¿Reforma o Revolución?

reforma o revolucion
Encuentro Nacional de Pastores de la IMMAR,
¿Reforma o Revolución?

Rev. John Patrick Feagins

“Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana; pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición. Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.”

1 Tesalonicenses 2:1-8

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Con estas palabras, San Pablo nos enseña el espíritu de su obra misionera y evangélica.  Los hermanos que recibieron esta carta no fueron hermanos de sangre sino hermanos de la sangre de Jesucristo, nacidos por la voluntad y Espíritu Santo de Dios. Pablo nos ofrece la norma femenina de una nodriza para ilustrar lo que es el amor pastoral para con los tesalonicenses. Aunque fue breve la visita de Pablo, el amor entre ellos duraba.

¡Qué gran don es el amor pastoral! Producto de las virtudes teológicas del amor, la fe, y la esperanza. El amor pastoral es un don del Espíritu Santo que da fruto, que a una vez satisface el hambre espiritual, mientras comparte la semilla del evangelio para la salvación. ¡Qué hermoso fue para nuestro grupo de la conferencia Río Texas recibir el mismo amor pastoral durante el Encuentro Nacional de Pastores en Monterrey! Compartimos el evangelio y también nuestras vidas.

Entre pláticas, cultos inspiradores, y el cántico divino, se manifestó un espíritu de hermandad absolutamente precioso.  Los felicito a todos por su comunión y testimonio, por su hospitalidad, y por su consagración a la obra de Cristo. El Encuentro festejó el aniversario de los 500 años de la Reforma Protestante. Escuchamos presentaciones del Dr. Justo L. Gonzales y de otros, enfatizando los valores de la reforma y varios deseos para el futuro.

Según los eventos históricos, lo que llamamos la Reforma Protestante fue en verdad una revolución, una calumnia caótica, sangrienta y violenta. Juan Wesley se distingue entre los reformadores por no haber mandado a sus enemigos a la muerte, pero no podemos decir lo mismo de los seguidores de Wesley.  Entre ellos, los que trajeron el Metodismo al territorio Mexicano fueron los guerreros del Álamo, cuyos huesos y cenizas están sepultados en la entrada de la Catedral de San Fernando en San Antonio, Texas.

Alejandro H. Sutherland, el primer superintendente de la obra mexicana de la MECS, fue hijo de uno de estos guerreros, el Dr. John Sutherland, el cual, apenas evitó la batalla del Álamo por haberse caído su caballo.  El Metodismo se introdujo oficialmente a la República Mexicana por otra revolución dirigida por el Presidente liberal, Benito Juárez. 

¿Cómo distinguimos entre una reforma y una revolución? La reforma es un fin. La revolución es una manera violenta para lograr un fin, pero no es la única manera. La revolución, la división y la violencia, son evidencias del fracaso de la reforma y del amor.

La Revolución Protestante fue resultado del fracaso del amor pastoral en la Iglesia Católica. Como dijo el Dr. González, el precio de la construcción de la Basílica de San Pedro fue la Reforma Protestante.  Cuando hubo inquietudes, quejas y protestas, no hubo una respuesta pastoral por parte de la autoridad eclesiástica. Cuando se dio la resistencia, hubo opresión.  Cuando se generaron nuevas ideas, preguntas y descubrimientos, el cristianismo respondió con la inquisición, la hoguera y la violencia.  Cuando surgieron nuevos líderes, hubo detenciones, asesinatos, y divisiones.

Debemos entender que las revoluciones casi siempre empiezan con la injusticia, pero la injusticia sistémica en el cuál, las leyes, las reglas, y los privilegios de una sociedad favorecen lo injusto y el status quo

La injusticia provoca inquietudes. Las inquietudes provocan protesta.  Si no hay respuesta a las quejas y demandas de una protesta, habrá resistencia. Si los poderosos emplean la opresión, sigue una revolución que se demarca por divisiones políticas y sociales, y a veces geográficas.  Esto fue el carácter de la Reforma Protestante, el patrón de una serie de revoluciones ideológicas que continuaron hasta el siglo XX.

Las injusticias no tienen que provocar una revolución.

Por ejemplo, en la iglesia primitiva, las viudas griegas se escandalizaban porque no se las trataban igual que a las viudas judías.  Hubo inquietud y protesta.  Los apóstoles respondieron con amor pastoral, y nació el orden del diácono (Hechos 6:1-7), cuyos primeros ministros tenían nombres griegos y latinos.  Su inclusión indicó que la reforma fue auténtica.

