Querido Santa…

17) Querido Santa...Querido Santa…

Por Benjamín Contreras Sánchez

La reflexión que comparto está extemporánea, pasadas ya las fiestas navideñas. No obstante, la comparto con la esperanza de que brinde algún beneficio aplicable a nuestras familias o iglesias, ahora o en algún tiempo.

Recuerdo haber sido el cabecilla del debate celebrado en el 2do año de primaria. La maestra había salido del salón y rápidamente se armó el acalorado intercambio de argumentos. Yo defendía férreamente la existencia de Santa Claus. Mi evidencia en este juicio escolar, era nada más y nada menos que la aparición milagrosa de regalos cada 25 de diciembre bajo el árbol navideño… y claro, la palabra de mi madre que mantenía mi ilusión. Después de todo, ella es una santa mujer y no podría mentir en un tema tan importante para un chico de 7 años.

Sin embargo, la duda se sembró en mi mente. Mi tambaleante fe sobre Santa Claus se encontraba a prueba. “¿Y si es verdad que los regalos los compran los papás?” me pregunté muchas veces. Así que decidido, esa Navidad traté de mantenerme despierto lo más que pude, pero al fin en lo que para mí fue un pestañeo, zas, de repente allí estaban los juguetes. Y para aumentar mi fe: ¡Eran exactamente los juguetes que mi madre me había dicho que escribiría en mi carta a Santa! Wow, qué más prueba podía pedir. ¡Santa existe!

Pasó casi un año. Cada sábado era típico hacer tareas de limpieza en casa y por un descuido me asignaron sacudir un closet. Entonces sucedió la terrible realidad (léase con música de fondo de película de terror): Allí, en lo más alto, escondidos, tras unas cajas, estaban mis futuros juguetes. ¡Oh triste realidad! Todavía con las etiquetas de precio y uno de ellos hasta con descuento del 50%. Toda mi fe, toda mi ilusión había sido aplastada con la realidad de que los juguetes los trae “papá, no él”.

Todavía me río al compartirles mi desencanto, pero cierto fue que en aquellos años representó un fuerte golpe de realidad. En mi trabajo como Director General de un colegio, me puedo percatar de la emoción que es para los niños esperar los regalos que Santa les traerá en esta Navidad. Varios de ellos me han contado sobre su lista de peticiones y de lo bien que se han portado para merecer todo el pliego petitorio. Antes eran muñecas, bicicletas y pelotas; ahora tabletas, celulares y videojuegos. Pero lo que no ha cambiado es la fe ciega en el mito de Santa Claus.

¿Hay algo de malo en fomentar esta tradición en mis hijos? Sé que el solo hecho de soltar esta pregunta, desataría otro acalorado debate entre sociólogos, mercadólogos, políticos, pastores, abuelas, tías y hasta suegras. Pero estoy decidido a arriesgarme con tal de que busquemos celebrar esta Navidad de una manera más sabia y significativa, de una forma que honre a Dios y traiga a tu vida y la de tus hijos bendición.

Quiero mencionar por lo menos cuatro razones, aparte de la desilusión de tus hijos, del por qué es más sabio que Santa Claus no forme parte de tus celebraciones navideñas.

  1. La cultura del consumismo en tu familia.

El escritor y ganador del premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, publicó el artículo “Estas navidades siniestras”, el 24 de diciembre de 1980. En dicho escrito cuestionaba el que a la Navidad se le viera como sinónimo de regalos y se olvidara el nacimiento de Jesús. Menciona: “Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tanto estruendo de cornetas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales; que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante alboroto es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2,000 años…”

Cuántas veces nos hemos embarcado en créditos y financiamientos para mantener el statu quo. Gastamos y gastamos y al final sólo nos queda nuevamente ese terrible vacío de infelicidad, ahora acompañado del sentimiento de culpa por nuestro irresponsable despilfarro. No sólo hace falta decirles a nuestros hijos por donde caminar; sino cuidar las huellas que dejamos y que posteriormente ellos seguirán. La Biblia dice en Proverbios 22:6 (DHH) “Dale buena educación al niño de hoy y el viejo de mañana jamás la abandonará”. Asegurémonos de liberar a nuestros hijos del pesado yugo del consumismo desde esta Navidad. Que ellos puedan experimentar la verdadera libertad financiera desde hoy.  

