Comentario a los Salmos Penitenciales, Salmo 102

15. Comentario a los Salmos Penitenciales, Salmo 102Comentario Salmos Penitenciales

Salmo 102

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Prefacio de Martín Lutero

Entre mis primeros escritos publiqué a su tiempo también los siete salmos penitenciales con una exégesis. Aunque todavía no hallo en ellos nada malo, no obstante, no acerté a menudo el sentido del texto. Lo mismo les suele suceder a todos los maestros en su primer ensayo, también a los antiguos Padres santos, que según Agustín confiesa respecto a su persona, se han perfeccionado diariamente al escribir y enseñar. Así el librito en aquel entonces era suficientemente bueno y aceptable, puesto que no teníamos nada mejor a mano. Empero, ya que el evangelio ahora ha llegado al cénit, brilla espléndidamente, y yo también he progresado desde entonces, tuve por conveniente publicar la obra de nuevo, mejorada y más exactamente basada sobre el texto correcto. Encomiendo con esto a todos los lectores a la gracia de Dios. Amén

QUINTO SALMO PENITENCIAL

SALMO 102

  1. Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.
  2. No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia: inclina a mí tu oído; apresúrate a responderme cuando te invocare.
  3. Porque mis días se han consumido como humo, y mis huesos cual tizón están quemados.
  4. Mi corazón está trillado como la hierba y se seca, por lo cual me olvido de comer mi pan.
  5. Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne.
  6. Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el búho en las ruinas.
  7. Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.
  8. Cada día me afrentan mis enemigos; los que se burlan de mi, me hacen objeto de sus juramentos.
  9. Por lo cual yo como ceniza a manera de pan, y mi bebida mezclo con lágrimas.
  10. A causa de tu enojo y de tu ira; pues me alzaste, y me has arrojado.
  11. Mis días se han desvanecido como sombra y me he secado como la hierba.
  12. Mas tú, Señor, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación.
  13. Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque la hora ha llegado.
  14. Porque tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión.
  15. Entonces los gentiles temerán tu nombre, y todos los reyes de la tierra tu gloria.
  16. Por cuanto el Señor edifica a Sion, y en su gloria es visto.
  17. Considera la oración de los desvalidos, y no desecha el ruego de ellos.
  18. Escríbase esto para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará al Señor.
  19. Porque mira desde lo alto de su santuario; el Señor mira desde los cielos a la tierra.
  20. Para oír el gemido del preso, para soltar a los hijos de la muerte.
  21. Para que publique en Sion su nombre, y su alabanza en Jerusalén.
  22. Cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir al Señor.
  23. Él debilita mi fuerza en el camino; acorta mis días.
  24. Digo: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; por generación de generaciones son tus años.
  25. En el principio tú fundaste la tierra; y los cielos son obra de tus manos.
  26. Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; y si los mudares, como un vestido serán mudados.
  27. Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.
  28. Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia será establecida delante de ti.

 

  1. Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.

En su oración, el salmista pide gracia; en su clamor, explica su miseria, como sigue:

 

  1. No escondas de mí tu rastro.

No seas airado contra mí, como lo he merecido, puesto que apartar la faz indica cólera, volver la cara es signo de gracia.

 

En el día de mi angustia inclina a mí tu oído.

Escúchame cuando estoy triste y doliente. Inclinar el oído significa prestar atención al clamor del corazón afligido, aunque esta misma inclinación también expresa: aun cuando no pueda clamar o pedir tan fuertemente que penetre hacia arriba a los oídos de Dios, el salmista pide que Dios se incline hacia abajo para escucharlo.

 

Apresúrate a responderme cuando te invocare.

No sólo cuando me persiguen y padezco por parte de otros, como lo pide el versículo anterior, sino también en toda necesidad. Pues este salmo, lo mismo como los demás, describe en primer lugar el sufrimiento interior que los santos soportan por sus pecados, en un espíritu arrepentido; en segundo lugar, la persecución por parte de otros a causa de la misma vida crucificada.

 

  1. Porque mis días se han consumido como humo.

Esto significa: Mis días se han anonadado y han pasado inútilmente como el humo desaparece en el aire y se desvanece. Bienaventurados los que reconocen que la vida temporal, a causa del pecado de Adán, es sólo vanidad, como dice el Salmo 78: “Consumió sus días en vanidad”, es decir, como humo, puesto que no queda nada que pueda ser útil en la otra vida. Aun en este tiempo es más bien apariencia o signo que vida, como el humo sólo es apariencia o signo del fuego y no la esencia.

