EDITORIAL

editorial
La Reforma y los Estratos de Poder 

El entendimiento de lo que conocemos los cristianos como la autoridad de Dios delegada a sus criaturas para conservar el orden, fue uno de los temas inevitables de los reformadores, comenzando con Martín Lutero. El día en que se definió si la iglesia reconocería la necesidad de reformarse o no, y en este segundo caso, que Lutero la abandonara (aunque ya había sido excomulgado), fue el 18 de abril de 1521, a las 18:00 horas, dentro de la celebración de la Dieta de Worms. Los asuntos que el reformador alemán pedía se discutieran en un concilio, se venían calificando por el Papa más bien como señalamientos discordantes irrespetuosos y semillas de herejía. Desde 1517 hasta 1521 la tensión fue en aumento, y Lutero perdía la esperanza de ser escuchado. Así pues, el emperador Carlos V, nieto de los reyes católicos Fernando e Isabel, suponiéndose responsable de custodiar la “sana doctrina” dentro de sus territorios, y bajo la presión del Papa, acompañado de los príncipes alemanes, más los representantes del Vaticano y las autoridades católicas alemanas, llamaron a Lutero a Worms para darle fin a la batalla que se había extendido por cuatro años.

Se le exigió al reformador renunciar a sus propuestas, sin mediar el anhelado debate que él venía solicitando. Y, ante la insistencia de la Dieta a que sólo expusiese si se arrepentía o no de sus escritos, Lutero no tuvo más camino que lamentar esa cerrazón y manifestar su imposibilidad a abandonar las ideas que había publicado. Su respuesta era final, las esperanzas se habían agotado, su iglesia no estaba abierta al diálogo. De su discurso, un tanto extenso, hemos citado muchas veces únicamente aquella parte final que nos es conocida:

A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes —ya que no confío en el Papa, ni en su Concilio, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradicho— me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén.

Y aquí están las tres palabras clave: La Escrituras, la razón, la conciencia. Contrastan con los sujetos clave que eran los pilares del sistema que ya entraba en su fase terminal: Los concilios, el papa, el rey. La nueva iglesia, y con ella el nuevo mundo, dejaban atrás los tres criterios sobre los cuales se sustentaba el orden social. Ya no serían la guía los concilios que muchas veces cayeron en contradicciones, sino las Escrituras; y ya no más el Papa y el rey, a quienes el pueblo debía respetar y someterse debido a que se creía eran designados por Dios, y la autoridad delegada de Dios descansaba en ellos como una unción que los volvía intocables, sino que ahora la razón y la conciencia constituirían la nueva pauta. Lutero no sólo se opuso en aquella Dieta a la autoridad del Papa y del emperador, sino que además explicó dónde estaba ahora para él la autoridad.

En realidad, las palabras de Lutero armonizaban con los ideales políticos del humanismo renacentista. Y así, la Reforma y el despertar humano a la era de la razón se encontraron en un período de coincidencia. Nuestra recordada escritora siro-mexicana Ikram Antaki se refirió una vez al movimiento reformador de este modo:

La consecuencia más importante de las guerras religiosas fue la transformación de las actitudes reformistas frente al poder civil. Surgió el principio de resistencia al príncipe… Fueron los protestantes los que desarrollaron la teoría de resistencia al tirano. (*)

Por ser ahora noviembre, no podemos abstraernos los mexicanos de valorar, celebrar y agradecer nuestra Revolución, la primera que se registró en el mundo durante el siglo XX. Pero, a la vez, necesitamos ir develando los principios históricos que nos dejó, y uno de ellos fue el mismo de la Reforma. Fue el movimiento de grandes mexicanos que se opusieron a los estratos de poder y que Jean Pierre Bastian, por ello, dio en llamar Los Disidentes. Sí, mexicanos entre los que había varios pastores y laicos metodistas, que no aceptaron el aparato de poder político que imperaba, por la sencilla razón de que estaba deteriorando las condiciones necesarias para que nuestro pueblo viviera con menos hambre y con mayor sentido de dignidad. 

