Nuestra Identidad Metodista

nuestra identidadNUESTRA IDENTIDAD METODISTA, ¿SABE USTED EN QUÉ CONSISTE? 

Original de: Lic. y Pbro. Jorge Bravo

Callao, Febrero de 2001

Investigación documental y arreglo

         ABALRA

       (Pbro. Abner Alanís R.)

            Para quienes profesamos una fe, es muy significativo el hecho, de que se habla de una crisis de valores. El desarrollo tecnológico, la globalización de los mercados y de la cultura, la relevancia de la información y del conocimiento de los procesos productivos y sociales, modifican las maneras de entender el mundo y bosquejan nuevas formas de relación entre las personas. Vivimos en una sociedad en donde la impunidad y la corrupción ya forman parte de nuestra cultura. La falta de una cultura ética y moral y la falta de patriotismo, nos obligan a cambiar nuestro comportamiento.

Se han cambiado las pautas culturales. Surgen cambios de conductas tras las cuales existen valores que se derrumban, y otras emergen con pujanza. La conciencia ecológica, la preocupación por los derechos humanos, la igualdad de sexos, la democratización de la información y del conocimiento, la pluralidad, la tolerancia, el rescate de los valores cívicos. El eje de esta problemática es la preocupación del ser humano por una mejor calidad de vida. La formación de mejores ciudadanos y mexicanos requiere de actores sociales con posibilidades de autodeterminación, con capacidad para representar intereses y demandas, y para ejercer sus derechos individuales y colectivos dentro de las normas jurídicamente establecidas.

En sí, necesitamos desarrollar valores, capacidades y habilidades generales que permitan el dominio y la creación de nuevos conocimientos. El eje de todo esto se encuentra en la educación en el seno de la familia. En la vida, no basta con ser inteligente para alcanzar el éxito. Es necesario, adaptar un método basado en valores y principios éticos, que seguidos paso a paso, nos conduzcan a la meta que nos hemos trazado.

            La Liga de Jóvenes de la iglesia que pastoreo, sin más me espetó Pastor ¿Qué es la Identidad Metodista?, ¿podría darnos el tema en la liga?

Y con gusto lo he hecho y además, la misma pregunta surgió en la Sociedad Misionera Femenil, y en vista de ello decidí tomar cartas en el asunto. Cumplí el compromiso con la Liga, y como un PLUS, en favor de la congregación por capítulos estoy tratando el tema al través del Boletín de la iglesia.

            De mi vasta colección de escritos: Documentos de Apoyo para la fe, que he escrito y he recopilado a lo largo de mi trayectoria pastoral, utilizo como marco de referencia el valioso documento que el dilecto amigo Pbro. y Lic. Jorge Bravo, tuvo a bien compartirme allá por el año 2001, cuando tuvo a bien hacerlo público. Solo hare algunas acotaciones necesarias, para adecuarlo al contexto de nuestra propia realidad como mexicanos. En la esperanza amable elector de que le sirva de utilidad, dado que las nuevas generaciones de metodistas en nuestras seis conferencias anuales, lo desconocen, hago la correspondiente transcripción, que espero les resulte de utilidad.

            Desde el contexto de una antropología social, podemos decir que tenemos ocho manera de tratar la identidad:

1.- Personal. 2.- Cultural. 3.- Nacional. 4.- De género. 5.-Social. 6.- Familiar. 7.- Individual. 8.- Institucional. Para los fines de nuestro estudio, nos avocaremos, a la identidad institucional, dado que somos una Asociación Religiosa. Consultando el Diccionario, la Identidad se define, como  “El conjunto de rasgos colectivos, que identifican a una institución de otra, incluyendo su historia, valores, filosofía, retos, mitos, héroes de la organización y estrategias observadas.

            Para nuestros fines, hagamos el desglose de nuestro tema: Introducción. I.- Acerca de la Identidad Metodista. II.- Características de la Identidad Metodista.: A).- El Amor a Dios (Santidad personal)

  1. Salvación por la Fe en Cristo. 2. La Perfección Cristiana. 3. Las Obras de Piedad. 4. El Espíritu Evangelizador.
  2. El Amor al Prójimo (Santidad Social).: 1. Las Obras de Misericordia. 2. La Obra Social y Educativa. 3. El Credo Social. 4. La Transformación de la Sociedad.
  3. El Espíritu Organizador: 1. Las Sociedades. 2. El Ministerio Laico. 3. La Organización Eclesial. 4. Los Reglamentos y la Disciplina.
  4. El Espíritu Ecuménico.:1. Relación fraternal con otros cristianos. 2. Visión amplia del Mundo. 3. Colaboración con Organismos que buscan el bien común de las personas.

III. La Teología de Juan Wesley. 1. La Sagrada Escritura. 2. La Experiencia. 3. La Razón. 4. La Tradición Cristiana. 5. La Creación Natural.

NOTAS y BIBLIOGRAFIA 

INTRODUCCIÓN

Hace algún tiempo ya, que en nuestra Conferencia Anual y auspiciado por el Seminario Gonzalo Báez Camargo, se ha hecho la promoción de los 14 tomos de las  Obras de Wesley en idioma español, gracias al esfuerzo de la Wesley Heritage Foundation, Inc. y a todo un equipo de traducción. En la medida que iba bosquejando

los temas a tratar sentí la necesidad de escribir este documento para que pueda estar al alcance de todo metodista interesado en conocer más acerca de nuestra identidad. Es así que comencé a reunir toda la información posible y escribir de una manera sencilla y clara sobre este asunto. Espero que este material al ponerlo al alcance de todos los metodistas sirva para clarificar de una vez por todas nuestra identidad y ya no nos dejemos influenciar por cualquier viento de doctrina que aparezca en el horizonte, sino más bien, nos permita realizar la Misión con eficacia y en amor, especialmente en aquellos que aún no conocen el Evangelio redentor de nuestro Señor Jesucristo. Hay muchos que están ávidos de escuchar algo nuevo para sus vidas y no lo encuentran. Están en la calle, en la escuela, en el tren, en el hogar, en la oficina, en los negocios, en los estadios, en el Congreso, en Palacio y en cualquier otro lugar. Si este esfuerzo cumple su cometido en cada metodista, me sentiré complacido de haber aportado un granito más de arena en la Misión de nuestra Iglesia. Doy gracias al Señor por haberme concedido este privilegio inmerecido. A Él sea la honra y la gloria por todos los siglos. Amén. Callao, Febrero de 2001

  1. Acerca de la Identidad Metodista.

Tratar el tema acerca de nuestra identidad metodista nos lleva a revisar y a preguntarnos ¿qué es identidad?. Usualmente se utiliza este término para identificarse ante alguien o para relacionarse con algo similar. Se define como el conjunto de particularidades o características que distinguen a una persona de las demás. No es fácil precisar las particularidades o características propias de un cristiano metodista. Hay muchas referencias al respecto, todas ellas sólo logran presentar un mosaico de los énfasis que se dan en el quehacer de la vida del cristiano metodista. Precisar esta identidad no es tarea sencilla, debido a que nuestra identidad latinoamericana es producto, en un primer momento, de la mediación del metodismo norteamericano, y en un segundo momento, por la influencia de diversas corrientes wesleyanas en el mundo.