 

Y mis huesos cual tizón están quemados.

Igual como el fuego extrae toda la grasa y deja residuos secos, así también el padecimiento seca todas las fuerzas del alma, las vuelve endebles y provoca hastío.

 

  1. Mi corazón está trillado como la hierba y se seca.

La hierba corlada o quebrada pierde su origen, es decir, la savia y humedad que penetra en ella; se vuelve seca y se convierte en buen combustible. Del mismo modo en Adán todos hemos sido abatidos por el diablo y privados de nuestro origen, a saber, de Dios, bajo cuya influencia deberíamos verdecer y crecer. Por ello, nos hemos vuelto privados de gracia, marchitos, y nos hemos convertido en materia del fuego eternal. Empero, por otra parte, dice el Salmo 72 de los vivientes: “Florecerán corno la hierba de la tierra”. El corazón seco es el que no ansia el bien eterno, mientras que la carne prospera en vista de lo temporal.

 

Por lo cual me olvido de comer mi pan.

¿Cómo no habría de secarme, si me olvido de alimentarme?

El pan del corazón seco es Dios mismo, él sólo puede nutrir los corazones, puesto que necesitan de un alimento eterno, si quieren estar satisfechos. Pero dichoso es el que advierte y lamenta el olvido, pero desafortunados los que se olvidan del olvido, como lo hacen los pecadores sensuales y los santos orgullosos, que están satisfechos; aquéllos con bienes exteriores, éstos con bienes interiores.

 

  1. Por la voz de mi gemido, mis huesos se han pegado o mi carne.

Tanto me acongojo en una vida de gemidos y lucho contra mi naturaleza mala que soy sólo piel y huesos, como dice Job (19): “Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos”. Por ello, por este gemido no se entiende sólo el sollozo corporal de poca duración, sino toda la vida de penitente y el anhelo aflictivo de gracia y consuelo. Pues ellos experimentan cuan profundamente el pecado original nos ha corrompido. Mas los que no se critican a sí mismos, no saben tampoco lo que les hace falta y sus huesos no se pegan a su carne, sino que están llenos de sangre fresca y de savia, y tienen el cuerpo bien alimentado, como también dice el primer salmo penitencial: “Me he consumido a fuerza de gemir”.

 

  1. Soy semejante al pelícano en el desierto.

Aquí empieza el otro sufrimiento cuando el mundo y los que se creen sabios persiguen, desprecian y escarnecen a estos hombres agobiados y contritos, puesto que una vida buena debe ser también una existencia insensata, porque se aparta de todo lo que los demás apetecen.

Soy como el búho en las ruinas.

 

El salmista se equipara con las aves solitarias y las que no salen de día, porque es abandonado y despreciado. La gente no se le asocia, no lo tolera tampoco en la luz del día, es decir en la honra y gloria del mundo. Por ello, su vida es semejante a un desierto y una noche.

 

  1. Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.

No me he dormido ni he descuidado el controlarme a mí mismo. El inundo duerme, como dice el apóstol en 1ª Tesalonicenses 5: “No durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”. Pues los placeres temporales se oponen al bien eterno. Son como las imágenes del ensueño en comparación con las imágenes reales, como dice Isaías, en el capítulo 29, que a los pecadores sucede como a un sediento que sueña con estar bebiendo y, cuando se despierta, su alma está aún vacía. Porque este sueño es sólo el amor y placer dirigido a las criaturas. Empero, velar significa anhelar el bien eterno y mirar hacia él y ansiarlo. Mas en eso está solo; nadie lo acompaña, porque todos duermen. Y el salmista dice “sobre el tejado”, como si dijera: “El mundo es una casa, en la cual todos duermen y yacen encerrados, pero yo solo estoy fuera de la casa, sobre el tejado. Todavía no me encuentro en el cielo y tampoco me hallo en el mundo. Tengo el mundo debajo y el cielo arriba de mí, es decir, por la fe me mantengo solitario entre la vida terrena y la vida eterna”.

 

  1. Cada día me afrentan mis enemigos.

Los que se oponen a la palabra de Dios v esta forma de vida, y los que se complacen en su propia manera de vivir, me juzgan y condenan sin cesar y reprueban y menosprecian mis palabras y obras.

