EDITORIAL

1) EditorialEs más tarde de lo que piensas 

El poeta inglés Robert W. Service compuso un poema de siete estrofas, con el título “It is Later than You Think”, cerrándolo con las siguientes líneas en su séptima estrofa: “Ah! the clock is always slow; / It is later than you think; / Sadly later than you think; / Far, far later than you think.” (¡Ah! el reloj siempre es lento; / Es más tarde de lo que piensas; / Tristemente, más tarde de lo que piensas; / Mucho, mucho más tarde de lo que crees). El poema de Service describe una noche melancólica donde, ante lo vacío, nos hace preguntar si hacemos lo mejor. Esa frase fue empleada también por el periodista y educador Maxwell A. Lerner para poner título a una de sus obras, en la que reclama una democracia que funcione libremente, que no tolere la enorme concentración de poder corporativo en medio de una oligarquía capitalista norteamericana.(1) Lo dicho nos ayuda a ver la diversidad de usos de ese aforismo “es más tarde de lo que tú piensas”, según el pensamiento de quien lo emplee. Incluso, podríamos referirnos tanto a la urgencia por hacer cosas debido a que es tarde, como también a la necesidad de dejar de hacerlas por lo tarde que es. Queremos proponer para este año 2018 pensar tanto en dejar de hacer algo como en hacer algo.

¿Dejar de hacer algo? Sí, porque inconscientemente nos dejamos llevar por nuestras tareas de forma que suponemos hay tiempo para que otros descansen, pero para nosotros no. Con petulancia suponemos que somos insustituibles y necesarios, de grado que todo se vendría abajo si no somos quienes atendamos los asuntos. Algunos ministros piensan que matarse trabajando en la obra de Dios es señal de verdadera vocación, que refleja una mayor y santa consagración. No obstante, la Biblia nos habla de un Dios que descansó luego de crear un universo. Tan importante le fue su día de descanso que es el único que en la Biblia lleva nombre: Shabat; en tanto que el resto de los días son mencionados sólo por su orden, primero, segundo, tercero, etc. Y tan importante le fue, que es el único que santificó. No descansó porque no hubiera alguna cosa más que hacer, sino porque le era gratificante contemplar la hermosura de su creación. Y en el Decálogo, en el cuarto mandamiento, de plano el Creador ordenó que fuéramos como él, semejantes a él, en la disciplina de descansar un día a la semana. ¿Cómo es que algunos ministros se consideran más santos que Dios como para no “perder” un día reposando? El valor de ese día, dedicando una parte para la adoración al Padre, hace que el rabino Harold Kushner lo llame “una catedral en el tiempo”, es decir, un lugar sagrado en el calendario.(2) 

Los clérigos que no pueden descansar el domingo debido a las actividades que deben atender, es obvio que deberían establecer otro día semanal para reposar. A veces encontramos en los Evangelios a Jesús apartándose de las multitudes para ir por los campos con sus discípulos, o dedicando el sábado para participar de la reunión en la sinagoga. “Es más tarde de lo que piensas”, quiere decir que nuestros días huyen de nosotros, sin que sepamos cuántos nos quedan, y que es necesario darles ¡ya! tiempo completo a nuestro matrimonio, a nuestra familia y a nosotros mismos, durante algún espacio semanal como rutina consistente. También podría servirnos para visitar a algún pariente al que mucho le edificaría esta cortesía, o conocer algún lugar cercano. Es prudente también asegurar un período vacacional en el año para los fines que hemos señalado.    

En segundo lugar, la frase nos recuerda que hay algo que no debe dejarse para mañana, y estamos aludiendo a la oración, “la cenicienta” de la iglesia, según el decir de L. Ravenhill. Son los momentos en que no compartimos a Dios con nada ni nadie. Ciertamente le tenemos en nuestra mente todo el día, pero esto es así mientras desempeñamos nuestros trabajos, mientras conversamos con otros, mientras nuestra atención está ocupada con cien cosas. En la oración Dios tiene toda nuestra atención. A través de Cristo tenemos una relación vivencial con Dios, y la oración es la parte hablada de esa relación. Practicarla es otro modo de dejar de hacer cosas, otro modo de brindarnos descanso y de atendernos a nosotros mismos. “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Is. 30:15). Hay mariposas que comienzan el día extendiendo sus alas ante los rayos mañaneros del sol, dado que las escamas de sus alas en realidad son células recargables, y deben hacer esto pues de otra manera no podrían volar. 

Mientras hablamos con Dios en la oración, es imposible que no nos escuchemos, de manera que con ella nos hablamos también a nosotros mismos, resultando en momentos estratégicos donde aprendemos de nuestras propias experiencias, de nuestra fe, de lo que conocemos de las Escrituras… al tiempo que aprendemos del Espíritu que nos llena mientras echamos mano de este medio de gracia. Por eso la oración nos provee con certeza una transformación inmediata, en tanto nos da la esperanza de que vendrá una transformación más allá de nosotros, con alcances sociales, trascendiendo hacia la creación. Alistémonos para la oración, porque “es más tarde de lo que piensas”. Y así, seas bienvenido 2018.

Pbro. Bernabé Rendón M.

1) https://books.google.com.mx/books?isbn=1412826772

2) Kushner, Harold, ¡Por la Vida!, EMECÉ Editores, Buenos Aires, 1996, pág. 83.

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