  1. El fomento de un carácter “merecedor” en tu hijo.

Hace poco leí este chiste: “Mamá, mamá… si Dios nos da de comer, la cigüeña trae a los niños de París, y Santa Claus nos trae los regalos, ¿me quieres decir para qué sirve mi padre en esta casa?”

Los niños que piensan que los regalos de Navidad vienen de un Santa Claus mágico con recursos inagotables, tienden a apreciar menos lo que han recibido con mucho sacrificio de sus padres. La codicia puede opacar la Navidad de tu hijo al estar totalmente insatisfecho por los regalos recibidos, en vez de saborear la bendición del dar a otros y adorar a Dios. El Señor Jesús dijo que era “más bienaventurado dar que recibir” (Hechos 20:35). ¿Por qué no este año haces un par de ajustes a tu agenda navideña y programas una actividad con tus hijos en la que el fin no sea recibir sino dar? Te aseguro que te sorprenderás con lo que sucederá.  

  1. La práctica de la mentira como un estilo de vida.

Un aspecto más serio, es que decirles a nuestros hijos que Santa Claus existe y viene a dejarles regalos, es una mentira. Vivimos en una sociedad que cree que el mentir por una “buena” causa es aceptable. Pero esto es contrario a lo que la Biblia nos dice. “El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño” 1ª  Pedro 3:10.

Algunos niños se sienten verdaderamente engañados y traicionados por sus padres cuando descubren la realidad. Los niños confían en que sus padres les dicen la verdad. Es nuestra responsabilidad no traicionar su confianza. Si lo hacemos, ellos no creerán cosas más importantes que les digamos, como la verdad acerca de Cristo, a quien ellos no pueden ver físicamente.

  1. Quita a Jesús del centro de la celebración.

Sin ser irrespetuoso pregúntate ¿Qué posibilidades tiene de ser atractiva la narración de la historia del nacimiento de Jesús contra Santa Claus en la mente de un niño? Piénsalo sinceramente por un momento desde el punto de vista de uno de tus hijos pequeños. Él ve a Santa en la televisión, en el centro comercial, en los carteles publicitarios, tristemente hasta en algunas iglesias y como si fuera poco este personaje aparentemente le concede peticiones en su área de mayor interés: juguetes. ¿Qué niño se entusiasma naturalmente así con Jesús?

Ahora, ¿cuál de estas dos historias es verdad? ¿Cuál le dejará un legado a tu hijo? ¿Cuál le trae un beneficio real? ¿A cuál quieres que él le de importancia?

Si hasta el día de hoy has mantenido la tradición de Santa Claus en tu familia, primero quiero decirte que no te juzgo. La mayoría de los latinos crecimos con esta enseñanza. Sin embargo te animo a que vivas de una manera más sabia a la luz de la Biblia. Te animo a que no permitas que sea quitado Jesús del centro de su Navidad. Él es la verdadera razón de esta estación. A mí me tomó ocho años de la crianza de mi hijo el comprender y aclarar este punto con él. Pero he visto en su propia vida la bendición que es el haber obedecido a la Biblia. Es mi deseo que se cumpla en tu vida y la de tu familia la oración que elevó Jesús por sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” Juan 17:17.

Te deseo una verdadera feliz Navidad. 

Datos del Lic. Benjamín Contreras Sánchez:

Lic. en Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California.

Estudios de posgrado en Recursos Humanos y Mercadotecnia.

Bachillerato en Teología por el Seminario Juan Wesley.

Actualmente es Director General del Colegio Baja California y Bachillerato Baja.

Se congrega en la iglesia Shadow Mountain Community Church, en San Diego, California.