 

Los que se burlan de mí

Esto es: Los mismos enemigos que me encomiaban con escarnio y mofa, puesto que semejante alabanza es más que doble burla.

 

Me hacen objeto de sus juramentos.

Esto significa: Me toman por ejemplo, juramento, maldición y deseo, como dice: que Dios haga a ti como a éste o a aquél.

 

  1. Por lo cual yo como ceniza a manera de pan.

No es que haya comido ceniza, sino que la Escritura llama a la buena comida “pan” y a la mala “ceniza”, porque el alimento de los hombres piadosos es escaso y una nada, como la ceniza es en comparación con la comida de los que llevan una vida suntuosa para la satisfacción de la carne. El sentido es el siguiente: mi comida es semejante a ceniza en comparación con el alimento de ellos, es decir, estoy tan triste y apenado que nada me gusta. Aunque fuese un buen manjar a mí me parece que estoy comiendo ceniza.

 

Y mi bebida mezclo con lágrimas.

A causa de mi llanto no me gusta tampoco la bebida. Ellos beben y ríen, cantan y están alegres, puesto que no oyen lo que dice Dios: “Bienaventurados los que lloran”; y: “Ay de vosotros los que ahora reís”, pues según la vida temporal quien quiere vivir rectamente vivirá bajo la cruz y no en el gozo.

 

  1. A causa de tu enojo y de tu ira.

La visión del juicio severo y de la ira de Dios expulsa todos los apetitos de la carne y amarga el comer, beber y reposar. Así se vuelve pesado el padecimiento, porque los que están más seguros en su vida o justicia, se burlan de estos hombres penitentes y humildes, como se dice en el salmo penitencial siguiente.

 

Pues me alzaste, y me has arrojado.

Así le parece a cada alma, cuando siente la cólera de Dios, que estuviera reprobada y eternamente condenada.

 

  1. Mis días se han desvanecido romo sombra,

Mis días han pasado inútilmente, no me queda nada. Como de la sombra no resta nada, así no subsiste nada de toda la vida que se pasa en gozo carnal y mundano. No obstante, no existe nadie que no lleve este género de vida, porque la carne está en todos nosotros. Por tanto, la vida de todos nosotros es una existencia inútil. Dichoso aquel que lo reconoce.

 

Y me he secado como la hierba.

Es como si dijera, cuan corta y vana es la vida de todos nosotros, además pecaminosa y corrupta. Por ello, ven tú, que eres eterno y permanente, y danos parte de tu vida. Hasta ahora el salmista ha lamentado su miseria y se ha incitado a acercarse a Dios. Ahora comienza su deseo y anhelo de la vida, que está en Dios, como en el Salmo 63: “Mi alma tiene sed de ti”; e invoca a Cristo y su gracia.

 

  1. Mas tú, Señor, permanecerás para siempre.

Yo perezco y mis días se anonadan. Por ello, estoy harto de mi vida y anhelo tu vida, en la cual nada es perecedero.

 

Y tu memoria de generación en generación.

Esto significa: Como tu ser permanece eternamente, también tu nombre y memoria queda para siempre. Pero el nombre mío desaparece con mi ser, como dice el Salmo 9: “Su memoria se desvaneció como un sonido”. Por ello, oh Dios, ¿cómo iré de mí a ti, para que mi ser y mi nombre también permanezcan eternamente? Por desgracia, estoy profundamente alejado de ti.

 

  1. Te levantarás y tendrás misericordia de Sion.

No puedo llegar a ti; por ello, Dios mío, levántate, ven a mí y llévame a ti. El levantar de Dios significa la dulcísima y misericordiosa encarnación, puesto que en aquel entonces Jerusalén prosperaba. Por tanto, tal lastimero clamor y ruego no puede referirse a socorro temporal, sino a Cristo v su reino, puesto que él ha venido a nosotros a fin de llevarnos a su presencia; con esto ha tenido piedad de Sion, es decir, de su pueblo.

 

Porque es tiempo de tener misericordia de ella,

El tiempo de la gracia y, como dice San Pablo, el cumplimiento del tiempo, Gálatas 4.

 

Porque la hora ha llegado.

Es tiempo que tú mismo vengas, puesto que Dios no da gracia, sino en la hora que él juzga oportuna. Empero, cuál es, sigue a continuación.