Para definir nuestra identidad como metodistas tenemos que partir por lo que es fundamental en la fe cristiana, la experiencia de salvación. Todo cristiano metodista es una persona que ha sido redimida por la gracia de Dios, a través de un encuentro personal con Jesucristo y que a partir de esa experiencia de fe, el Espíritu Santo actúa constantemente en su vida, llevándolo hacia un camino de santidad y perfección. En su vida diaria pone en práctica la religión del amor, el amor a Dios y a toda la humanidad, tal como nos enseñó nuestro Gran Maestro, el Señor Jesucristo.[1]

De ahí que el meollo de la doctrina metodista esté en la práctica del amor a Dios y el amor al prójimo. No hay otra religión superior a ésta. Juan Wesley lo afirma en toda su reflexión teológica. Ésta es la gran herencia del movimiento metodista que generó el avivamiento espiritual del siglo XVIII. Como tal debemos sentirnos honrados y orgullosos de recibir este legado de parte del Señor, cuyo propósito es redimir a toda criatura de la esclavitud del pecado, a través de Su Palabra y por su sola gracia. Nunca debemos olvidar las palabras del apóstol Pedro: “Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios; en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, ahora habéis alcanzado misericordia.” [2]

No es perder el tiempo hacer un alto en nuestra vida cotidiana para examinar nuestra identidad como metodistas. Jesús mismo se tomó su tiempo para averiguarlo: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?…Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?.” [3] Hoy más que nunca necesitamos preguntarnos: ¿Quiénes somos? ¿Qué dice la gente quiénes somos como cristianos metodistas? Es necesario y urgente revisar nuestra autoestima, elevarla al tope, mejorar nuestra calidad de vida como cristianos metodistas y establecer un proyecto de vida de acuerdo a los principios emanados de las enseñanzas de nuestro Maestro, Jesucristo, y con relación a las necesidades de nuestro prójimo, sean éstas, espirituales o materiales.

Nuestro emblema simboliza las raíces de nuestra Iglesia: la cruz, en la cual nuestro Señor Jesucristo ofrendó su vida por nosotros los pecadores y que a través de su sangre derramada somos reconciliados con Dios. ”Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. También a vosotros, que erais en otro tiempo extraños y enemigos por vuestros pensamientos y por vuestras malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprochables delante de él.” [4] La flama, representa el poder del Espíritu Santo y el sello de nuestra pertenencia. “El cual también nos ha sellado y nos ha dado, como garantía, el Espíritu en nuestros corazones.” [5]

Surgimos en el mundo como Iglesia Metodista, por la gracia y obra de

Dios, quién derramó su Espíritu en la vida de Juan Wesley y en todos sus seguidores para proclamar Su Palabra a toda criatura y hacerla realidad en cada una de ellas. ¡Esa es nuestra herencia e identidad! ¡Esa es la tarea, no hay otra!. De ahí que

del amor consideramos que un cristiano metodista en su práctica de fe, asume las siguientes características, que le son distintivas: el amor a Dios, el amor al prójimo, su espíritu organizador y su espíritu ecuménico.

Evaluación.-Acerca de la Identidad Metodista: 1.¿En qué consiste la Identidad Metodista? 2.- Como metodistas, ¿en qué consiste la experiencia de la salvación? 3.-¿En qué momento se produce el bautismo del Espíritu Santo en el creyente? 4.- Según Juan Wesley, ¿en qué consiste la religión? 5.- Según Juan Wesley ¿cuándo se dice que un creyente está en el meollo de la doctrina metodista? 6.- ¿Qué dice la gente quiénes somos como cristianos metodistas? 7.-¿Por qué un cristiano metodista en su práctica de fe ama a Dios y ama a su prójimo a la vez? ¿En qué consiste?

  1. Características de la Identidad Metodista.
  2. El Amor a Dios (Santidad Personal).-Este es el primer mandamiento del Señor Jesucristo y constituye un requisito prioritario para ser considerado completamente cristiano.[6] Este amor a Dios se expresa a través de nuestra santidad personal en los siguientes aspectos: 1. Salvación por la fe en Cristo.- Como se ha dicho anteriormente, todo cristiano metodista es una persona que ha sido redimida por la gracia de Dios, a través de un encuentro personal con Jesucristo y que a partir de esa experiencia de fe, el Espíritu Santo actúa constantemente en su vida, llevándolo hacia un camino de santidad y perfección. Esta experiencia de fe es una experiencia personal, honda y viva. Es el punto de partida para la santidad y perfección cristiana. Este hecho de la experiencia de la gracia regeneradora de Dios en Cristo es la esencia del metodismo.

Todo cristiano metodista es consciente que Cristo nos ofrece en su muerte el sacrificio perfecto por los pecados y hace posible nuestra redención y reconciliación con Dios. Debemos siempre recordar las palabras del Apóstol Juan: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” [7] Wesley mismo tuvo su propia experiencia personal de fe, previa a su conversión: “Yo predicaba mucho, pero no veía fruto de mis labores. Realmente, no era posible que yo lo tuviera, porque no ponía yo el cimiento del arrepentimiento, ni de creer en el evangelio.”[8]

En otra oportunidad comentó: “Yo fui a América a convertir a los indios. Mas ¿quién me convertirá a mí? ¿Quién me librará de este corazón perverso e incrédulo? Tengo una hermosa religión de verano. Puedo hablar de ella. Hasta puedo creer en ella mientras está lejos el peligro, pero luego que la muerte me mira cara a cara, mi espíritu se acobarda. Yo no puedo exclamar: ‘Para mí el morir es ganancia’.”[9] Felizmente, un 24 de mayo de 1738 a la edad de 34 años, pudo sentir y expresar: “Como a las nueve menos cuarto, mientras escuchaba la descripción del cambio que Dios opera en el corazón por la fe en Cristo, sentí arder mi corazón de una manera extraña. Sentí que confiaba en Cristo, y en Cristo solamente, para mi salvación. Y recibí la seguridad de que Él había borrado mis pecados y que me salvaba a de la ‘ley del pecado y de la muerte’. Puseme entonces a orar con todas mis fuerzas por aquellos que más me habían perseguido y ultrajado. Después di testimonio público ante todos los asistentes de lo que sentía por primera vez en mi corazón.”[10]

Esta es la hora del nuevo nacimiento de Juan Wesley, pero también es la hora del nacimiento del metodismo. Para mayor ampliación sobre el tema de la salvación será bueno estudiar el Sermón 1 de Juan Wesley: “La salvación por la fe”,[11] basado en Efesios 2:8. Asimismo, otro de sus sermones a considerar es: “El nuevo nacimiento” [12] Finalmente no debemos olvidar la pregunta del carcelero al Apóstol Pablo y Silas: ¿Qué debo hacer para ser salvo?, y la respuesta de ellos: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.” [13]

  1. La Perfección Cristiana.- Es el segundo paso que todo cristiano metodista inicia luego de ser justificado por la gracia de Dios, por medio de la redención que es en Jesucristo. Es la acción gradual de Dios, en el cual el Espíritu Santo opera en la vida del cristiano hasta lograr un verdadero cambio en su naturaleza, hasta alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo.[14] La perfección cristiana no implica quedar exento de ignorancia o del error, de los defectos o de las tentaciones, ya que no hay perfección absoluta en la tierra, sino que es un desafío constante para el creyente, de modo que si alguien considera haber alcanzado dicha perfección, todavía necesita crecer en la gracia[15] y avanzar diariamente en el conocimiento y el amor de Dios.[16] Para Wesley el “perfecto amor” a Dios y a los hombres es sinónimo de la perfección cristiana o de la entera santificación.[17]

Es en este sentido que Jesucristo nos exhorta a ser perfectos como Dios lo es;[18] el Apóstol Pablo reconoce que no es perfecto, pero que camina hacia esa meta;[19] en otra ocasión, en su carta a Timoteo hace ver que el fin de toda Escritura es hacer que el creyente en Dios sea perfecto.[20] La perfección cristiana, tal como lo advierte Wesley en todo su tratado sobre este aspecto,[21] no es un ideal a lograr a futuro o en el momento de la muerte, sino que es un proceso que se inicia al ser justificado por la gracia de Dios y que es permanente, dinámico, ahora, en la vida presente. De algún modo, la perfección cristiana, es dejar de lado una vida mediocre por una vida de calidad, es decir, en santidad, consagrada a Dios y experimentar sus múltiples bendiciones. Como ya se ha dicho anteriormente, este proceso es dinámico y nos permite seguir creciendo, día a día, paso a paso, en la fe y en el amor. De ahí que la perfección cristiana es una visión positiva y optimista de la vida cristiana, porque enseña que tanto el hombre como la mujer son perfectibles por la gracia de Dios y están sujetos a ese proceso, con la ayuda del Espíritu Santo.