Cuando la misión de San Pablo fue minando, por la obligación a los hombres gentiles recién convertidos que habían de circuncidarse antes de recibir el bautizo, hubo protesta por parte de Pablo (Romanos y Gálatas) y delante del concilio de Jerusalén. La autoridad eclesiástica hizo caso, cambió la política, y los gentiles se admitieron sin circuncisión. La tradición se sujetó al amor pastoral, y la Iglesia se reformó.

Durante la época colonial, Fr. Bartolomé de las Casas hizo protesta por el maltrato de los pueblos indígenas y los esclavos. Durante su vida, logró reformas, aun dentro de su propia comunión.

La misión original del movimiento Metodista fue reformar el estado, especialmente la iglesia y esparcir la santidad bíblica por todas partes. ¿Qué nos queda por reformar? ¿Cómo lo discernimos? ¿Cómo logramos la reforma sin divisiones, calumnias y violencia?

En la iglesia, la reforma viene por el amor pastoral.  Este amor, radicado en la Palabra de Dios, tiene oídos para oír y ojos para ver cuando hay inquietudes que, tal vez indiquen, que haya injusticia.  El amor pastoral emplea el diálogo para entender la experiencia y situación de los demás, para llevar a todos a un nuevo horizonte.

En verdad, el Encuentro Pastoral no fue sólo un encuentro, sino una serie de encuentros.  Fue una manifestación del amor pastoral.  Hubo conversaciones con amistades de mucho tiempo y con hermanos recién conocidos, una conferencia. Entre los muchos testimonios y pláticas, observé varias inquietudes que nos pueden ayudar responder a esa pregunta. Con todo respeto, ofrezco mis pensamientos.

  1. Inquietud por la identidad

Hubo inquietud por nuestra identidad Cristiana y Metodista.  La inquietud consiste de una ansiedad por la pureza de la doctrina, por la integridad moral, por la obediencia a la disciplina, por el crecimiento de la iglesia y la eficacia del evangelismo. Nuestra tradición Metodista nos tiene mucho que ofrecer. Al mismo tiempo, la moneda tiene otro lado.

Un colega me preguntó, ¿Si ya no hay grupos pequeños, bandas, clases, y una itinerancia misionera y abierta, qué hay ahora del Metodismo primitivo? 
Le respondí: El colonialismo.

Aunque sí hay muchos tesoros espirituales en la tradición Metodista, por lo menos en mi país (EE.UU.), varias estructuras coloniales permanecen en nuestra política, el modelo de la iglesia como hacienda, el mercantilismo, las castas económicas y sociales en el clero, el machismo y el nepotismo entre otras. ¿Habrá reformas para que nazca un metodismo post-colonial? ¿Podemos abogar por una itinerancia equitativa, misionera, e inclusiva, mientras hallamos los tesoros de nuestra disciplina espiritual?

  1. Inquietud por las pastoras mujeres

Recibimos con alegría la contribución y participación femenil en el Encuentro, tanto en las presentaciones como en la dirección del culto y de la música.  Me alegré con la foto que tomaron, enseñando a todos su número y solidaridad.

A la vez, escuché inquietudes entre las hermanas, preocupación por la igualdad de la mujer en el clero. Dicen que hay una costumbre en la iglesia local, donde a la esposa de un pastor se le da el título de pastora, sin credencial.  A la vez, una pastora ordenada que se casa con otro pastor pierde su derecho a un nombramiento y la relación en la conferencia.

Hay que hablar claramente. Una pastora es una mujer ordenada y nombrada. No se hacen, ni deshacen las pastoras por el matrimonio.

¿Queremos crecer como iglesia, mientras una porción de pastoras está callada? ¿Existe suficiente perdición en este mundo para justificar el empleo de todos los ministros ordenados?

¡Qué bendición sería la formación de una asociación femenil para mujeres pastoras!  ¡Adelante con la reforma, mis hermanas!

  1. Inquietud por los divorciados

Tengo 26 años de relación fraternal con la Iglesia Metodista de México. En el Encuentro, pregunté por una amistad del pasado. Me dijo: Está bien. ¿Supiste que se casó con un divorciado? (Mi esposa también se casó con un divorciado… conmigo.).

