El Momento Decisivo de la Fe Cristiana

10. La Resurrección, momento decisivo de la fe cristianaLa Resurrección – el momento decisivo de la fe cristiana

Por Jon A Herrin

Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. Muy de mañana el primer día de la semana, apenas salido el sol, se dirigieron al sepulcro.  Iban diciéndose unas a otras: “¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?”  Pues la piedra era muy grande.

Pero al fijarse bien, se dieron cuenta de que estaba corrida.  Al entrar en el sepulcro vieron a un joven vestido con un manto blanco, sentado a la derecha, y se asustaron.

—No se asusten —les dijo—. Ustedes buscan a Jesús el nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron. Pero vayan a decirles a los discípulos y a Pedro: “Él va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo.”

Temblorosas y desconcertadas, las mujeres salieron huyendo del sepulcro. No dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. (Marcos 16:1-8, NVI)

¿Cuál es la razón de ser de la fe cristiana?¿Qué hizo que la fe cristiana sea lo que es? ¿De dónde viene el raison d’être de la Iglesia—el pueblo de Dios reunido?

Imagine conmigo por un momento lo que habría pasado si las dos Marías y Salomé se hubieran ido temprano esa mañana para ungir el cuerpo… y el cuerpo todavía estuviera allí. ¿Qué habría pasado entonces? Ellas habrían aplicado debidamente las especias para el cuerpo, en honor a su amigo muerto, el que tanto había afectado a sus vidas. Habrían ido a casa, experimentado una temporada de luto, y vuelto a sus vidas cotidianas. Los discípulos… bueno, ya sabemos lo que Pedro, Santiago y Juan habrían hecho, habrían ido a pescar… y se habrían quedado pescando. Bueno, habrían hablado del Nazareno que tanto cambió sus vidas, tal vez recordando algunas de las enseñanzas y de los momentos más increíbles. 

“Oye, Pedro, ¿recuerdas cuando él fue al templo con el látigo de cuerdas que hizo? ¡Nombre, la gente volaba en todas direcciones! Pelo, plumas, dinero y personas estaban saltando y rebotando por todas partes! Ja, ja, ja…”

Quizás iban a tratar de compartir con otros lo que Jesús había dicho… relatos que ya sonarían un poco huecos. Porque no sólo habían oído la buena sabiduría y la llamada a las buenas obras, sino que también habían escuchado promesas de ‘resurrección’ y ‘retorno’. Al final, que irían de nuevo a las redes, días o noches en el mar de Galilea… y ellos habrían muerto, los hombres y mujeres en su viejez, felices por los días que habían pasado con el Maestro, pero de alguna manera decepcionados, ¡todo había sido tan efímero…!

Pablo habría continuado sus estudios, subido a través de las filas de los fariseos, se habría sentado en el Sanedrín. Incluso, quizá podría haber sido “sumo sacerdote” en algún momento de su vida. Su vida pudo haber quedado muy centrada en Judea. Nada de viajes a Éfeso, Corinto, Tesalónica, Roma, España… Nada habría sido escrito. No habría Evangelios, ni cartas a las iglesias, ni a líderes comunitarios. Imagínate, nunca hubiéramos leído o escuchado palabras como:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…

Hecha tus cargas sobre Dios porque él tiene cuidado de vosotros…

El amor es paciente, amable,…

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar…

Padre nuestro que estás en los cielos…

Porque tanto amó Dios al mundo…

Estos tres permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Y el mayor de ellos es el amor.

Ninguna de estas palabras se habrían escrito, ninguna de ellas se hubieran escuchado por el mundo. Jesús, al final habría sido otro buen hombre, sabio maestro, incluso hacedor de milagros… sólo uno más de los muchos que llenan la historia del mundo.

Pero algo inclinó la balanza, algo cambió todo…

            “Ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado!”

¡Esto cambió todo! Debido a que Jesús fue resucitado de entre los muertos, porque él volvió a la vida, debido a que la tumba no lo contiene, ¡la historia cambió para siempre!

Sus discípulos valientes viajaban por todo el mundo conocido para contar la historia de Aquel que había cambiado sus vidas… y en cada generación desde entonces, los discípulos han hecho lo mismo. Sus palabras y sus acciones fueron recordadas y cuidadosamente registradas. Su vida atraía e inspiraba generación tras generación para llevar su mensaje de las Buenas Nuevas de Dios a todos los rincones de la tierra. Su fe, su confianza, su creencia en Dios como un Padre amoroso cambiaron todo para el siglo primero… y para todos los siglos después. La esperanza ahora en una vida después de la muerte se movió y mueve a los hombres y mujeres, jóvenes y viejos, a tomar la fe de Jesús, la fe en Jesús. El amor que él nos enseñó —un amor nuevo, auto negación que honra a Dios, al prójimo y a sí mismo— ya se cambió el mundo y nos cambia. A causa de la resurrección, se preservó la vida de Jesús, grabado y proclamado… a causa de la resurrección. La gente de este Jesús —la Iglesia— se reunieron y encontraron apoyo y fortaleza en su unidad… y ellos conservaron y vivieron la fe, la esperanza, el amor que encontraron en Jesús de Nazaret.

La Iglesia de hoy en día, el cristiano de hoy en día, encuentra su razón de ser en ese momento, el hecho, el acto de resurrección. Como el “pueblo de la resurrección”, ahora nos reunimos todos los domingos, “…el primer día de la semana, apenas salido el sol…”, para recordar y celebrar la fe, la esperanza, el amor, lo que encontramos en Jesús… Aquel que murió por nosotros, que venció a la muerte, que se levantó de la tumba para ofrecer a todos la Buena Noticia de Dios, la relación con Dios, el don de la vida eterna con Dios, un lugar en la increíble familia del propósito de Dios. ¡¡La resurrección… cambia todo!!

Jon Herrin