Pero, hoy en día, la perfección está relacionada a otra palabra, calidad de vida, la cual se utiliza mucho y está en boga en todos los medios académicos. Con este concepto de calidad de vida se quiere demostrar que el ser humano es perfectible por sí mismo, en base a su propio esfuerzo y no depende de nadie para lograrlo. Sin embargo, es bueno tener en cuenta lo que Elsa Tamez comenta sobre este asunto en su artículo “El desafío de la perfección cristiana: Wesley y Santiago” [22]¿Qué significa ser perfecto? La palabra nos suena chocante; tal vez sea porque en nuestras sociedades el pensamiento dominante tiende hacia la búsqueda constante de lo perfecto, pero en un sentido radicalmente opuesto al de Santiago y Wesley. La axiología actual está invertida; mientras que para la sociedad o el mundo, en términos de Santiago, la perfección está vinculada al éxito, a la competencia, al sobresalir a costa de los demás, para Santiago [para Wesley también] es precisamente lo contrario, es estar pendientes de los necesitados para ser coherentes con lo que creemos y leemos en la Biblia.

La perfección de nuestro tiempo margina al pobre, al minusválido –perfección está ligada a lo sin defecto; es mentirosa porque el mundo de las apariencias lo domina todo. En Santiago [también en Wesley] la perfección está vinculada a la autenticidad, a la sinceridad, mientras que hoy día lo perfecto se rige por el nivel de las apariencias. Los modelos que la sociedad impone son individualistas, en ellos no hay cabida para la solidaridad; la imagen del ser perfecto ya está dada: seguir el modelo de tener buenas posibilidades económicas, buena educación, no tener defectos físicos, casarse, tener hijos, tener éxito en todas las actividades y no ser objeto de ninguna sospecha ideológica. Si eso es así, las grandes mayorías pobres y explotadas latinoamericanas están en un nivel bajo, de imperfección, porque nunca tendrán las posibilidades de realizar la imagen de perfección proyectada por la sociedad. Nuestras iglesias no están exentas de poseer esta imagen falsa de perfección.

Santiago, y más adelante Wesley, nos desafían a buscar otro tipo de perfección, la auténtica. Aquel que no divide a las personas y comunidades entre sí, aquel que exige ser íntegro, cabal, completo. Aquel que vincula las realidades con la fe y actúa coherentemente con lo que dice y hace. Esto es ser honesto y el que no actúa así es deshonesto. En nuestras comunidades cristianas debemos reflexionar sobre este aspecto crucial; y no solo al interior de nuestras comunidades, sino también en los movimientos populares que intentan transformar también la realidad social viciada. El ser ‘limpio de corazón’ significa mucho más que ser buena gente. La búsqueda constante de la honestidad hoy día, entendida en toda su profundidad y colocada en medio de nuestra historia conflictiva, nos ayudará con toda seguridad a ser cristianos auténticos [no casi cristianos], porque ser íntegro significa en síntesis ser honesto con Dios, con el prójimo, con nosotros mismos y con nuestra realidad.[23] Para alcanzar esta meta -que es nuestro constante desafío- es necesario llevar una vida en obediencia a Dios, en disciplina, en amor y en gracia renovada. ¿Estamos avanzando hacia la perfección? El estudio serio acerca de la perfección cristiana debe ser una guía permanente para todos los cristianos metodistas.

  1. Las Obras de Piedad.- Al leer la cita bíblica de Génesis 22:14 lo primero que nos viene a la mente es el hecho de que Dios siempre provee lo necesario para nuestra vida o bienestar. Comúnmente esa provisión divina está relacionada con cosas materiales: dinero, salud, bienestar, alimento, estudio, trabajo. Muy poco reflexionamos en que Dios también nos provee medios para nuestra vida espiritual, es decir, herramientas para nuestra perfección cristiana. A estas herramientas, Wesley las denomina medios de gracia.[24] Las obras de piedad son señales exteriores, palabras o acciones que tienen que ver con la vida de fe o devoción del creyente y para ello Dios en su infinita misericordia, provee medios de gracia para alimentar y madurar nuestra santidad. Wesley consideraba que Dios al proveer dichos medios para nuestra formación espiritual, tanto personal como comunitaria, hace que la gracia sustentadora sea accesible cada vez más. Pero advierte que los medios de gracia deben emplearse en forma disciplinada.

            Los cristianos no estamos exentos de enfrentar obstáculos, conflictos, dudas, fracasos y crisis en nuestra vida espiritual. Cada día es una batalla que tenemos que librar para vencer esos desafíos que el maligno nos pone. ¿Cómo pues permanecer fieles al Señor? ¿Cómo tener el apoyo o la ayuda necesaria de nuestro Dios para caminar por sus caminos? ¿Cómo saber que El Señor, a través de su gracia sustentadora nos apoya, anima y capacita?. La respuesta a estas preguntas es: Dios nos ha provisto medios de gracia. He aquí algunos de ellos:

  1. La Sagrada Escritura.- Para Wesley la Biblia tuvo un lugar muy importante en su vida y fue la fuente de toda su teología. El mismo llegó a declararse como hombre de un solo libro[25] La Sagrada Escritura o Biblia contiene el mensaje básico de la gracia de Dios y constituye la guía principal para vivir una vida de santidad.[26] Es un privilegio y deber de todo cristiano escudriñar las Escrituras. Debemos leerla y estudiarla siempre en todo momento de nuestra vida, casi siempre temprano en la mañana o tarde en la noche. En ella conoceremos la voluntad de Dios para con nosotros y hallaremos respuestas para todas nuestras necesidades e inquietudes. Más adelante ampliaremos este punto cuando tratemos en otro capítulo, las fuentes de la teología de Juan Wesley.
  2. b) La Oración.- Puesto que la vida cristiana se vive en relación con Dios mediante Jesucristo, la oración es esencial. Es uno de los dones más importantes que Dios nos ha dado para mantenernos conectados con él, que nos ama constantemente y cuya gracia es necesaria para sostenernos.[27] Es el gran medio de acercarnos a Dios. Todo cristiano ejercita su amor a Dios, “orando sin cesar.” [28] Muchas veces la ausencia de oración es la principal causa de sequía espiritual en la vida del cristiano. ¿Cómo debemos orar? Jesús nos da la respuesta.[29] Cada uno puede componer su propia oración para dirigirse al Señor.

            Juan y Carlos Wesley resaltan en sus escritos la necesidad de orar en cada momento; para ellos, la oración constituía una fuente inagotable de fuerzas inmensas. Debemos enfatizar que la oración no es sólo personal sino que también es comunitaria e intercesora.

  1. c) El Ayuno.- Cuando pensamos en ayunar, casi siempre se debe a que ha llegado el momento de perder peso. En realidad el ayuno es una disciplina espiritual cuyo propósito no es reducir el consumo de calorías, sino intensificar nuestra relación con Dios y purificar nuestro ser. Jesús nos advierte que cualquier problema o dificultad que dañe nuestro espíritu no se resuelve sino con oración y ayuno;[30] asimismo, el profeta Isaías nos recuerda cuál es el verdadero ayuno que Dios quiere de nosotros.[31] ¿Por qué es importante ayunar? Por tres motivos: 1) Es una expresión de arrepentimiento por el pecado;

2) Es una señal especial de penitencia por el pecado de exceso en el comer y el beber; además, permite que experimentemos la carencia que sufren los pobres.