Nos parece que es muy correcta la actitud cristiana de orar por quienes nos gobiernan, así como respetarles por causa de su investidura. Pero no es nada correcto ni santo considerarlos intocables cuando se desenvuelven bajo intereses de corrupción, mentira y avaricia, mientras nos enajenamos con la idea de que las autoridades han sido puestas por Dios. Esta sería una regresión a la Edad Media. No sería la revolución ideológica de Lutero, ni el espíritu de la Revolución Mexicana. Como ciudadanos del Reino de Cristo es nuestro deber ante Dios y ante nuestro pueblo juzgar las cosas a la luz de las Sagradas Escrituras, la razón y la conciencia, aunque se trate de nuestros más altos gobernantes. Mirarles como figuras divinas puestas y ungidas por Dios, sin juzgar sus acciones, y rendirles nuestra lealtad a ciegas, es la mentalidad que la Reforma ya echó abajo. La Biblia nos recuerda que el rey Saúl fue escogido por Dios (1° S. 9:15-17), pero que luego fue desechado por Dios mismo (1° S. 15:26) debido a su mal gobierno; y que hay reyes gobernando que no han sido puestos por Dios (Os. 8:4). Por ello, debemos ser cuidadosos al leer el tema de Ro. 13:1-6.

El pecado debe ser señalado no importa quién o quiénes lo cometan. Dios no siempre está con quienes llevan una investidura de poder, pero siempre está con su iglesia cuando verdaderamente profetiza. Dios no estaba con Herodes, aunque representara una figura de poder, pero sí estaba con Juan el Bautista mientras profetizaba a las puertas del palacio de aquél rey deshonesto. Este principio nos lo enseña la Reforma Protestante, nos lo afirman las Escrituras, la razón y la conciencia. Es una de las lecciones que nos deja la Revolución de 1910.

Pbro. Bernabé Rendón M.

(*) Antaki, Ikram, El Banquete de Platón: Religión, Ed. Joaquín Mortiz, Ciudad de México, 1997, pág. 83.

bernabe-rendon

8 comentarios sobre “EDITORIAL

  1. Buena reflexión que yo suscribiría sin mayor problema si se aclara mejor la expresión ” nos enajenamos con la idea de que las autoridades han sido puestas por Dios…” porque la clara afirmación bíblica de Rom. 13:1 (no hay autoridad sino de parte de Dios y las que hay , por Dios han sido establecidas), no es asunto de enajenación, sino de entender que nada ni nadie escapa de la Soberanía de Dios, así sean buenas o malas autoridades. Por otra parte reducir la tarea profética de La Iglesia a la sola censura de quienes están en la eminencia del poder es miopía y justificar las acciones de quienes reclaman derechos, sin discernir si están en lo correcto o no, es igualmente miopía. Hay que recordar que el pecado no tiene derechos, cométanlo los gobernantes o los gobernados. La Iglesia hará bien en cuidarse en no tomar partido a ciegas por los pobres o los ricos, los poderosos o los débiles, porque pudiera perder su sabor de sal y de luz del mundo. El pecado ha de condenarse donde quiera que esté, comenzando en la Iglesia misma.

    Me gusta

    1. Gracias, Pastor Rubén Pedro, y de igual manera suscribiría su reacción sin dudarlo. No era la intención de su servidor decir que objetivamente Ro. 13:1 no sea verdad, sino señalar que algunos han tomado de manera subjetiva esa cita para enajenarse por su cuenta con ella (como sucede en otros casos con otras citas bíblicas). Ninguna porción bíblica debe sustraernos de la realidad, ni hacer que nos desentendamos de nuestras obligaciones ciudadanas, pues entonces la religión serviría como “opio de los pueblos”. Profetizar contra el pecado social o gubernamental es delicado, como bien usted lo indica, y debe emplearse más la sabiduría que la pasión. Esto lo aprendemos de Wesley, severo crítico de los desórdenes que lesionaban la dignidad y la justicia. Gracias por ayudarnos a moderar las ideas.

      Me gusta

Los comentarios están cerrados.