El Adviento

17 El AdvientoEL ADVIENTO 

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Se le llama adviento al periodo de tiempo comprendido entre los 4 domingos previos a la Nochebuena y al día de Navidad. La época de Adviento previa a la primera Navidad, duró siglos y durante ese tiempo los siervos de Dios profetizaron la venida del Mesías, el Redentor prometido.

En los meses previos al nacimiento de Jesús, los ángeles anunciaron a Zacarías, a José, y a María, a los magos de Oriente, a Simeón, y Ana la profetisa, el inminente nacimiento de Jesús, el Salvador; y el día de su nacimiento, la Biblia dice que había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño, y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor, pero el ángel les dijo: No teman; porque he aquí les doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Y esto les servirá de señal: Hallarán al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 

Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! (Lc. 2:8-14).

Así nosotros, en esta temporada, debemos proclamar que Cristo, el Ungido, y el Mesías prometido, ha nacido, y que con ese hecho histórico singular, la esperanza de perdón, salvación, y vida eterna, vino para todo aquel que cree, acepta, recibe y confiesa a Jesús el Salvador y Emanuel: Dios con nosotros.

¡Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo!

Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su santo pacto, del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de Él, todos nuestros días (Lc. 1:68 al 75).

Que Dios nos conceda gozarnos con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y hermanos en la fe, durante estas fiestas de Navidad, en amor, en paz y en armonía, y que todos podamos cuando menos, regalar amor a los demás, y bendecir a Dios por el regalo de la salvación que se nos concedió en Jesucristo.

Además, que contagiemos con nuestro entusiasmo y alegría a todos para que canten con el salmista y digan: Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga, haga resplandecer su rostro sobre nosotros, Para que sea conocido en la tierra su camino, en todas las naciones su salvación. Te alaben los pueblos, oh Dios, todos los pueblos te alaben. Alégrese y gócense las naciones, porque juzgarás los pueblos con equidad y pastorearás las naciones en la tierra. Te alaben los pueblos, oh Dios, todos los pueblos te alaben (Sal. 67). AMEN.

Hoy, Dios sigue buscando lugar para Jesús en el corazón y vida de todas las personas, y Él espera que tú no le niegues el lugar principal de tu vida. Él quiere que le digas que en tu corazón, sí hay lugar para Cristo, y que ahí puede Él reinar y vivir, por siempre. 

Así, te invito a que glorifiques a Dios con cantos, himnos, y villancicos; te invito a que muestres tu buena voluntad para con todos, pero sobretodo, te invito a que te reconcilies con Dios y así estés en paz con Él.

La Biblia dice que Cristo está a la puerta del corazón y llama, si alguno oye su voz, y abre la puerta, Él entrará a su vida y estará con Él y él con Cristo (Ap. 3:20).

Si tú no estás en paz con Dios, ¡Haz que la Navidad tenga un significado personal para ti! ¡Invita ahora a Jesús a nacer en tu corazón!

Dile: “Buen Señor Jesús, gracias por venir a Belén a nacer para ser mi Salvador. Yo reconozco que como todos los demás, soy pecador, y te pido perdón por ello; entra en mi vida: aquí sí hay lugar para ti, y ven a ser mi Salvador y mi Señor. Yo te prometo, que de hoy en adelante, con la ayuda de Dios, cada día me esmeraré más por vivir como Dios manda en la Biblia, y a cumplir el maravilloso plan y propósito que Tú tienes para mí. Gracias Buen Padre Celestial, porque de acuerdo a tu palabra, hoy puedo confiar en que mi nombre está escrito en el libro de la vida eterna, por los méritos de Jesús, mi Salvador”. AMEN 

Si Dios considera que tú hiciste esta oración con corazón sincero, te felicito y te doy la bienvenida a la familia de Dios. No dejes de asistir el próximo domingo a una iglesia cristiana, a adorar y alabar a tu gran Dios y Salvador Jesucristo, con tus hermanos en la fe, y a escuchar la predicación de su bendita Palabra que es la Biblia.

Si tú no estás en paz con tu prójimo, pídele ahora a Dios que en esta época de paz y buena voluntad, te haga el milagro de llenarte de su amor sobrenatural hacia las personas que te han ofendido, traicionado, insultado, o dañado, y que te conceda el milagro de la reconciliación. 

Por último, en esta temporada de adviento y navidad, invita a otros que crean, acepten, reciban, y confiesen a Jesucristo como su único y suficiente Salvador.

¡Felices fiestas! Y que Dios te siga bendiciendo ricamente. AMEN.

 Ernesto contreras