3) Ayuda a la oración porque le permite a la persona que ayuna apartar un período más extenso de tiempo para orar y contribuye a la santidad.

Finalmente, Wesley no dejó de advertir que el ayuno valdría más si al mismo tiempo se ayudase a los pobres.

  1. d) La Cena del Señor o Comunión.- ¿Qué acontece cuando nos acercamos a la mesa del Señor? La Cena del Señor es significativa por tres razones: Primera, porque se trata de un memorial o recordación.[32] Nos confronta con el sufrimiento y sacrificio que Cristo hizo por nosotros en la cruz. Segunda, la Cena del Señor es una manera como Dios otorga gracia al que participa en ella.[33] Mediante el poder del Espíritu Santo y a través de nuestra fe, se nos comunica los beneficios de la muerte y la resurrección de Cristo. Cuando comemos el pan y bebemos de la copa, Dios le concede a nuestras almas toda esa gracia espiritual, esa justificación, esa paz y ese gozo en el Espíritu Santo comprados por el cuerpo de Cristo que una vez fue quebrantado, y la sangre de Cristo que una vez fue derramada por nosotros. Tercera, la Cena también es una promesa. Confirma y sella la oferta que Dios nos hace de salvación en Cristo. Cuando nos reunimos alrededor de la Mesa del Señor, estamos anticipando lo que ha de suceder en el Reino de Dios que se ha de consumar en el futuro, cuando todos habremos de participar con gozo y paz en la plenitud definitiva de la vida de Dios.[34] ¿Qué impide que nos acerquemos a la Mesa del Señor?.

Wesley nos recomienda que la Cena del Señor es absolutamente indispensable en la vida del creyente.

  1. e) Las Reuniones Fraternales.- Wesley se refirió sobre este medio de gracia como “conferencia cristiana”, sin embargo, hoy en día este ha adquirido la expresión de reuniones fraternales. Originalmente estas reuniones fueron las sociedades, las clases, y las bandas. Estas reuniones no son más que oportunidades para participar con otros en adoración, compañerismo y ministerio.[35] El crecimiento espiritual es personal, pero no privado. No podemos ser cristianos aislados, que vivimos en soledad. Los diversos momentos de comunión fraternal son muy importantes para el crecimiento de nuestra vida espiritual. De ahí que sea bueno tener siempre los estudios bíblicos, los grupos de oración, campamentos, paseos, vigilias, grupos de jóvenes, mujeres, de niños y asambleas, entre otras cosas más. La experiencia nos indica que estos espacios son muy fructíferos en la vida del cristiano y de la iglesia.

Recordemos que para ser metodistas, era requisito estar unidos entre sí y también con otros cristianos para adorar y orar. Era muy importante mantener el espíritu de la conexionalidad. Sólo así, unidos, se podría cuidar de otros creyentes y unirse a ellos en la Misión al mundo. Este aspecto es aún vigente para todos los metodistas del mundo, ahora y siempre.

  1. f) El Culto Público.- Todo cristiano metodista que ha sido verdaderamente tocado por Dios debe aprovechar toda oportunidad para ofrecer alabanza al Señor y abrirse a su gracia sustentadora, mediante sus oraciones familiares, servicios parroquiales y cultos de adoración.[36] Además, todo culto es un testimonio público de nuestra fe en Jesucristo, para que muchos puedan creer y aceptarle como su único Señor y Salvador.[37]

Wesley estableció dos oportunidades para adorar a Dios: La Fiesta del Amor o la comida del Ágape, y el Servicio del Pacto. Ambas reuniones tenían el propósito de dar testimonio de la acción de Dios en las vidas de los creyentes; alabar a Dios a través del canto; orar juntos por cada necesidad particular y por el mundo; comer y beber juntos. En cada una de ellas los creyentes debían experimentar las bendiciones de Dios y tener la oportunidad de renovar su pacto con su Señor.

  1. El Espíritu Evangelizador.- Jesús después de su resurrección gloriosa, dejó un encargo a sus discípulos: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”[38] En realidad, este encargo del Señor se ha convertido en el mandato misionero de todo cristiano, por extensión, de la Iglesia.

Esta Comisión la ha venido realizando toda la comunidad cristiana a través de los siglos, hasta el día de hoy, en obediencia a este mandato. Muchos cristianos han dado su vida por anunciar el evangelio del Señor Jesucristo. Entre ellos se encuentran muchísimos hermanos y hermanas metodistas de todo el mundo.

Wesley entendió que este encargo del Señor debía llevarse a cabo en todo el mundo, sin ninguna discriminación. Gracias a esta obediencia del mandato divino, Wesley es considerado como uno de los más grandes evangelistas en la historia cristiana. El metodismo se desarrolló y se extendió por todo el mundo en virtud a este espíritu evangelizador de sus integrantes. Él tuvo una gran visión y sabiduría de lo alto para desarrollar la Obra. En cierto momento, a uno de sus cuestionadores le supo responder: “Considero todo el mundo como mi parroquia, quiero decir que en cualquier parte de él donde estoy, lo juzgo digno, justo y mi deber declarar las buenas nuevas de salvación a todos los que quieran oír. Esta es la obra a la cuál sé que Dios me ha llamado.”[39] Esta es nuestra herencia metodista, vigente aún y retadora para el próximo milenio.

Francis Gerald Ensley en su artículo “Juan Wesley, evangelista poderoso”[40] nos da una excelente visión de la tarea evangelística realizada por Wesley. He aquí un resumen de la misma. Fue capaz de sacar a muchos de las tinieblas a la luz; cambió a muchos de un tipo de vida miserable a otra de calidad. Cuando él murió había 70,000 metodista en Inglaterra y otros 70,000 habrían muerto en la fe metodista en el transcurso de su larga carrera. El metodismo alcanzó el Océano Atlántico y cerca de 65,000 norteamericanos eran seguidores de Wesley. En los Estados Unidos de Norteamérica, entre los años de 1773 a 1790, la población metodista se incrementó en más de 5,500 por ciento con respecto al 75 por ciento de la población total. Cincuenta años después de la muerte de Wesley el movimiento metodista tenía congregaciones misioneras en Europa, África, Australia, las islas del Pacífico y América. ¡Todo el mundo!. ¡Miles de kilómetros recorridos! Se cumplía lo dicho por Wesley: “el mundo es mi parroquia.”

Este crecimiento es comparable sólo al de la iglesia primitiva. Un dato importante, el movimiento metodista estaba bien organizado para poder cumplir la misión. Tenía 550 predicadores itinerantes, además de un número mayor de predicadores locales. Gerard Ensley comenta sobre la influencia de la labor de Wesley en su sociedad:

Él levantó a la iglesia establecida de sus basureros. Donde era mundana y corrupta él la levantó a nuevos niveles de espiritualidad…Encendió a la iglesia con un nuevo celo misionero…Él derritió el sentimiento religioso congelado de la Iglesia Anglicana, lo vertió sobre nuevos moldes y lo hizo nuevo con un significado espiritual. Wesley cambió el clima espiritual de Inglaterra.[41]

Los resultados de esta labor misionera, realizada por Wesley y sus seguidores, pueden verse en la transformación espiritual y social que experimentaron las personas a quienes ellos llegaron. Se alivió el sentido de culpa, la ignorancia, las enfermedades, la degradación social de las personas, especialmente los pobres. Ayudó a reformar las prisiones, se redujo las horas de trabajo en las fábricas y minas, se abolió el comercio de esclavos, y permitió el desarrollo de la educación popular a través de las escuelas dominicales. Hoy día podemos decir con orgullo -nosotros, los herederos de esa Gran Comisión- que los frutos de esa fructífera labor evangelistica es la formación de la Iglesia Metodista, establecida a lo largo y ancho del mundo, llegando a ser la tercera iglesia protestante más grande del planeta. Este es pues, nuestro espíritu evangelizador, que se nutre de las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y se acrecienta con la experiencia desarrollada por los primeros metodistas. Proclamación de la Palabra de Dios y servicio a toda la humanidad, esa es la Misión. ¡No hay otra!

