Semana Santa, un Azote

6. Semana Santa, Un AzoteSemana Santa, Un Azote

Entonces hizo un azote de cuerdas y expulsó del templo a todos, y a las ovejas y bueyes; y esparció las monedas de los cambistas…” (Jn. 2:15)

¿Jesús con un azote? ¿De veras? Y ni siquiera uno tomado prestado en un momento de indignación. No, Jesús deliberadamente encontró unas cuerdas, las trenzó, armó el látigo y lo usó. Pero, ¿en quién?

La lógica nos diría que en los animales. Cuando uno tiene bueyes y ovejas abarrotando un lugar, la forma más rápida de despejarlo sería haciendo que los animales dejaran el lugar haciendo uso del azote. Sin embargo, los cuatro Evangelios claramente nos dicen: “…expulsó del templo a todos, y a las ovejas y bueyes.” ¿Quiénes son esos “todos”? De acuerdo con Juan, son “los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y los cambistas.” De acuerdo con los otros tres Evangelios, son “todos los que vendían y compraban en el templo” (Mt. 21:12; Mr. 11:15; Lc. 19:45).

Parece que los animales quedaron a salvo. Es cierto que no debían haber estado allí, pero Jesús no los culpó por ello. Tampoco volcó las jaulas de las aves, lo cual podría haber herido a las palomas que estaban adentro, sino que ordenó a quienes las vendían que las sacaran de allí cuidadosamente. Jesús quería purificar el templo lo más rápidamente posible, pero también cuidaba de los inocentes atrapados en medio de todo ese lío.

Y gracias a Dios que es así, porque es muy fácil quedar atrapado en medio de una situación desagradable de otra persona. ¿Será que Dios me va a echar la culpa porque mi matrimonio se termina por causa de la adicción de mi cónyuge? ¿Será que Jesús me va a rechazar si me resulta difícil honrar a mis padres abusivos? ¿Debería haber hecho algo más cuando descubrí que mi jefe y mis compañeros de trabajo estaban quebrantando la ley? ¿Será que soy realmente inocente? Quizás merezco ser castigado.

En respuesta a todas estas preocupaciones y aflicciones, Jesús nos dice: “He venido para estar contigo en medio de tu caos. Yo me encargo de tu culpa. He dado mi vida por ti y te he limpiado. Ahora me perteneces y ya nadie podrá quitarte de mi lado. Te amo.”

ORACIÓN: Te alabo, Señor, por la gran misericordia que me has mostrado aun cuando me siento culpable. Gracias por tu gracia demostrada en Jesús. Amén.

  • Tomado de: Cristo para Todas las Naciones