando la fe de los creyentes.

            ¡CUIDADO! Mucho de lo que como fenómeno religioso, se da en el movimiento carismático, puede estar inoculado con las herejías de Montano. Y muchos de los estribillos, que se usan indiscriminadamente tienen matices maniqueistas, gnosticos y panteistas. Wesley, tenía como característica usar el CREDO DE LOS APÒSTOLES como una forma de reafirmación de fe; un recordarnos nuestra herencia apostólica.

            Hagamos un repaso, de los diversos Credos y Confesiones de la Iglesia protestante reformada, al través de los tiempos.

Símbolos de la iglesia Primitiva

Credos Universales

Credo Apostólico Siglo II

Credo Niceno-Constantinopolitano 325-381

Credo de Calcedonia—361

Credo de Atanasio—Siglos V

Símbolos de Unidad de los Países Bajos Confesión de Fe Belga—1561

Catecismo de Heildelberg—1562

Loa Cánones de Dort—17619

 

Confesiones de la Iglesia Protestante Ausgburgo-1530 / Escocia—1560

Helvética I 1536 / Belga- 1561

Ginebra 1536 / Helvética II- 1562

La Rochelle 1559 / 39 Artículos 1571

Westminster 1646

 

Catecismos de la Iglesia Protestante Catecismo mayor de Martín Lutero-1528

Catecismo menor de Martín Lutero-1529

Ginebra- 1537-45

Heidelberg -1562

Mayor de Westminster –1647

Menor de Westminster—1647

Textos Confesionales de la Iglesia Protestante Los Cánones de Dort –1619

Las Tesis de Barmen- 1934

Concordia de Leuenberg—1973

Declaración de Chicago, sobre la inerrancia de la Biblia –1978

            Por supuesto, que también contamos con los Credos de la época actual, de entre estos podemos mencionar los más conocidos a nivel de Latinoamérica:

EL CREDO APOSTÓLICO

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra del Espíritu Santo; nació de la virgen María; padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; la santa Iglesia Universal, la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección del cuerpo; y la vida perdurable. Amén

EL CREDO NICENO

Creo en un Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas, visibles e invisibles. Y creo en un Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios del verdadero Dios, engendrado, no hecho, consubstancial al Padre, por quien todas las cosas fueron hechas; quien por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación descendió del cielo, se encarnó por obra del Espíritu Santo en la virgen María, y fue hecho hombre; fue también crucificado por

nosotros bajo el poder de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado; resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo; está sentado a la diestra del Padre y volverá nuevamente en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos; cuyo reino no tendrá fin. Y Creo en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, quien procede del Padre y del Hijo; quien es adorado y glorificado juntamente con el Padre y el Hijo; quien habló por los profetas. Creo en una santa Iglesia Cristiana y Apostólica. Confieso un Bautismo para la remisión de los pecados; y espero la resurrección de los muertos y la vida en el mundo venidero. Amén

EL CREDO CONTEMPORÁNEO

Ministro: Donde está el Espíritu del Señor, allí está la única Iglesia verdadera apostólica y universal cuya santa fe ahora declaramos: Creemos en Dios Padre de infinita sabiduría poder, poder y amor, cuya misericordia es sobre todas sus obras y cuya voluntad es siempre el bien de sus hijos. Creemos en Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, el don de la inefable gracia del Padre, la Roca de nuestra esperanza y la promesa de nuestra liberación del pecado y la muerte. Creemos en el Espíritu Santo como la presencia divina en nuestras vidas, por quien somos guardados en perpetuo recuerdo de la verdad de Cristo, y hallamos fortaleza y auxilio entiempo de necesidad. Creemos que esta fe debe manifestarse en el servicio de amor, siguiendo el ejemplo de nuestro bendito Señor, a fin de que el reino de Dios pueda venir sobre la tierra. Amén.

CREDO COREANO

Ministro: Donde está el Espíritu del Señor, allí esta la única Iglesia verdadera apostólica y universal cuya santa fe ahora declaramos: Creemos en el Dios único, hacedor y gobernador de todas Las cosas, Padre de tofos los hombres, fuente de toda bondad y belleza, de toda verdad y amor. Creemos en Jesucristo, Dios manifestado en la carne, nuestro Maestro, ejemplo y redentor, el Salvador del Mundo. Creemos en el Espíritu Santo, Dios presente entre nosotros para nuestra dirección, consuelo y fortaleza. Creemos en el perdón de los pecados, en la vida de amor y oración y en una gracia suficiente para toda necesidad. Creemos en la Palabra de Dios contenida en el Antiguo y el Nuevo testamento como regla suficiente de fe y conducta. Creemos en la Iglesia como el compañerismo en adoración y servicio, de todos aquellos que están unidos al Señor viviente. Creemos en el reino de Dios como el gobierno divino en la sociedad humana; y en la fraternidad humana bajo la paternidad divina. Creemos en el triunfo final de la justicia y en la vida eterna. Amén.

CREDO CON PALABRAS DE SAN JUAN.

Ministro. Donde está el Espíritu del Señor, allí está la única Iglesia verdadera, apostólica y universal cuya santa fe ahora declaramos: Creemos que Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren. Creemos que Dios es luz, y si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión los unos con los otros. Creemos que Dios es amor, y cualquiera que ama es nacido de Dios, y conoce a Dios. Creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. Creemos que él es la resurrección y la vida, y el que cree en él, aunque esté muerto vivirá. Creemos que somos hijos de Dios, y que él nos ha dado de su Espíritu. Creeos que si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados y nos limpies de toda maldad. Creemos que el mundo se pasa, y su concupiscencia, más el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre, Amén.

            Hago votos, para que siguiendo la línea Wesleyana, recobremos esta saludable tradición, que ayudará a fortalecer nuestra fe, y reforzar nuestra identidad.

Para terminar, hermanos, deseo que vivan felices y que busquen la perfección en su vida. Anímense y vivan en armonía y paz; y el Dios de amor y de paz estará con ustedes. Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Amén. 2a.Corintios 13:11,13.

Con mi afecto y respeto

Pastor Alaniz

                                                    B I B L I O G R A F Í A

1.- INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA CRISTIANA.

2.-HISTORIA DE LA IGLESIA CRISTIANA

H.Orton Wiley y Paul T. Culbertson / Jesse Lyman Hurbult / Trad. Honorato Reza / Editorial Vida Octava edición / Beacon Hill Press 1948

3.- INICIACIÓN BÍBLICA

A.Robert y A.Tricot

4.- DICCIONARIO DE TEOLOGÍA

Everett F.Harrison /Geoffrey W. Bromiley / Trad. Juan M. Abascal / Carl F. H. Henry

3a.Edición.  Editorial Jus.  México 1957

5.- NUEVO TESTAMENTO Y SALMOS

Biblia de Estudio. Sociedades Bíblicas Unidas 1991

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