EVALUACIÓN

  1. El Amor al Prójimo (Santidad Social).-Este aspecto es el segundo mandamiento ordenado por nuestro Señor Jesucristo. Según Wesley todo cristiano metodista debe dar este paso para ser considerado verdaderamente cristiano.[42] El amor al prójimo es lo que constituye nuestra santidad social, enseñada por Jesucristo. Wesley mismo expresó lo siguiente: “El evangelio de Cristo no conoce otra religión que la social ni otra santidad que la social. Este mandamiento tenemos de Cristo, que el que ama a Dios, ame también a su hermano.”[43]

A partir de esta práctica de fe, el cristiano metodista realiza diversas acciones que se traduce en los siguientes hechos: las obras de misericordia, la obra social y educativa, la formulación de un Credo Social y la transformación de la sociedad.

  1. Las Obras de Misericordia.- Según Wesley una genuina santidad debía manifestarse a través de una santidad exterior o social. Las obras de piedad y las obras de misericordia hacen el equilibrio teológico de la vida cristiana. Las obras de misericordia son la expresión de la fe puesta en acción.[44] Hacer el bien a los demás es practicar el mandamiento del Señor: “Amaos unos a otros[45] Wesley en su Sermón en la Montaña explica en qué consiste practicar las obras de misericordia: Dar de comer al hambriento, vestir al que está desnudo, atender o asistir al extranjero, visitar a aquellos que están enfermos o en prisión, consolar al afligido, instruir al ignorante, reprobar al malvado, exhortar y animar al que hace lo bueno; si hubiera cualquier otra obra de misericordia, también se le debe incluir en esta dirección.[46]

Además, él mismo se encargó de dar el ejemplo. Se preocupó por el derroche del dinero y la acumulación de riquezas. Consideraba que era “la trampa del diablo” y que éste asunto es la perdición del cristianismo genuino. Existen cuatro sermones significativos con respecto a la riqueza: “El peligro de las riquezas”[47], “Sobre las riquezas”[48], “El peligro de la acumulación de riquezas”[49], “El uso del dinero”[50] Por otro lado, consideraba que la riqueza era un obstáculo en el camino a la santidad, ya que ésta desalienta nuestro amor a Dios y promueve el amor a las posesiones, llevándonos a la idolatría. No hay compatibilidad entre el amor a la riqueza y el amor a Dios.[51] Advierte que como consecuencia de este amor a la riqueza también se desalienta el amor hacia el prójimo, llevándonos a su explotación y esclavitud. De ahí que para practicar la verdadera santidad es necesario dejar de acumular riquezas y para ello da tres consejos sabios:

  1. a) “Gana todo cuanto puedas”, hay que ganar el dinero con trabajo honesto, sin perjudicar

       nuestras mentes y cuerpos por el trabajo excesivo y sin explotar a nuestro prójimo.

  1. b) “Ahorra todo cuanto puedas”, debemos practicar la mayordomía y vivir con sencillez, sin practicar el derroche de los dones de Dios.
  2. c) “Da todo cuanto puedas”, se debe proveer lo esencial para uno mismo y la familia: alimento, vestido, vivienda, salud y cualquier otra cosa básica. Cuando este aspecto se ha logrado, cualquier cosa que sobre debe darse a los pobres, tanto en la iglesia como en el resto del mundo. Nada debe acumularse. El compartir con los necesitados es una muestra que estamos dando todo a Dios.

Wesley no sólo exhortó a los metodistas a practicar el dar a los necesitados, sino que él mismo trabajó para aliviar el sufrimiento de los pobres. Aumentó la autoestima de ellos, durmió con ellos, alquiló casas para viudas sin hogar y para sus niños, finalmente dio todo el dinero que tuvo entre sus manos.

Los metodistas siguieron su ejemplo. Las sociedades y clases lograron recolectar dinero, alimentos y ropas para aliviar el dolor de la pobreza.

Otro aspecto que preocupó a Wesley era la salud física de las personas, en forma especial la de los pobres. En su sermón “Visitando a los pobres” (1786)[52] muestra esa sensibilidad social y destaca la importancia de la visitación a los enfermos, así como la participación muy especial de las mujeres en este ministerio. No sólo se interesó por las visitas a los enfermos, sino que escribió artículos sobre salud y medicina para ayudarles. Es notable encontrar en su libro “Rudimentos de medicina: un método fácil y natural para curar la mayoría de las enfermedades” (1747),[53] dos asuntos: el primero, las sugerencias que ofrece para la preservación de la salud mediante un plan, en el cual recomienda un programa de aire fresco, dietas, descanso y ejercicios, con un criterio bastante moderno para su tiempo. El segundo, la prescripción de remedios para traumas y enfermedades comunes. Para ello él mismo se encargó de distribuir medicinas a cientos de personas en Londres, Bristol y Newcastle.

El asunto de las prisiones y de los prisioneros no escapó del interés de Wesley. En su tiempo el sistema penal era inhumano. Las leyes eran muy duras, especialmente contra los deudores y para los que cometían crímenes contra la propiedad. Wesley y sus seguidores estaban convencidos que aquellas personas necesitaban oír el evangelio redentor de Jesucristo y merecían el cuidado de los siervos de Dios. De ahí que la visita a las prisiones y atención a los prisioneros se convirtió en un ministerio permanente. Como un testimonio personal, Wesley gastó su fortuna a favor de los presos pobres y en muchos casos se encerró en calabozos para sentir en carne propia el sufrimiento de sus semejantes. Luchó a favor de una reforma carcelaria para que las leyes penales y las cárceles sean más humanas. Propuso una educación y guía espiritual para los prisioneros para dar lugar al arrepentimiento y de esa forma pudieran ser restaurados. El 2 de enero de 1761 dirigió una carta al editor del London Chronicle[54] destacando la transformación ocurrida en la más famosa prisión de Newgate en Bristol, la cual lucía limpia; ya no había peleas, ni borracheras, menos era permitida la prostitución. Se evita la pereza de los prisioneros, para ello se les provee las herramientas y materiales para lo que quieran trabajar en sus oficios. El carcelero –quien se había convertido al metodismo- escucha los problemas de los prisioneros y los resuelve. Los domingos todos van a la capilla y los enfermos que no podían ir recibían atención espiritual y medicinas.

La esclavitud era el peor flagelo de la humanidad en el tiempo de Wesley y él no fue indiferente ante este hecho cruel. Escribió en 1774 un tratado: “Reflexiones sobre la esclavitud”[55] dio a conocer su denuncia y oposición sobre el crimen de la esclavitud. Más aún, la consideró inhumana y contraria a la voluntad de Dios. No había excusa alguna para seguir permitiéndose la explotación de una persona o grupo por otra. A pesar de todas las dificultades e incomprensiones de su tiempo, Wesley logró convertir a muchos esclavos negros y en otros casos consolarlos en su sufrimiento. Esta opción significó peligros, tanto para él como para sus seguidores.

Finalmente, Wesley antes de morir, una semana antes, escribió una carta a Wilberforce animándole a seguir con la cruzada contra el comercio de esclavos.

