Después de los 500 años
Discutir sobre la Iglesia guiados por el “Padre Nuestro”
(2/4)
Leonel Iván Jiménez Jiménez
III
“Nuestro”: una fe que llama a vivir-comunidad
Es útil comenzar con la palabra “nuestro”, en referencia a Dios a quien se dirige la comunidad que ora. Debemos recordar que, desde sus inicios, la Iglesia ha estado marcada por su vocación comunitaria. No es el individuo solitario que cree, confiesa y alaba, sino un pueblo que es llamado a compartirlo todo, tal como se describe a los primeros grupos cristianos en Hechos de los Apóstoles, más allá de si en realidad sucedió como ahí se dice o si expresa una aspiración de la naciente comunidad.
La comunidad cristiana del primer siglo se mostró como alternativa frente a la cultura dominante, la cual estaba marcada por la construcción de jerarquías de género, ciudadanía, raza, religión y estatus económico. Si bien algunos pasajes de la literatura paulina y deutero-paulina son problemáticos en relación al papel de las mujeres dentro de la comunidad, hay valiosos elementos que subvirtieron la manera de construir relaciones frente a las prácticas de su tiempo, al decir que “ya no hay” hombres, mujeres, esclavos, libres, judíos o griegos, sino que todas y todos son uno en Cristo. Como atestigua la historia y muchas de las prácticas que han llegado hasta nuestros días, la Iglesia no ha sido siempre un modelo de vida comunitaria basada en la justicia y la equivalencia[1], yendo en contra de la igual participación de mujeres y hombres en diferentes ministerios o siguiendo teologías que discriminan en relación al género, la raza o múltiples aspectos económicos. Las relaciones de injusticia dentro de las iglesias pueden ser evidentes o muy sutiles, creando espacios de poder, opresión y marginación a grupos e individuos. Seguir leyendo «Después de los 500 Años (2)» →