El hermano no quiso menospreciar a este matrimonio, pero el detalle mi hizo preguntarme: ¿Porqué la inquietud por el divorcio? Escuché varios testimonios pintados con el dolor del divorcio y el estigma que sienten los divorciados y sus familiares dentro de la IMMAR. Para el cristiano, el divorcio es como perder una pierna a la amputación. Se hace como alternativa a la muerte, al precio de un estigma tremendo.

En la IMMAR, se rechazan a los divorciados del pastorado, a menos que sean víctimas inocentes de adulterio, y que tengan pruebas. Si una mujer golpeada se divorcia, ni modo. Si el marido abusa de sus hijos y la mujer se divorcia para protegerlos, ni modo. Si el pastor o pastora, son abandonados porque la pareja ya no quiso seguir en el ministerio, ni modo. Si hubo divorcio porque la pareja se hizo narco y resultó en la cárcel, ni modo.

¿Y cuál es la pena para los pastores que procuran un divorcio? No menos que el mismo anatema del divorcio, la expulsión de la familia de la conferencia sin posibilidad de reconciliación.  Valoremos la permanencia de los pactos sagrados, la vocación de Dios, la gracia, la reconciliación y la restauración. Dios nos ofrece la oportunidad de expresar estos valores con los divorciados por medio del amor pastoral.

¿Se puede reformar la relación con los divorciados? Por lo menos, ¿se puede aceptar que el adulterio no sea la única justificación para el divorcio?

  1. Inquietud por los pastores jubilados

Para la gran mayoría de los pastores, el ministerio significa un gran sacrificio económico. No es equitativa la experiencia de la itinerancia. Durante los años de salud, pueden sobrevivir su escasez con dispensas y una casa pastoral, pero después se les hace difícil. ¿Qué pasa después si no tienen recursos para una vivienda? ¿Habrá oportunidad aquí para una reforma? ¿Trabajamos juntos para encontrar una solución?

  1. Inquietud por los pastores jóvenes

Hace 40 años, el Espíritu Santo dio libertad a una generación de pastores jóvenes para reformar el culto de la iglesia.  El resultado fue una contemporización de la presentación del evangelio y una profundización en la experiencia de la adoración, la alabanza, y la oración. 

En aquellos tiempos, como en la Reforma Protestante, la generación nueva tuvo que luchar contra el tradicionalismo que había convertido su propia experiencia en un dogma infalible. 

Los reformadores aprovecharon la libertad para pensar, escribir, leer, estudiar, madurar, crecer, y para crear novedades que ahora son para nosotros tradiciones sagradas. Carlos Wesley fue compositor de música contemporánea. Cada generación necesita libertad para encontrar y enderezar un camino para su propio contexto. 

Hay inquietud por esta libertad, tanto entre los que lo anhelan, como entre los que lo temen, pero sin ella, ninguna reforma se puede desarrollar. 

La juventud de los seminaristas y ministros Mexicanos, su creatividad y capacidad para la contextualización ha sido una gran bendición para la vitalidad de la IMMAR.  

¿Habrá grandes teólogos y compositores entre esta generación de pastores jóvenes?  ¿Tendrán la libertad para desarrollarse y expresarse intelectualmente?

Conclusión

Volviendo a la pregunta, nos queda mucho por reformar, porque Dios nuestro creador está con nosotros en Cristo y no se ha terminado su ministerio entre nosotros por medio de su Espíritu Santo. 

El amor pastoral nos capacita para discernir cuáles son las injusticias, las necesidades y las inquietudes, para responder con reformas, antes de que los asuntos se convierten en quejas, demandas, conflictos, y divisiones. No hay mejor manera para preservar la unidad que amarnos unos a otros mientras ponemos nuestra fe, nuestro amor, y nuestros valores en práctica, en el contexto que Dios nos ha encomendado.

Muchísimas gracias por el privilegio de compartir el Encuentro y estos pensamientos. 
Con todo mi respeto y mucho afecto,                         

Su hermano y siervo en Cristo,         

Rev. John Patrick Feagins.

Iglesia Metodista Unida La Trinidad

San Antonio, Tex., EUA.                                    

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4 comentarios sobre “¿Reforma o Revolución?

  1. Cual amor pastoral si los mismos pastores tiene sus pugnas internas y también con los feligreses.Una cosa es predicar el amor y otra cosa es vivirlo..

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  2. El articulo esta muy bueno, no coincido en algunos planteamientos, pero esta bueno para relfexionarlo y discutirlo. bendiciones a Juanito nuestro amigo.

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