  1. La Obra Social y Educativa.- Estos aspectos son parte de la misión de la Iglesia, que expresan el amor de Dios (Mateo 22: 37-39). La acción social tiene como propósito concientizar al ser humano de que su responsabilidad es participar en la construcción del reino de Dios, promoviendo la vida en condiciones más humanas. Para lograr este propósito, la Iglesia promueve la participación de los cristianos en la solución de las necesidades personales, sociales, económicas, de trabajo, salud, escolares u otras fundamentales para la dignidad humana. Propugna el cambio estructural de la sociedad para que permita la integración social de los individuos y de las poblaciones pobres. Ya hemos visto anteriormente la dedicación y preocupación de Wesley por este aspecto. Este ejemplo es actualmente seguido por muchos metodistas en todas partes del mundo.

La obra educativa es otra tarea que Wesley puso mucho énfasis en su reflexión y quehacer teológico. A él le interesó que sus seguidores fuesen más educados y sus predicadores más eficientes. Para lograr este objetivo publicó libros, panfletos y revistas. Fundó escuelas especialmente para niños pobres, entre las más famosas está la escuela de Kingswood (1748), en una aldea minera cerca de Bristol (Proverbios 22:6). Un tercer esfuerzo fue el apoyar las escuelas dominicales como un medio para revivir la religión a través de la nación. Hoy en día los metodistas en todo el mundo han establecido instituciones educacionales en varias partes del mundo, desde

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kindergartens, escuelas primarias y secundarias, hasta universidades y seminarios teológicos, con el propósito de cultivar la mente y el espíritu (Romanos 12:1-2).

Nuestros centros y programas educativos tienen como fines y objetivos:

  1. a) Fomentar la educación en los sectores menos privilegiados.
  2. b) Formar un sujeto consciente, crítico y creador de su historia.
  3. c) Hacer consciente al educando que la vida hoy se entiende más como comunidad y no tanto desde un punto de vista individualista. Por lo que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad ante Dios, su prójimo y la historia.
  4. d) Que busque una relación con otras personas, individual y colectivamente de tal forma que el amor, la justicia y el perdón de Dios sean una vivencia palpable para el educando.
  5. e) Proporcionar una educación para el trabajo no explotable, sino el ejercicio solidario de la auto realización de la persona, en la producción de bienes y servicios sociales para el bien común.
  6. f) Orientar la educación hacia la liberación y afirmación del ser nacional en la diversidad, canalizando los esfuerzos de toda una cultura original y fecunda, hacia una sociedad justa y de plena participación.
  7. g) Desarrollar una pedagogía que contribuya a enriquecer su entendimiento en la fe cristiana y extender su conocimiento del mundo en que vive.
  8. El Credo Social.- La Iglesia Metodista afirma su responsabilidad cristiana por el bienestar integral del ser humano como consecuencia de su fidelidad a la Palabra de Dios expresada en las Escrituras. Esa conciencia de responsabilidad social constituye parte de la preciosa herencia confiada a los metodistas por el testimonio histórico de Juan Wesley. De ahí que el ejercicio de esa responsabilidad sea inseparable a la misión de la Iglesia Metodista en el mundo.

Finalmente, en el presente siglo de gigantesco progreso científico y tecnológico, la Iglesia Metodista reafirma un anhelo de Wesley: unir ciencia y piedad vital hace tanto tiempo separadas. Actualmente la Iglesia Metodista ha elaborado un Credo Social[56] con el fin de sintetizar su teología sobre la responsabilidad y quehacer del metodista en relación con el prójimo y la sociedad en general:

  1. La Transformación de la Sociedad.- Tal vez este punto sea el lado fuerte de la identidad metodista, que partiendo de su fe firme en el Señor, asume el compromiso de ser un agente de transformación en el mundo. Retomando el pensamiento de Wesley, en el sentido de que nuestra santidad social se da en el amor al prójimo y que en el Evangelio de Cristo no hay lugar para una religión solitaria, ni menos para una santidad individualista, sino una religión y santidad social, es que resaltamos el aspecto social de la vida cristiana.

Esta actitud conlleva a ejercer una crítica a los sistemas y valores que gobiernan a nuestra sociedad actual. Este ejercicio de la crítica no sólo debe ser teórico, sino que debe ser puesta en práctica en el todo quehacer cotidiano. Transformar los sistemas inhumanos e injustos no es una tarea fácil y a corto plazo, se necesita para lograr tal propósito ser perseverantes en aquellos valores que permitan generar una vida más digna. Estamos convencidos que los únicos valores que han de permitir este cambio social son aquellos enseñados por nuestro Señor Jesucristo.

De aquí que el orden político-social y económico no sea ajeno al quehacer del cristiano metodista, menos la es su responsabilidad civil y la solución de los problemas sociales. Juan Wesley al proclamar que el mundo es nuestra parroquia, estaba diciendo que lo que pasa en este mundo no nos es ajeno y que debemos ser los agentes del Señor para el cambio, o al decir de Pablo: “somos colaboradores de Dios.”[57] Por otro lado, toda la obra realizada por Wesley estuvo dirigida a transformar su nación y por consiguiente el mundo. Esa es nuestra herencia metodista.

  1. El Espíritu Organizador.- Si hay algo que caracteriza a un metodista en el mundo es su espíritu organizador. Wesley nos dejó como herencia este aspecto, el cual está presente en la vida personal y social del creyente, y de manera especial, en la iglesia. El no estuvo lejos de los actuales conceptos que se tiene sobre organización, en el sentido de “poner orden donde existe el caos, evitar conflictos personales sobre asuntos de trabajo o responsabilidad, y crear un ambiente favorable para el trabajo en equipo. Implica igualmente tener presente al factor humano –que las tareas deben adaptarse a la gente, con todas sus virtudes y debilidades, y que la gente debe motivarse.”[58] La iglesia no es ajena a esta realidad. Es por eso que Wesley organizó el movimiento metodista de una manera tal que facilitara el desarrollo de la Misión. De ahí el surgimiento de las sociedades, las clases, el ministerio laico y la disciplina. Ese fue el secreto de su éxito como conductor del gran movimiento de avivamiento del siglo XVIII.
  2. Las Sociedades.-[59] Esta fue una forma de organizar en células a las personas que tenían interés por su salvación personal. Para ello se tenían servicios de predicación, reuniones de oración, de testimonio, consejería pastoral, estudios bíblicos y ayuda social. Estas personas se reunían una vez a la semana, los jueves en la noche. Wesley esperaba que sus integrantes asistieran a los servicios de la Iglesia de Inglaterra. En realidad las sociedades metodistas eran anexos de la iglesia oficial. Luego surge la necesidad de dividir cada sociedad en pequeños grupos denominados clases, con el fin de hacer un seguimiento más cercano a cada persona que había sido convertida. La conformación de cada clase dependía según el domicilio de cada integrante. Cada clase contaba con una docena de participantes, en el que a uno de ellos se le daba el título de líder. Esta persona tenía una experiencia cristiana madura, visitaba a los convertidos por lo menos una vez a la semana, recibía la ayuda para los pobres, se informaba sobre el progreso de la salvación, aconsejaba, reprendía, consolaba y exhortaba. Luego se reunía semanalmente con el pastor para informar sobre el progreso espiritual de sus miembros, las contribuciones recibidas, sobre el estado de los enfermos y los casos de disciplina. Otro aspecto de la organización de las sociedades metodistas lo constituyeron la formación de pequeños grupos religiosos llamados bandas y compañías selectas. Las bandas eran pequeños grupos de personas que pensaban igual y se reunían semanalmente para asuntos religiosos, especialmente para confesar sus pecados, revelar las tentaciones y sus triunfos, también para exponer sus problemas y recibir la ayuda espiritual al respecto. Las compañías selectas eran grupos muy pequeños e íntimos, que se reunían con la finalidad de estrechar lazos de amistad y reproducir los primeros tiempos de la iglesia primitiva.