 

  1. Porque tus siervos aman sus piedras,

El salmista habla de Jerusalén como de una ciudad que se debe edificar. Piedras y tierra hay en abundancia, que da gusto verlo. Esto indica que está hablando de la construcción espiritual, puesto que Jerusalén (como se ha dicho) estaba en todo su esplendor. El sentido es el siguiente: Señor, ven pronto y edifica. Es tiempo. Hay piedras y cal y todo, en tal calidad y abundancia que tus siervos tienen ganas de ayudar en la construcción. Esto significa que les gusta oír y aprender el evangelio. También es el tiempo oportuno para la buena nueva cuando la gente la anhela. En este sentido dice Cristo, Juan 4: “Mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”, y Lucas 10: “Muchos reyes y profetas desearon ver lo que vosotros veis”.

 

Y del polvo de ella tienen compasión.

Llama al polvo de Jerusalén la tierra excavada, de la cual se hace barro y arcilla. De ella se hizo también a Adán, Génesis 2. Pero indirectamente se indica también que la gente baja y pobre desea el evangelio, como en Mateo 11: “A los pobres es anunciado el evangelio”.

 

  1. Entonces los gentiles temerán tu nombre.

El salmista ansia un futuro reino de Dios tal que incluya, no sólo a los judíos, sino también a todos los gentiles, Salmo 2: “Pídeme, etc.” De ahí se conoce a qué Sion se refiere.

 

Y todos los reyes de la tierra tu gloria,

Esto significa: Por el evangelio conocerán tu fuerza y poder en Cristo y te honrarán con temor y humildad.

 

  1. Por cuanto el Señor edifica a Sion,

La ciudad de Dios, la santa cristiandad, que comenzó en Sion, no es edificada con la doctrina u obra humanas, sino sólo con la palabra y gracia de Dios.

 

Y en su gloria es visto.

Dios está revelado por su palabra y espíritu para que se conozca que él solo es y hace todo, mas nosotros somos nada, Isaías 11: “La tierra está llena del conocimiento del Señor”; Salmo 19: “Los cielos cuentan la gloria cíe Dios”.

 

  1. Considera la oración de los desvalidos.

La índole de su reino es que tiene gente mísera que clama y ora y sufre mucho a causa de él. Así, su carácter y régimen no es otra cosa que ayudar, escuchar y socorrer a tales pecadores pobres, míseros y moribundos. Isaías 61: “He sido enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos”, etc.; Mateo 11: “Venid a mí todos los que estáis trabajados”.

 

Y no desecha el ruego de ellos.

No es un reino secular, donde uno debe ayudar a la autoridad, darle y auxiliarle, sino espiritual, en el cual se recibe ayuda para salir de la desgracia de toda clase del cuerpo y alma.

 

  1. Escríbase esto para la generación venidera;

Estas cosas se predicarán, escribirán, dirán y recordarán para siempre, sin cesar hasta el juicio final; ésta y no otra será la predicación para los hijos de los hijos. Y el pueblo que está por nacer alabará al Señor.

 

Como está escrito en el Salmo 72: “Se perpetuará su nombre mientras dure el sol”. Es una característica de esta doctrina que cuando se mata a los maestros, la enseñanza comienza de veras entre los descendientes: Entre ellos Dios es predicado y alabado.

 

  1. Porque mira desde lo alto de su santuario;

El reino de Cristo depende de Dios solo. A él ve y conoce, y a la vez Dios conoce el reino desde el cielo. Este versículo también expresa que existe un reino celestial y espiritual, y que todos los míseros son auxiliados por Dios.

 

El Señor mira desde los cielos a la tierra.

Es un reino espiritual oculto. No obstante, existe en la tierra entre los hombres, pero recóndito en la fe y el espíritu.

 

  1. Partí oír el gemido del preso,

Esto significa: Como se dijo arriba, es la índole de su reino, que Dios permite que los suyos sufran mucho, que sean hijos de la muerte y ovejas para el matadero, como dice Pablo. Empero, por ello no están abandonados, sino que están seguros de que oye su gemido y miseria.

Para soltar a los hijos de la muerte.

Hijos de la muerte se llaman, al modo hebreo, los hombres sentenciados a muerte, como se dice “hijo de la vida”, “hijo de la iniquidad”, etc. Pues los cristianos están entregados a la muerte, Romanos 6.

 

  1. Para que publique en Sion su nombre,

No el nombre de los hombres, puesto que la honra y el nombre de Dios son celebrados en toda la cristiandad, cuando se dice y se sabe que él es el auxiliador de todos los cristianos míseros y moribundos.

