La Libertad, UMAD Puebla

UMAD pueblaLA LIBERTAD, DESDE LA BIBLIA

Por pastor Isaías Ramos Corona

En la Biblia es común la idea ordinaria de libertad como el feliz estado de no ser esclavo. Situación dependiente de la obediencia a Dios.

El pueblo de Israel fue escogido como el pueblo de Dios y Él los sostuvo y guío dándoles independencia política y prosperidad económica en tanto se abstuvieran de la idolatría y guardaran sus leyes. Por lo tanto, su libertad dependía, no del esfuerzo o logros humanos, ni del poderío militar o político, sino de su obediencia a Dios.

La libertad entonces es consecuencia de esa obediencia y se convierte en un don de la gracia de Dios. Inalcanzable sin Él, por causa de su naturaleza humana. Por lo que se conserva solamente a través del favor continuo de Dios y la cooperación del ser humano en su lealtad a Él.

La desobediencia, ya por impiedad religiosa o injusticia social podría significar la pérdida de la libertad. El juicio de Dios toma la forma de un desastre nacional y/o el ser esclavos y deportados a una tierra que no es la suya. (Dt.28:15; Am. 5 2R 17:6-23)

De esta manera la libertad llega a significar, por un lado, liberación de toda fuerza creada que pudiere impedir al ser humano el servir a su Creador y gozar de Él y por otra, la positiva felicidad de vivir en comunión con Dios en el lugar que a Él le agrada bendecir.

La libertad en el concepto bíblico es un don libre de la gracia, otorgado a los que sirven a Dios en conformidad con su Pacto. La condición, es, por tanto, servicio total al Creador. Es el don de Dios a sus esclavos o siervos. Lo cual bajo la nueva óptica con Jesús, Él no nos trata como a siervos (Jn 15:15) sino como a hijos. Quedando de esta manera que le servimos correspondiendo a Su amor, como hijos, gozando de esa verdadera libertad. (Jn. 8:36).

Relacionando la libertad con el Libre Albedrío (clave para un arminiano) existe aún antes de su conversión por causa de la gracia de Dios (preveniente) que la otorga, permitiéndole tener una respuesta a la búsqueda de Dios al inconverso. Esto no quita la soberanía de Dios en el asunto de la salvación por cuanto es Él Quien siempre toma la iniciativa.

Nuestra libertad depende siempre de la gracia de Dios que nos permite servirle y estar en comunión directa con Él, liberándonos de cualquier otra esclavitud de nuestra carne y del diablo mismo.

Es, por tanto, el llamado a servirle, amarle, crecer día a día en nuestra cercanía con Él y dependencia madura, de tal manera que nada ni nadie quite esa libertad que sólo Cristo da. 

Bib.

Biblia, vers. 60 y vp.

La Salvación Personal, de Wilbur F. Tillet, CUPSA

Conceptos de Teología, de Everett F Harrison. Edit. TELL