Esta forma de organización del movimiento metodista refleja el genio de su fundador y que al pasar el tiempo ha significado una impactante y original contribución a las demás iglesias. Hoy en día estamos lejos de aquella experiencia, pero sería bueno retomar dicha experiencia y contextualizarla de acuerdo a nuestros tiempos y generar diversas formas de organización para la Iglesia. Por ejemplo la iglesia puede organizarse en diversos grupos de interés: niños, adolescentes, jóvenes, adultos jóvenes, adultos, varones, mujeres, oración, estudios bíblicos, reflexión sobre la realidad social de la sociedad, música y canto, servicio social, clubes deportivos, participación política en la sociedad, escuela de líderes, etc.

  1. El Ministerio Laico.-[60] Dar un lugar a los laicos (hombres y mujeres) en la vida de la iglesia y desarrollo del movimiento, da muestra una vez más del don de la organización que poseía Wesley. El se dio cuenta de la gran importancia que constituía el enorme potencial laico al que tenía a su disposición para desarrollar la gran tarea. La mayoría de los líderes de clase, los mayordomos que cuidaban los asuntos financieros, los predicadores, todos ellos eran laicos. Wesley reclutó a los predicadores laicos para extender el Evangelio por todos lados y a su vez les dio responsabilidades espirituales. Este gran sector fue sin duda la gran reserva de vitalidad religiosa que Wesley canalizó para dar el gran impulso a su movimiento. Era el “poderoso ejército” o “jinetes rústicos” que llenaba una necesidad práctica para la expansión y consolidación de la Iglesia. Estas personas no estaban entrenadas ni eran muy ilustradas, pero tenían una pasión por difundir la santidad. Sobre todo este aspecto es bueno tener la opinión del misionólogo contemporáneo Guillermo Cook sobre el don singular que tenía Wesley para: “…descubrir talentos naturales y dones espirituales en otros y ponerlos a trabajar en las estructuras de las nuevas comunidades de base, aun si esto significaba romper las prácticas eclesiásticas establecidas…Dentro de las Sociedades Metodistas , fueron entrenados dirigentes del sector popular, quienes, de otro modo, nunca hubieran hecho una contribución ni a la sociedad ni a la iglesia. Este liderazgo fue una fuerza significante en la evangelización y en la organización de los sindicatos industriales. Posiblemente uno en cada cinco de los miembros metodistas fueron animados por Wesley a trabajar en ministerios significativos, incluyendo mujeres.”[61] Actualmente nuestras iglesias están compuestas por una gran cantidad de laicos (niños, adolescentes, jóvenes, varones, mujeres, adultos mayores) que muy bien podrían involucrarse en el trabajo total de la Iglesia y servir según los dones recibidos y al llamado del Señor.
  2. La Organización Eclesial.- La Iglesia es el instrumento que Dios utiliza para revelar su amor a un mundo que aún no le conoce ni le ama. La Iglesia es un organismo, es el “cuerpo de Cristo” para hacer su Obra en este mundo y como tal necesita tener una organización que facilite este propósito. En los tiempos de Wesley el movimiento de avivamiento había crecido y expandido de tal manera que hubo que establecer una organización que posibilitara su desarrollo. Como ya hemos visto anteriormente, Wesley organizó las sociedades, las clases, las bandas y las compañías selectas. El propósito era volver a la práctica de las primitivas doctrinas evangélicas más que en la creación de una reforma eclesiástica, pero debido al crecimiento de las sociedades, éstas tuvieron que sufrir modificaciones.

La Conferencia era el organismo máximo que reunía a los clérigos y predicadores, se reunía cada tres meses para evaluar y supervisar la Obra, además de atender los asuntos administrativos y eclesiásticos. Después de muchos años, el Metodismo mantiene su organización primitiva, con excepción de algunos cambios. Actualmente existe una Conferencia General que reúne a las diversas conferencias de un país y éstas a su vez a las conferencias distritales y locales. El cuerpo pastoral está compuesto por presbíteros y predicadores laicos, de ambos géneros. Dentro de los presbíteros se elige un obispo que preside la Iglesia y la Conferencia General. De acuerdo al número de la feligresía, la Iglesia puede tener más de un obispo, pero uno de entre ellos es el obispo presidente.

En nuestro caso como Iglesia Metodista del Perú estamos organizados de la siguiente manera: – Iglesia Nacional: Asamblea General/Junta Nacional de Coordinación.

– Distritos: Asamblea Distrital/Junta Distrital.

– Iglesias locales: Asambleas locales/Mesa Directiva.

El espíritu de nuestra organización es democrático, inclusivo, participativo y pluralista. Cada miembro metodista es una unidad de la Iglesia; el conjunto de ellos y ellas conforman la iglesia local; la suma de iglesias locales da lugar al Distrito, el conjunto de Distritos Eclesiales es lo que constituye la Iglesia Nacional. Actualmente existen muchos documentos acerca de nuestra organización, nosotros recomendamos los siguientes: “Metodismo con método, manual de la iglesia local” y “Manual de Miembros de la Iglesia Metodista”[62]

  1. Los Reglamentos y La Disciplina.- Los Reglamento y la Disciplina son un conjunto de normas tendientes a regular las acciones y decisiones de los miembros de la Iglesia, así como de los organismos locales, distritales y nacionales. El único objeto de las reglas y reglamentos es ayudar a la Iglesia a cumplir su divina misión, así lo entendía Wesley. Este conjunto de normas está enmarcado en una Constitución y un Reglamento, lo que constituye la Disciplina de la Iglesia. Si damos un vistazo a la Constitución de nuestra Iglesia Metodista del Perú y encontramos la siguiente estructura:

III. La Teología de Juan Wesley.

El escritor metodista B. Foster Stockwell en su libro “La teología de Juan Wesley y la nuestra” sostiene que en la teología de Juan Wesley predominan ampliamente temas que tienen que ver con la redención humana y la vida cristiana. La doctrina de Dios (teología) y la cristología, ceden lugar a la soteriología, es decir, la doctrina de la salvación. Él en su quehacer teológico se dedicó a ser un evangelista itinerante, llamando a las multitudes al arrepentimiento y a la fe en Jesucristo y reuniendo a los nuevos creyentes en células o sociedades para su edificación espiritual. Wesley estaba convencido que los principios de la Reforma estaban dados y lo único que faltaba era ponerlos en práctica en todos los aspectos de la vida, de ahí que volvió a proclamar el mensaje de la Reforma y no pretendió crear un nuevo sistema teológico propio del metodismo. Si intentáramos encontrar en todos sus escritos, en los catorce tomos de las Obras de Wesley, un tratado de teología sistemática, vano sería nuestro intento. Wesley optó por un tipo de teología práctica. Un tipo de teología que llegue más al corazón del hombre y no tan sólo a su mente. En resumen podríamos decir que la teología de Wesley es la doctrina de la justificación y del corazón ardiente. Desde este núcleo teológico desarrolla los demás aspectos de la doctrina cristiana.

Las fuentes teológicas que sirven de inspiración para su pensamiento son cinco a saber: las Escrituras, la razón, la experiencia, la tradición de la Iglesia y la creación natural.

  1. La Sagrada Escritura.- Para Wesley los principios fundamentales de su teología se encontraban en la Escritura. Esta era su única regla de fe. Todos sus sermones están llenos de citas bíblicas, no en forma artificial, como textos de prueba, sino como la expresión natural de una mente cristiana por la Palabra de Dios. Pasó mucho tiempo traduciendo el Nuevo Testamento del original griego para sus lectores.

En su sermón sobre “El testimonio de nuestro propio espíritu”[68] Wesley pregunta: “¿Qué regla tienen los hombres para discernir entre lo bueno y lo malo, para dirigir su conciencia?” y responde diciendo: “La norma del cristiano respecto de lo bueno y lo malo es la Palabra de Dios, los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento; todo lo que los Profetas y “los varones santos de la antigüedad” escribieron, “movidos del Espíritu Santo;” toda la Escritura que ha sido “inspirada divinamente” por Dios, y la que ciertamente “es útil para enseñar” toda la voluntad de Dios; “para redarguir” los errores; y para “instruir,” o educarnos, en “justicia” (2ª Timoteo 3:16-17).