 

Y su alabanza en Jerusalén.

Es justo que si uno hace la obra, ésta lleve también su nombre. Al que tiene el nombre le corresponde la alabanza, y al que tiene la alabanza, se le atribuye el encomio.

 

  1. Cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir al Señor.

El salmista lo dice una vez más, para que se sepa que su reino comienza en Jerusalén, pero se extiende a todas las naciones. Así como la palabra y su gracia, con que perdona los pecados, son comunes a judíos y gentiles, así también la cruz y la ayuda que de ella proviene está en pleno uso en todos los lugares, tanto entre judíos como entre gentiles. Pues los reinos y los pueblos no pueden reunirse corporalmente en un solo lugar.

 

  1. Él debilita mi fuerza en el camino;

Así acontece en el reino de Cristo respecto al hombre exterior: Él permite que en este tiempo sus queridos santos sean quebrantados, castigados, humillados y torturados de muchas maneras, a fin de que no estén vigorosos y fuertes exteriormente, sino en el interior. Mas el mundo, que en este tiempo se encumbra y fortalece, lo humillará al final. Por ello, el profeta se consuela a sí mismo y al pueblo cristiano, con que ellos son oprimidos con Cristo temporalmente y en el camino, y no al fin.

 

Acorta mis días.

Dios acorta la vida del viejo hombre. Pero principalmente el versículo concierne a los santos mártires. San Pedro dice (8) que es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios, es decir, por sus santos. Mas al fin vendrá a la casa del diablo.

 

  1. Digo: Dios mío,

Aunque me quebranta y oprime no huiré de él, sino que tanto más esperaré en él, lo invocaré y rogaré, como lo hacen todos sus santos.

 

No me cortes en la mitad de mis días;

Esto significa: Haz que no me muera sin estar preparado para ello. Quienes están hartos de la vida y anhelan la muerte, como David, Abraham y Pablo, son llevados al fin de sus días, puesto que han dado adiós a la vida y ansían la muerte. Pero los que aún tienen apego a esta vida y la aman, están todavía en la mitad de sus años, como el rey Ezequías (9), a éstos no les gusta morir y soportan con dificultad el juicio y los padecimientos de Cristo.

 

Por generación de generaciones son tus años.

Esto significa: Considera que tú eres eterno y yo vivo tan corto tiempo. Por tanto, nadie puede escapar de ti, pero a mí el tiempo se me puede escapar pronto, de modo que la gracia quizás ya no me llegue a tiempo. Pero tu castigo no puede faltar, porque tú, que eres eterno, siempre estás a tiempo.

 

(8) 1ª P. 4:17.

(9) Isaías 38.

 

  1. En el principio tú fundaste la tierra; y los cielos son obra de tus manos.

Cristo, según su divinidad, es con el Padre un creador de todas las criaturas. En este sentido cita el apóstol en Hebreos 1 este versículo.

 

  1. Ellos perecerán, mas tú permanecerás, y todos ellos como vestidura envejecerán: y si los mudares, como un vestido serán mudados.

Si los cielos no permanecerán, mucho menos la tierra. Por tanto, todas las criaturas, también los cielos, serán mudados. No perecerán ni serán aniquilados, sino renovados.

 

  1. Pero tú eres el mismo,

Tú no serás otro dios o un dios nuevo, como dirán los judíos cuando oigan que eres hombre y dios, reprobarán a los tuyos: tenéis un dios nuevo y distinto del que al principio ha fundado la tierra. Empero, el cielo y la tierra pueden cambiar, mas tú permaneces siempre el mismo.

 

Y tus años no se acabarán.

Lo que los judíos y gentiles se han imaginado: pero tu reino permanece y tu pueblo contigo, para siempre jamás.

 

  1. Los hijos de tus siervos

Son los que son bautizados y enseñados en la cristiandad por los apóstoles, puesto que los predicadores son siervos de Dios.

 

Habitarán seguros.

Los hijos son herederos y quedan. Mas los siervos, a los cuales Dios da un salario temporal, no permanecerán en la herencia eternal con los hijos.

Y su descendencia será establecida delante de ti.

 

Son los mismos hijos, los creyentes de Cristo, que son descendientes espirituales y herederos, hasta coherederos con sus padres eternamente preparados ante Dios, aunque rechazados temporalmente ante el mundo: El reino de Cristo no tendrá fin.