Esta es una lámpara para los pies y una luz en el camino del cristiano; ésta es la única forma que recibe para discernir entre el bien y el mal, entre lo que verdaderamente es bueno y lo malo. No tiene nada por bueno sino lo que aquí se manda, bien directamente o como una consecuencia clara; nada considera como malo sino lo que aquí se prohibe, ya terminantemente, ya como una innegable deducción.”

  1. La Razón.- En muchos de los escritos de Wesley, la razón ocupa un lugar muy importante. Por ejemplo, en su obra “Un llamado ferviente a personas razonables y religiosas”[69], Wesley dice: Deseamos una religión fundada en la razón y de acuerdo a la razón; esto es, en armonía con la naturaleza de Dios y la del hombre y sus relaciones mutuas. Exhortamos encarecidamente a todos los que buscan una religión verdadera, a que hagan uso de toda la razón que Dios les haya dado, investigando las cosas de Dios. Es razonable amar a Dios, que nos lo dio todo. Es razonable amar al prójimo y hacer el bien a todos los hombres. La religión que nosotros predicamos y vivimos está de acuerdo con la más alta razón.”

En otro momento afirma que esto es un principio fundamental para todos los metodistas, que renunciar a la razón significa renunciar a la religión, que la religión y la razón van de mano en mano, y que toda religión irracional es falsa. Wesley vivió en una época racionalista y no estaba de acuerdo con los místicos que despreciaban a la razón, señalando más bien que el Señor y sus apóstoles razonaban constantemente con sus enemigos.Finalmente, Wesley sostiene que la razón no puede engendrar la fe, ni la esperanza, ni el amor de Dios o al prójimo; pero nadie debe despreciarla, porque rinde grandes servicios en echar los fundamentos de la verdadera religión y en dirigirnos en la práctica de la vida cristiana. La razón humana es un regalo de Dios y no hay que menospreciarla ya que ésta nos es útil para el descubrimiento y la investigación de la verdad.

  1. La Experiencia.- Esta tercera fuente de la teología de Juan Wesley es tal vez la más resaltante de su pensamiento. Él encuentra en la experiencia la prueba y la confirmación del Evangelio y el centro de la certidumbre cristiana. Esto no significa desmerecer la importancia insustituible de las Sagradas Escrituras, ni el valor de la tradición eclesiástica. Para Wesley el cristianismo según las Sagradas Escrituras es el cristianismo de la experiencia personal. Un sermón ejemplar sobre este asunto es: “El cristianismo bíblico”[70]. Quien tenga estas experiencias no dudarán de la verdad del Evangelio de Dios en Cristo, de la realidad del perdón de Dios y de la renovación sobrenatural de su vida. Wesley a pesar de que muchas veces recurrió a los argumentos racionales, en última instancia apela a la experiencia religiosa personal y la conciencia íntima y constante de la presencia y obra de Dios. Esta apelación se convierte en una nueva manera de vivir la vida cristiana y se echan las bases de la teología del movimiento metodista; por extensión, de la teología evangélica actual.

Finalmente, Wesley después de treinta años de su experiencia de conversión, escribió en su segundo discurso sobre “el testimonio del espíritu”, “la experiencia es suficiente para confirmar una doctrina que se basa en las Escrituras.” [71]

  1. La Tradición Cristiana.- Wesley tenía una admiración muy particular por los padres cristianos, desde Clemente de Roma hasta Cipriano, que corresponden a los tres primeros siglos de la iglesia cristiana; y esto porque ellos dan testimonio de su experiencia personal del evangelio. Consideró valioso el aporte de la Reforma del siglo XVI, ya que desde esa perspectiva la Iglesia Anglicana elaboró el Libro de Oración Común, los Treinta y Nueve Artículos de Fe, y las Homilías. Wesley encontró en dichos escritos su propia doctrina de la justificación por la fe y es por eso que tuvo una actitud muy crítica contra los ministros de su tiempo por haberse apartado de la sana doctrina.
  2. La Creación Natural.- En la época de Wesley el racionalismo y la contemplación del mundo creado estaban en su apogeo, sin embargo, él consideraba que el mundo era un gran libro abierto en el cual Dios se da a conocer a sí mismo. En la naturaleza están escritas las maravillas del universo y que cualquiera puede apreciarlas. Pero no solamente es eso, sino que también se puede comprobar la perfección que solo puede provenir de un Ser creador y superior al ser humano. El firmamento, con todas las estrellas y cuerpos celestes, declara la inmensidad y magnificencia, el poder y la sabiduría de Dios creador. Los diversos fenómenos naturales manifiestan su poder y control sobre ellos. Pero, a pesar de todo ello, Wesley reconoce que nadie puede llegar al verdadero conocimiento de Dios simplemente contemplando el mundo creado, sino es por su revelación al ser humano.

Resumiendo podemos afirmar que las fuentes de la teología de Juan Wesley son cinco: las Sagradas Escrituras, la razón, la experiencia religiosa, la tradición eclesiástica y la creación natural. Pero las fuentes principales son sólo dos: Las Sagradas Escrituras y la experiencia religiosa del creyente. Para Wesley la razón ejerce cierta función crítica y reguladora en la reflexión, la creación natural ofrece al ser humano cierto material para la reflexión filosófica, y la tradición eclesiástica tiene hermosos tesoros que no deben despreciarse; pero la fuente principal son las Sagradas Escrituras, interpretadas y confirmadas por la experiencia del creyente cristiano.

            Como hemos visto hasta aquí, puedo asegurar con cierta certeza que la gran mayoría de los miembros de nuestras organizaciones, desconocen esto que es vital ¿porque? Sencillamente por desconocimiento de nuestros liderazgos. Con profunda tristeza, hemos visto que a lo largo de los últimos años, estamos más interesados en lo administrativo y en lo financiero, porque de allí depende nuestra supervivencia; que en lo espiritual y doctrinal, espero que este valioso aporte de mi colega y amigo, “no sea la voz del que clama en el desierto”

Con mi afecto y Respeto

ABALRA

BIBLIOGRAFÍA

  • Curso de Administración, Koontz y D´ Donnell, Mc Graw Hill, 1972, USA.
  • El Libro de la Disciplina Metodista, IMU, 1996, USA.
  • El Wesley del pueblo, W. Mc. Donald, CUPSA, 1985, México.
  • Genio y Espíritu del Metodismo Wesleyano, Gonzálo-Baez Camargo, CUP, 1962, México.
  • John Wesley: Santidad de Corazón y Vida, Charles Irigoyen y Ruth Daugtherty, IMU, 1995, USA.
  • Juan Wesley Evangelista, Francis Gerald Ensley, CUP, 1993, México.
  • Juan Wesley: herencia y promesa, Justo L. Gonzáles, Publicaciones Puertorriqueñas Inc., 1998, Puerto Rico.
  • Juan Wesley: su vida y su obra, Mateo Leliévre, CLIE, 1988, España.
  • La teología de Juan Wesley y la nuestra, B. Foster Stockwell, La Aurora, 1962, Argentina.
  • Manual de Miembros, DLC- Iglesia Metodista del Perú, s/f, Perú.
  • Metodismo con Método, DLC-Iglesia Metodista del Perú, 1994, Perú.
  • Obras de Wesley, 14 tomos, Wesley Heritage Foundation Inc., 1998, USA.
  • Principios del Movimiento Metodista, Carlos T. Gattinoni, Edic. Servir, 1982, Argentina.
  • Santiago: lectura latinoamericana de la epístola, Elsa Tamez, Editorial DEI, 1985, Costa Rica.